sábado, 22 de junio de 2019

Sobre "La cantimplora zarista" de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña del libro de relatos „La cantimplora zarista” de Andrzej Pilipiuk, volumen número VI de la serie „Los mundos de Pilipiuk”.
En estos relatos, anteriores a los ya reseñados aparece también, entre otros, el doctor Paweł Skórzewski. Y como siempre, en los mundos de Pilipiuk, lo imposible se hace posible. En el relato “El  secreto del Cerro del Dolor” el doctor parte con su sobrino Aleksander, cadete de la Escuela Militar de Petersburgo, un compañero de éste y dos guías armenios a buscar los restos del Arca de Noé en el Monte Ararat.
En el camino los guías les cuentan la leyenda según la cual existe una Orden, cuyos monjes protegen el Arca, impidiendo que la gente inadecuada, llegue a verla. Finalizan diciendo que tal vez no se trate de monjes, sino de espíritus con traje monacal. 
Y efectivamente, de todo el grupo, el único que llega a ver el Arca, en un momento en el que se queda solo, es el doctor Skórzewski. Los espíritus, de los cuales sólo llega a percibir los hábitos negros, más no los rostros, las manos, ni los pies, le dicen que es el único que lo merece. Pero, obviamente, no puede compartir su visión con los demás.
Años después, en 1927, caminando por un mercado de Varsovia, el doctor da con un antiguo paciente suyo, quien vende, entre otras cosas, los objetos que un turco dejó en un departamento del cual era inquilino. Entre ellos un estuche, que el doctor abre. Adentro hay una foto del valle que se encuentra al pie del cerro Ararat y un trozo de madera de cedro, que el doctor sabe con certeza, es del Arca de Noé.

En “Paraguas negros” un joven fotógrafo viaja en el tiempo, encontrándose de pronto en un día de mercado en Bieżmo Stare, pequeña ciudad del sur de Polonia, en la década de los treinta. Sin perder tiempo se pone a sacar fotos, para rescatar del olvido, un mundo que sabe desaparecerá unos años después para siempre. Así como llegó, así regresa intempestivamente al siglo XXI.
Ya en la tranquilidad de su época y su hogar, elige las mejores fotos, las pasa a blanco y negro y organiza una exposición en Varsovia, diciendo que las halló e un álbum antiguo, de procedencia desconocida. En medio de la inauguración se le acerca un anciano, clavándole un martillazo en la cabeza.
El anciano resultó ser el antiguo rabino del pueblo y, tal vez, el único sobreviviente de la comunidad judía del mismo. Probablemente habría visto al fotógrafo correr, hace setenta años, con un extraño aparato, cual un ser de otro planeta, de un lado al otro del pueblo.
El joven se pregunta porqué es que el anciano está ofendido con él. ¿Será porque al retroceder en el tiempo, no advirtió a nadie de la inminencia de la invasión alemana y la hecatombe que se venía, haciendo desaparecer de la faz de la tierra la comunidad judía de Polonia? ¿Es que acaso una advertencia así habría servido de algo?

