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martes, 8 de noviembre de 2022

Breve comentario a la novela "El amante japonés" de Isabel Allende

No puedo negar el hecho de ser admiradora de la pluma de Isabel Allende, cuyos textos me leo de un tirón. Prueba de ello son las dos citas de sus novelas, incluidas en este blog.

Es por eso que al leer sus sucesivos libros, me he pasado de largo algunos comentarios incluidos allí sobre la Segunda Guerra Mundial, según los cuales, los únicos malos en el conflicto eran los nazis, invisibilizando de esa manera las atrocidades cometidas por la Unión Soviética.

Hace poco he releído la novela „El amante japonés” de la referida autora. En medio de la trama Irina, uno de los personajes principales de la misma, se entera de los campos de reclusión forzada de japoneses en pleno desierto de Utah, durante la guerra. Y aquí va la cita: „Irina sólo había oído hablar de los campos de concentración de los alemanes en Europa (…)” *

No comentaría esta cita, si no fuera porque al día de hoy, octubre del 2022, nos encontramos en una guerra provocada por la Rusia de Putin, que es la continuación directa de la Rusia Soviética. Perdón, de la Unión Soviética. 

Y es que es imposible que una chica como Irina Bazili, criada en Moldavia, no supiera de los gulags, vale decir, los campos de concentración/ trabajos forzados en Siberia. Y lo digo por experiencia propia, pues he sido semicriada en la Polonia comunista. 

Aparte de que tampoco se puede meter en el mismo saco a los campos de reclusión forzada de los japoneses, por más atroces y contrarios a los derechos humanos que fueran, con los campos de concentración alemanes y soviéticos. Quienes deseen acceder a mayor información sobre estos últimos, pueden hallarla en este libro.


* Isabel Allende: „El amante japonés”, Pp. 129 - 130


Ficha bibliográfica:

Isabel Allende: „El amante japonés”

Nueva York, Vintage Español, 2016

ISBN: 978-1-101-97164-2 

Idioma: Español


 

lunes, 9 de agosto de 2021

Józefa Dunin-Borkowska: Recuerdos de mi juventud en tiempos de la Segunda Guerra Mundial

Al haberse cumplido en julio los cien años del nacimiento de mi madre, comparto aquí fragmentos de los recuerdos que alguna vez me narrara y que puse por escrito varios años después de su partida.


Al estallar la guerra yo tenía dieciocho años de edad. Mi familia procedía de Lwów, ciudad que actualmente pertenece a Ucrania. Cuando los rusos invadieron esa parte de Polonia, logramos fugarnos de allí hacia el lado del frente ocupado por los alemanes. Fue una travesía peligrosa a través de los bosques. Pasamos con la ayuda de “coyotes” que arriesgaban su vida haciendo pasar gente de un lado al otro del frente. Les pagamos con las joyas de familia. Nos fugamos para no ser parte de las deportaciones masivas de familias polacas. Los hombres de muchas familias fueron deportados a Siberia, las mujeres y los niños a Kazajstán. Éramos una familia numerosa, por lo cual nos dividimos para hospedarnos en casas de familiares al otro lado del frente, pues eran tiempos de escasez.

