miércoles, 21 de agosto de 2019

Sobre el relato "Las campanas vespertinas" de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña del relato “Las campanas vespertinas”, el cual forma parte del libro „2586 pasos”, volumen I de la serie „Los mundos de Pilipiuk”. En éste, tal como en algunos de los relatos reseñados anteriormente, el personaje principal es el doctor Paweł Skórzewski.
Corría el año 1893, cuando el doctor llegó a combatir la epidemia de una enfermedad sin identificar, en un pueblo ubicado en una isla en medio de los pantanos, propiedad del noble Samuel Lisowski. La mente positivista del galeno ya tergiversó lo sucedido en Bergen quince años atrás, llegando él mismo a creer que no había matado al Abuelo de la lepra, sino a un mendigo leproso.
Al día siguiente de su llegada, Lisowski reunió a los pobladores del lugar, diciéndoles que el doctor Skórzewski había venido a revisarlos y curarlos a pedido suyo y del Zar de Rusia. Y que quien no se sometiera a sus análisis e indicaciones, sería deportado a Siberia.
El doctor dio las disposiciones necesarias, ofreciendo dinero a quien quisiera apoyarlo con las labores de enfermería y cremación de los difuntos. Pero tan sólo uno de los pobladores del pueblo, Iwan, fue quien accedió, asegurándose antes de que en caso de contagiarse y fallecer, el dinero fuera a parar a su familia.

Por una cruz de doble travesaño que se hallaba en el pueblo, el doctor se percató que ya anteriormente hubo allí una epidemia. Lisowski se lo confirmó, diciendo que fue hace algunos siglos. Para informarse sobre el tema, hizo abrir el cofre en el que se hallaba la antigua crónica familiar. Y efectivamente, encontraron allí una nota del párroco del lugar, que describía la peste y sus síntomas, idénticos a los que se estaba viviendo en el pueblo. Estaba fechada en 1497, vale decir, hacía trescientos veinte años. Finalizaba con una frase inconclusa que decía: „Los rachmani nunca…” *
¿Pero quiénes o qué eran los rachmani? Magda, la sirvienta de Lisowski, chica que conocía las tradiciones populares del lugar, lo explicó de esta manera: 
“- La gente mayor decía que aquí, al lado, hay otro mundo. (...) Igualito al nuestro. Al mirar el agua vemos nuestro reflejo, pero lo demás es una imagen nebulosa de aquel mundo. Viven en él los rachmani. No son gente, sino monstruos. Sólo que no son tan malos... Son muy devotos y cuando llega el tiempo de Cuaresma ayunan durante cuarenta días, sin probar alimento alguno. Cuando nosotros echamos las cáscaras de los huevos bendecidos al agua, éstas llegan a las orillas del otro mundo y entonces ellos saben, que donde nosotros ya es Semana Santa. Y luego, dos domingos después que nosotros, celebran la suya. (...) A veces, al pararnos al anochecer a la vera del agua, escuchamos el tañido lejano de las campanas de las iglesias y templos de aquel mundo.” **
Aquí haremos un breve paréntesis para aclarar al lector ajeno a la cultura polaca, que es parte de su tradición el llevar huevos pintados a la iglesia el día Sábado de Gloria, para que el cura los bendiga, conjuntamente con otros alimentos que se comerán, celebrando el Domingo de Resurrección.

El doctor fue a hacer su guardia nocturna, percatándose de que Iwan se había contagiado. Antes de morir, éste le confesó, que lo que estaba sucediendo era un castigo por los pecados de Hanusz y los suyos propios. Hanusz, le dijo, había capturado a uno de los rachmani, robándole su cruz. E Iwan, antes de cremar el cuerpo de Hanusz, se apropió de ella.
El moribundo sacó de debajo de su camisa una crucecita que le colgaba del cuello, rompiendo antes la correa que la sostenía y alcanzándosela al médico. La cruz era de oro puro, llevando al reverso una inscripción en un alfabeto desconocido.
El doctor fue a la cabaña de los Hanusz, donde no había sobrevivido nadie. Era evidente que alguien la había estado rebuscando. Luego se acercó a la orilla y persignándose, lanzó la cruz al agua. 

La evidencia de que tanto el doctor, como Lisowski se habían contagiado, se dio al día siguiente. El médico le preguntó al dueño de casa, como así había decidido quedarse en un lugar en cuarentena, cercado por un cordón militar, que evitaba que nadie se escapara, expandiendo así la enfermedad. El noble le respondió que se debía a su gente y que antes de alertar a las autoridades de la situación, había enviado a su hijo a Kiev, donde también se encontraba en cuarentena. En cuanto a él mismo, no tenía miedo de morir, pues ya había perpetuado su linaje.
El doctor aplicó la poca morfina que quedaba a sí mismo, Lisowski y Magda, quien también se había contagiado. Luego ambos hombres se acomodaron a esperar la muerte, en la misma habitación, enviando a Magda a la suya. Antes de hacerlo, pidieron a la chica que les trajera los mejores licores del sótano casero. Mientras todavía tenían fuerzas, jugaron a las cartas, bebieron los licores y conversaron largamente. 

El doctor había perdido la noción del tiempo, cuando vio entrar a la habitación en la que yacían a un ser de más de dos metros de alto, vestido con un traje parecido al de la nobleza polaca. Dudó en captar si lo que estaba viendo era realidad, o una visión causada por la morfina que corría por sus venas. Cuando el ser se les acercó, vio que su rostro era similar al de una rana. Éste sacó de debajo de su capa una botellita verde, cuyo contenido vació en un vaso que se encontraba sobre la mesa. Luego vertió el líquido en sus gargantas, señalando antes de salir, el crucifijo en la pared.
A los tres días el doctor tuvo la fuerza suficiente para levantarse. Se inclinó sobre Samuel Lisowski, quien le pidió algo de beber. Desde la habitación de al lado llegó un gemido, lo que significaba que Magda también había sobrevivido. El doctor pasó revista por el pueblo, viendo que había más sobrevivientes. Se acercó al borde del pantanal, para avisar, mediante un heliógrafo, al cordón militar, que la peste había sido controlada. 
Y entonces escuchó el tañer de las campanas, llegando desde debajo de las aguas. En el mundo de los rachmani se iniciaba la Semana Santa.


