jueves, 15 de noviembre de 2018

"Tenías, Polonia, un cuerno dorado" por Katarzyna Czajka-Kominiarczuk

La autora de estas líneas, Katarzyna Czajka-Kominiarczuk, es historiadora y crítica de cine. Actualmente está haciendo un doctorado en Sociología en la Universidad de Varsovia y escribiendo en el blog Zwierz popkulturalny (Animal de la cultura pop), del cual proviene este texto.


El once de noviembre de 1918 se acabó la Primera Guerra Mundial. El conflicto en el que perdieron la vida más de diez millones de personas (según diferentes cálculos) y otras tantas quedaron heridas, llegó a su final. El frente se quedó en silencio. Los soldados fueron enviados a sus casas. Las familias, pendientes de las noticias del campo de batalla, suspiraron aliviadas. La Gran Guerra había de finalizar todas las guerras. Y había de reinar la paz. Y en esa paz, había de nacer un nuevo mundo, enriquecido por una experiencia, que de una vez por todas, había de cambiar nuestro concepto sobre cuánto vale la pena sacrificar en defensa de las fronteras.

Retornemos por un instante a aquel momento de hace cien años. Imagínense por un instante como había de ser aquel día para todos aquellos, que esperaban el retorno de sus seres queridos. Todas aquellas madres, novias y hermanas que suspiraron aliviadas. Los padres, tíos y hermanos, que al fin podían dejar tranquilamente, de seguir las noticias del frente. Cómo había de ser aquel día para todos aquellos, que jamás soñaron, que vivirían en un país independiente. Que hablarían en polaco, que tendrían su presidente, su premier, su propio gobierno y parlamento. Cómo había de ser aquel día para todos aquellos que recordaban los tiempos en los que la independencia de Polonia, parecía una fantasía salvaje, el sueño de un demente o el suspiro del siguiente poeta romántico. En ese mundo de esperanza había también mucha inquietud. Piensen tan sólo en todos esos polacos que vivieron toda su vida bajo los gobiernos invasores. Tal vez tenían un buen puesto en la administración pública, tal vez trabajaban en el correo o en el servicio ferroviario y ahora todo había de cambiar. En medio de la alegría había también mucha inquietud e inseguridad - como siempre, cuando se inicia algo totalmente nuevo y desconocido. Todo era posible, así que había sobre qué soñar y qué temer. Y simultáneamente - al fin, después de tantos años, se podía decir - estoy en mi casa, en mi país, en mi patria.

Aquella Polonia no era la Polonia en la que vivimos ahora. Aquello que para nosotros es obvio aún no había sido establecido. Aún tendríamos que luchar por la definición de las fronteras. Establecer con qué moneda concreta pagaríamos. Cuál sería la distancia entre las ruedas de nuestros vagones. Qué correo sería el que perdería nuestras encomiendas. Qué días serían feriados. Y quién firmaría los documentos más importantes. Era un país con millones de problemas. Pero también con millones de esperanzas. Era un país de muchas lenguas y muchos alfabetos. De gente que confirmaba su fe en Dios, yendo a diferentes templos. Era un país en el que unos se habían acostumbrado a la administración zarista y otros a la prusiana. Unos sabían con certeza que sus asuntos serían resueltos y otros no tenían ni la menor esperanza de que lo fueran. Era un país, aún no atravesado por las inmensas tragedias, que nos despojaron de toda esa increíble multiplicidad, que en estas tierras siempre existió y que constituía a la vez nuestro orgullo y problema. Quien al día de hoy se alegra de la monoculturalidad de Polonia, ése se alegra de la tragedia que nos tocó en suerte.

El que vivamos en nuestro país está indirectamente relacionado con esas millones de víctimas de la Gran Guerra. De aquellas que perdieron la vida en el frente de la Gran Guerra. Jóvenes muchachos que jamás se imaginaron que participarían en una guerra como ésa. Porque nunca antes hubo una parecida. Y sus muertes - por las fronteras, los acuerdos, la política y la forma del mundo - fueron la base de nuestra independencia. Así que éste es exactamente el día, en el que, en vez de pensar tan sólo en nosotros mismos, deberíamos pensar también en ellos. En ese nudo cruel de circunstancias que hizo, que nuestra alegre fiesta nacional, sea a su vez el día, en el que debamos recordar su muerte. Y quisiera decir que tenemos cierta responsabilidad frente a aquellos millones de vidas perdidas. La responsabilidad de que el país que surgió en base a ese sufrimiento, sea un país mejor y más sabio. Conciente de todo aquello, de lo que no eran concientes los políticos que enviaron a los soldados a las trincheras. Eso sería lo justo y adecuado.

Pero el mundo no es justo ni adecuado. Ahora sabemos que los soldados que retornaban luchaban con el trauma de postguerra, en medio de una vida que, tal vez, quedó despojada de sentido. Sabemos que poco después de finalizada la guerra, pasó por la aún destruida Europa, la gripe española, segando la vida de todos aquellos que creyeron haberse salvado, librándose de las garras seguras de la muerte.  Sabemos que el sueño de un mundo nuevo fue pasajero, y la paz eterna, resultó ser una fantasía que duró tan sólo veinte años, antes del nuevo conflicto que hizo que la Gran Guerra, se grabara en nuestra memoria, como pequeña e inofensiva. Y otra vez, luego del siguiente conflicto, habíamos de vivir en un mundo nuevo, lleno de paz e igualdad. Y como siempre, no sucedió.

Y esas son las injusticias que siento, cuando Polonia celebra la recuperación de su independencia con la marcha de la ONR (Agrupación Radical Nacional) y los fascistas europeos, quienes conjuntamente con el presidente y el premier, avanzan por las calles de una ciudad, que es un monumento vivo de aquello a lo que nos pueden conducir las guerras.* Cuando avanzan así comprendo, que es vana cualquier esperanza en un mundo mejor. Que no somos capaces de aprender nada. Mi furia tiene además un matiz auténticamente personal. Porque no es que mi familia haya trabajado desde hace cien años a favor de Polonia - no es que mis antepasados hayan luchado en las Legiones Polacas, para que ahora sucedan aquí tales cosas. Procedo de una familia judeo-polaca y esa marcha me expulsa fuera de los márgenes de Polonia. A pesar de que es un país, al que mis ancestros, se sintieron de una manera bastante estúpida, unidos. Nadie logró sacarnos de acá, a pesar de que, de vez en cuando, había tales intentos. Y siempre nos quedábamos a nombre de una ligazón, verídica y sincera, al país. Una ligazón, que varios de los que marchan gritando „Polonia para los polacos” jamás comprenderán. No es difícil amar un país en el que te quieren. Pero sí lo es, amar un país en el que no te quieren.

