miércoles, 9 de octubre de 2019

Sobre la novela "La soledad en la red" de Janusz Leon Wiśniewski

Esta será una breve reseña de la novela „La soledad en la red” de Janusz Leon Wiśniewski. Novela extraña, que me hizo recordar el arrebato que significó la entrada de internet en nuestras vidas. Ahora, a apenas 18 años de la primera edición del libro, en la época del florecimiento de las redes sociales, nos resulta alucinante leer una novela, en la que el autor se ve obligado a explicar al detalle qué cosa es el chat.

Los dos personajes principales son Jakub y ella, cuyo nombre desconocemos pero de quien sabemos, por sus propias palabras que es de Varsovia, que vive al lado de un hombre que es su marido y que sus ojos cambian de color según su estado de ánimo. Cuando está feliz son de color verde. Jakub es un científico, quien trabaja en un equipo encargado de descodificar el genoma humano. La novela gira en torno a la relación que establecen por internet.
Lo particular del caso es que nos enteramos de los nombres de las mujeres a las que Jakub estuvo ligado en el pasado. De Natalia, hermosa muchacha sordomuda de la que estuvo perdidamente enamorado en sus años de estudiante en Varsovia. Y de Jennifer, con quien mantuvo una relación apasionada mientras trabajaba en Dublín. Pero no del de la coprotagonista de la novela.
Y otra vez, nos llama la atención, a quienes ya estamos acostumbrados a compartir imágenes por internet, el que recién después de una relación virtual larguísima, Jakub por primera vez viera su foto, que ella escaneó especialmente para hacérsela llegar como archivo adjunto. Foto en la que aparece junto a su marido, cosa que a Jakub, a pesar de saber que está casada, le hace caer en un arrebato de celos.

Finalmente la relación deja de ser puramente virtual, llegando a encontrarse y a pasar una noche juntos en París. Lugar al que ella viaja desde Varsovia, tan sólo para coincidir con él, quien también está allí de paso. Él le besa las muñecas, tal cual se lo prometió en alguno de sus múltiples correos. Unas semanas después ella se entera de que está encinta y de que cualquiera de los dos, Jakub o su marido, puede ser el padre.
A quienes conocemos parejas que se conocieron por internet y a los hijos de éstas, se nos hace difícil entender porque ella le atribuye la paternidad al marido, rompiendo de golpe la relación virtual con Jakub, de quien está perdidamente enamorada. Con la salvedad de que al nacer el niño, contra todos y todo, le pone por nombre Jakub. Y sin embargo el otro Jakub, el que fuera su amante durante una sola noche, jamás llega a enterarse de que tal vez fuera el padre de su hijo...


Ficha bibliográfica:
Janusz Leon Wiśniewski: „La soledad en la red” (Samotność w sieci)
Varsovia, Wielka Litera, 2017
Número de páginas: 424

jueves, 3 de octubre de 2019

Sobre la huella dactilar de lo absoluto

Un verdadero artista crea. Dios le otorga un pedacito de su poder. Y ese pedacito permanece en la obra, como la huella dactilar de lo absoluto...


Andrzej Pilipiuk: “Los libros de madera”
Libro: “Aparatus”
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

viernes, 27 de septiembre de 2019

Sobre la dispersión del Creador

Comparada con la perfección del cielo, la tierra parecía ser una creación tullida, el fruto de una leve dispersión del Creador.


Andrzej Pilipiuk: “La bruja Mónica” 
Libro: “2586 pasos”
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Sobre "La enfermedad del hombre blanco" de Andrzej Pilipiuk

Está será una breve reseña del relato „La enfermedad del hombre blanco”, el cual forma parte del libro “Aparatus”, volumen cuarto de la serie “Los mundos de Pilipiuk”. En este relato se repite el motivo del doctor  Paweł Skórzewski, formando parte de un viaje al fin del mundo, así como el de su enfrentamiento, nuevamente con éxito, a fuerzas sobrenaturales.