* Andrzej Pilipiuk, “2586 pasos”, p. 113
**  Andrzej Pilipiuk, o. cit., p. 119
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “Las campanas vespertinas” (Wieczorne dzwony)
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007

miércoles, 14 de agosto de 2019

Sobre el relato "2586 pasos" de Andrzej Pilipiuk


Ya en una de las reseñas anteriores presentamos al doctor Paweł Skórzewski, uno de los personajes principales de la serie de relatos „Los mundos de Pilipiuk”. Tal como dijimos se trata de un médico de origen polaco, formado en la Academia de Medicina de San Petersburgo, cuya vida transcurre, entre los finales del siglo XIX y los albores del XX. Este doctor, como personaje que trata de vencer las supersticiones, para luego admitir que no eran tales, teniendo que enfrentarse finalmente a seres de otras dimensiones, es un tema que se repite en varios de los relatos de Andrzej Pilipiuk. Tales como “Tratado de higiene”, o el anteriormente reseñado “Delirio de negación”.
En el relato „2586 pasos” el doctor Paweł Skórzewski llega desde San Petersburgo a la ciudad de Bergen en Noruega, invitado por su colega, el doctor Armauer Hansen, quien dirigía el leprosorio del lugar. Corría el año 1876, cuando la comunicación no estaba todavía muy desarrollada, lo cual hacía muy penoso el viaje.
Tal como en otros relatos de Pilipiuk, en éste también está presente un ser fantástico. Se trata de el Abuelo de la Lepra, quien llegara a la ciudad en la época en la que ésta pertenecía a la liga hanseática, organización odiada por lo mismo, hasta bien entrado el siglo XIX, tiempo en el que se desarrolla la trama del relato.
Tal como dijera una de las pobladoras de Bergen:
“Fue aquí, en la ciudad fundada por mercaderes alemanes, que la peste de Levante llegó por primera vez. Y es por eso que llegó él aquí... Entre las casas de madera es donde se siente mejor. Allí todo se sigue viendo igual a como lo era en los tiempos de su llegada. Lleva un sombrero ancho de cuero, como un mercader de la época hanseática.”
El doctor Hansen le preguntó con cierta sorna, pues como científico no creía en ese tipo de supersticiones, cómo así se podía matar a un espíritu. A lo que la mujer le respondió que el Abuelo de la Lepra seguramente lo estaba siguiendo de cerca, pues lo odiaba, por considerarlo su enemigo.
Y efectivamente esa misma noche, en medio de los vericuetos de la ciudad vieja, ambos médicos dieron con un personaje, cuyo aspecto correspondía al descrito por la mujer un rato antes. Bajo la capa y el sombrero de ala ancha, se veían tan sólo las dos lumbres de los ojos, acechándolos desde la oscuridad. Fue una imagen fugaz, que desapareció al instante. Los galenos se estremecieron, dirigiendo sus pasos cuanto antes, hacia el puerto.
Finalmente el doctor Skórzewski mató al personaje con cuatro balas de plata, las cuales en contra de la tradición, no fueron bendecidas por un cura, por no haber un sacerdote católico en toda la ciudad. Y el doctor se sintió corto de ir a pedírselo a un pastor protestante…

* Andrzej Pilipiuk, “2586 pasos”, p. 33
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “2586 pasos” (2586 kroków)
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007

martes, 6 de agosto de 2019

Sigiloso resplandor en Lima


Poesía en la ciudad invita al público en general a la segunda fecha del ciclo de conversatorios “Sigiloso resplandor”* que tiene por objetivo resaltar la creación literaria hecha por mujeres en nuestro país.

En esta oportunidad contaremos con la participación de:
  • la filósofa y poeta Alhelí Málaga, quien realizará un acercamiento a la obra de su bisabuela, la prolífica María Wiesse
  • la literata Lourdes Rojas, quien abordará la poética de la escritora Sarina Helfgott
  • la poeta y músico Laura Rosales, quien presentará la obra de la escritora Enriqueta Beleván
  • la poeta y artista gráfica Sandra Suazo, quien hablará sobre la obra de Raquel Jodorowsky


(*) "Sigiloso resplandor" es un verso de la poeta Cecilia Bustamante, primera mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura (1965) y a quien rendimos un sutil homenaje en representación de todas las poetas cuya obra literaria no ha sido debidamente difundida.

miércoles, 31 de julio de 2019

Sobre el tercer tomo de la novela "Virion" de Andrzej Ziemiański

Está será una breve reseña de “Virion. El adepto”, tercer tomo de la novela “Virion” de Andrzej Ziemiański, la cual forma parte de la serie “El Imperio de Acaya”. Sugerimos al lector leer antes las reseñas del primer y segundo tomo de la misma, para facilitar la comprensión del texto.

Horech, quien tenía el encargo de matar a Virion, se encontró con éste en medio del bosque. Kila ideó entonces presentar a Niki como Luna, cuya casaca llevaba puesta. Dijo que habían sufrido un ataque de parte de Virion, siendo los sobrevivientes del séquito de ésta. Horech recordaba la casaca, pero no tanto a su propietaria, por haberla visto estando en estado etílico. Sin embargo le parecía recordar que era una chica más llenita y menos espigada que ésta. Se unió al grupo, con el que siguieron rumbo.
Lo que más le interesaba a Horech era tener cualquier licor disponible a la mano. El grupo de Virion se lo agenciaba como podía. Vistieron los uniformes de unos guardias a los que mataron en una trifulca, con los cuales se presentaban a requisar comida y bebida en los pueblos por donde pasaban. Horech los observaba, sin hacer mayor comentario.
Cuando por segunda vez le preguntó si fue él quien mató a Thesalos, Virion comprendió que no tenía sentido seguir ocultando su identidad. Horech pidió que le contara como lo hizo, comentando que Thesalos nunca le había caído bien. Luego le preguntó por el nombre de Niki y Virion se lo dio. Preguntó también si ella los estaba guiando hacia algún lugar preciso. Aunque en realidad era más una afirmación que una pregunta. Virion se lo confirmó, diciendo que no era la primera vez que lo hacía.
Al quedar las identidades descubiertas y saber que Horech era aliado y no enemigo, el ambiente en el grupo se tornó mucho más llevadero. Siguieron rumbo juntos.

En cuanto a la verdadera Luna, fue vendida por una botella de vino como una esclava sin valor, por sus brazos rotos y la demencia que le atribuían. Ella, que maltrataba a sus esclavos, castrándolos ni bien llegaban a ser su propiedad, pasó a ser esclava. Ella, quien citó a Taida en su restaurant preferido, donde un esclavo hambriento las miraba comer desde su jaula, cosa que hacía la comida más sabrosa. Pero ahora, con los brazos destrozados, no podía hacer ningún encantamiento ni invocar a ningún mago para que la rescatara de la situación en la que se encontraba. No le quedaba otra que darle vueltas a la rueda del pozo que irrigaba los campos, a la que estaba sujeta, convirtiéndose rápidamente en un animal, que sólo soñaba con que acabara el día para poder descansar. De nada sirvió que el mago que Taida envió a buscar el lugar de la muerte de Luna, pasara al lado de ésta, pues ni siquiera miró hacia donde se encontraban los esclavos. Y a ella, considerándola demente, le habían puesto un bozal para que no indispusiera con sus afirmaciones de grandeza a tan ilustres personajes.