El once de noviembre se acabó la Primera Guerra Mundial. Polonia se convirtió en un país independiente. Todo aquello que hasta hacía poco parecía ta sólo una fantasía, se hizo posible. Había mucho trabajo por delante, pero - al fin había de existir el país, que tantos soñaron, sobre el cual se escribió tantos poemas, sobre el cual hubo tantas discusiones, a pesar de no haber aún, ni siquiera una huella de las fronteras en el mapa.  Todo estaba lleno de esperanza. Y cuando ahora veo las calles de Varsovia, por las cuales pasean los nacionalistas, pienso, que todas aquellas esperanzas de lo que pudo haber sido Polonia, se consumen entre los cohetes rojos, los lemas nacionalistas, los gritos racistas y los huéspedes fascistas. Me aterran también las personas, que gustan pensar de sí mismas, como de lindos patriotas, mientras marchan conjuntamente con la ONR, sin reaccionar. El ignorar el fascismo y el nacionalismo, su normalización, me duele, no menos, que los huéspedes de las agrupaciones fascistas italianas. Si consideras que el marchar al lado de un fascista está en regla, entonces tenemos un problema. Y aunque no acepto tal situación, siento una impotencia tan grande, que me alegra observar esta conmemoración desde lejos.** Y aunque se me ocurre, que tal vez sería bueno, observar el país, ya siempre desde la distancia, sé que jamás lo dejaré. Porque sólo en Polonia puedo decir: „Tenías, villano, un cuerno dorado”.*** Y todos lo comprenderán.

Katarzyna Czajka-Kominiarczuk
Traducción y notas: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


* La ciudad de Varsovia fue totalmente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruida después de la misma.
** La autora escribió estas líneas, estando por unos días en Berlín.
*** Alusión a las palabras finales del drama „La boda” de S. Wyspiański, en el cual el personaje a quien le fue dado el cuerno dorado para llamar a la insurrección, se da con la sorpresa que el cuerno ha desaparecido, quedando en sus manos una simple soga.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Huancayo - Presentación del libro "Agricultura tradicional yunga"


Se invita por la presente a la presentación del libro "Agricultura tradicional yunga" de José Rodolfo Sabogal Wiesse en la ciudad de Huancayo. La misma estará a  cargo de Alhelí Málaga Sabogal.

Fecha: Miércoles 7 de noviembre del 2018
Hora:  5:30 p.m.
Lugar: Universidad Nacional del Centro del Perú 
Marco: X Congreso Nacional de Sociología 
Mesa de Trabajo Nº 16: Procesos rurales y urbanos
Nombre: "Agricultura tradicional yunga" de José Sabogal Wiesse: un texto para el presente


lunes, 8 de octubre de 2018

Sobre la novela "La república de oropeles" de Paweł Sajewicz

Esta será una breve reseña de la novela „La república de oropeles” de Paweł Sajewicz. Es una novela que te atrapa, aunque de un género un tanto difícil de definir. La crítica la ha calificado de novela polaca contemporánea. Pero, sinceramente, no entiendo lo que eso significa. Si bien la novela gira en torno a las vicisitudes de Marek Herman, Franek Tomczyk y Agnieszka Lisiecka, considero que el personaje principal es Sonia Nemm.
Cierta noche, poco después de su matrimonio con Marek, en un pueblo al sur de Polonia, Sonia „se vuelve idiota". Se queda parada, con la copa en la mano y la mirada ida, como si estuviera en otro mundo. Simplemente deja de responder a los estímulos. Es un caso médico extrañísimo, que sucede una vez entres miles de miles de personas. Esa misma noche Marek y Agnieszka hacen el amor por primera vez. Durante los cinco años anteriores era Agnieszka quien le servía el desayuno, cuando Marek salía del dormitorio de Sonia, luego de haber pasado la noche juntos. Las noches de pasión, vale decir el amor, eran para Sonia. Las conversaciones posteriores, vale decir la amistad, eran para Agnieszka. Durante cinco años lograron no quebrar esos límites. En aquel entonces Sonia y Agnieszka eran coinquilinas, si bien Sonia, hija de uno de los hombres más ricos de Polonia, era la que pagaba la mayor parte del alquiler. Todos ellos tenían en común el ser provincianos, quienes acababan de abandonar sus pueblos para estudiar en la Universidad de Varsovia.
Después del ataque Sonia requiere ser atendida como un bebé. Hay que bañarla, peinarla, cortarle las uñas, servirle la comida y cuidar que no se tire del balcón. Todo el trío regresa a Varsovia, donde Marek y Agnieszka conviven, ocupándose conjuntamente de Sonia. Quien paga las cuentas, tanto del alquiler, como de los costos de vida, más una persona de apoyo, que se queda con la enferma, cuando Marek y Agnieszka deben salir de casa, es Julian Nemm, el papá de Sonia. De esa manera pasan volando siete años. Marek, quien es egresado de derecho, publica dos novelas. Agnieszka, egresada de la facultad de periodismo, no trabaja. De vez en cuando Agnieszka se harta de la situación y se va donde Franek Tomczyk, ex-compañero de estudios. Pero siempre acaba regresando con Marek.
En medio de esas idas y venidas Agnieszka sale encinta y unos meses después nace Jacek. Lo asombroso, al menos para mí, es que, ni Marek, ni Franek, se preguntan quién es el padre, pudiendo ser cualquiera de ambos. Simplemente asumen al niño como parte del paquete que viene con Agnieszka. Incluso Julian lo asume como su nieto, juega con él, le hace regalos por su cumpleaños y se hace llamar „abuelito" por el pequeño. Jacek sabe, pues, que tiene cinco abuelos, dos por parte de su mamá, dos por parte de su papá y uno por parte de Sonia.
Unas líneas más arriba dije, que considero a Sonia, el personaje principal de la novela. Y es que el mundo de Marek se desmorona el día en el que Sonia desaparece de su vida. Y desaparece porque Julian se percata, a raíz de una entrevista que le hace Franek, que ha habido una fuga de información respecto al negocio de chat sexual en el que está metido. Los datos de las personas que participan en los mismos, aparentemente anónimos, han sido detectados y la información ya está circulando fuera de la empresa. El caso amenaza con convertirse en un escándalo mayor. En menos de un segundo Julian decide fugarse con su hija a Sudáfrica, donde un tiempo atrás había comprado tierras. Se lo hace saber a Marek, luego del entierro de la tía de éste, Janina, quien dejó en herencia un terreno con una casa en las afueras del pueblo de Kalenica. Marek, natural de ese pueblo, es uno de los herederos. Regresa al departamento de sus padres, pensando, que si bien la casa que dejó la tía, está en pésimas condiciones, todo es arreglable y tal vez podría servir de base para rehacer su vida con Agnieszka. Pero en cuanto llega, Agnieszka le manifiesta, que esta vez, sí lo abandona del todo y que los padres de Marek le han dado plata para que pueda regresar a su pueblo natal. Y es que  tanto los padres, como Adam, el hermano menor de Marek, saben que al librarlo de Agnieszka, no habrá ya objeción alguna para vender el terreno y la casa de la tía Janina. Así que en un solo día, tal como dice Marek, le fueron arrebatadas ambas mujeres.
Para rematarla, quien acaba escribiendo el artículo, denunciando la falta de privacidad de los chats sexuales, es Agnieszka. Accede a esa información a través de Tomek Brzeźniak, ex-trabajador de Julian y ex-compañero suyo de la facultad de periodismo en Varsovia. De esa manera queda anulada la posibilidad de regreso de Julian y su hija a Polonia.
Marek y Agnieszka se desean todo lo mejor y deciden no volverse a ver más en la vida. Agnieszka va a despedirse de Franek y le dice, mirándolo a los ojos, que entregará a Jacek a su padre, cuando éste cumpla dieciocho años. Ya anteriormente, en algún arrebato de furia, le había llegado a decir a Marek, que no era padre del niño.
Agnieszka retorna con sus padres a su pueblo natal, cerca a Częstochowa. En cuanto a Marek, viaja con una beca literaria a Alemania, de donde no da más señas de vida. Sólo Agnieszka sabe que está escribiendo su siguiente novela.