En “Una muerte llena de misterio” el doctor Skórzewski se entera por un paciente suyo, uno de los ciento cincuenta mil rusos blancos refugiados en Polonia, de que su sobrino Aleksander se encuentra en la localidad rusa de Oriol, a orillas del río Oka. 
El doctor, quien le perdió el rastro en medio de la guerra civil, decide partir en su búsqueda. Logra ingresar a la Unión Soviética, como participante de un congreso científico, llegando a un país, sumido en la miseria y el terror. Venciendo un sinnúmero de dificultades, llega al fin a la ciudad de Oriol. Allí se encuentra con su amigo entrañable, el farmacéutico Stawicz, cuya hija Marfa enamora con Aleksander. Al hablar de la situación del país, su amigo le confiesa lamentar no haber huido a tiempo, diciéndole que no lo hizo “Porque la huida requiere de valentía. La casa, los muebles, las cosas, los libros, los vecinos, los amigos, el cafetín preferido, todo eso te ata al lugar en el que vives.” *
Pero, le dice luego, nada de eso queda. Tuvo que quemar los libros preferidos de su biblioteca para calentar la casa, los vecinos fueron deportados, los amigos fusilados y su cafetín preferido es ahora una cantina de mala muerte.
De noche el doctor y su sobrino van a presenciar, desde un lugar estratégico un cónclave de los jlysty. Se trata de una secta ortodoxa, que a través de la autoflagelación, pretende combatir el mal del mundo. Esta vez llegaron a Oriol desde diversos confines de la Unión Soviética al llamado de su líder. Y es al llamado de su líder Vasili, quien se  autoproclama Cristo, que empiezan a flagelarse las espaldas desnudas, con cadenas recién calentadas a fuego ardiente, dejando rastros de sangre en la nieve. El espectáculo es aterrador, pero es más aterrador aún lo que recién está por venir. Desde el cerro donde se ubicaron el doctor y su sobrino, el ejército ametralla a todos los jlysty.
A los dos días del suceso se esparce la noticia de que murió el “padrecito” Lenin.
- ¿No será acaso que el mal que está por venir será peor al mal ya conocido? - se pregunta el doctor, anticipándose a los hechos.
Y a la madrugada siguiente, acompañado del boticario, Marfa y Aleksander, emprende la fuga, casi imposible de realizar, hacia Polonia. Pero, como ya dijimos, en los relatos de Pilipiuk lo imposible se hace posible.

Esta reseña es apenas una pincelada, en la que hemos presentado algunos de los ocho relatos, hechos de un cruce de fantasía y realidad histórica, que contiene este libro.



* Andrzej Pilipuk, „La cantimplora zarista”, p. 236
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Ficha bibliográfica:
„La cantimplora zarista” (Carska manierka) de Andrzej Pilipiuk
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2013
Número de páginas: 352