En cuanto a Taida, preocupada por la suerte que había corrido Luna, trató de acercarse a las ruinas encantadas, pero se dio con la sorpresa de que éstas habían sido cercadas por los miembros de la Orden, cosa que iba contra todas las leyes del Imperio. Y más grave aún era que le negaran la entrada a ella, que ostentaba el cargo de prefecto, aunque no fuera esa su jurisdicción. 
Al no lograr nada con la redada contra Virion, ni encontrar a Luna, retornó a su casa en la ciudad de Syrinx. Allí fue llamada, casi inmediatamente, para trabajar en el Castillo, vale decir, en el Servicio de Inteligencia del Imperio. Lo hizo, acompañada de Daazy, quien le pidió seguir trabajando con ella. Taida pasó a ocuparse del tema de los espectros, el cual llevaba el criptónimo de “acontecimientos”. Quien reinaba allí era Nerva, siguiendo Inms en segundo lugar.
Nerva le llamó severamente la atención, por haber mezclado los asuntos de estado con los del corazón, al armar la redada contra Virion. Le prohibió seguir con el tema, comentando filosóficamente que Nary no era el único hombre en el mundo.
Lo primero que hizo Taida, valiéndose del cargo de procuradora, que ostentaba oficialmente, fue enviar a un mago en busca del lugar de la muerte de Luna. Y es que, siguiendo la versión de Verez que vio como Niki la mató, confirmando luego Virion su deceso, todos la daban por muerta. Si bien Taida tenía la remota esperanza de encontrarla viva, sin poder explicarse su súbita desaparición. Y un mago tenía la capacidad de percibir el lugar de la muerte de otro mago. Y era un hecho que la muerte o desaparición de Luna, tenía que ver con un espectro, vale decir, con la esposa de Virion.
El mago emprendió viaje, llegando al lugar junto a la cascada. Logró rastrear los lugares de la muerte de varios magos, algunas sucedidas incluso cientos de años atrás. Pero no la de Luna.

Taida también se entrevistó con los pocos magos y sacerdotes que pudieran saber algo sobre la naturaleza de los espectros. Así fue como llegó donde el sacerdote Nabotar, quien a pesar de que los miembros de la Orden trataran de impedirlo, se vio obligado a conversar con ella sobre el tema.
¿Quiénes eran esos seres? ¿De dónde habían llegado? Nabotar dijo:
„- Es una raza mucho más antigua que el hombre. Estuvieron antes aquí - Contempló el libro extendido delante suyo, con el dibujo del eje del tiempo - Antes que nosotros.” *
Taida dijo algo sobre la Creación, a lo cual Nabotar le interrumpió con esta afirmación asombrosa:
„- No fueron los Dioses quienes los crearon”. ** 
Y señaló el Libro de la Creación diciendo que allí no había ni una sola palabra sobre el tema.
Luego comentaron que casi nadie se interesaba en los espectros, pues no entraban en conflicto con el poder. Más aún, había una gran mayoría de gente, que incluso, negaba su existencia. Pero no era el caso de la Orden, que les estaba siguiendo los pasos. ¿Por qué esa obsesión de la Orden para con los espectros? Nabotar se lo comentó a Taida de esta manera:
„ - Y no hay de que asombrarse. La Orden, seguramente, quiere conocer a través de ellos algo sobre la naturaleza de los Dioses.
- ¿En serio? ¿De quienes son los demonios del mal, en su razonamiento?
- Así es. Y es que los Dioses callan desde hace siglos, por lo que tal vez se les pueda sacar algo a los espectros.”  ***
Otra posibilidad, dijo Nabotar, era que la Orden quisiera aprender las técnicas de los espectros, con el afán de utilizarlas posteriormente para sus propios fines. Era innegable, por ejemplo, que a los espectros les convenía, que mucha gente no creyera en ellos. Cosa que habían logrado de alguna manera.

Cierto tiempo después Nerva citó a Taida en un parque de la ciudad de Syrinx, donde le presentó a un oficial del Servicio del Tesoro. Éste le comentó que los espectros estaban juntando gigantescos atados de leña en diferentes lugares, para armar con ellos al prenderlos, una cruz de fuego que atravesara reinos y fronteras. Al cercar las ruinas junto a la cascada, donde había varios de esos atados, la Orden interfería directamente con el plan de esos seres. Más aún, al otro lado de la frontera, los miembros de la Orden habían disminuido esos atados al prender pequeñas fogatas en el bosque, con sus propias manos.

Posteriormente, en una conversación sostenida fuera del Castillo, donde hasta las paredes tenían oídos, Daazy le habló a Taida del Persecutor de sueños, personaje que utilizaba un ritual prohibido desde hace muchísimos años en el Imperio, al punto que muchos ya ni se acordaban de su existencia. Pero la Orden seguía utilizando sus habilidades. Daazy le dijo lo siguiente:
„- Un persecutor de sueños acecha a su víctima largamente. Lo invade de pesadillas, lo agota y luego conduce al suicidio. El fin ideal es lograr que la víctima se tire de un puente.” ****
Y continuó diciendo:
„- En el momento del salto, cuando en la mente del suicida suceden cosas terribles, pero aún vive, en el fragmento de ese instante los victimarios están en capacidad de entrar más profundamente. De penetrar en los sueños de las personas relacionadas con la víctima. Y tal vez lograr mucho más.” ***** 
Este dato llamó poderosamente la atención de Taida, pues fue justamente de un puente que Virion trató de lanzarse al vacío, antes de que lo rescatara la anciana que lo llevó donde Niki. 
Luego hablaron sobre los atados de leña que los espectros estaban juntando en diferentes partes del mundo. ¿A quién querían hacerle llegar la señal de fuego que estaban armando sobre la Tierra? Daazy lo comentó suspirando:
„- Envían la señal a alguien que está mucho más arriba aún que los Dioses”. ******

Mientras todo esto sucedía, la Orden tampoco estaba cruzada de manos. Los miembros de la misma se acercaron donde Bowe, centurión del Ejército Imperial, quien estaba furioso, porque la pandilla de Virion le había causado varias bajas. Primero le preguntaron por Virion y su gente. Y luego el Maestro le pidió, diciendo que hablaba a nombre del Gran Maestro de la Orden y que pronto recibiría la petición por escrito, que dejara pasar al grupo de Virion  libremente, adonde sea que pretendiera dirigirse.
Y así fue como los miembros de la Orden cruzaron la frontera del Imperio, tras de Niki que guiaba a la pandilla. Pero al llegar a la localidad de Vyreth se dieron con la sorpresa de que la gente que trabajaba para la Orden había fallado, al dejar entrar al grupo a la ciudad sin problemas. Cosa por la que fue severamente castigada. Una familia fue muerta y la casa de otra incendiada.
Luego Kepper, el Maestro de la Orden, acompañado de Ure, su discípulo predilecto, quien había de heredarlo en el cargo, fue a visitar al Persecutor de sueños. A Ure le llamó la atención la tez cadavérica del personaje.
El persecutor de sueños dijo que ya había dos espectros en la ciudad, pero que aún no se habían encontrado entre ellas. Dijo también que al ser dos, no podía seguirlas claramente con la mente, pues sus auras se entremezclaban. Ideó pues entrar en los sueños de Virion, pero para lograrlo necesitaba que una persona inocente se tirara del puente que quedaba frente a su casa.
Y así fue. Al día siguiente Kepper pidió a una joven que lo guiara, a cambio de una moneda, al local de los escribientes municipales que quedaba al otro lado del río. A medio camino Kepper y Ure regresaron por algo, que supuestamente habían olvidado, dejando a la chica justo al medio del puente. No está demás decir, que apenas se voltearon, la chica se lanzó desde el mismo.