Ficha bibliográfica:
Paweł Sajewicz: „La república de oropeles” (Republika świecidełek)
Varsovia, Editorial Świat Książki, 2017
Número de páginas: 432

lunes, 1 de octubre de 2018

Sobre un libro de Svetlana Savrasova

Este será un breve cometario al libro „Tienes tan sólo a tu abuelo, Lenin y Dios” de Svetlana Savrasova. A modo de introducción, diré primero unas breves palabras sobre la autora. Nació en Szczecin, Polonia, pasó su juventud en Bielorrusia, vivió diez años en Varsovia y ahora radica en Gran Bretaña. Es una escritora multilingüe, ha publicado literatura en ruso y en inglés, siendo ésta su primera publicación en polaco.
El título del libro alude a una escena sucedida la niñez de Tatiana, el alter ego de la autora, en la que ésta le dice a su abuela: „Tú misma me dijiste, que Dios es como un padre para todos nosotros. Y en el nido nos dijeron que Lenin es como un abuelo para nosotros”.*
El libro está escrito de una forma, un tanto difícil de definir, construido por episodios separados, cuyo punto de unión es la misma autora, quien nos narra a través de ellos, sus experiencias como traductora de lenguas eslavas para la policía británica. Traduce pues a rusos, ucranianos, polacos, croatas y demás. O a georgianos con falsos pasaportes polacos, quienes fingen no entender el ruso, aunque presionados por las circunstancias, deben admitir que sí lo entienden. Cada historia que nos cuenta es todo un mundo, siendo la gran mayoría de las veces, un mundo trágico. Pero también un mundo en el que se crean amistades de por vida, de personas que luego la invitan a pasar la Navidad con ellas. Cada día es una sorpresa, pues no sabe a quien le tocará traducir. Puede ser un delincuente o narcotraficante, o puede ser gente que quebró las reglas, muchas veces absurdas, simplemente por no saber siquiera que existían. Marlenka, quien manejaba sin el seguro correspondiente, el cual es diferente al que se requiere en Polonia. Un dentista, quien orinaba de noche en una playa desierta, sin saber que en el farol había una cámara filmándolo. Grzesiek, quien tocaba el acordeón al borde del Támesis, sin tener la licencia que lo autorizara a ello. Y otros más por el estilo…
La narradora idea un ciclo de charlas, titulado „Concientización de las diferencias culturales” para los funcionarios del servicio penitenciario británico, en el marco de los cursos de capacitación para estos mismos. Les habla de como „Por los prejuicios se puede pasar de largo junto a la persona viva, ignorando aquello que no cabe en los marcos de dicho prejuicio”.** Y es que, según nos dice la narradora, para la mayoría de los ingleses hay una sola diferenciación: el inglés frente a quien no es inglés. Y frente a eso, ¿qué importancia tiene el que la traductora sea polaca, china o ucraniana?
Como ejemplo de la incomprensión cultural nos pone el caso de un chico lituano, quien creía que lo estaban llevando a fusilar, cuando la policía lo estaba llevando a la clínica. Nadie entendía porqué se resistía tanto a salir, teniendo que sacarlo a la fuerza entre cuatro.
¿Y qué dice la narradora de sí misma? „Así es haber nacido de una madre alemana y un padre ruso, haber sido cambiada - según mi propia hermana - en la sección maternidad del hospital, crecer en una familia, donde uno de los abuelos fue oficial de la KGB y el otro murió en un gulag, ser una divorciada ortodoxa con un hijo e introducirme por matrimonio en una familia con armas del siglo XVI (…) y con suegros - del Ejército Nacional”.***
He traducido el texto lo mejor que pude, si bien soy consciente, que para un lector ajeno al contexto polaco, la connotación del mismo, es prácticamente incomprensible. Diré tan sólo que muestra la confusión en la que se encuentra una persona, nacida en la Polonia de post-guerra, descendiente de grupos étnicos y sociales, no sólo opuestos, sino incluso, enemigos entre sí. La cosa se complica más aún con su matrimonio, ya que el Ejército Nacional, el grupo guerrillero más grande de Polonia, luchaba tanto contra los soviéticos, como contra los alemanes.
Di con el libro por casualidad y no pude desprenderme de él. Y es que la experiencia de la autora, tiene que ver con la mía propia. Son otros los nombres, las caras, las circunstancias, pero es mi experiencia. Es como verme reflejada en uno de esos espejos curvos, donde te ves deformada, aunque sin dejar de ser tú misma. Y es que es también parte de mi ser el tema de la identidad confusa, compuesta de identidades disímiles entre sí. Asimismo trabajé un tiempo como traductora en la cárcel Sarita Colonia del Callao. Pero fue un tiempo muy breve, pues el ver lo que sucedía allí, era tan fuerte y doloroso, que tuve que dejar el trabajo. En cambio, la narradora, si bien dice que ya no da más con el mismo, lo sigue haciendo desde hace años, siendo incluso miembro de una asociación de ayuda a los presos.
Y es que, guardando las distancias, por más fuerte que sea lo que describe la autora, no se compara con las atrocidades que suceden en los penales del Perú. Pero este es un comentario aparte, independiente de la trama del libro, cuya lectura recomiendo a quienes dominen el polaco.