Corría el año 1911. El doctor Paweł Skórzewski había abierto un pequeño consultorio en el distrito portuario de San Petersburgo. Siendo un distrito muy pobre, la mayoría de sus pacientes eran marineros, contrabandistas y prostitutas, así como sus parientes. O también jóvenes muchachos de buenas familias, quienes por falta de fondos mayores, iban a los burdeles del puerto, so riesgo de contraer alguna enfermedad vergonzosa.
El día en el que Aleksander apareció en su consultorio, el doctor creyó que se trataba de uno de ellos. Pero no, el chico se presentó como su sobrino, descendiente de una oveja negra de la familia, con quien los demás familiares habían roto el contacto. El joven llegó a pedir ayuda, desesperado por la desaparición de su hermano Fadej, quien partió como parte de una expedición “científica” hacia la Tierra de Francisco José, archipiélago ubicado, al igual que la Isla del Oso, en el Mar de Barents. Y ponemos científica entre comillas, pues no fue una expedición organizada por una institución oficial, sino por tres humildes estudiantes, que esperaban descubrir algo que les hiciera ganar renombre.
El doctor consideró que nadie es culpable de los pecados de sus ancestros, acogiendo al joven, como si de su hijo se tratara. Luego, valiéndose de sus contactos en el puerto, consiguió que Jefim Urwanko, antiguo contrabandista y paciente suyo, les alquilara por un precio módico su barquito para partir de viaje. Y el precio era módico, pues „Andrómeda”, ya que ese era el nombre de la nave, se encontraba en un estado deplorable. Tuvieron que hacerle algunos retoques y finalmente partieron, llegando finalmente al archipiélago. 
En una de las islas encontraron el cuerpo encadenado y calcinado de Fadej. A su lado se encontraban las páginas a medio quemar de su diario íntimo. En ellas decía que no podía permitir que la epidemia se expandiera. Pero, ¿de qué epidemia se trataba? Más allá hallaron los restos destrozados de la nave „El Príncipe Igor”, en la cual éste había partido con sus compañeros. De los otros chicos no quedaba ni rastro.
Aleksander comentó suspirando que se había quedado solo en el mundo. En respuesta el doctor lo amonestó, diciendo que con ese comentario lo estaba ofendiendo, ya que el clan de los Skórzewski, del cual el chico formaba parte, era amplio. Al enterarse de que el joven recién se había contactado con su tío, Jefim le dijo que tenía mucha suerte, pues el doctor era „un alma con corazón de oro y nervios de acero.” *
Siguieron pues rumbo hasta llegar al Puerto de Niżnyj Aniczensk, habitado por la etnia siberiana de los nénets. Allí fue que se enteraron de lo que había pasado con los compañeros de Fadej. Habiendo abierto una tumba solitaria en la Tierra de Francisco José, queriendo saber qué cultura la había habitado alguna vez, los tres chicos liberaron sin quererlo, al vampiro que reposaba dentro.
Ahora ellos mismos eran vampiros, transmitiendo su naturaleza a las víctimas de sus mordiscos. Esa era la epidemia de la que hablaba Fadej, quien en su afán por no difundirla, se había encadenado a una roca, muriendo calcinado por el sol.
En cuanto a sus compañeros y al vampiro liberado, partieron en búsqueda de sangre fresca, que requerían para  nutrirse. Así fue como llegaron a Niżnyj Aniczensk, el lugar habitado por el ser humano más cercano al archipiélago. Ahora el grupo de vampiros se iba ampliando. Frente a la emergencia el doctor ideó una estrategia, que comunicó a Oleg, el representante del poder central en el lugar. 
Ataron a un palo a un hombre del pueblo, recién muerto, antes de que éste se transformara totalmente en vampiro y huyera con sus semejantes. Y efectivamente, los siete vampiros restantes, picaron el anzuelo. Mientras se acercaban a liberarlo, Skórzewski y su sobrino les dispararon con balas hechas de plata derretida, extraída de las monedas zaristas, que destrozaron para tal fin. Y como sabemos, la plata es el metal que mata a los vampiros. 
Los monstruos malheridos trataron de fugarse, pero los alcanzó la ráfaga de agua, lanzada por Urwanko. El agua se congeló encima de sus cuerpos, impidiéndoles moverse. Sabiendo que los vampiros no resisten la luz, el doctor y Aleksander los alcanzaron, llevando lámparas de carburo, seguidos de los nénets, armados de arpones y monedas de plata. Éstos ataron a los vampiros, metiéndolos luego en siete fosas, que habían sido cavadas para tal fin, a las que iban vertiendo agua de vez en cuando, para mantener firme el hielo.
Al ver acercarse el amanecer, los vampiros intentaron pertractar, pidiendo que los liberaran. Uno de ellos trató de hacer la señal de la cruz, implorando que los remataran antes de que salga el sol. Sin embargo, hubo que esperar a que el día avanzara por el horizonte, para que estuvieran más debilitados.
Entonces Oleg se acercó por detrás, vertiendo medio litro de queroseno en cada fosa, para prender después fuego a los vampiros. Estos aullaban desesperadamente, siendo calcinados por doble partida, por el sol y por el fuego. En su vida entera el doctor Paweł Skórzewski no había visto nada tan espantoso.
„- La enfermedad del hombre blanco - murmuró (...) - Etiología desconocida. La sintomatología no califica para publicaciones científicas. Actualmente no existen métodos curativos. Y sin embargo, una vez más gané. El peligro de la epidemia ha sido revertido.” **