Luego de un tiempo entré a formar parte de Armia Krajowa (Ejército Nacional), grupo guerrillero mayoritario de la resistencia antinazi. Mi nombre de guerra era Szpilka (Alfiler), ya que era muy delgada. Durante dos años hice de correo, llevando la correspondencia entre Armia Krajowa y Bataliony Chłopskie (Batallones Campesinos), otro grupo guerrillero. La llevaba camuflada en cajas con doble fondo. Encima del doble fondo llevaba caramelos, chocolates u otras cosas. Lo hacía cada vez que era necesario, aproximadamente dos veces por semana en un tren que era siempre controlado por los nazis. Hacían bajar a todos los que viajábamos en la parte del tren asignada a los polacos y revisaban todos nuestros equipajes. Si me hubieran descubierto, me habrían fusilado de inmediato. Yo hablaba perfectamente el alemán, ya que me había criado con una institutriz alemana en casa y eso me ayudó, pues hacía que los nazis no desconfiaran de mi persona. Como no me pasaba nada, cada vez más a menudo no llegaba a guardar la correspondencia en el fondo de la caja. Y en una de ésas a la hora del control, el nazi se interesó en mi caja de bombones. “¿Qué lleva allí?” – me preguntó inquisitivo. “Bombones.” – le dije yo sin pestañear. “¿De veras son bombones?”.”De veras. Sírvase uno por favor” – le dije yo e hice el ademán de abrir la caja para convidarle. El alemán sonrió y se fue, dejándome en paz.

Participé luego en otras acciones de la guerrilla. Nos apostábamos en medio del bosque, sabiendo que pasaría un tren alemán con armamento. Tumbábamos dos árboles, cercando al tren por sus extremos y lo asaltábamos para quedarnos con las armas. En esas ocasiones entrábamos al botiquín y nos bebíamos el alcohol para curar heridas.

Participábamos también en la liberación de niños de los campos de concentración. Me tocó recoger a una niña del campo de concentración de Bełżec, llevarla en tren a la ciudad de Lublin y entregarla a mi tía Marta Łoś que se haría cargo de ella. En el segundo intento similar un nazi me descubrió, rondando cerca al campo de concentración, por lo cual no pude ayudar a ese otro niño. Le supliqué al nazi en mi perfecto alemán que me internara dentro del campo, queriendo salvar mi vida de esa manera, y él, creyendo que yo estaba loca, me dejó ir libre.

A pesar de lo peligroso de aquella época no me daba miedo el morir, sino la posibilidad de quedar inválida. Y aunque parezca increíble considero esos tiempos como los más hermosos de mi vida. Nunca más ésta volvió a tener el sentido que tuvo en aquel entonces y a veces lamento el no haber muerto en la guerra.


Publicado en la Gazetka "Dom Polski"

Lima, Perú, Nº 30

Octubre del 2008


miércoles, 5 de mayo de 2021

Sobre las "Memorias" de Paweł Jasienica

Esta será una breve reseña del libro „Memorias” (Pamiętnik) del renombrado historiador polaco Paweł Jasienica (1909 - 1970), seudónimo con el que publicaba Lech Beynar. Y es que el autor se esforzó en escribir esta pequeña autobiografía literalmente de memoria, habiendo tenido que quemar las páginas del diario que llevaba, para evitar que cayeran en manos indeseadas, vale decir el Servicio de Inteligencia de la Polonia comunista.

Puede llamar la atención del lector latinoamericano, el que el autor del libro, se definiera como polaco, habiendo nacido en la localidad rusa de Simbirsk (actualmente Uliánovsk).  Localidad famosa por ser la cuna de Vladimir Illich Uliánov, conocido comúnmente como Lenin. 

Y es que en el continente americano se acostumbra definir la nacionalidad, según el país de nacimiento, independientemente de los orígenes familiares. En el caso de Europa esa definición tiene que ver, tanto con los orígenes, como con la cultura y el idioma, transmitidos en casa. Como parte de la cultura polaca se consideraba la religión romano-católica, aunque eso actualmente está cambiando.

El autor nos comenta sus orígenes en la introducción del libro. Sus dos abuelos habían participado en los levantamientos nacionalistas polacos. El abuelo materno en el  de 1830 y el paterno en el de 1863. 

El padre del autor, Nicolás Beynar se crió en San Petersburgo, en una casa en la que se hablaban varios idiomas. El pequeño Nicolás se comunicaba en polaco con su padre; en castellano con su abuela, quien era española; en francés y castellano con su madre, quien había nacido en Francia; y en ruso con las chicas de servicio. 