jueves, 6 de junio de 2019

Sobre los relatos de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña de cuatro libros de relatos del escritor polaco Andrzej Pilipiuk. Estos libros son: „La reputación”, „Un litro de plomo líquido”, „La lobera” y „Bosque malo” y corresponden respectivamente a los volúmenes VII, VIII, IX y X de la serie “Los mundos de Pilipiuk”.
Relatos extraños, tal vez poco comprensibles para quien no conozca la historia de Polonia. En los mundos de Pilipiuk lo imposible se hace posible. En „Bosque malo” el vampiro del pueblo se alía con los oprimidos, vale decir los judíos y polacos, nutriéndose tan sólo de la sangre de los invasores alemanes. En el mismo relato el padre le dice a su hijo: „- Se debe hablar el alemán. (…) El maestro en la escuela seguramente diría que es la lengua de nuestros vecinos, que es el pase hacia una cultura maravillosa y atemporal. Que el nacional socialismo es tan sólo una página de la historia. Que todo esto pasará, que todavía seremos amigos. Que Alemania no es sólo Hitler, Goebbels y Göring, pero también Mozart, Goethe y Beethoven. Eso es lo que deberíamos decirles a los niños. Pero eres ya casi adulto, así que te lo diré de frente y sin tapujos. Hay que conocer el idioma del enemigo eterno. Hay que hablar la lengua de esos hijos de puta, para entender que están diciendo entre sí, escuchar qué es lo que esos sinvergüenzas están tramando, pero también para poder mentir y aumentar así las posibilidades de sobrevivir. Y, si Dios lo permite, para interrogarlos después de la guerra, cuando comparezcan ante nuestros tribunales”. * Palabras controversiales al día de hoy, cuando a más de setenta años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, Polonia y Alemania pertenecen a la Unión Europea.
 En „Las sombras” una chica del futuro llega a regalarle una rosa azul con olor a lirio del valle al Mariscal Piłsudski. La chica lleva en sus rasgos el indicio de ser fruto de un cruce racial. De su cuello pende una pequeña crucecita, indicando su pertenencia a la religión católica. Piłsudski deduce que la chica llega de un futuro en el que ya existe la tecnología capaz de modificar las plantas. Deduce también que en ese futuro, tal vez en doscientos años, el estado polaco seguirá existiendo, pues si no los jóvenes no vendrían a traerle presentes como a un héroe. Y es que Piłsudski fue el artífice del renacimiento de Polonia como estado en 1918.
En „Hitler en una bola de cristal” un nazi queda encerrado en, tal como el nombre del relato lo dice, una bola de cristal, en la cual el tiempo no transcurre. En „Mantequilla de camello” los gitanos y un grupo de circenses, a cuyo jefe un gitano reveló el secreto, pasan cuatro años bajo tierra, durmiendo, cual los osos en invierno, librándose así de la persecución nazi. En „El Sésamo de la Oruga” una Oruga se mete en la cabeza de un zapatero del gueto de Varsovia, dejando a su lado el dinero, con el cual, según su indicación, deberá comprar las obras de arte polaco, para evitar que caigan como botín de guerra de los alemanes. Quien descifra el caso y llega al lugar donde las obras fueron escondidas, es Robert Storm, personaje presente en varios de los relatos. Pero ya es demasiado tarde. Han pasado setenta años y la inclemencia del tiempo, sumada al clima extremo de Polonia, arrasó con las obras. 
Robert Storm es un estudiante, luego egresado, de la Facultad de Arqueología de la Universidad de Varsovia. Hombre cultísimo, capaz de hallar lo aparentemente inhallable y de resolver los acertijos históricos aparentemente irresolubles. Es a través de sus búsquedas y palabras, que nos vamos enterando, de algunos detalles poco conocidos de la historia de Polonia. Vive Robert en una casa antigua del barrio de Wola, barrio que sufrió muchísimo durante el Levantamiento de Varsovia. Son sus vecinos un relojero y un lutier, vale decir un afinador de instrumentos de cuerda, cuya nieta, por su esbelta figura coronada de una cabellera pelirroja, parece una ardilla. Siendo aún adolescente, Robert quedó perdidamente enamorado de Marta. Años después describirá así aquel encuentro: „Recordé una mañana de otoño en el primer año de liceo. Entro al taller de biología. Una chica desconocida está sentada sobre el alféizar de la ventana, el sol de otoño alumbra sus cabellos. A través de la tela de su vestido, se trasluce ligeramente la forma de sus pantorrillas. La impresión es fulminante. Cual el roce del absoluto. Su belleza me semeja ser algo absolutamente aterrenal, infinito. Sé que es el destino, que he hallado a la futura compañera de una vida larga y creativa. Estoy como fulminado.” **
Sin embargo, su amor no es correspondido, por lo que Piotrek, antiguo compañero de escuela, devenido en policía, se esfuerza en acercarlo a su hermana Magda, estudiante de historia, con quien Robert tiene muchos intereses en común. Conocemos también a Tytus, otro compañero de colegio, cuya mafia, en cierta oportunidad llega a salvarle la vida a Robert. Tytus proviene de la misma tribu de gitanos que Kusy, el circense, gracias al cual se salvaron, sumidos en un sueño de cuatro años, los miembros del circo dirigido por el judío, mago e ilusionista, Aplfelbaum.
Otro personaje, presente en varios relatos, aunque no en tantos como Robert Storm, es el doctor Paweł Skórzewski. Se trata de un médico de origen polaco, formado en  la Academia de Medicina de San Petersburgo, cuya vida transcurre, entre los finales del siglo XIX y los albores del XX. Entre los casos rarísimos que se le presentan, tenemos el de un joven, quien está seguro de ser un cadáver. He aquí un fragmento de la conversación entre el doctor y el chico, extraída del relato „Delirio de negación”:
„- Estoy muerto - dijo el chico. - Un alma que no logró volar, aprisionada en un cuerpo muerto, en estado de putrefacción...
- Los cuerpos muertos no se mueven y tú llegaste caminando desde las orillas del río Bug hasta Lublin - le replicó el doctor.” ***
Sin embargo, resultó ser cierto. El chico era uno más de quienes habían caído víctimas del Barón Samedi, espíritu legendario en forma humana, que los mató para convertirlos en esclavos suyos. Para ello se valió de la técnica vudú, que transplantó directamente de Haití a  las tierras que formaban parte del Imperio Ruso. Felizmente el barón fue vencido. 
Y esa es una de las cosas que se repite en los relatos de Pilipiuk. A pesar de todas las dificultades y, muchas veces, algunos muertos en el camino, cuando hay enfrentamiento siempre acaba venciendo el lado bueno. Con el cual, como ya indicamos al comienzo, se alían hasta los vampiros.
Esta ha sido apenas una breve pincelada de algunos de los muchos relatos, rebosantes de fantasía y erudición, que
pueblan las páginas de los cuatro libros.