Svetlana Savrasova, op. cit., p. 146
** Svetlana Savrasova, op. cit., p. 97
*** Svetlana Savrasova, op. cit., p. 108
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Svetlana Savrasova: „Tienes tan sólo a tu abuelo, Lenin y Dios” (Masz tylko dziadka, Lenina i Boga)
Varsovia, Editorial Waza, 2011
Número de Páginas: 204

viernes, 17 de agosto de 2018

Sobre la novela "Historias últimas" de Olga Tokarczuk


Esta será una breve reseña de la novela „Historias últimas” de Olga Tokarczuk. Se trata de tres historias, cada una de una generación diferente de mujeres de la misma familia: abuela, madre e hija.
El libro comienza con el relato Ida Marzec, la madre, quien casi se mata en un accidente, cuando iba conduciendo de noche en plena nieve a visitar la casa en la que vivió de niña. Ida logra salir del carro y avanza a pie, hasta llegar a una casa en medio del campo, donde la acogen. En ésta vive una pareja de ancianos, dedicada a cuidar animales desahuciados, que la gente entrega al nieto de éstos, Adrian, quien es veterinario. No los duermen, sino que los atienden, aplicándoles analgésicos para aminorar su sufrimiento, hasta que les llega la hora. Luego los entierran en un terreno que queda detrás de la casa. Ida se queda allí algunos días.
Sigue luego la historia de la abuela, Paraskevia, cuyo diminutivo es Parka. Recordemos que en la mitología romana, las parcas eran tres deidades femeninas que hilaban, sostenían y cortaban el hilo de la vida. Paraskevia, alias Parka, al enviudar de golpe, rememora su vida con quien fuera su esposo, Piotr. De como él llegó como maestro de escuela, al pueblo del que ella procedía. Durante meses no dejaba de mirarla, hasta que pidió su mano a la tía Marynka, quien la había criado. La tía dijo que sí en su nombre, pues lo consideraba un buen partido. Y es que Piotr era polaco, y en ese entonces, los polacos eran el grupo dominante en la parte occidental de Ucrania, que pertenecía a Polonia, donde quedaba el pueblo en cuestión. La tía lo aceptó a sabiendas de que Paraskevia estaba encinta de su primo Myron, hijo de la tía Olga
- Salta de un árbol - le decía la tía - Toma ruda.
Pero nada de eso funcionó, así que unos meses después, cuando Paraskevia ya estaba casada, llegó al mundo Leokadia, a quien le decían Lalka, lo cual significa muñeca, de cariño.
Se inició luego la Segunda Guerra Mundial. Piotr partió a la guerra y regresó, poco tiempo después, con la pierna herida. Los soviéticos invadieron la parte oriental de Polonia, incluido el pueblo de Paraskevia.
Stadnicka, la otra maestra de la escuela era, al igual que los demás polacos del lugar, fue deportada a Siberia. Se salvó sólo Piotr, quien no podía entender el porqué. No sabía que era porque Paraskevia se había entregado, más de una vez, a Jurij Liberman, el militar ruso que estaba a cargo de la operación de deportaciones en el pueblo. Él decidía, quién quedaba vivo, quién muerto, a quién deportaban y a quién no. Ella le decía a Piotr que se iba a visitar a la tía Marynka, cuando en realidad, iba adonde el otro, al local de la escuela, que ahora era un puesto militar. Cuando descubrió que estaba encinta, le confesó todo a su tía, quien primero le pegó una bofetada y luego la llevó donde una comadrona, que la liberó de la carga. Paraskevia demoró en recuperarse un mes. 
- ¿Es cierto? - le preguntó luego Piotr, mirándola a los ojos, pues el rumor, como sucede siempre con todo rumor, había llegado a sus oídos.
- No es cierto - respondió ella, sin desviar la mirada.
Pero el ambiente se intensificó aún más. Cierta vez apareció en su casa la tía Marynka, diciéndole, que como ella la había criado, tenía la potestad de ordenarle, que Piotr se fuera a vivir al bosque con los suyos, o cavara un hueco bajo el establo para esconderse allí.
- Es que nosotras somos ucranianas, y él es polaco - dijo la tía, aludiendo a que ellas no corrían peligro. Y es que los ucranianos mataban a los polacos, que no habían sido deportados, en sus casas. Y así fue como Piotr se refugió medio año bajo el establo, adonde su esposa le pasaba la comida.
Y Paraskevia se percató que nunca antes se había puesto a pensar sobre esa dualidad cultural. „Había dos iglesias, dos Navidades y dos idiomas, que de año en año se acercaban cada vez más, sobreponiéndose y haciendo que los conceptos realizaran una danza llena de gracia”.* Y aquí va una explicación, destinada al lector hispano, siendo tácita para el lector polaco. Las dos iglesias eran la griegocatólica, con el ritual realizado en griego antiguo y la romanocatólica, con el ritual en latín. La Navidad se celebraba en dos fechas diferentes; la una, según el calendario juliano; y la otra, el veinticuatro de diciembre, según el calendario gregoriano. Y los dos idiomas eran el ucraniano, ligado al rito griego y al calendario juliano y el polaco, ligado al rito latino y al calendario gregoriano. Los domingos, ella iba con la bebe a una iglesia, Piotr a la otra, y se reencontraban a la hora del almuerzo. Asimismo, ella jamás dejó de llamarlo Petro, en ucraniano.
Pasada la guerra hubo que partir hacia nuevos rumbos. „Cierta noche” - le explicaba Piotr años después - „la frontera se movió de sitio y se halló en un lugar totalmente diferente. Y resultó que nos encontrábamos del lado inadecuado. Y como el ser humano no puede vivir sin fronteras, tuvimos que partir en su búsqueda. El ser humano necesita de las fronteras como del aire. Sin límites, de cualquier tipo, no sabríamos ni cómo vivir; ni quiénes somos, ni qué debemos hacer. Las fronteras fueron hechas para mostrarnos, que hay cosas, que no podemos transgredir”.** 
Y aquí va una explicación adicional para el lector hispano. Al finalizar la guerra, se trasladó a la fuerza a la población polacoparlante, de los territorios que dejaron de ser parte de Polonia y que pasaron a ser parte de la Unión Soviética. Se la trasladó a las regiones que antes de la guerra habían pertenecido a Alemania, y que ahora pertenecen a Polonia. Los germanoparlantes, a su vez, fueron expulsados del territorio de la actual Polonia al territorio de la actual Alemania.
Pero volvamos a la trama de la novela. Durante la travesía, en la localidad de Kluczbork, murió Leokadia. Si bien había médico en el tren, no había ni antibióticos, ni calefacción, ni las mínimas condiciones para salvarle la vida.
- Nos llevaron en un tren de carga - le contaba luego Paraskevia a su cabra, Tekla, único ser con el que hablaba, luego de haber enviudado - Porque éramos una carga.