El autor nos habla de las localidades de Maksátija (Rusia) y Tarashcha (Ucrania), en las que vivió siendo niño, describiendo las relaciones entre los diferentes grupos étnicos y sociales que las poblaban. Cuando estalló la Guerra Civil, su familia ya se había asentado en Tarashcha. Fue pues testigo de como diferentes bandos llegaban y tomaban el poder en dicho pueblo, matándose los unos a los otros. Nos habla del pogromo, matanza de judíos, organizada en esa localidad por el general ruso blanco Denikin, durante la cual los padres del pequeño Lech, lograron salvar a ocho personas. La situación se tornaba cada vez más inestable.

Cierta madrugada llegó a Taraschcha el abuelo, desde el pueblo de Poradówka, donde vivía, para avisar que los bolcheviques estaban en camino. La familia del autor, a las justas logró partir, resguardada por la retaguardia del Ejército Polaco, que retornaba a Polonia, luego de haber marchado sobre Kiev. Al amanecer siguiente, al volver la vista atrás, divisaron el resplandor del fuego que se había apoderado de Tarashcha. Eran los bolcheviques, quienes habían organizado su propio pogromo. La familia del pequeño Lech siguió avanzando y fue así como, tanto él, como sus padres y hermanos, llegaron a la ciudad de Varsovia, que les era totalmente desconocida. De allí se trasladaron a la región de Vilna (actualmente Lituania), que desde 1922 pasó a formar parte de la República de Polonia. 


El autor nos habla luego de sus años de estudiante de historia en la ciudad de Vilna y de su formación militar. Nos describe a diferentes personajes, tanto del mundo militar, como del de la cultura y política de la época. Se muestra crítico frente al gobierno de la Polonia de entreguerras, aunque sin caer en los extremos.

Nos cuenta luego, como durante la Segunda Guerra Mundial, combatió en las filas de Armia Krajowa, ejército subterráneo, dirigido por el Gobierno Polaco en el exilio. El 15 julio de 1944 el Comando Mayor del mismo acordó combatir a los nazis conjuntamente con el Ejército Soviético. Dos días después, en contra de lo pactado, los soviéticos arrestaron al mando mayor de Armia Krajowa en Vilno, desarmando a sus tropas. El autor logró salvarse del arresto y de una posterior deportación a Siberia o al Asia Central, pues pasó a la clandestinidad. El 19 de agosto su batallón fue atacado por los soviéticos, en el bosque, desde el cual operaban.

En julio de 1945 las potencias mundiales, desconocieron la legitimidad del gobierno polaco en el exilio, pasando a reconocer el gobierno polaco, recién creado en Polonia, sujeto a la Unión Soviética. El autor se encontraba con su célula en el bosque, sin ninguna directiva, a la que atenerse. En agosto del mismo año cayó malherido. En setiembre se disolvió el batallón. En 1948 fue arrestado por haber formado parte del ejército de Armia Krajowa y, al poco tiempo, liberado. 

Pasada la guerra, en 1946, el autor empezó a publicar en el „Semanario Universal” (Tygodnik Powszechny) de Cracovia. Primero con nombre propio y luego con el seudónimo de Paweł Jasienica. Decidió hacerlo para proteger a su esposa, quien se había quedado en la ciudad de Vilna, que mientras tanto, había pasado a formar parte de la Unión Soviética. Y es que temía que la deportaran a Kazajstán en el Asia Central, tal como había sucedido con los propios padres y la hermana del autor, a inicios de 1940. Y eligió ese nombre en honor al cura del pueblo de Jasienica, en cuya casa convaleció y se curó de sus heridas. 

Espero el lector me perdone la descripción tan detallada de estos hechos. Lo hice para explicar lo complicado de la situación política de aquel entonces, cosa que espero haber logrado. 