Esa misma noche Virion y Niki, acompañados de Mano, con quien habían llegado a un acuerdo, se dirigieron a los pantanos en las afueras de la ciudad. Mano era hijo del comandante de la guardia del lugar, quien había sido muerto por unos bandidos. Los acompañaba su pequeña hermana Temla. Virion se topó al borde del pantano con la espectro Doña Pesadilla, que era quien reinaba allí. Ésta, al igual que Doña Nadie, metió la lengua dentro de su boca, identificando de esa manera su vínculo con el mundo de los espectros. Luego condujo a Virion a su choza, en una isla en medio del pantanal, donde le presentó a su esposo Soggo, quien era totalmente humano.
Fue un encuentro importantísimo para Virion, pues fue el primer hombre, en situación similar a él mismo, que conocía. Mientras que ambos conversaban, Niki y Pesadilla se lamían mutuamente, pues esa era la manera de conocerse entre las espectros. Mano yacía desmayado en un rincón y Temla devoraba todo con los ojos, con la curiosidad propia de los niños.
La conversación entre Virion y Soggo versó sobre la naturaleza de los espectros. Soggo le dijo que éstos se llamaban Náufragos a sí mismos. Le dijo también:
„Parece que llegaron a este mundo desde lejos. Y no sé, si los Dioses ya no estaban aquí, o si al contrario, se encontraron con ellos.” ******* 
Le dijo también:
„- Parece que este mundo resultó siendo una trampa para ellos. Una trampa sin salida, que se cerró de golpe.” ********
Hablaron luego de la leña que en inmensas cantidades las espectros estaban juntando para enviar una señal a alguien o algo. Soggo dijo que eso era importantísimo para ellas y que tal vez lo hicieran desde hace miles de años. Pero que sin embargo los miembros de la Orden estaban interfiriendo con ese trabajo, no sólo con el de Doña Nadie, sino también con el de Pesadilla. ¿Es qué acaso no había una fuerza capaz de oponerse a la Orden? Si la había y esa fuerza era el Imperio. Aunque, según Soggo, en ese momento la Orden estaba llevando la delantera. Entonces Virion dijo que había que aliarse con el Imperio.

Virion cayó rendido, soñando que estaba a punto de lanzarse desde un puente. Pero no llegó a hacerlo, pues ambas espectros lo despertaron a la fuerza, prohibiéndole volverse a dormir, para impedir que el Persecutor de sueños volviera a penetrar su mente. Sin embargo ya lo había hecho, por lo que consideraron que la choza de la isla ya no era un lugar seguro. Virion consideró entonces que lo mejor era partir todos hacia la comandancia de la guardia de Vyreth, donde además ya se hallaba el resto del grupo.
Ya en la comandancia, Virion, alentado por Niki y Pesadilla, trataba de no volverse a dormir, pero lo vencía el cansancio. Entonces ideó la siguiente treta: no concebiría ningún plan de acción, para poder dormir con la mente en blanco, sin que el Persecutor de sueños supiera qué pasos pensaba seguir. Quien idearía un plan sería Niki, sin compartirlo con Virion. Niki objetó diciendo que no tenía la inteligencia necesaria para adelantarse a los hechos y armar estrategias. Pero finalmente aceptó.

Los miembros de la Orden concibieron varias tretas para prender a Virion y utilizarlo a modo de anzuelo, para poder capturar a las dos espectros vivas. El Maestro estaba furioso al ver que falló la táctica del Persecutor de sueños. Allanó entonces las casas, de quienes le habían dicho, rendían culto a los espectros, para que le dijeran dónde hallarlas. Comenzó por la de una humilde lavandera y fue allí que Ure se percató con pavor, de que Kepper sentía placer al torturar a la gente. En respuesta, las espectros acogieron a la gente que las adoraba en la comandancia, dejando sus casas a disposición de los indigentes. De tal manera que la siguiente familia, víctima de la Orden, no tenía nada que ver con los espectros. La idea fue de Virion, quien ya se encontraba bien despierto.
El Maestro de la Orden, furioso por haberse visto burlado, tuvo que cambiar de táctica. Liberó al Persecutor de sueños, para que fuera a su casa y así acechar a Virion, quien seguramente iría a matarlo. Pero no contó con que Virion se adelantara a los hechos, esperando al Persecutor de sueños en su propia casa. Luego de asesinarlo, Virion se fugó por el desagüe. Tenía experiencia en ello, pues ya lo había hecho al fugarse de las cavernas, luego de escapar de la prisión en Mygarth
Entonces los miembros de la Orden prendieron a Mano y la pequeña Temla y los encerraron en una jaula en la Plaza del Carnicero. A la mañana siguiente, se desató el enfrentamiento final, durante el cual Virion mató a Ure, mientras que Horech mató a Kepper. Los demás miembros de la Orden, que se encontraban en la ciudad, se rindieron.
De noche, luego de una efusiva despedida de Mano y Temla, el grupo de Virion, al que se sumaron Soggo y Pesadilla, estaba listo para partir. Mano, ya convertido en comandante de la guardia de la ciudad, les abrió una puerta en el muro de la misma, a cuya llave, sólo él tenía acceso, por la que salieron, para seguir su rumbo por el mundo.