Hasta que arribaron al pueblo, donde Piotr tenía designado enseñar en la escuela. Todas las inscripciones de las lápidas del cementerio estaban en alemán. La primera lápida en polaco fue la de la tía Marynka, quien murió en 1949, poco después de que llegaran. Y es que, por más que la tía fuera ucraniana, logró salir a Polonia, como parte de una familia polaca.
Cuando nació su segunda niña, Paraskevia quiso ponerle Maryna, por su tía, a quien de cariño llamaban Marynka, pero Piotr dijo que no, que era mejor un nombre universal y comprensible para todos. Y así fue como se quedó con el nombre de Ida.
Ida, criada en la República Popular de Polonia, vivió en internados desde los trece años de edad, lo cual acentuó aún más, la brecha cultural para con su madre. Única hija viva de una madre desarraigada, ya que ni siquiera llegó a conocer a su media hermana Leokadia. Divorciada, cada encuentro con su ex-esposo, la conlleva a una furia incontrolable. Cercana a su padre y enfrentada desde niña a su madre, a la muerte de éstos, siente que la soledad la embarga. Ya que su única hija Maja, quien viaja por el mundo, recopilando material para escribir guías de viaje, acompañada de su único hijo,  nieto de Ida, apenas se acuerda de mandarle una postal de vez en cuando. Ida, a diferencia de lo que vivieron sus padres, a costa de un trabajo arduo, e incluso, de su matrimonio, ha logrado conseguir lo que quería. Departamento en Varsovia, trabajo fijo, seguridad económica. Y sin embargo, el dolor causado por la soledad y la rutina del trabajo, la va corroyendo por dentro. Y eso que trabaja en continuo movimiento como guía de turismo en una ruta llamada „El corazón de Europa”, la cual consiste en visitar cinco ciudades: Varsovia, Breslavia, Praga, Viena y Berlín. Pero la repetición continua de la misma ruta le causa un hastío interno.
Mientras Ida la extraña, sin entender, porque Maja no se comunica, ésta se encuentra en una isla en el Pacífico Sur. Está en el único hotel de la isla, compuesto por pequeñas cabañas. En el otro extremo de la misma hay un caserío de pescadores. Lo demás es naturaleza pura. Podría parecer una isla paradisíaca, como las de las postales, si no fuera por el calor pegajoso, que no deja respirar ni pensar. Ni por la omnipresencia de los insectos, de la cual se uno se puede librar sólo en la sala comedor común de la cabaña principal del hotel. Ni por la manada de monos, que rodea "su" cabaña,  mirándola como si fuera un objeto de zoológico, lo cual llega a causarle pavor. Cierto día dejó mal cerrada la ventana del baño y cuando regresó, sus cosméticos estaban revueltos y había desaparecido el jabón. De noche sueña con una ciudad poblada de tranvías, calles cubiertas de adoquines y oficinas de correo postal, como queriendo confirmar que la realidad de la cual procede, todavía existe. Es como si se encontrara en otra dimensión, y desde otras dimensiones no se envía postales a nadie. 
En el hotel, aparte de ella y su hijo de once años, cuyo nombre no conocemos, hay turistas de diferente índole. Un grupo de jóvenes japoneses, que sale a bucear todas las mañanas. Cuatro holandesas, ya mayores, que hablan en flamenco entre ellas y están dando la vuelta al mundo. Una joven pareja, que no ve el mundo, más allá de sí misma, dedicada a hacer el amor estrepitosamente, sin importarle que los demás los escuchen. Mike, el dueño del hotel y sus empleados.
A los pocos días de estar allí llega Kisz, un prestidigitador húngaro, quien es consciente que le queda poco tiempo de vida. Pero prefiere morir en esa isla a hacerlo en una cama de hospital. Brinda con ella por el reencuentro de dos „paisanos” de Europa Central en ese lugar alejado de sus hogares. Está demás decir que el idioma común de todas estas personas es el inglés, que tanto Maja, como su hijo, dominan perfectamente.
Poco tiempo después Maja se percata que hay más „huéspedes” en la isla. De noche llegan en secreto lanchas con mujeres asiáticas, quemadas y heridas, acompañadas de sus niños. Se hospedan en unas cabañas que están detrás de las del hotel. Unas noches después parten, para dar lugar a otras. Le pregunta a Mike quiénes son y él le pide encarecidamente que no le pregunte, para no tener que darle respuestas. El mozo del hotel, quien les lleva la comida, le dice que son fugitivas, a quienes Mike ayuda. Fugitivas, sí, ¿pero de dónde vienen y adónde van? No llega a enterarse, cumpliendo con la promesa dada a Mike, de no averiguar más sobre el tema. 
Siendo nieta de migrantes, ¿Maja se identifica con las fugitivas? Aparentemente no. Tal vez ni siquiera sepa que Leokadia, la hermana mayor de su madre, murió en el tren de carga, que iba de Ucrania a Polonia. Y es que el contacto con su abuela había sido casi nulo. La abuela apareció en el departamento de su madre, cuando ya estaba a punto de morir, para guardar cama y ser atendida, antes de ser llevada al hospital, donde daría el último suspiro. Maja la había visto antes, sólo una vez, pero era tan pequeña, que ni siquiera lo recuerda.
Kisz enseña trucos de magia al hijo de Maja y le regala un libro sobre el tema, cosa que a ella no le gusta. La última noche de su estadía en el hotel, el niño hace una presentación de todo lo aprendido, ganándose el aplauso del público, entre el cual se encuentran, incluso, las fugitivas con sus hijos. Esa misma noche muere Kisz en su cabaña „de lujo”, la única con aire acondicionado.
Al día siguiente, Maja, su hijo y los japoneses, parten en una lancha hacia tierra firme, para allí avanzar en un bus por la selva hacia el aeropuerto, de donde cada quien viajará a su destino respectivo. Ella con el niño hacia su ciudad, poblada de tranvías y con adoquines en las calles. Volviendo de la dimensión desconocida, ya está en condiciones de redactar una postal, para enviarla a su madre desde el aeropuerto, pidiéndole que pague los recibos pendientes del departamento. No sabe que Ida, hastiada de la vida, ha regresado a su carro en medio de la nieve y se ha acomodado allí, con la cabeza en el timón, esperando el descanso eterno. Sabemos que la muerte por congelación es indolora, pero no sabemos, pues la autora no nos lo dice, si fue eso lo que sucedió, o si alguien llegó a rescatarla a tiempo.
Viendo las profesiones que eligieron su hija y nieta, pareciera que la vena errante, que se inició cuando Paraskevia se viera forzada a abandonar el pueblo donde, durante siglos, habitaran sus antepasados, continuara de generación en generación.
¿Por qué el título „Historias últimas”? Supongo que, porque cada una de estas historias representa las vivencias de una generación concreta de mujeres, como parte de la historia de Polonia, la cual está irreversiblemente unida a la historia de Ucrania. Y son, literalmente, las historias últimas, las de los siglos XX y XXI.



