lunes, 3 de enero de 2011

Comentando la lectura de Paweł Jasienica


Empecé a leer a Paweł Jasienica, porque mi tío Staś me dijo que era lo mejor para saber de historia de Polonia. Por eso cuando llegué a Cracovia en 1989, los primeros libros que me compré fueron "La Polonia de los Piast" (Polska Piastów) y "La Polonia de los Jagiełło" (Polska Jagiellonów) en el Nowy Kleparz. Varias veces empecé a leer Polska Piastów, pero me trababa, me quedaba en la parte arqueológica. Allí si que me pareció propagandístico. Leí los dos libros completos recién en Cusco, en el 2002 o 2003. Me pareció que contenían una información muy rica. Así fue como me enteré de la suerte que había corrido mi antepasado Piotr Dunin, a quien por encargo del príncipe Władysław II, hijo del rey Bolesław Krzywousty, le cortaron la lengua y le quemaron los ojos. Luego, al traducir Los Reyes de Polonia por encargo de la señora Potocka me enteré que ése fue el motivo de la caída y exilio de Władysław II.
Pero lo que cuenta Jasienica en "La República de las dos naciones" (Rzeczpospolita Obojga Narodów) y sobre todo en "La última de la dinastía" (Ostatnia z rodu) me pareció fascinante y el estilo tan ligero que lo leí de corrido, como si fuera una novela.
Sin embargo me chocan un tanto ciertos comentarios suyos sobre la superioridad de la cultura polaca frente a la cultura rusa. Alaba a Hugo Kołłątaj, porque en el internado que creó para los jóvenes nobles en la Varsovia del siglo XVIII prohibió los ropajes orientales (ubiory wschodnie), el modo de acomodarse el pelo a lo oriental, etc. Eso es tanto más llamativo, en tanto que Jasienica nació, si bien en el seno de una familia polaca, en Symbirsk, al sur de Rusia. ¿O sería justamente por eso?

Lima, 2 de junio del 2010 - 3 de enero del 2011

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