* Andrzej Pilipiuk, „Aparatus”, p. 210
** Andrzej Pilipiuk, „Aparatus”, p. 237
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: „La enfermedad del hombre blanco”
Libro: „Aparatus”
Serie: „Los mundos de Pilipiuk”, volumen IV
Lublin, Editorial Fabryka Słów. 2018

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Sobre "El secreto de La Isla del Oso" de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña del relato “El secreto de la Isla del Oso”, el cual forma parte del libro “El zapatero de Lichtenrade”, volumen V de la serie “Los mundos de Pilipiuk”. En ciertas entradas anteriores comentamos el motivo del doctor Paweł Skórzewski, viéndose obligado a enfrentarse con seres sobrenaturales, ligados a la causa de determinada enfermedad. O a tranzar con éstos, como en el caso de los rachmani. Otro motivo que se repite en algunos relatos de Pilipiuk es el del doctor Skórzewski, partiendo como parte de una expedición, supuestamente científica, con su sobrino Aleksander. Y pongo supuestamente, pues finalmente resulta que tenía además un trasfondo político. Tal es el caso de “El secreto del Cerro del Dolor”, que reseñamos anteriormente en este blog.
En el caso de “El secreto de la Isla del Oso” se trata de una expedición “científica”, dirigida por la princesa Aleksandra, hija natural del Zar de Rusia. Y ponemos “científica” entre comillas, pues ésta también era de carácter militar. Se trataba de ver para qué se dirigía allí una expedición prusiana, que igualmente se presentaba como científica. Aclaramos que se trata de una isla que se encuentra en el Mar de Barents, más allá del Círculo Ártico
Estando en el lugar el doctor Skórzewski descubrió una especie de aves de alas multicolores, que se hacían visibles al morir. Estando vivas eran invisibles. Comprendió que los prusianos trataban de capturarlas vivas, para obtener de esa manera el secreto de la invisibilidad y utilizarlo en alguna guerra posterior contra Rusia. El doctor sugirió utilizar el armamento para acabar con la fauna de la isla, impidiendo de esa manera que se desarrolle el plan de los prusianos. La propuesta fue aceptada por Aleksandra, con lo que el secreto de la invisibilidad desapareció para siempre.
El Zar montó en cólera al enterarse del caso, ordenando que todos fueran a prisión, incluida su hija. Skórzewski ya se estaba haciendo a la idea de que los deportarían a Siberia, cuando les llegó la noticia de que habían sido indultados. Seguramente por haber estado la expedición a cargo de una princesa…


Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: „El secreto de la Isla del Oso” (Sekret Wyspy Niedźwiedziej)
Libro: „El zapatero de Lichtenrade” (Szewc z Lichtenrade)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen V
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2012

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Sobre el relato "La ruleta atómica" de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña del relato „La ruleta atómica”, el cual forma parte otro del libro „2586 pasos”, primer volumen de la serie „Los mundos de Pilipiuk”.
El personaje principal es Bohdan Pawluk, joven nacionalista ucraniano, quien obtiene una beca para estudiar en la ciudad de Lwów. Así la llamaremos en esta reseña, si bien es una ciudad de múltiples nombres; Lwów en polaco, Lviv en ucraniano, Lemberg en alemán, Leopolis en castellano. En el relato la ciudad sigue siendo parte de Polonia, aunque en la historia real dejó de serlo en 1940. Llegando a Lwów, Bohdan conoce a Magdalena Korniakt, muchacha de ascendencia armenia, de la que se enamora perdidamente. Entre los muchos otros jóvenes que conoce, está también Olga Neboraka, procedente de una familia, cuyos miembros ejercen el oficio de verdugos, desde hace más de seiscientos años.
La narración se da en una historia alternativa, en la que Polonia es un imperio, que hace poco más de medio siglo, llegó a un trato con Mussolini. Los ricos de la actualidad son los pobres del relato, en el cual la policía persigue a mendigos ingleses, franceses y alemanes. El país que inició la Segunda Guerra Mundial fue Polonia, no Alemania, país al que atacó el 27 de agosto de 1939. Más que una historia alternativa, es pues la historia contada al revés de lo que realmente sucedió. Sin embargo hay indicios que parecieran desmentirla. ¿Qué fue lo que pasó? El capitán Hans Kloss, a quien Bohdan conoce como Michalski, ha reflexionado durante años sobre el tema. Y se lo explica diciéndole que fue un hombre, quien llegó desde el futuro, aproximadamente un mes antes de iniciarse la guerra. A lo cual añade: „Llegó para cambiar la historia. Llegó de un futuro que para Polonia y los polacos debía ser mucho peor. Tan pero tan peor, que decidió correr el riesgo y cambiarlo.” *
Y efectivamente, lo dicho resultó ser cierto. Kloss le revela también que Polonia no posee la bomba atómica, basándose su hegemonía en una falsedad absoluta. Es una información clave, que sirve para negociar pacíficamente la soberanía de Ucrania frente a Polonia. Siendo Bohdan el emisario que llevará la propuesta del gobierno polaco a su tío Ihor Pawluk en Kiev.
Esta es apenas una pincelada de un relato en el que se mencionan de refilón muchos temas más de una „actualidad” radicalmente diferente de la política polaca, ucraniana y mundial del día de hoy. Es pues un relato comprensible tan sólo para quienes conozcan algo de la historia vinculada a la Segunda Guerra Mundial en esa parte de Europa y se orienten en los temas de actualidad. El hecho de que los libros de Pilipiuk tengan tanta acogida en Polonia indica que el lector polaco maneja esa información.