* Olga Tokarczuk, op. cit., p.172
** Olga Tokarczuk, op.cit., p. 139

Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: „Historias últimas" (Ostatnie historie)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie (Editorial Literaria), 2018
Número de páginas: 296

viernes, 10 de agosto de 2018

Sobre la novela "Los impacientes" de Zofia Nałkowska


Este será un breve comentario a la novela „Los impacientes” (Niecierpliwi) de Zofia Nałkowska. Aunque no está dicho, sabemos por diferentes indicios, que sucede en la Polonia de entreguerras, vale decir entre los años veinte y treinta. La novela se centra en las vivencias psicológicas de Jakub y su esposa Teodora. Muchas de ellas ligadas a toda una red impresionante de familiares, así como de algunas personas más alejadas. Y es que los familiares siguen estando presentes, por más que ya no vivan, que ni siquiera los conocieran personalmente, o que lo único que sepan de ellos, sea tal vez alguna anécdota familiar.
Estas vivencias psicológicas están marcadas por el sufrimiento. Por ejemplo Jakub convivió, cuando era jovencito, con una tal María, con la que tuvo algunos hijos, si bien nunca llegaron a formalizar su relación. María lo dejó intempestivamente para casarse con otro, sin siquiera explicarle el porqué y adónde fueron a parar sus hijos. Varios años después, cuando ya está casado con Teodora, se entera que quien "arregló" todo eso fue la tía Paulina, hermana de su madre, pues consideraba que no le convenía la relación con alguien de la condición social de María, ni el asumir la crianza de los hijos a los veintidós años de edad. Se entera también que el único de sus hijos que está vivo es Marian, quien se está criando donde el molinero y su esposa Filomena. Paulina le organiza un encuentro  con su hijo, sin que el chiquillo sepa que el señor con quien está hablando es su padre. Es pues también una novela de denuncia social, así como de denuncia de la situación de la mujer en la Polonia de aquel entonces.
Tanto Jakub como Teodora buscan desesperadamente el amor, pero lo único que logran es dañarse mutuamente. Cuando Teodora no aguanta más el ambiente de tensión en casa, viaja a Wieksznia, propiedad familiar en el campo, donde está Piotr, tío político suyo, con una hermana fea y solterona, y el hijo de Piotr, Jarosław. Y a pesar de no haberlos conocido, en la mente de Jakub, están presentes los demás hermanos de Piotr. Izabella, quien se volvió monja, y un tal Urban, muerto ya, de quien se decía que estaba loco. La finada esposa de Piotr, Leonia, era prima hermana de Teodora. Konstanty, el padre de Leonia, fue asesinado en la puerta de la casa de Wieksznia por Edward, el hermano menor de su esposa. Ésas y otras historias por el estilo, son las que pueblan las conversaciones durante las tertulias familiares. A pesar de que no le han hecho nada, en la mente de Jakub, todos estos personajes son una amenaza, pues lo apartan de Teodora, quien se siente más afín a ellos. 
Y en su mente también están los personajes de su propia familia. Su abuela materna Ludwika, de cuyo esposo Fabian no se supo nunca, si se suicidó o lo tiraron al río. La amante del abuelo, que era hija del carnicero. La tía Marta, hermana de su madre, quien nunca se casó, vivió con Ludwika hasta el final, le organizó el entierro y el ágape fúnebre, y a las tres semanas se murió de una tuberculosis, que durante la vida de la abuela, logró mantener oculta. Ese ágape fúnebre, es además, una ocasión para que lleguen más parientes de diferentes pueblos y ciudades y amplíen el espectro de historias y anécdotas familiares. Su tía Paulina, quien lo acogió, cuando niño aún, quedó huérfano de madre. Los hijos de Paulina, Irena y Modest, con quienes se crió, como si fueran sus hermanos. Y avanzando hacia el pasado, el punto en el que se unen ambas familias. Los dos hermanos, su abuelo Fabian, a quien ya mencionamos y Tytus, el bisabuelo de Teodora.
Extraña novela, cuyo final no me esperaba. Desde un inicio se insiste en que Teodora proviene de una familia de suicidas. Que su madre, Celina, se suicidó disparándose a través del camisón de dormir de su marido. (- ¿Qué habrá sido del camisón? - se preguntará luego Pía, hermana de Piotr, en alguna conversación familiar). Que su abuela Klara se envenenó en un baile, desesperada, porque siendo casada, estaba en amores con el cruel y legendario Hubert. Que tanto Teodora, como su hermana Hortensja, ya habían tenido antes intentos de suicidio. Como vemos, el suicidio es un tema recurrente en la novela. Otra historia que siempre se menciona es la del hombre que se suicidó en la habitación de Irena, porque supuestamente, estaba enamorado de ella. Pero jamás se lo dijo y ella ni siquiera se lo imaginaba. Todas estas personas eran tan impacientes, que salieron al encuentro de la muerte, en vez de esperar, a que ésta venga por ellos. El lector sigue pues atentamente los pasos, que cree, conducirán a Teodora también al suicidio. Y sin embargo, aparentemente, pues no hubo testigos, quien mata a Teodora es Jakub, y luego es él mismo quien se pega un tiro. Lo hace desesperado, después de enterarse, que ella se ha enamorado de otro, a quien conoció, cómo no, en Wieksznia.

Ficha bibliográfica:
Zofia Nałkowska: „Los impacientes” (Niecierpliwi)
Varsovia, Editorial Czytelnik, 1958
Número de páginas: 270

viernes, 3 de agosto de 2018

Sobre el "Concierto de varios tambores" de Olga Tokarczuk


Esta será una breve reseña del libro de relatos „Concierto de varios tambores” de Olga Tokarczuk. Comentaré de manera desigual, algunos más ampliamente que otros, aunque no en el orden en el que aparecen publicados, todos los relatos de este volumen. Al igual que en la reseña anterior, la de los "Relatos bizarros", diré que los relatos son tan diversos entre sí, que no se pueden calificar con la misma etiqueta. Si bien, en varios de ellos, tenemos un modelo similar. Aparentemente estamos leyendo un relato "realista", y de pronto sucede algo que quiebra el concepto de realidad.

Estos hechos, como nos dice el personaje del relato „La isla”: „Indican los linderos de la realidad, son sucesos en el límite entre lo que es y lo que, tan sólo, puede ser. En ese sentido nos ponen en guardia, son tambores, cuyo sonido monótono, nos mantiene en estado de alerta”.* Este personaje es un náufrago, que acaba dándole pecho a un bebé, salvándolo así de de una muerte segura, pues no había nadie más en la isla. ¿Fue una anomalía o un milagro? - se pregunta el hombre. Y concluye, diciendo que preferiría creer que fue el instrumento de un milagro.

En "El caballo de ajedrez", la mencionada pieza desaparece misteriosamente en medio de una partida, que dejó por un momento, un matrimonio que está pasando unos días en su casa de playa. La sospecha cae sobre la perra, que es bastante juguetona. La mujer piensa que ya ha vivido todo lo que le correspondía, y que no le tocará nada nuevo de interesante en la vida. Y sin embargo le sucede. La perra trae, de entre la espuma del mar, un caballo de ajedrez de otro juego, mucho más limpio y pulido. El hecho de que la pieza en mención se llame skoczek, "el saltador", en polaco, le da un toque especial al relato. Es el que salta de la monotonía de lo cotidiano a lo inusual.