Ficha bibliográfica:

Paweł Jasienica: „Memorias” (Pamiętnik)

Varsovia, Editorial Czytelnik, 1993

Número de páginas: 188

Idioma: Polaco


lunes, 8 de enero de 2018

Sobre "La reserva de científicos" de Kir Bulychov

En las novelas históricas, la acción se sitúa en un espacio y tiempo concreto del pasado, tratando de darle visos de veracidad a lo narrado. Una maestra en ese género es, por ejemplo, Philippa Gregory, en base a cuyas novelas, se ha filmado al menos una serie y una película sobre la historia de Inglaterra. Hay las narraciones futuristas, que suceden en un futuro hipotético, el 2050 o 20150, que recién está por darse. Las novelas y películas de ciencia ficción están plagadas de ello. Hay otras que se trasladan en el tiempo, del pasado hacia el futuro y viceversa, como "La máquina del tiempo" de George Orwell. Y por último también hay novelas que desarrollan una realidad histórica alternativa, diferente a la que sucedió de verdad. (Claro que habría que preguntarse qué cosa es la historia verdadera. Pues como bien me dijera cierta vez un amigo: "La historia la escribe aquel que paga"). La primera novela que leí de ese tipo fue "El hielo" de Jacek Dukaj. La idea en sí me pareció alucinante.
La otra novela de ese tipo que leí hace algún tiempo es "La reserva de científicos" de Kir Bulychov, autor de ciencia ficción ruso. La he leído en su traducción del ruso al polaco, y no puedo afirmar, si ha sido traducida al castellano. Se trata de una novela de dos tomos, que comentaré brevemente. El primer tomo sucede a comienzos de los años treinta, en la antigua residencia de los príncipes Trubetskoi, convertida en casa de descanso para científicos y académicos. En el segundo tomo el terror estalinista ha avanzado y los científicos trabajan en la construcción de la bomba atómica como prisioneros de un campo de trabajos forzados en Siberia. El físico que dirige el proyecto es también prisionero, cosa que los demás no saben y depende directamente de la policía política soviética, cuyo agente, Almazov, está a cargo del campo. Los científicos tampoco saben, qué cosa, en realidad están construyendo. Siguiendo esos métodos, son los soviéticos los primeros en lograr construir la bomba atómica. Sin embargo Stalin sucumbe ante su propia arma, muriendo por efecto de la radiación de la misma. Antes de morir ordena que lancen la bomba sobre Varsovia, sin saber que Hitler se encuentra justamente allí. Al morir ambos líderes la guerra finaliza en 1939, cuando recién está estallando. Al ver a Stalin agonizante, Beria se las ingenia para sucederlo en el poder.
Para rematarla, en la novela, la historia tiene la posibilidad de ramificarse de manera fallida. Y es así que al final de la novela un maestro del tiempo, llamado Teodoro, vuelve a encauzar esa rama de la historia por el rumbo que le corresponde, es decir el de los hechos verdaderos.
Así que, después de todo lo narrado, la trama finaliza con Hitler y Stalin vivos, y la Segunda Guerra Mundial a punto de estallar. Y, aunque el libro no lo dice, recordemos que en la historia verdadera, la bomba atómica, no fue producida en la Unión Soviética, sino en Estados Unidos, y que fue lanzada, no sobre Varsovia, sino sobre Hiroshima y Nagasaki.

Fichas bibliográficas:
Kir Bulychov: "La reserva de científicos", tomo I
Kir Bulychov: "La reserva de científicos", tomo II
Editorial Solaris, 2016
Traducción del ruso al polaco: Witold Jabłoński

sábado, 31 de agosto de 2013

Sobre la película "Katyń" de Andrzej Wajda

Escribí esta nota, con ocasión de la proyección de la película, realizada el día cinco de junio del 2008 en el local de la Embajada de Polonia en Lima. Aquí la reproduzco, obviando la mención a la organización del evento.