* Andrzej Pilipiuk: „Bosque malo”, Pp. 199-200
** Andrzej Pilipiuk: „Un litro de plomo líquido”, Pp. 303-304
*** Andrzej Pilipiuk, op. cit., p. 319
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Fichas bibliográficas:
Andrzej Pilipiuk: „La reputación” (Reputacja)
Andrzej Pilipiuk: „Un litro de plomo líquido” (Litr ciekłego ołowiu)
Andrzej Pilipiuk: „La lobera” (Wilcze leże)
Andrzej Pilipiuk: „Bosque malo” (Zły las)
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2015-2019



lunes, 13 de mayo de 2019

La novela "El monumento de la Emperatriz Acaya" como una obra abierta

Para empezar quiero advertir, que esta entrada será comprensible sólo para los lectores que hayan leído las reseñas de los cinco tomos de la novela „El monumento de la Emperatriz Acaya” de Andrzej Ziemiański, publicados previamente en el blog. A pesar de tantos personajes e historias entrelazadas en las más de 3900 páginas de la novela mencionada, hay algunos temas se quedan en el tintero. Aquí van algunos ejemplos.

En el primer tomo nos enteramos de la niñez de Kai. De que procedía de una familia noble, viviendo en una hermosa casa, rodeada de bosques, adonde iba a pasear con su nana, quien sabía mucho de hierbas y de quién aprendió bastante sobre el tema. De como partió luego con su padre hacia la Escuela del Desierto de Danoine, en una travesía que duró varios días, teniendo que hospedarse en posadas de diferente calidad. Nunca más supimos qué fue de su nana, qué de su padre, qué de su casa y de si los extrañaba. Tampoco se dice nada del tema, cuando Tomaszewski y Kai se prometieron mutuamente matrimonio en la Ciudad de los Dioses, planificando retornar juntos a Polonia.

Otro tema es el del joven que apareció al lado de Kai en el puerto de Yah, ayudándole a conseguir comida, vino y hospedaje y a llegar sana y salva, a pesar de encontrarse en un estado de resaca absoluta, a la nave en la que había de partir. Por más que el autor no lo diga, sabemos indiscutiblemente que se trata de Virus. Y lo sabemos, porque cuando el submarino „Dragon” apareció ante la nave en la que viajaba Kai y los oficiales polacos salieron a cubierta, el joven dijo que se trataba de oficiales, aunque, en medio de la confusión, nadie lo escuchó ni le hizo caso. Pero Kai nunca lo llegó a comentar, ni siquiera cuando Virus apareció al llamado de Anna Langberg en la Ciudad de los Dioses.

En el último tomo nos enteramos de que los Ziemcy ya dominaron la técnica de la clonación. Sabemos también que el cuerpo de Acaya, sumergido en resina, se mantuvo intacto a través de los siglos. ¿Llegarán a clonarlo? ¿El doble de Acaya „retornará” a la vida, después de más de mil años? 

