domingo, 29 de enero de 2017

Sobre "La voluntad del molle" de Karina Pacheco Medrano

Estimados lectores. Ruego disculpen las largas pausas en la redacción de este blog. Quisiera compartir mis impresiones sobre todo lo que leo y las películas y/o series que veo, pero sencillamente, el tiempo no me da. En cuanto a los libros, me he dedicado a comentar últimamente, sobre todo, los publicados en polaco, sobre los cuales nadie, o casi nadie, escribe en castellano. Porque escribir sobre algo, sobre lo que otros ya han escrito, y tal vez mejor que yo, me parece totalmente innecesario.
Pero esta vez haré una excepción. Y es que simplemente no puedo dejar de comentar “La voluntad del molle” de Karina Pacheco Medrano. La novela trata sobre dos hermanas, Elisa y Elena, la narradora de la historia, quienes luego de la muerte de su madre, encuentran escondido entre sus cosas, un baúl rojo, lleno de cartas y algunas fotos. El descubrimiento del baúl y su contenido, que revela sucesos, inimaginables hasta entonces para ellas, de la vida de su madre, es el punto de partida de la novela.
Como bien dice Carlos Sotomayor, no es una novela sobre Sendero, o sobre porqué alguien, en este caso Javier, el hermano de la narradora de la historia, se afilia a ese grupo. Es una novela sobre el racismo y el clasismo, y lo otro, es “una pieza en el engranaje de toda la historia”.
Y yo diría, claro, es una novela sobre el clasismo y el racismo, así como también una novela sobre nosotros como sociedad, como acertadamente dice Jhonny Pacheco. Pero a diferencia de otros autores que tratan esos mismos temas desde distintas perspectivas, como José María Arguedas, Bryce Echenique, Ciro Alegría o el mismo Vargas Llosa, es una novela escrita por una mujer y la trama se desenvuelve en torno a la mirada femenina de los personajes principales. Elena, la narradora de la historia y su hermana Elisa, la madre muerta, a quien vamos conociendo a través de la novela, Mamá Gema - la abuela, Florinda y Otilia - las personas de servicio que se saben todos los secretos de familia, la tía Julia, la tía Charo, Matilde Carhuarupay, la madre de Alejandro, recién descubierta en Calca, y Matis, la chica que le traduce del quechua. Lo que conocemos de los hombres, lo sabemos a través de estas mujeres. Podríamos pues decir, que es una novela, no sólo sobre el racismo y clasismo, sino también, aunque la palabra suene un tanto trillada, machismo. O sexismo, como dice Gabriela Wiener.
Los hombres tiene derecho a tener hijos “por allí” y eso no afecta su posición social. Pero si una mujer que pertenece a un estrato social medio o alto, los tiene, eso la degrada en su posición social. Y curiosamente son las mujeres, quienes con más fuerza y ahínco, sostienen ese orden. Cabe resaltar, y eso, me parece que no lo menciona ningún crítico, que el romance de Elena Suárez y el nacimiento de su hijo, suceden en los años '70, es decir al filo de la igualdad de derechos de los hijos legítimos y naturales ante la ley, generada por el gobierno de Juan Velasco Alvarado. Recordemos que en la novela, uno de los estigmas de Alejandro Ramírez, aparte de su segundo apellido quechua, es el de ser hijo natural. Y lo es también de Javier, el hijo que tuvo con Elena. ¿Ha cambiado algo desde aquel entonces? Creo que sí. Y tal vez más para las mujeres de clase media o alta. A pesar de todas las discriminaciones habidas y por haber, el hecho de que en tu partida de nacimiento, o en la de tu hijo, no haya un rubro que diga “hijo legítimo” o “hijo natural” es un punto de discriminación menos. En cuanto a otros sectores, eso jamás tuvo importancia, considerando incluso, que la mayoría de sus miembros, hasta hace unas tres décadas, no tenía documentos.
Lo que si me parece poco creíble y poco sostenible es el envío, sin mayores consecuencias, de cartas íntimas, por parte de un acusado por terrorismo. Lo demás me parece, por más alucinante que tal vez resulte a los ojos de alguien ajeno a nuestra realidad, totalmente creíble.
Esperemos que la novela de Karina Pacheco anime a otras escritoras y/o escritores a desempolvar las cartas de los baúles rojos, escondidos en el seno de sus familias.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Karina Pacheco Medrano: "La voluntad del molle"
Lima, Editorial San Marcos, 2006.
Lima, Fondo de Cultura Económica, 2016. 
  

jueves, 26 de enero de 2017

La novela "Un Universo dividido" en La Libre de Barranco

La novela "Un universo dividido" se encuentra a la venta en la librería "La Libre", sita en la calle San Martín 144, Barranco, Lima. La librería atiende de martes a domingo, de 12 a 9 pm.