Recordemos que, durante sus estudios de psicología en la Universidad de Varsovia, la autora trabajó como voluntaria con enfermos mentales. En el relato el "Che Guevara" nos plasma algo de esa experiencia. Quienes sepan algo de la historia de la ciudad y la conozcan, sabrán que la trama sucede en 1988, no sólo porque aquel año hubo una huelga estudiantil que duró meses, en la Universidad referida, sino también por los nombres de las calles. Y es que son los nombres, de cuando las calles, tenían por patrones a los líderes comunistas. La Avenida Nowotki es ahora Andersa, Marchlewskiego es Juan Pablo II. De tal manera, que quienes nos hemos semicriado en la Varsovia de aquel entonces, llevamos un doble mapa en la cabeza.
El personaje principal, una estudiante de psicología, alter ego de la autora, sensación acentuada por estar escrito el relato en primera persona, nos habla de sus pacientes, a quienes, siguiendo la pauta de su jefe, prefiere llamar "clientes". Una de ellos, la señora Anna, maestra jubilada, convencida de que su sueño sostiene la existencia del mundo, está preocupada, porque duerme cada vez menos, y teme que su falta de sueño socave las bases de, valga la redundancia, el mundo. Vive en una calle que, para variar, nunca cambió de nombre, la calle del Nuevo Mundo. Es ella quien afirma, opinión con la que coincido, que no se debió reconstruir la ciudad sobre un cementerio. "Pudieron haber reconstruido Varsovia alrededor de Częstochowa" - dice - "en la cercanía de la Virgen Santísima, o a orillas del río Narew, es tan hermoso allí”.**
Otro de ellos es Igor, quien no estudia ni trabaja, y lo primero que hace al recibir la pensión de invalidez, es coger un tren para viajar a cualquier punto del país. Igor quiere tanto a la narradora de la historia, que la llama la "Reina de Polonia". Recordemos que en el sistema en la Polonia Popular era una obligación, tanto estudiar, como, luego de finalizados los estudios, trabajar; y que era una entidad estatal la que enviaba la orden de trabajo.
Finalmente está el personaje que se hace llamar el "Che Guevara", quien le da título al relato. Cierta noche, al no encontrarlo en el cafetín de siempre, ella lo busca en su vivienda y lo encuentra encerrado, con las ventanas cubiertas, con el departamento convertido en una barricada. La deja entrar, pero no salir, diciéndole que "ellos" están al acecho para atacar en cualquier momento. Dado el caso, ella se queda a dormir allí, y al amanecer logra convencerlo de que saldrá a llamar al hospital, para pedir la ayuda médica que necesita. Entra a una cabina telefónica, pero nadie contesta. Tampoco pasa ningún tranvía. Y en eso ve, lo que el "Che" anunciaba, el avance ruidoso de los carros blindados.

 En la reseña anterior mencionamos también el relato „El profesor Andrews en Varsovia” por su relativa similitud con „Una historia verdadera”. Quienes no saben como era la realidad cotidiana de Polonia en los años ochenta, podrían creer que se trata de un relato fantástico. Sin embargo, quienes hemos gozado en carne propia ese sistema sabemos, que lo que se describe no es una fantasía, sino el día a día de millones de personas. Al final del relato, el Profesor Andrew descubre a un pez nadando en la bañera del departamento en el que se encuentra. Pero tampoco ese detalle es parte de la fantasía. Yo también he visto de niña, aunque no en mi casa, a algún pez nadando en la bañera en espera del momento en el que sería sacrificado para la cena navideña.

En "Abre los ojos, que estás muerto", el personaje principal es una asidua lectora de novelas policíacas. Al aburrirse, porque en la novela que está leyendo, nadie mata a nadie, se introduce en la trama y empieza a asesinar a los personajes. El relato finaliza con los detectives de la novela, yendo a buscarla directamente a casa.

En "Un mes escocés" tenemos otra vez al alter ego de la autora, una escritora polaca, quien viaja invitada a pasar un mes de trabajo creativo, en una casa particular en Escocia. Al final del relato descubre que en la habitación infantil, hay una casa de muñecas, y en el desván de ésta, otra casa más chica, y en el de ésta, otra más chica aún. La muñeca, sentada al lado de la casita, que se repite sucesivamente, tiene un aire conocido, similar tal vez, al de la dueña de casa que la ha invitado a Escocia. Pero como dice la escritora, vale decir, el personaje que nos cuenta la historia: "Por primera vez escribía sobre mí misma, descubriendo con sorpresa, que al escribir sobre uno mismo, se crea a alguien diferente. Que no se puede ser simultáneamente, el observador y el observado, el sujeto y el objeto. Seguramente por eso, en todo recuerdo hay cierta falsedad, y en toda autobiografía, creación".***

En "La bailarina" el personaje principal es una bailarina que se ha comprado una casa con un escenario en un pueblo perdido de Polonia. En ella, a más de sesenta años, realiza su sueño de toda la vida. Bailar ante un escenario lleno, el de unos cuantos habitantes del pueblo, y los rostros de la sala de teatro, balcones y asientos incluidos, que pintó en la pared. También el rostro de su padre muerto, con quien rompió, cuando éste se negó a que ella fuera bailarina y a quien no volvió a ver jamás. La noticia de su muerte le llegó el mismo día, en que fue a enviarle una carta, invitándolo al "teatro" que es así como llama su casa.

En la "Adivinación con frejoles" tenemos a un personaje del partido gobernante, en plena época estalinista, a quien le adivinan la suerte, tirando granos de frejol. Todo esto en el mayor secreto, incluso ante su esposa, pues va contra la ideología imperante. Entre otras cosas le predicen una gran muerte, que cambiará para mejor su vida. Un tiempo después muere Stalin y el personaje referido asciende políticamente.

En "El deseo de Sabina" tenemos a una mujer, que trabaja haciendo limpieza, en la casa de un doctor renombrado. La mujer está por quinta vez encinta, y la esposa del doctor le dice, que pida el regalo que quiera, antes de dar a luz, y ella se lo dará. Sabina pide jugar con las niñas, como si fuera una muñeca. Estar echada sobre la alfombra, y que las niñas la vistan y desvistan, la peinen y acaricien, como hacen con las muñecas Barbie.

Dos de los relatos han sido llevados a la pantalla grande. Uno de ellos es "Żurek" (nombre de una sopa típica polaca) En  el relato Halina busca saber quien es el padre del hijo de su hija, para ponerle su nombre en el bautizo. Pero aparentemente, Matuszek, quien asume la paternidad, no lo es, pues desde hace veinte años intenta tener hijos con su esposa. ¿Será que de esa manera pretende callar a quienes dicen en el pueblo, que se volvió infértil, luego haber tenido un accidente?