La película nos muestra un episodio de la historia hasta ahora poco conocido fuera de los límites de Polonia. Y es que la matanza de más de aproximadamente 22 mil polacos, entre los cuales se contaban más de 12 mil oficiales, en el bosque de Katyń se dio en el marco de la alianza entre la Unión Soviética y la Alemania nazi en base al pacto Ribbentrop – Molotov, o dicho de otra manera el pacto secreto entre Hitler y Stalin. Es por eso que en una de las primeras escenas de la película vemos a los nazis en tratos con los soviéticos a la vista de los oficiales polacos en cautiverio. Posteriormente se quebró ese pacto y la Unión Soviética se unió a los Aliados con los que conjuntamente derrotó a los nazis, firmando el tratado de Yalta en 1945 con las potencias occidentales: Gran Bretaña y Estados Unidos. Tratado que definía el mapa político de la Europa de post – guerra y las áreas de influencia de dichas potencias en el mundo. Es por eso que ni a las potencias occidentales ni a la Unión Soviética les convenía difundir las atrocidades cometidas por la Unión Soviética durante la guerra. En Polonia el tema de la masacre de Katyń fue un tema tabú hasta 1989.
La película de Andrzej Wajda nos muestra el drama de las mujeres que esperan el retorno de los hombres de su familia, del esposo, del hijo, del hermano... Para luego ser testigos de como los soviéticos y los nazis se acusan mutuamente del crimen cometido. Esta historia es a la vez la propia historia de Wajda, cuyo padre murió en Katyń y cuya madre vivió en la incertidumbre para luego consumirse en la tristeza. Mientras que el mismo Wajda tuvo que ocultar que su padre murió en Katyń para poder continuar sus estudios en la Polonia de post-guerra.
Andrzej Wajda ha dirigido más de cincuenta películas en sus 82 años de vida. Y sin embargo dice que esta es la película más personal que haya realizado jamás.
Cabe anotar que la película fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inlgesa en el 2007, pero sin llegar a obtener el premio.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski
Publicado en la Gazetka "Dom Polski", Nº 27
Lima, Perú, Julio del 2008