¿Y qué fue del hombre que trató de hacerse pasar por Chen ante Rosenblum? Y es que Rosenblum sabía que Chen le pasaba la información a Lewandowski y éste a Kawalec.   Sabía también que en esa red de inteligencia paralela a la suya propia, había un espía,  sin saber todavía de quién se trataba. Rosenblum se percató a tiempo de que el hombre, que le pusieron delante, era un sustituto de Chen, así que lo dejó con vida, advirtiéndole del peligro que corría. Jamás nos enteramos qué fue de aquel hombre y de si lo llegaron a matar.

Es como si estos temas fueran capullos, capaces de desarrollarse hasta crear, tal vez, otras novelas del universo de Acaya. Tal es el caso de Virion, guerrero y maestro de la espada, aparentemente invencible, a quien Acaya mató en un duelo, en representación del Reino de Arkach. El autor nos comienza a contar la historia del guerrero, desde que era niño, habiendo publicado hasta ahora los dos primeros tomos de la novela „Virion”.  Novela que indefectiblemente continuará, pues la trama aún no ha acabado de desarrollarse.

Podemos decir pues que, siguiendo la terminología de Umberto Eco, que la novela „El monumento de la Emperatriz Acaya”, es una obra abierta.

lunes, 6 de mayo de 2019

Sobre el quinto tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya"

Esta será una breve reseña del quinto tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya" de Andrzej Ziemiański. Recomendamos leer previamente las reseñas del primer, segundo, tercer y cuarto tomo de la misma, publicadas en el blog.
La novela comienza, presentándonos a Naan, una joven recluta, quien llegó con sus compañeras, luego de que su nave naufragara, a la costa cerca al bosque de Sait. Luego de caminar un par de días, sin poder comer ni tomar nada, las chicas llegaron, en un estado de inanición casi absoluta, a la base polaca. Allí, luego de alimentarlas y raparlas, se les indicó que se desnudaran y fueran a ducharse. Naan se negó llorando, diciendo que allí le esperaría la muerte, sin saber siquiera que existió Auschwitz. Mientras que trataban de calmarla, uno de los ingenieros, tomó nota de su nombre. Y digo nombre, pues en ese mundo, no existía el concepto de apellido. 
Y es que Naan veía a veces imágenes de la Tierra, o pronunciaba frases referentes a la misma, que ella misma no entendía. Cierta vez, por ejemplo, se puso a tararear una canción en inglés sobre la luminosidad plateada de la luna naciente. Siendo que no hablaba inglés y la luna no era visible desde su mundo, por lo cual ni siquiera conocía la palabra. Así que cada noche era noche cerrada.
Además Naan veía escenas del futuro en sueños. En sueños también, al igual que a Shen, se le aparecía Virus, dándole consejos y anticipándole lo que iba a pasar.
Es recién a través de este personaje que cobramos conciencia plena de que el mundo narrado en la novela, siendo similar a la tierra, no es la tierra. El planeta Tierra en el cual vivimos, que tiene de satélite a la Luna, es el planeta de los Ziemcy. Dicho de otra manera: los Ziemcy o terrícolas somos nosotros.

Mientras tanto Kai y Nuk, subieron como cocineras del comandante a la nave del Reino de Nayer, que partía hacia la fortaleza de Tor Avahen. Allí conocieron a Chris Kyle, norteamericano y descendiente de algún miembro de la Orden que cruzó la Cordillera hace mil años. Los norteamericanos, ligados al Reino de Nayer, eran todos, al igual que él, descendientes de miembros de la Orden. Los anglos hablaban abiertamente delante de Kai, sin saber que era maga y que como tal poseía la capacidad de entender cualquier idioma, incluido el inglés. Así fue como la chica se enteró de que éstos, al ver que la cosa se les escapaba de las manos, confabularon para hacer asesinar a Tomaszewski y a la Wyszyńska. Pero Kai no tenía como avisarle del peligro a Tomaszewski, de quien estaba perdidamente enamorada. 
Poco tiempo después hubo un atentado contra la Wyszyńska en Negger Bank. Pero ella, en ese momento, se encontraba en brazos de Meredith, quien como mago sintió a los magos de la Orden que se acercaban para matarla. La Wyszyńska, advertida a tiempo, acabó ametrallándolos a todos. En cuanto a Tomaszewski, estuvo en peligro, pero también salió ileso.