En un ambiente casi de ensueño, con situaciones, episodios y extrañezas que ingresan en lo fantástico, una mujer "sin nombre" se ve envuelta en oscuros y luminosos espacios, pues debe transitar, a costa suya, por el camino de tres dimensiones: la Tierra, el Cielo y el Infierno. Hablando con ángeles y demonios, la protagonista recorre, asombrada, diferentes sitios fuera de lugar y de tiempo, a través de una sobria narración con escondidos aires poéticos. La travesía dantesca va cambiando e intercalándose con panoramas celestiales, en los que ciertas interrogantes vivenciales surgen para hallar y comprender el origen de la esencia de quien, atrapada en estos entornos, no logra discernir lo real de lo mágico maravilloso. Con un tono privado que, al correr de las líneas, adquiere un ritmo cadencioso de múltiples sensaciones, Un Universo dividido, de Isabel Sabogal, se adhiere a los relatos de un misticismo interno.

Texto de la contracarátula
Lima, Ediciones Altazor, 2016

miércoles, 18 de enero de 2017

Comentario a la biografía de Zofia Stryjeńska

Hace poco estuve leyendo la biografía de la pintora polaca Zofia Stryjeńska, escrita por Angelika Kuźniak. La lectura se hacía a ratos difícil, por la minuciosidad de detalles, extraídos de los diarios de la pintora en cuestión. Sin embargo presenta un suceso de su vida tan alucinante, que no puedo dejar de compartirlo. El tema de la mujer que se hace pasar por hombre para poder estudiar no es ninguna novedad. En Cracovia es famosa la historia de Nawojka, quien se hizo pasar por un varón, para ingresar a la Universidad Jaguelónica. Luego de ser descubierta fue juzgada por un Fuero Eclesiástico, a cargo de un obispo, fuero que le perdonó la pena, debiendo ella ingresar a un convento, del cual, con el tiempo, llegó a ser superiora. Pero eso sucedió a inicios del siglo XV, es decir, hace exactamente seis siglos. Es conocido también el relato “Yentl, el muchacho de la yeshiva” de Isaac Bashevis Singer, en base al cual se hizo una película con Barbra Streisand en el papel principal. Yentl es una muchacha judía, hija de un rabino. A la muerte de su padre se corta la trenza, viste de varón y va en busca de una yeshiva, centro de estudios talmúdicos y del Pentateuco, para poder seguir estudiando lo que su padre le había enseñado en secreto. El relato abarca luego otros temas, de naturaleza, podríamos decir, un tanto perversa. Pero no deja de ser ficción. Y así como ésas hay otras historias, como la de la Papisa Juana, narrada en la película “La Pontífice”, y seguramente muchas más.
A estas alturas del partido se nos hace difícil imaginar que una mujer tenga que hacerse pasar por hombre para poder estudiar. Sin embargo Zofia Lubańska, pues ése era el apellido de soltera de la pintora, lo hizo en octubre del 1911, es decir hace apenas más de un siglo. Anteriormente había estudiado ya en una escuela privada de Arte para mujeres en Cracovia, pero no podía postular a la Escuela Nacional de Bellas Artes de esa ciudad, ya que ésta abrió sus puertas a las mujeres recién en 1920. A la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de Münich tampoco podía postular, pero allí al menos nadie la conocía. Así que se cortó el pelo, disfrazó de varón, viajó y se presentó con los certificados escolares y otros documentos de su hermano Tadeusz. El que lo hiciera, aparentemente, con la complicidad de su familia, tratándose de la época, me parece sencillamente admirable. Fue admitida como hombre, asumiendo la identidad de su hermano. El hecho de que en aquel entonces Cracovia formara parte del Imperio Austrohúngaro le facilitaba las cosas, pues el alemán no le resultaba una lengua extraña.
Lo alucinante del caso es que el engaño, teatro, o como queramos llamarlo, le durara exactamente un año. En octubre del año siguiente, 1912, le escribió preocupada a su madre, Anna Lubańska, porque sus colegas de estudio empezaron a sospechar algo. Pero ni siquiera de que fuera mujer, sino tal vez hermafrodita. “Sobre todo los franceses – le contaba – que tienen olfato para las mujeres. Y los norteamericanos que quieren boxear conmigo en los recreos”. Pero lo peor de todo es que le llegó el rumor de que pretendían desnudarla entre todos, para ver cómo era la cosa. Y lo que más le preocupaba, según le escribió a su madre, no era que vieran su desnudez, sino el lío legal que pudiera darse, por haberse presentado con documentos que no le correspondían. Su madre se movilizó de inmediato, llevándole un vestido, una peluca para que no la reconocieran en la calle, y sus verdaderos documentos. Antes de fugarse de Münich, Zofia pasó por una capilla vacía, no como una pecadora arrepentida, sino para pedirle a Dios talento y reconocimiento artístico, cosa que logró en la Polonia de entreguerras...