* Andrzej Pilipiuk, „2586 pasos”, p. 311
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “La ruleta atómica” (Atomowa ruletka)
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I

Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007

miércoles, 28 de agosto de 2019

Sobre el relato "Vlana" de Andrzej Pilipiuk


No podían faltar los vampiros en la colección de seres fantásticos, presentes en los relatos de Andrzej Pilipiuk. Tal es el caso del relato „Bosque malo”, mencionado previamente en este blog; y tal también el de “Vlana”, narración que forma parte del libro „2586 pasos” y que reseñaremos a continuación. 
El relato comienza con la llegada de Tomasz Rychnowski, como alumno nuevo, a mitad de año, a un colegio de Varsovia. El maestro le indicó que compartiera la carpeta con Sławek Wojnarowski, chico extraño y silencioso, de quien desconfiaban los demás alumnos. Pero lo que nadie sabía era que Sławek y su hermana Nina eran licántropos. Y que ambos trabajaban enviando información al otro lado del portal dimensional.
Portal que dividía Varsovia en dos ciudades. Una, la de nuestra dimensión, habitada por humanos. Y la del otro lado, habitada por vampiros, cuya lengua también era el polaco, si bien lo hablaban con un dejo diferente.
En cuanto a la titular Vlana,  era una joven vampira que llegó a la dimensión humana, con el fin de liquidar al conde Mikołaj Jakubowski. Este vampiro, estudiante del primer año de derecho, creó su propio portal dimensional en el sótano de su casa, en contra de todas las leyes de su mundo. Gracias al mismo logró pasar clandestinamente al otro lado, desde donde enviaba sangre humana para su puesta en circulación en la dimensión de los vampiros.
Pero era muy difícil que un vampiro sobreviviera entre los humanos, porque por un lado, no resistían la luz del sol más de tres minutos, y por otro, requerían alimentarse de sangre fresca. Y acababan matando a la víctima, a la hora de chupar su sangre. En realidad, el único vampiro que se “adecuó”, por así decirlo, a la vida entre los humanos, fue Vlad, vale decir Drácula. 
Jakubowski necesitaba pues sangre, tanto para sobrevivir, como para enviarla como mercadería al otro lado. Sangre que no era difícil de conseguir en una ciudad grande como Varsovia. El problema radicaba en que, tarde o temprano, sería capturado por las fuerzas del orden de los hombres. Y a la hora de los interrogatorios podía develar la existencia de la otra dimensión y la técnica para transportarse a ella, poniendo en peligro el equilibrio entre ambas dimensiones. Y es que en el caso de un enfrentamiento, los vampiros no se sentían seguros de ganar con los humanos.
¿Y cómo hacían los vampiros para conseguir sangre fresca? Criaban para tal fin vacas, ovejas y otros animales, con la finalidad de beber su sangre. Fue por eso que Vlana, al llegar al primer sótano en la Varsovia humana, donde fue a parar, refugiándose de la luz, se preguntó: ”¿Qué hace la gente en los sótanos? Seguramente lo mismo que los vampiros, (...) crían ovejas, almacenan sangre.” *
Pero de todas las sangres, la única que era para ellos como un narcótico, del cual se volvían dependientes, era la humana. La cual además de cambiarles la personalidad, poseía la cualidad de prolongarles la vida.
Vlana cruzó pues el portal dimensional y después de algunas aventuras, que le produjeron cierta demora, llegó donde los hermanos licántropos. Esa misma noche dieron con el joven Jakubowski, a quien la chica mató con un dardo de madera de temblón y un cuchillo de plata. De regreso a casa, Sławek y su hermana le pidieron que se quedara un día más con ellos, pero ella se despidió diciendo que no podía faltar al colegio.
Y como casi siempre en los relatos de Pilipiuk, no podía faltar una alusión a la historia de Polonia. En este caso se trata de una clase de historia en la que la maestra presentó la versión oficial del bautizo de Miecislao I, príncipe de Polonia, en el año 966, como la llegada del cristianismo a un país absolutamente pagano. Llamado a responder, Tomasz le objetó diciendo, que se habían encontrado vestigios de presencia cristiana en el sur del país, procedentes del siglo VIII. A lo que en respuesta, fue desaprobado. El chico suspiró ante su destino, pensando: „¿Por qué es que no podía ocultar mi conocimiento ante los maestros?” **
Sin embargo, no era así con todos los maestros. El  profesor de física, quedó encantado al saber que Tomasz era bisnieto del inventor Franciszek Rychnowski y lo invitó a visitarlo en su laboratorio. Pero antes de que Tomasz llegara allí se encontraron  casualmente en un descampado, donde el profesor estaba detectando el lugar del portal dimensional. Ya en el laboratorio, le habló largamente de la dimensión de los vampiros que había descubierto. Le mostró imágenes de la televisión del otro lado que había logrado capturar, como por ejemplo, la propaganda de sangre vacuna.
Tomasz quedó tan convencido de la veracidad de lo presentado, que esa misma noche, derritió todas las monedas de plata pura que tenía, para elaborar con el metal una bala contra los vampiros. Al día siguiente habló sobre el tema con su compañero de carpeta quien, sin que se lo dijera, estaba enterado de la propaganda de sangre vacuna y otros detalles de la conversación con el maestro. Sławek logró convencerlo de que el profesor estaba loco, cumpliendo así con la misión que le correspondía.