miércoles, 31 de julio de 2013

Sobre el historiador Paweł Jasienica


Paweł Jasienica nació en 1909 en el seno de una familia polaca en Symbirsk en el sur de Rusia y falleció en 1970 en Varsovia. Cuando era aún niño se trasladó con su familia a Ucrania, de allí a Varsovia y de allí a Vilna (Wilno), que en aquel entonces era parte de Polonia. En Vilna finalizó la secundaria y estudió historia en la universidad Stefan Batory. Durante la guerra formó parte del grupo guerrillero Ejército Nacional (Armia Krajowa), al mando del Gobierno de Polonia en el exilio. Malherido, fue acogido por el cura del pueblo Jasienica, quien lo ocultó y le salvó la vida. Ya recuperado, asumió el nombre del pueblo como su apellido, para de esa manera proteger a su esposa, quien vivía en Vilna, que mientras tanto, había pasado a formar parte de la Unión Soviética, temiendo que la deportaran a Kazajstán, si descubrían que él seguía aún vivo.
Luego de la guerra se estableció en Cracovia y posteriormente en Varsovia. Fue encarcelado y liberado. Publicó, entre otros, en el „Semanario Universal” (Tygodnik Powszechny) del que llegó a ser corredactor. Participó activamente en la vida cultural e intelectual del país. Enviudó y en 1969, unos meses antes de morir, se casó con Zofia Darowska – O'Bretenny, sin imaginarse siquiera que ésta lo había conquistado por encargo del Servicio de Inteligencia polaco (Służba Bezpieczeństwa), al que siguió presentando informes escritos sobre las actividades de Jasienica, luego de casada, tal como se muestra en la película "Rosita" (Różyczka) de Jan Kidawa-Błoński. 
Entre sus obras más importantes podemos mencionar „La Polonia de los Piast” (Polska Piastów) que trata sobre la época en que los reyes y príncipes de la dinastía Piast gobernaron Polonia; „La Polonia de los Jagiełło” (Polska Jagiellonów), que trata sobre laépoca en que los reyes de la dinastía Jagiełło gobernaron la Unión de Polonia y Lituania; „La última del linaje” (Ostatnia z rodu), que trata sobre Anna Jagiellonka, la última de los Jagiełło y sobre el tránsito de una monarquía dinástica a una monarquía en la que el rey era elegido por los nobles, quienes le ponían determinadas condiciones para que asumiera el cargo; y la trilogía de “La República de las dos naciones”(Rzeczpospolita Obojga Narodów)” que tratan sobre la época en que los reyes electos gobernaban las dos naciones, Polonia y Lituania, hasta que sus territorios fueron objeto de repartición por parte de Rusia, Austria y Prusia.
Según Jasienica la continuación de la dinastía garantizaba la continuidad del derecho monárquico y de las instituciones estatales. Los estados estaban ligados indefectiblemente a sus dinastías. Consideraba que los personajes que estaban en el poder influían sobre naciones enteras, que respondían por el estado moral de la sociedad y se centraba en la descripción de tales personajes. Lo cierto es que escribe con un estilo tan ligero que se lee de corrido, como si fuera una novela. Y es que la historia de Polonia, de sus reyes y reinas, al igual que la historia de muchas otras partes del mundo, parece una novela. Pero personalmente me chocan un tanto ciertos comentarios suyos sobre la superioridad de la cultura polaca frente e la cultura rusa.Eso es tanto más llamativo, en tanto que Jasienica nació, si bien en el seno de una familia polaca, en Symbirsk al sur de Rusia. ¿O sería justamente por eso? Su concepción de la historia difería de la concepción historiosófica marxista que propugnaba la cúpula ligada al gobierno comunista de Polonia. En 1968, por motivos políticos, se prohibió la publicación de sus obras, a pesar de que previamente las editoriales estatales polacas le publicaban miles de ejemplares.

Isabel Sabogal Dunin–Borkowski
Versión ligeramente modificada de la publicada en la Gazetka "Dom Polski", No 55
Lima, Perú, Enero del 2011


martes, 12 de abril de 2011

Comentario al libro "Mi pequeña Polonia" de Krystyna Ciapciak R.

Aquí comentaremos brevemente el libro "Mi pequeña Polonia" escrito por la señora Krystyna Ciapciak R. y publicado recientemente por la Embajada de Polonia en Lima. Este libro es un testimonio de vida de la autora, quien narra sus recuerdos, desde su más tierna infancia, hasta llegar al Perú a los catorce años de edad. Lo interesante es que estos recuerdos son asimismo un testimonio histórico, por haberle tocado vivir la Segunda Guerra Mundial en carne propia durante esa etapa de su vida.
En el libro la autora nos habla de su infancia en la que intercala recuerdos familiares con lo que sucedía alrededor, bombas, redadas en las que se capturaba a los jóvenes polacos en las calles, etc. Nos cuenta del Levantamiento de Varsovia, al que fue a luchar uno de sus hermanos, a quien nunca volvió a ver. De como luego del Levantamiento, como parte de la población sobreviviente de Varsovia, fue llevada conjuntamente con su madre a cumplir trabajos forzados en Alemania. Y de como luego de la guerra, durante unos cuantos años, estuvo pasando de un campo de refugiados a otro, siempre en compañía de su madre. Estos campos de refugiados utilizaban las instalaciones de lo que anteriormente habían sido campos de trabajo y de concentración.
Luego la autora nos habla del así llamado "Encuentro del perdón y la fraternidad" organizado en el año 2003 por las autoridades de la ciudad de Bietigheim - Bissingen, en el que los habitantes de la misma se reunieron con quienes estuvieron allí de prisioneros durante la guerra. Asistió invitada, en compañía de su hija, con los costos de ambas pagados. Nos cuenta del choque del reencuentro con su pasado, al retornar al lugar donde había sido prisionera 59 años antes. De como viajó luego a Polonia, donde una amiga le prestó un libro titulado "Perdonar no significa olvidar".
Para finalizar diríamos que si bien es cierto que en polaco hay mucho material sobre el tema de la Segunda Guerra Mundial: libros, películas y testimonios de gente que vivió la guerra, publicados, grabados en CD o en entrevistas para la televisión, éstos no salen del círculo polacoparlante. Éste es un círculo amplio, pues Polonia cuenta con más de cuarenta millones de habitantes, y con un aproximado de dieciocho millones de descendientes de polacos fuera de Polonia, pero no es universal. Por eso creemos que es importante la publicación de este tipo de testimonios en otros idiomas, en este caso el castellano. Ya que quienes no están ligados directamente a la cultura polaca, y muchas veces los mismos descendientes de polacos, tienen una visión errónea de la guerra. Una visión en la que ésta se reduce a nazis, cuya nacionalidad no siempre queda clara, persiguiendo judíos. Nadie niega que esa fue una parte crucial de la guerra, pero no fue la única. Me parece que eso se debe, en gran medida, a que las películas hollywoodenses presentan justamente esa parte de la guerra.
Lo que he presentado aquí es apenas una pequeña reseña de un libro de más de trescientas páginas, por lo que recomiendo la lectura del mismo.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski
Comentario publicado en la Gazetka "Dom Polski"
Lima, Perú, mayo del 2011

