sábado, 12 de diciembre de 2015

Reflexiones a partir de una taza de café

Hace algún tiempo, recorriendo mi antiguo barrio de Miraflores, llegué a la librería-café del Fondo de Cultura Económica, sito en la calle Esperanza 275. Recomendable.
Me tomé un café, leí el recorte del Przegląd Polski, que me enviaran desde Miami, me di una vuelta por la librería y al final escogí para hojear un libro con fragmentos de la obra y poesía de Octavio Paz, en los que él habla sobre si mismo.
Y con una punzada en el alma capté las diferencias entre ese lugar y el Empik de Varsovia. Aclaro que Empik es una cadena de librerías en Polonia. La más grande, en el centro de Varsovia consta de tres pisos. En el último hay una cafetería.
Punto uno: todos los libros acá estaban con sus envolturas de plástico, lo cual significa que nadie los había cogido para hojearlos. Al punto de que dudé si es que podía hacerlo sin compromiso.
- Cómo no – me dijo la chica, desenvolviendo el libro.
Punto dos: en una de las mesitas tres hombres, al menos uno de ellos, colombiano, hablaban de negocios. En la otra se sentó allí, me parece que una pareja, en todo caso un chico y una chica que tomaron algo rápido y se fueron. Luego ocupó ese espacio otra mujer que se la pasó hablando por celular. El hecho de estar en un café que es a la vez parte de una librería, parecía ser pura casualidad para todos ellos.
En el Empik de Varsovia y no sólo en ése, sobre cada mesa hay siquiera tres libros, las personas que están sentadas los hojean y a veces ni siquiera toman café. Claro que, en una sociedad sin hijos, la gran mayoría está sola y tal vez el que puedan dedicarle tiempo a la lectura, sea parte o consecuencia de esa soledad.

Lima, 17 de mayo del 2015