"Ariadna en Naxos", llevada a la pantalla grande como "Aria Diva", nos narra la relación entre dos vecinas. Una es cantante de ópera, y la otra, ama de casa y madre de dos hijos. En la tarde, cuando los niños duermen, se echa en el piso, con el oído pegado al suelo, para escuchar como la otra ensaya cantando un piso más abajo. Cuando se hacen amigas, su vecina, fascinada por la admiración de la que es objeto, canta para ella. Pero finalmente la cantante parte de gira para representar la ópera "Ariadna en Naxos" de Joseph Haydn. Su amiga queda desconsolada y falta de sentido en la vida. En éste, como en varios de los relatos de Olga Tokarczuk, no hay ni un nombre propio, lo cual dificulta la reseña del mismo.

En "El objeto" el escritor Samborski descubre que tiene un doble, que sale en los medios, como si fuera él mismo, pronunciándose sobre literatura y otros temas afines. Pero Samborski siente que el doble no tiene nada ver con quién es él en el fondo de su ser. Cuando lo emplaza, el otro le dice, que lo ha inventado y que puede desaparecerlo en cualquier momento. Samborski se ve obligado a ceder.

En "La mujer más fea del mundo" el personaje principal se casa con ésta mujer feísima, y se gana la vida, organizando giras, para exponer su fealdad. Pero la mujer es tan, pero tan fea, que a pesar de llegar a tener una hija con ella, no se atreve a tocarle la cara. Finalmente la mujer y su hijita mueren, y sus cuerpos son adquiridos por un profesor vienés, quien los lleva a la Clínica Universitaria, donde son disecados.

Nota aparte merece "La conquista de Jerusalén. Raten 1675", porque sucede en una época totalmente diferente a los demás relatos. Corre el año de 1675, y von Kynast, noble señor del castillo de Raten y descendiente del cruzado, Gotfredo de Lotaringia, decide representar la Conquista de Jerusalén en su propiedad, a modo de teatro natural para sus huéspedes ilustres. Como señor feudal tiene la potestad de ordenar a sus súbditos, a que cumplan sus órdenes y antojos. Pero ve que lo hacen a desgano. No les interesa, en lo más mínimo, la historia gloriosa de las Cruzadas, ni la de los antepasados de su señor. Pero ya no puede retraerse. Los trabajos van avanzando y los huéspedes están invitados. Finalmente, se le ocurre, una idea genial. El trofeo por participar en la representación de la batalla, van a ser las carnes, que estaban destinadas a los huéspedes. De esa manera logra que los campesinos, disfrazados arremetan contra la falsa Jerusalén, que defienden otros campesinos disfrazados de paganos. El único que queda malherido es su sobrino, quien representaba a su antepasado, Gotfredo de Lotaringia, pues no cabía que éste fuera representado por un campesino. Mientras los campesinos se dan su banquete, los huéspedes se deben contentar con el vino, el baile, la representación teatral, más las legumbres y verduras. Jerusalén ha sido tomada.

En "La natividad de Bardo", localidad cercana a la autora, ésta nos describe un nacimiento tradicional, el cual, conforme a la tradición del lugar, tiene la forma de un retablo. La mujer que estuvo a cargo de su cuidado después de la Segunda Guerra Mundial, empezó a añadirle más y más figuras, las cuales no existían inicialmente. Y es que como nos dice la autora: "Pues, si el nacimiento divino sucede siempre y en todo lugar, si atañe a cualquier cosa o suceso, por pequeño que sea - de pronto se hace evidente, que no es el momento de la Natividad Divina, la que hay que presentar al mundo, sino al revés - presentarle el mundo entero a la Natividad, traer el mundo a las puertas del retablo e introducir todo en él (...)"**** Cabe anotar, que luego de la publicación del texto, las visitas turísticas al pueblo de Bardo, para ver el mencionado retablo, aumentaron con creces.

"Glicinia", al igual que otros relatos de este libro, pareciera ser un relato realista, en el que se presenta un triángulo entre madre, hija, y marido de la hija. Al final éste ya muerto, vuelve a la vida, llamado por los besos de ambas mujeres. 

En cuanto a la "Presentación del autor" se trata de un relato, más que nada, de corte psicológico. El personaje principal, una mujer casada, viaja a la ciudad de Allenstein, donde sabe que se presentará un escritor, con el que alguna vez, soltera aún, mantuvo un romance. Quiere preguntarle porqué, a pesar de todas las promesas, se casó con otra. Sin embargo, a pesar de encontrarse en la misma ciudad y hospedarse en el mismo hotel, el encuentro simplemente no se da, pues en el momento preciso, ella se queda petrificada, sin la fuerza necesaria, para voltearse a saludarlo. Todo esto sucede en un tiempo, en el que esa parte del mundo pertenecía a Prusia Oriental, y en el que la gente se movilizaba en trenes, calesas y carruajes. Ahora, la ciudad en cuestión, pertenece a Polonia, y figura en los mapas como Olsztyn.

En „La prueba general” vemos a un matrimonio, que se ha quedado atrapado en su departamento, luego de una catástrofe ecológica. Se ha indicado a la gente que tape las ventanas como pueda y no salga de sus casas. Luego se corta la señal de radio, televisión y teléfono, así que nadie sabe realmente qué es lo que está pasando. Los esposos tampoco saben nada de su hija, quien se fue molesta de la casa, unas horas antes. No tienen nada qué hacer, ni de qué hablar entre sí, pero ni siquiera por eso, dejan de insultarse. A pesar de vivir años allí, por primera vez invitan a tomar café, a los vecinos del piso de abajo, para conocerlos, pero tampoco tienen mucho de qué hablar con ellos.

En cuanto al último relato, „Concierto de varios tambores”, éste es simplemente, indefinible y difícil de reseñar. Gira en torno a reflexiones sobre diversos temas, tales como: la naturaleza de la ciudad, donde habita la narradora de la historia; el tiempo y  la existencia o inexistencia del presente, mero punto convencional entre el pasado y el futuro; el sueño y la vigilia; o hasta qué punto, somos sólo aquello que ven los demás en nosotros. La narradora siente que la realidad va perdiendo consistencia, y que lo único que la sostiene, lo único fijo, son los conciertos de varios tambores, que se repiten con diferentes variaciones cada noche, en el patio de la casa donde vive y en los cuales ella también participa.


* Olga Tokarczuk, op. cit., p. 84
** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 218
*** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 57
**** Olga Tokarczuk, op. cit., Pp. 145-156
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: „Concierto de varios tambores" (Gra na wielu bębenkach)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie (Editorial Literaria), 2018
Número de páginas: 412