* Andrzej Pilipiuk, „2586 pasos”, p. 425
** Andrzej Pilipiuk, op. cit., p. 415
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “Vlana”
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007



miércoles, 21 de agosto de 2019

Sobre el relato "Las campanas vespertinas" de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña del relato “Las campanas vespertinas”, el cual forma parte del libro „2586 pasos”, volumen I de la serie „Los mundos de Pilipiuk”. En éste, tal como en algunos de los relatos reseñados anteriormente, el personaje principal es el doctor Paweł Skórzewski.
Corría el año 1893, cuando el doctor llegó a combatir la epidemia de una enfermedad sin identificar, en un pueblo ubicado en una isla en medio de los pantanos, propiedad del noble Samuel Lisowski. La mente positivista del galeno ya tergiversó lo sucedido en Bergen quince años atrás, llegando él mismo a creer que no había matado al Abuelo de la lepra, sino a un mendigo leproso.
Al día siguiente de su llegada, Lisowski reunió a los pobladores del lugar, diciéndoles que el doctor Skórzewski había venido a revisarlos y curarlos a pedido suyo y del Zar de Rusia. Y que quien no se sometiera a sus análisis e indicaciones, sería deportado a Siberia.
El doctor dio las disposiciones necesarias, ofreciendo dinero a quien quisiera apoyarlo con las labores de enfermería y cremación de los difuntos. Pero tan sólo uno de los pobladores del pueblo, Iwan, fue quien accedió, asegurándose antes de que en caso de contagiarse y fallecer, el dinero fuera a parar a su familia.

Por una cruz de doble travesaño que se hallaba en el pueblo, el doctor se percató que ya anteriormente hubo allí una epidemia. Lisowski se lo confirmó, diciendo que fue hace algunos siglos. Para informarse sobre el tema, hizo abrir el cofre en el que se hallaba la antigua crónica familiar. Y efectivamente, encontraron allí una nota del párroco del lugar, que describía la peste y sus síntomas, idénticos a los que se estaba viviendo en el pueblo. Estaba fechada en 1497, vale decir, hacía trescientos veinte años. Finalizaba con una frase inconclusa que decía: „Los rachmani nunca…” *
¿Pero quiénes o qué eran los rachmani? Magda, la sirvienta de Lisowski, chica que conocía las tradiciones populares del lugar, lo explicó de esta manera: 
“- La gente mayor decía que aquí, al lado, hay otro mundo. (...) Igualito al nuestro. Al mirar el agua vemos nuestro reflejo, pero lo demás es una imagen nebulosa de aquel mundo. Viven en él los rachmani. No son gente, sino monstruos. Sólo que no son tan malos... Son muy devotos y cuando llega el tiempo de Cuaresma ayunan durante cuarenta días, sin probar alimento alguno. Cuando nosotros echamos las cáscaras de los huevos bendecidos al agua, éstas llegan a las orillas del otro mundo y entonces ellos saben, que donde nosotros ya es Semana Santa. Y luego, dos domingos después que nosotros, celebran la suya. (...) A veces, al pararnos al anochecer a la vera del agua, escuchamos el tañido lejano de las campanas de las iglesias y templos de aquel mundo.” **
Aquí haremos un breve paréntesis para aclarar al lector ajeno a la cultura polaca, que es parte de su tradición el llevar huevos pintados a la iglesia el día Sábado de Gloria, para que el cura los bendiga, conjuntamente con otros alimentos que se comerán, celebrando el Domingo de Resurrección.