En cuanto a Luna, siguió trabajando atada al pozo, habiendo perdido la esperanza de cambiar su suerte. Hasta que llegó el día en que ya no era necesario irrigar los campos y llegó la orden de seleccionar a los esclavos. Los que ya no servían para trabajar, como Luna, serían llevados a un bosque, donde les harían cavar sus propias tumbas, antes de matarlos a palazos, para desprenderse de ellos.
Iniciaron la marcha. Antes de llegar al bosque se toparon con una mujer ricamente vestida, con el rostro cubierto por un velo, la cual, montada sobre un hermoso caballo, parecía esperarlos a la vera del camino. A través de su sirviente le hizo llegar una moneda de plata al guardián de los esclavos, pidiéndole quedarse con uno de ellos. El hombre no se hizo de rogar, escogiendo la mujer a Luna. 
La sentó sobre una piedra y le sirvió un brebaje de agua con miel y una pizca de vino para reconfortarla. Luego se arrodilló junto a ella, descubriendo su rostro por un momento. Luna reconoció en ella a Doña Nadie.
“- Eres un espectro.” ********* - constató Luna.
A lo que la mujer le respondió: 
“- Y tú eres una maga, que a pesar de todo tiene suerte.” ********** 
Luego de volver a cubrirse el rostro, le entregó un rollo de papel, atado con una cinta de seda. Y se despidió diciéndole que esperaba no volver a verla nunca más, pues sólo estaba cumpliendo con el pedido de amigos comunes. Antes de partir, añadió:
“- Entrega el documento a los tuyos. (...) Para que no te maten, alimentándote de golpe hasta la saciedad.” *********** 
Ni bien partió llegaron Taida y Daazy, cruzándose con ella en el camino. Habían llegado al lugar en respuesta a la carta de una desconocida, quien afirmaba tener algo interesante que mostrarles.
Se acercaron adonde estaba Luna, quien les entregó el rollo de papel, atado con una cinta de seda. Taida se arrodilló junto a ella y al rato, a través de la capa de polvo y suciedad que la cubría, logró reconocer a Luna.
El documento que les entregó era un tratado, escrito por el médico que dirigía el hospital del padre de Virion, indicando un tratamiento para recuperar a los esclavos de un estado de hambre e inanición. Y fue con una cinta de seda, con la que habían sido degolladas, tanto la superiora, como la chica que había abierto la puerta a la anciana y a Virion, el día en que fueron a recoger a Niki del convento. Taida comprendió que era la cinta con la que iba a ser ahorcada, pero que la vida le había sido perdonada.
¿Quién era aquella mujer extraña que le había perdonado la vida y devuelto a Luna?
“- Es Doña Nadie” - dijo Luna suspirando - „Un espectro.” ************




* Andrzej Ziemiański, „Virion. El adepto”, p. 301
** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 303
*** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 307
**** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 434
***** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 435
****** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 440 
******* Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 402
******** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 403
********* Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 576
********** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 576
*********** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 576
************ Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 580
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „Virion. El adepto” (Virion. Adept)
Serie: „El Imperio de Acaya” (Imperium Achai)
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2019

Número de páginas: 580

viernes, 26 de julio de 2019

Sobre el segundo tomo de la novela "Virion" de Andrzej Ziemiański


Esta será una breve reseña del libro “Virion. La redada”, segundo tomo de la novela “Virion” de Andrzej Ziemiański, la cual forma parte de la serie “El Imperio de Acaya”. Sugerimos al lector leer antes la reseña del primer tomo de la misma, para facilitar la comprensión del texto.

Luego de haber matado a Nary y su gente, Virion y Niki se establecieron en un pueblo de leñadores, al borde de la frontera. Era un lugar donde se necesitaba mano de obra a gritos, pues la mayoría de hombres en edad de trabajar había partido a buscar suerte en un lugar cercano, donde se había encontrado oro. Nadie le preguntó pues, de donde venía, ni si tenía alguna razón para fugarse. Si bien se diferenciaba de los demás hombres del lugar por su lenguaje refinado, modales y conocimiento y por tener a una hermosura como Niki por esposa. Dijo que Niki era muda de nacimiento, con lo que zanjó con las preguntas de porqué no hablaba. Pero Ane, una de las vecinas, reconoció que era un espectro y le trajo una guirnalda de flores a escondidas, que le entregó arrodillándose delante de ella, agradeciéndole por haber llegado al pueblo. Virion le preguntó por qué hacía eso, a lo que ella respondió que se crió en un pueblo donde se hacía ofrendas a los espectros.
Alquilaron una casita en las afueras del pueblo, al borde del bosque. Los lugareños eran gente sencilla que los ayudó a establecerse. En la mañana pasaban frente a la casa, llamando a Virion, para que se uniera al grupo. Empezó cortando ramas y con los días fue adquiriendo la fuerza y habilidad que hacía, que lo que al comienzo le pareciera arduo, se volviera fácil. Cuando le preguntaron a qué se dedicaba antes, dijo que había sido ayudante de médico.
Niki lo esperaba en casa. Al regresar del bosque, Virion primero cocinaba y luego la sentaba a su lado y le enseñaba a hablar, dibujándole diferentes objetos en una pizarrita. Niki iba despertando poco a poco. Y sin darse cuenta, se enamoró perdidamente de ella.
Cierta vez en invierno, Virion salió desarmado a traer agua del arroyo, a pesar de las múltiples advertencias que le habían hecho sobre la manada de lobos que pululaba en el bosque. Y efectivamente, al levantar la vista, vio a cuatro de esos animales delante suyo, interponiéndose en el camino a la casa.
En eso Niki apareció en la puerta.
- Virion - dijo, feliz de poder pronunciar al fin su nombre.
Luego pateó a uno de los lobos y lanzó a otro contra un árbol. Los animales se esfumaron, el último con el rabo entre las patas, aullando de dolor.

Fue realmente una época feliz y una remanso de paz en la vida de Virion. Pero lamentablemente no duró mucho. Pues Taida, al enterarse de que Virion había matado a su amante, montó en una furia descontrolada, decidiendo vengarse. Sin embargo, los métodos convencionales para capturar a Virion habían fallado, habiendo muerto todos sus persecutores, a excepción de Kila, a quien le perdonó la vida. Además la burocracia del Imperio era tan lenta, que la organización de la redada contra Virion podía demorar hasta tres años.
Viendo su desesperación, Daazy, secretario de Taida, le dio un pretexto para apurar la redada y sugirió usar métodos no convencionales. Para ello, la invitó a conversar junto a una fuente de agua, cuyo ruido impedía que quien no debiera, los escuchara. El pretexto era Verez, guerrillero que actuaba en la zona a la que se había fugado Virion y en la que se había descubierto una veta de oro. Se trataba de que la familia de Taida hiciera llegar la noticia del descubrimiento al Emperador, pues había gente interesada en que éste todavía no se enterara.
Luego le habló de Luna, maga especializada en buscar gente desaparecida. Pero Luna era muy muy carera y el Imperio no consideraba ese tipo de gastos para un caso como  ese, por lo que el dinero debía salir de las arcas de Taida. ¿Cómo haría para conseguir ese dinero? Taida prometió no matarlo, antes de que Daazy continuara con su idea, tan irrespetuosa, que no se atrevía a decirla en su presencia. Cobrando valor, Daazy le habló del prefecto Giron, quien mediante la extorsión, se había hecho de una considerable suma de dinero. Corría el rumor de que Giron tenía el retrato de Taida, escondido bajo los documentos de su estudio, pues ésta le gustaba mucho. Corría el rumor también de que gozaba humillando a sus amantes. Taida comprendió, sin que lo dijera directamente, que al entregarse a Giron, tendría el dinero suficiente para pagarle a Luna. Siguió pues el consejo de Daazy, logrando de esa manera que Giron le transfiriera el dinero a Luna. Lo hizo a pesar suyo, llorando por haberse tenido que prestar a ello.
Luego de recibir el dinero, Luna citó a Taida en su restaurant preferido en la ciudad de Syrinx. Allí un esclavo hambriento las miraba comer desde su jaula, cosa que hacía la comida más sabrosa. Luna llevaba puesta una casaca del Ejército de Troy y tenía un aspecto un tanto masculino. Taida recordó sin quererlo el dato que le había pasado Giron: que a Luna le gustaban las mujeres. Durante la conversación Luna le pidió a Taida que le entregue a Kila como esclavo.