domingo, 10 de octubre de 2010

Sobre el poeta Krzysztof Kamil Baczyński

Este cuatro de agosto se cumplen sesenta y cuatro años de la muerte de Krzysztof Kamil Baczyński (1921 – 1944), uno de los mayores poetas en lengua polaca, quien cayera en una de las barricadas del Levantamiento de Varsovia. Este poeta tenía dieciocho años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Durante ésta, publicó poesía en editoriales clandestinas y estudió filología polaca en la universidad también clandestina, ya que los nazis prohibieron toda publicación y estudios en polaco. Se integró asimismo a Armia Krajowa (Ejército Nacional), grupo mayoritario de la resistencia polaca, cayendo en el combate a los veintitrés años de edad, al lado de su esposa, Barbara Drapczyńska, de apenas diecinueve años.
El hecho de que le hubiera tocado vivir durante la época más horrorosa de la historia europea, época de campos de concentración y deportaciones masivas no afecta la hermosura de su obra ni lo ilimitado de sus temas. A la vez que combatía, escribía poemas llenos de ternura sobre los ángeles y el amor. Integrado dentro de su tiempo no se dejó vencer por él. Nadie como él logró transformar el horror en poesía como cuando nos dice:

A Dios le tenderemos al fin nuestras manos
Quemadas por el ala del Anticristo
Y Él comprenderá que en medio de aquel horror
Nuestra juventud era lo único puro.

(Del poema: Aquellos años que nadie nos devolverá…)

Texto y traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Publicado en la Gazetka "Dom Polski"
Lima, Perú, agosto del 2008

lunes, 22 de marzo de 2010

Sobre el documental "Volviendo a la luz"

Hace un tiempo vi el documental "Volviendo a la luz" de Delia Ackerman. Éste dura una hora y se basa en entrevistas a los judíos sobrevivientes a la Segunda Guerra Mundial que llegaron al Perú, muchos de ellos el 18 de diciembre de 1948. Tan solo diré que está muy bien hecho, con mucho profesionalismo y que si bien el tema del Holocausto parecería ser un tema trillado, no lo es en este caso, pues es el primer y único documental que trata sobre ese tema, el de los judíos sobrevivientes a la masacre, que llegaron al Perú.
Documental que toca las fibras de todos aquellos que sentimos lo que pasó en esa guerra, como parte esencial de nuestro ser.

El documental completo se puede ver en la parte inferior de este enlace:
Grupo Chaski: Cine y memoria