El doctor fue a hacer su guardia nocturna, percatándose de que Iwan se había contagiado. Antes de morir, éste le confesó, que lo que estaba sucediendo era un castigo por los pecados de Hanusz y los suyos propios. Hanusz, le dijo, había capturado a uno de los rachmani, robándole su cruz. E Iwan, antes de cremar el cuerpo de Hanusz, se apropió de ella.
El moribundo sacó de debajo de su camisa una crucecita que le colgaba del cuello, rompiendo antes la correa que la sostenía y alcanzándosela al médico. La cruz era de oro puro, llevando al reverso una inscripción en un alfabeto desconocido.
El doctor fue a la cabaña de los Hanusz, donde no había sobrevivido nadie. Era evidente que alguien la había estado rebuscando. Luego se acercó a la orilla y persignándose, lanzó la cruz al agua. 

La evidencia de que tanto el doctor, como Lisowski se habían contagiado, se dio al día siguiente. El médico le preguntó al dueño de casa, como así había decidido quedarse en un lugar en cuarentena, cercado por un cordón militar, que evitaba que nadie se escapara, expandiendo así la enfermedad. El noble le respondió que se debía a su gente y que antes de alertar a las autoridades de la situación, había enviado a su hijo a Kiev, donde también se encontraba en cuarentena. En cuanto a él mismo, no tenía miedo de morir, pues ya había perpetuado su linaje.
El doctor aplicó la poca morfina que quedaba a sí mismo, Lisowski y Magda, quien también se había contagiado. Luego ambos hombres se acomodaron a esperar la muerte, en la misma habitación, enviando a Magda a la suya. Antes de hacerlo, pidieron a la chica que les trajera los mejores licores del sótano casero. Mientras todavía tenían fuerzas, jugaron a las cartas, bebieron los licores y conversaron largamente. 

El doctor había perdido la noción del tiempo, cuando vio entrar a la habitación en la que yacían a un ser de más de dos metros de alto, vestido con un traje parecido al de la nobleza polaca. Dudó en captar si lo que estaba viendo era realidad, o una visión causada por la morfina que corría por sus venas. Cuando el ser se les acercó, vio que su rostro era similar al de una rana. Éste sacó de debajo de su capa una botellita verde, cuyo contenido vació en un vaso que se encontraba sobre la mesa. Luego vertió el líquido en sus gargantas, señalando antes de salir, el crucifijo en la pared.
A los tres días el doctor tuvo la fuerza suficiente para levantarse. Se inclinó sobre Samuel Lisowski, quien le pidió algo de beber. Desde la habitación de al lado llegó un gemido, lo que significaba que Magda también había sobrevivido. El doctor pasó revista por el pueblo, viendo que había más sobrevivientes. Se acercó al borde del pantanal, para avisar, mediante un heliógrafo, al cordón militar, que la peste había sido controlada. 
Y entonces escuchó el tañer de las campanas, llegando desde debajo de las aguas. En el mundo de los rachmani se iniciaba la Semana Santa.