Y se dio inicio a la redada. Se distribuyeron anuncios, ofreciendo una recompensa pecuniaria por la entrega de Virion y Verez, presentándolos como bandidos muy peligrosos. Pero por la cabeza de Virion era por la que se se ofrecía más dinero. 
A pesar de que en el pueblo usaba el sobrenombre de Vi, Virion y Niki se vieron obligados a abandonarlo. Antes de hacerlo, Virion venció a un grupo de, los así llamados, cazadores de premios, que pretendía capturarlo. Pero no era gente del pueblo, donde se había hecho querer al curar a algunas personas del lugar. Sin embargo, la única que lo defendió abiertamente fue Ane, quien había reconocido la naturaleza de Niki. Se les unió Brade, chico al que enderezó un brazo roto en la primera posada que encontraron; y posteriormente Ashelon.
Y así fue como emprendieron la vida de fugitivos, manteniéndose en la medida de lo posible, lo más lejos de los lugares habitados. La ayuda de Niki durante la travesía fue invalorable, pues tenía la capacidad de rastrear a la gente, sabiendo cuántas personas y de qué lado venían. Y decimos travesía, pues Niki los estaba guiando, directa y certeramente hacia un punto concreto. Si bien nadie, tal vez ni ella misma, que se guiaba por la fuerza del instinto, sabía cuál era. Demás está decir que la solidaridad que se creó entre los miembros del grupo era de vida o muerte.

Mientras tanto Luna partió, acompañada de Kila y un séquito de esclavos armados, a seguir los pasos de Virion y Niki. Antes de partir le hizo saber a Kila, que no lo hacía castrar, como a los demás esclavos de su propiedad, sólo porque estaban contra el tiempo. Formaba parte del séquito Anai, hombre especializado en lograr confesiones de la gente, sin dejar ni la menor huella visible de las torturas realizadas. Debía unírseles Horech, espadachín inspirado, con el encargo de prender vivo a Virion. Pero éste no llegaba, por haber caído en un estado etílico descontrolado. Por lo tanto Taida contrató para tal fin a un espadachín más joven, Thesalos, enviándolo donde Luna.
Luego de pasar por Marrenmat, Luna llegó a la zona fronteriza, por donde Virion se movía. Allí ordenó incendiar todos los pueblos aledaños, para que ni éste, ni su gente, pudieran obtener ayuda ni comida. 

Taida también partió, por su lado, con un séquito de gente armada, a la región donde se realizaba la redada. Al hacerlo estaba quebrando la ley del Imperio, pues no era una jurisdicción que le correspondía.

En medio de varias aventuras Niki condujo al grupo cerca de las ruinas de un castillo encantado, que quedaba no lejos de una cascada. Los lugareños decían que no era bueno adentrarse en ellas, pues penaban, pero al haberse incendiado sus viviendas, fueron a refugiarse allí. Y efectivamente, fueron atacados por el espectro Doña Nadie, que era quien reinaba en las ruinas.
A pedido de Niki, Virion dejó atrás al grupo, entrando solo al lugar. Doña Nadie se le acercó, lo olfateó y luego metió su lengua dentro de su boca, reconociendo así, su vínculo con el mundo de los espectros. Éste le pidió que dejara salir libres a los pobladores, que aún no había matado y que atacó furiosa porque habían utilizado la leña que ella consideraba suya. La espectro accedió a su pedido, dejándolos partir.

Y, aunque suene increíble, fue recién allí, al pie de las ruinas encantadas, delante de Doña Nadie, donde Virion y Niki se unieron físicamente. Durante la unión Virion tuvo un sinnúmero de visiones. "Vio el mundo sin colores ni medidas y sin el tiempo que fluía.” * Sintió ser parte de una tribu, esparcida por todo el mundo, que llevaba consigo el don. "La misión. El secreto que no debían conocer los humanos.” **
Ya formaban una unidad con Niki. „Un cuerpo, una mente, una sola voluntad.” ***
„- Ya eres uno de nosotros” - dijo, cuando finalizaron, Doña Nadie. - „Eres miembro de nuestra tribu.” ****

Ya anteriormente hubo algunas escaramuzas, durante las cuales, el grupo de Virion atacaba subrepticiamente al de Luna, produciéndole algunas bajas. Esto debido a que cierto día Niki despertó diciendo que había que matar a todos y Virion le dio la razón. ¿Por qué habían de estar siempre escapando? 
Pero el enfrentamiento frontal, durante el cual Brade y Ashelon perdieron la vida, se produjo, no lejos de las ruinas, después del encuentro con Doña Nadie. Luna estaba tan segura del triunfo, que ordenó prender vivos a Virion y Niki. Y es que, durante la travesía, se había percatado que Niki no era humana y pretendía estudiarla. Pero no contaba con que fuera Virion quien matara a Thesalos. 
En medio de la trifulca, durante la cual Virion trataba de rescatar a Niki, apareció Verez con su gente, tomando el control de la situación. Éste declaró que quienes saltaran al abismo de la cascada y se salvaran, podían partir libres. Los hombres del séquito de Luna fueron saltando, uno por uno hacia una muerte segura, para mayor diversión y regocijo de Verez y sus guerrilleros.
Aran, quien defendía a Luna, cayó muerto de mano de Virion. Anai y Kila declararon estar del lado de Virion, siendo tildados por Luna de traidores. Finalmente, a la orden de Verez, quien quería dar más diversión a sus hombres, Niki se lanzó sobre Luna, rompiéndole los brazos, en un enfrentamiento mortal.
Al constatar Virion que Luna estaba muerta, Niki se puso la casaca del Ejército de Troy, que ésta usaba. Verez presentó sus respetos a Virion y Niki, dejándolos partir, en compañía de Anai y Kila.

Al retirarse todos, Luna se despertó y levantó, pues no estaba muerta, sino que había utilizado sus poderes mágicos para aparentarlo. En cuanto escuchó voces, salió al encuentro de los hombres que pasaban por el lugar, en busca de ayuda. Pero éstos al escucharla decir que era una maga poderosa, procedente de Syrinx, la tomaron por demente. Lo único que logró fue que la violaran y prendieran para venderla como esclava, conjuntamente con la gente de los pueblos, que ella misma había ordenado incendiar. Y Luna, con sus brazos rotos, no podía producir ningún encantamiento que la protegiera.

El tercer tomo finaliza con Horech topándose en medio del bosque, con el grupo de Virion, a quien había venido  a prender.



* Andrzej Ziemiański, „Virion. La redada”, p. 353
** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 354
*** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 354
**** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 354
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „Virion. La redada” (Virion. Obława)
Serie: „El Imperio de Acaya” (Imperium Achai)
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2018

Número de páginas: 506


sábado, 6 de julio de 2019

Sobre el primer tomo de la novela "Virion" de Andrzej Ziemiański

Esta será una breve reseña del libro „Virion. El oráculo”, primer tomo de la novela „Virion” de Andrzej Ziemiański, la cual forma parte de la serie „El Imperio de Acaya”. Si bien escrita y publicada después de „Acaya”, describe los hechos sucedidos antes que el destino pusiera a Virion y Acaya frente a frente en un duelo que ella ganó; iniciando de esa manera su carrera política y militar, que conduciría a la caída del Imperio de Luan.
El autor nos dice que quería describir la maldad personificada, explicar de dónde surgió Virion y cómo así se volvió malo; pero que el personaje que creó se ganó la simpatía de los lectores, quienes lo consideran rebelde, más que malo.
La novela está pues ubicada en el Universo de Acaya; en el Imperio de Luan, sociedad cruel y despiadada, donde los esclavos eran tratados peor que los animales. Sociedad múltiple y variada, con la Orden, cuyos miembros despreciaban al resto de la humanidad, con magos, sacerdotes, templos, peregrinaciones, ofrendas y demás. Con la fabulosa ciudad de Syrinx y el riquísimo puerto de Negger Bank. Y, tras alguno de sus confines, con el minúsculo reino de Arkach, del que la madre de Virion se mofaba, al enterarse que su ejército estaba conformado sólo por mujeres.
Y fue en el mero centro del Imperio de Luan, en la pequeña ciudad de Mygarth, donde Virion llegó al mundo. Su padre se dedicaba a comprar esclavos, hacerlos curar en un hospital que había construido para tal fin, seleccionarlos según sus calificaciones y venderlos a mejor precio. Sus negocios lo tenían muy ocupado, por lo que Virion apenas lo veía. Su madre se dedicaba principalmente a la poesía, sin percatarse bien de lo demás que sucedía a su alrededor. Por ende Virion se criaba, sin mayor contacto con sus padres. Siendo la persona más cercana a él, el médico que curaba a los esclavos, de quien aprendió varias de sus artes, así como los esclavos mismos. Y fue justamente el médico quien le anticipó, que algún día los esclavos se rebelarían, cosa que sucedió muchos años después, cuando éstos apoyaron a Acaya.
Sin embargo, ni el ser ayudante de médico, ni la cocina, ni la música, vale decir ninguno de los temas en los que era bueno, se consideraban propios de un joven de buena familia. Habiendo llegado a la edad pertinente, empezó a asistir al Gimnazjon, escuela donde se formaban los jóvenes de su condición, no sólo en lo intelectual, sino también en el arte de la lucha.
Como buenos adolescentes, los chicos se sentían atraídos por las chicas que estudiaban en la escuela de mujeres, con las que se cruzaban saliendo de clases. Virion se enamoró a la distancia de la hermosa Aride, pero no se atrevía a acercarse a hablarle. Lo sacó del apuro su confidente y mejor amigo Parte, quien se la presentó. ¡Y cuál no sería su felicidad, al ser sus requerimientos aceptados por Aride! Desde ese entonces se encontraban en los parques, donde él, al son de las aguas de la fuente más cercana, le leía y recitaba poemas de amor.
Todo ese mundo idílico acabó el día en que Virion encontró a su idolatrada Aride en brazos de Parte. Sucedió luego de que su padre convocara una reunión familiar para anunciar que había vendido la propiedad, con lo cual tenían dinero suficiente para mudarse al puerto de Negger Bank y vivir de sus rentas. Y se vio obligado a venderla, pues había muerto el médico que curaba a los esclavos, quien era por lo mismo, el sostén del negocio.
Virion deseaba compartir la noticia con Aride y pedirle que lo acompañara a Negger Bank, lo cual implicaba matrimonio. Aquel día estaba armado, pues había finalizado su educación en el Gimnazjon y la ceremonia de graduación implicaba presentarse en pleno armamento. Todo sucedió sin pensarlo. De pronto había matado a Aride y Parte en medio de la riña, sin haber pretendido hacerlo. 
Salió corriendo del lugar de los hechos, perdiendo la noción del tiempo y las cosas. Cuando volvió en sí, se encontraba en la cárcel lugareña, donde se enteró de estar acusado de haber matado a sus padres y de haber enterrado el dinero recaudado con la venta de la propiedad de su padre en algún lugar secreto.
¡Bien tenía razón el esclavo que interpretaba los sueños, al  conminarle la noche anterior, a que se fugara al fin del mundo!
En la prisión se hizo amigo de Melikles, su compañero de jaula, quien lo introdujo en los meandros del mundo al que había ido a parar. Lo primero que le dijo es que todos lo traicionarían. Y efectivamente, todos sus compañeros del Gimnazjon, a excepción de Lirion, quien ni siquiera era tan amigo suyo, declararon en su contra. Lo mismo se refiere a las compañeras de estudio de Aride.
Quien estaba a cargo de la cárcel era la prefecto Taida, hermosa muchacha recién llegada de la capital, cuyo amante, Nary, era cazador de reos fugitivos. Taida ideó una treta en la que esperaba hacer caer a Virion. Se trataba de facilitar su fuga, así como la de Melikles y Lin, la chica que compartía la jaula más cercana, para luego seguirlo y descubrir donde había escondido el tesoro. Melikles, hombre viejo y experimentado, advirtió a Virion que se trataba de tan sólo una trampa. Ambos fingieron creer en la sinceridad de la propuesta que el tatuador de la prisión había hecho a la chica, diciéndole que los sacaría de allí, a cambio de una suma que Virion le pagaría luego de desenterrar el tesoro. Y es que todo preso que entraba a la cárcel, quedaba marcado con un tatuaje en la espalda.
El tatuador cumplió con su promesa, haciéndolos salir en medio de un incendio provocado. En cuanto se alejaron de la prisión y la ciudad, lo primero que hizo Virion fue matar al tatuador. Luego cumplió con la promesa de matar a Melikles, quien ya no soportaba los dolores de su cuerpo viejo, sabiendo además que lo único que lo esperaba eran las torturas de sus carceleros. Después avanzó con Lin hacia unas cavernas que conocía desde niño, donde solía refugiarse a veces, cuando le venía el deseo de estar solo. Pero ella se negó a entrar, gritando a voz en cuello que la mataría. Virion se percató entonces que había sido comprada por los secuaces de la cárcel, a cambio de alguna falsa promesa. Se adentró pues cuanto antes, solo, en medio de las cuevas.
Los carceleros prendieron a Lin nuevamente. Y Taida, furiosa porque la chica dejara escapar a Virion, contrariamente al plan previsto, ordenó que le cortaran la lengua para que no pudiera contarle nada a nadie.