* Andrzej Pilipiuk, “2586 pasos”, p. 113
**  Andrzej Pilipiuk, o. cit., p. 119
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “Las campanas vespertinas” (Wieczorne dzwony)
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007

miércoles, 14 de agosto de 2019

Sobre el relato "2586 pasos" de Andrzej Pilipiuk


Ya en una de las reseñas anteriores presentamos al doctor Paweł Skórzewski, uno de los personajes principales de la serie de relatos „Los mundos de Pilipiuk”. Tal como dijimos se trata de un médico de origen polaco, formado en la Academia de Medicina de San Petersburgo, cuya vida transcurre, entre los finales del siglo XIX y los albores del XX. Este doctor, como personaje que trata de vencer las supersticiones, para luego admitir que no eran tales, teniendo que enfrentarse finalmente a seres de otras dimensiones, es un tema que se repite en varios de los relatos de Andrzej Pilipiuk. Tales como “Tratado de higiene”, o el anteriormente reseñado “Delirio de negación”.
En el relato „2586 pasos” el doctor Paweł Skórzewski llega desde San Petersburgo a la ciudad de Bergen en Noruega, invitado por su colega, el doctor Armauer Hansen, quien dirigía el leprosorio del lugar. Corría el año 1876, cuando la comunicación no estaba todavía muy desarrollada, lo cual hacía muy penoso el viaje.
Tal como en otros relatos de Pilipiuk, en éste también está presente un ser fantástico. Se trata de el Abuelo de la Lepra, quien llegara a la ciudad en la época en la que ésta pertenecía a la liga hanseática, organización odiada por lo mismo, hasta bien entrado el siglo XIX, tiempo en el que se desarrolla la trama del relato.
Tal como dijera una de las pobladoras de Bergen:
“Fue aquí, en la ciudad fundada por mercaderes alemanes, que la peste de Levante llegó por primera vez. Y es por eso que llegó él aquí... Entre las casas de madera es donde se siente mejor. Allí todo se sigue viendo igual a como lo era en los tiempos de su llegada. Lleva un sombrero ancho de cuero, como un mercader de la época hanseática.”
El doctor Hansen le preguntó con cierta sorna, pues como científico no creía en ese tipo de supersticiones, cómo así se podía matar a un espíritu. A lo que la mujer le respondió que el Abuelo de la Lepra seguramente lo estaba siguiendo de cerca, pues lo odiaba, por considerarlo su enemigo.
Y efectivamente esa misma noche, en medio de los vericuetos de la ciudad vieja, ambos médicos dieron con un personaje, cuyo aspecto correspondía al descrito por la mujer un rato antes. Bajo la capa y el sombrero de ala ancha, se veían tan sólo las dos lumbres de los ojos, acechándolos desde la oscuridad. Fue una imagen fugaz, que desapareció al instante. Los galenos se estremecieron, dirigiendo sus pasos cuanto antes, hacia el puerto.
Finalmente el doctor Skórzewski mató al personaje con cuatro balas de plata, las cuales en contra de la tradición, no fueron bendecidas por un cura, por no haber un sacerdote católico en toda la ciudad. Y el doctor se sintió corto de ir a pedírselo a un pastor protestante…

* Andrzej Pilipiuk, “2586 pasos”, p. 33
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “2586 pasos” (2586 kroków)
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007

martes, 6 de agosto de 2019

Sigiloso resplandor en Lima


Poesía en la ciudad invita al público en general a la segunda fecha del ciclo de conversatorios “Sigiloso resplandor”* que tiene por objetivo resaltar la creación literaria hecha por mujeres en nuestro país.

En esta oportunidad contaremos con la participación de:
  • la filósofa y poeta Alhelí Málaga, quien realizará un acercamiento a la obra de su bisabuela, la prolífica María Wiesse
  • la literata Lourdes Rojas, quien abordará la poética de la escritora Sarina Helfgott
  • la poeta y músico Laura Rosales, quien presentará la obra de la escritora Enriqueta Beleván
  • la poeta y artista gráfica Sandra Suazo, quien hablará sobre la obra de Raquel Jodorowsky


(*) "Sigiloso resplandor" es un verso de la poeta Cecilia Bustamante, primera mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura (1965) y a quien rendimos un sutil homenaje en representación de todas las poetas cuya obra literaria no ha sido debidamente difundida.