Taida envió a Nary con su gente detrás de Virion, pero éste, valiéndose de varias tretas, siguió fugándose. Finalmente, ya encontrándose lejos de Mygarth, sin poder encontrar trabajo y cansado de vivir como una presa acechada, decidió suicidarse. Ya estaba a punto de hacerlo, cuando apareció a su lado una mujer anciana de aspecto humilde, a quien no conocía. La desconocida lo hizo montar sobre un coche que estaba a la mano, dándole las riendas para que lo condujera y partieron de viaje. En medio del mismo la anciana le comentó que lo que él necesitaba es una mujer y que lo casaría con un espectro femenino. Virion se encontraba como en un estado de ensoñación, sin entender bien porqué le hacía caso en todo a la vieja.
Llegaron a la ciudad de Marrenmat, en la que se dirigieron directamente a un convento de mujeres. La chica que les abrió la puerta, los condujo a una sala de visitas, donde poco después, apareció la superiora. Cumpliendo con el pedido, o más bien dicho, la orden de la anciana, la chica retornó con una joven de cabello largo, quien babeando, se dejaba llevar, pareciendo estar del todo ausente. Confesó no saber, cómo ésta se llamaba. La anciana ordenó a Virion que le pusiera un nombre, que no fuera demasiado llamativo.
- ¿Niki? - dijo Virion a modo de pregunta y la chica se quedó con ese nombre.
Luego le preguntó a la vieja que pretendía hacer con ella y ésta le respondió que entregársela por esposa. Se le acercó y le susurró al oído, diciéndole que la chica era un espectro y que lo protegería, porque si no, Virion no sobreviviría ni dos días.
La anciana no cabía en sí de gozo. La superiora, que también se sometía a sus órdenes, como en un estado de sonambulismo, redactó y firmó un documento oficial, con la información de que el convento entregaba a la joven Niki bajo potestad y custodia de Virion.
Virion comentó que no sabía que en el mundo existieran todavía los espectros. A la anciana el comentario le pareció divertido.
„- La gente tiene una idea bastante limitada del mundo - dijo - Y a veces me parece que los magos y sacerdotes aún menor.”
Cuando ya salieron del convento Virion preguntó que le pasaba a Niki, a lo que la anciana respondió:
„- ¿Niki? Todavía no ha despertado.
- ¿Y se despertará sola?
- Debería. - La vieja movió los hombros. - Aún no sabe quién es. No sabe porqué se diferencia tanto de otra gente.” **
Se dirigieron luego a un pequeño santuario, situado al pie de una roca, en un barrio humilde de la ciudad.
„Aquí hace siglos se encontraba la cepa del Gran Bosque. El Santuario de los Dioses.” *** - comentó la vieja. Ya durante el trayecto le había contado que en los santuarios de los Dioses, ubicados en el Gran Bosque que luego fue destruido, la fuerza de la magia era mucho mayor.
En el santuario llegó a un trato con el sacerdote, quien a cambio del coche y los dos caballos, aceptó casar a Virion y Niki, a pesar de que era evidente que la chica no era del todo normal. Y más llamativo era aún el traje nuevo de sacerdotisa, con el que la vistieron antes de salir del convento.
Cayó la tarde y Virion eligió un hospedaje barato para pasar la noche. La vieja sentó a Niki encima de la cama y dejó a un lado su bastón, diciéndole a Virion que al ser ésta su última conversación, trataría de explicarle todo lo posible. Luego de lo cual le dijo:
„- Son un matrimonio, pero es probable que no tengan hijos. Niki no es celosa y podrás hacer con otras chicas lo que quieras. Pero - y levantó el dedo a modo de advertencia - ella es tu esposa y ya nunca te casarás con nadie más.” ****
Le dijo luego que los espectros no estaban hechos para habitar con la gente, así que  no debía estar con ella demasiado tiempo. „Déjala de vez en cuando en un convento, cerca al camino, o en una finca campesina, un lugar donde tenga condiciones adecuadas. No estés con ella de largo un año seguido. Tú mismo sentirás que ambos necesitan descansar.” *****
Pero, le dijo, lo más importante es que siempre volviera con ella. Virion pidió que le confirme si de verdad era un espectro, preguntándole porque nadie sabía de la existencia de los espectros. A lo que la vieja le respondió que los campesinos sabían mucho sobre el tema. Que eran los magos, quienes tenían una idea muy remota del mismo, imponiéndola a toda la sociedad, por considerarse los más importantes. Que Niki lo protegería de aquello que atraía las desgracias hacia él. Evidentemente, Niki tenía una historia humana, pues alguien la había dejado en el convento, pero ella no la conocía. Y que ahora no había tiempo de averiguarla, pues Virion estaba en plena fuga. Que Niki aún no sabía quién era, pero que eso pronto cambiaría.
„- Recuerda una cosa. Tienes ahora un arma terrible en la mano - dijo.” ****** 
Esa arma, obviamente, era Niki. Le indicó luego que debía aprovecharla para luchar con ese algo que lo perseguía. Después procedió a despedirse.
„- Te libero - manifestó con una voz armoniosa. - Tengo que irme.” *******
Al desaparecer la figura de la mujer de la vista de la ventana, Virion sintió despertarse del extraño letargo en el que se encontraba sumido. La desesperación que lo condujo al borde del suicidio, había desaparecido.
Virion, acompañado de Niki, prosiguió la fuga, percatándose de que tenía a Nary pisándole los talones. Tras un montón de peripecias y algunos muertos de por medio, Nary y sus secuaces alcanzaron a Niki, en un bosque donde Virion la había dejado esperándolo, mientras él iba a Annate, la localidad más cercana, a buscar algo de comida. Demoró en regresar, pues las fuerzas del orden lo  habían prendido, logrando sin embargo, escapar.
Al retornar Virion se desató la lucha, que Nary estaba seguro de ganar, pues eran ocho contra uno. Pero no contaba con la participación de Niki, cuyos mordiscos en la yugular resultaron ser mortales. Al final de la batalla, el único que quedaba aún vivo era el esclavo Kila, quien trepado sobre un árbol, miraba aterrado a Niki que se le iba acercando.
- Niki, deja al señor - ordenó Virion y su esposa, aunque con cierto desgano, bajó sumisamente del árbol.
Luego Kila cortó las cabezas de sus compañeros muertos, para llevárselas a Taida. Pues como Virion dijo:
„-Mira, no es bueno que un superior no sepa que fue lo que pasó con su gente. (…) Pues entonces, la angustia de la ignorancia, puede hacerle emprender acciones incluso desmesuradas, con la esperanza de llegar al conocimiento de los hechos. Por eso he decidido que le llevarás la mala noticia a Taida.” ********
A lo que Kila, quien ya lo trataba de „mi señor”, le respondió:
„- Incluso una mala noticia es mejor que ninguna.” ********* 
El primer tomo acaba con Virion, acompañado siempre de Niki, llegando a la línea fronteriza, con la esperanza de liberarse de sus persecutores y emprender una nueva vida.


*  Andrzej Ziemiański, „Virion. El oráculo”, p. 346
**  Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 347
*** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 350
**** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 369
***** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 369
****** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 371
******* Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 372
******** Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 503
********* Andrzej Ziemiański, op. cit., p. 503
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „Virion. El oráculo” (Virion. Wyrocznia)
Serie: „El Imperio de Acaya” (Imperium Achai)
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2017

Número de páginas: 506