La fortaleza de Tor Avahen cayó en manos de los de Nayer. Con la ayuda de los refuerzos polacos, que llegaron con Ina y Tomaszewski, se logró evacuar el archivo y a gran parte de la población.
Mientras tanto en la oficina del almirante Ossendowski en Negger Bank, se reunieron Jacek Budzyński, el director de la Empresa Kocyan y asociados, Jadwiga Wyszyńska, algunos miembros de la Marina de Guerra de Polonia, así como Meredith, para decidir las próximas acciones a tomar.
Y es que los polacos estaban dispuestos a aliarse con los Ziemcy, con tal de no perder la hegemonía de esa parte del mundo frente a los anglos. Tal como reflexionó Rosenblum, respecto al trato con los Ziemcy que se estaba cerrando: "¿Y los principios? ¿Y la independencia frente al pacto con el diablo que justamente estaban cerrando?” * 
Durante la reunión, Meredith se comunicó por radio con Schaef, quien se encontraba en la nave polaca. Era éste un archivista, autorizado por el Consejo de las Ciudades Fortalezas Libres, a darles a los polacos las claves de interpretación del archivo de Tor Avahen, que sólo él conocía.
Luego de conversar con él, Meredith dijo lo siguiente, respecto al guía, gracias a quien podrían cruzar el Infierno y llegar al Polo, donde se encontraba la Ciudad de los Dioses: "Sabemos que debemos buscar a alguien, que sienta el vínculo entre los mundos. A alguien que vea imágenes de los crueles Ziemcy”. ** Y ese alguien, como sabemos, era Naan.
Y allí apareció Zygmunt Mieroszewski, a quien encargaron confirmar si Naan era la persona que buscaban. Le hizo una prueba y Naan reconoció imágenes de la Tierra, que nunca había pisado como, por ejemplo, la Torre Eiffel.
Naan, vale decir, el guía, era el último eslabón que faltaba para poder partir rumbo al Polo. Y es que, mientras tanto Shen había conocido en algún lugar apartado a Patte, matemático que había dedicado toda su vida a hacer lo cálculos para cruzar el Infierno y quien manejaba los archivos de generaciones de matemáticos, que lo habían hecho antes que él. Shen llegó con él al templo de Banxi, donde se encontraba la Wyszyńska, para que introdujera los datos en su computadora y diera con el algoritmo adecuado. Recordemos que para poder cruzar el Infierno y llegar al Polo se requería de un guía, el Libro del Paso y de cálculos matemáticos avanzadísimos. Se decidió que Tomaszewski se hiciera cargo de la expedición. La carrera hacia el Polo había comenzado. 
Meredith y Naan se encontraron en el helicóptero que partió rumbo al Infierno. Allí Meredith le explicó a la chica quién o qué cosa era Virus.

Kai y Nuk lograron fugarse justo antes de que descubrieran que eran espías, llegando al portaaviones polaco. Allí conocieron a Ina, quien le contó a Kai que Tomaszewski pronunciaba su nombre en sueños. Las chicas decidieron partir, con Ina como piloto del autogiro, a la base del Ejército, comandada por Kawalec y de allí alcanzar en helicóptero a la expedición polaca, que ya había partido rumbo a la Ciudad de los Dioses.

Mientras tanto, con la ayuda de Naan, quien les advertía de los peligros, la expedición a cargo de Tomaszewski, logró cruzar el Infierno y llegar al Polo. Allí dieron con una construcción que parecía haber sido hecha por gigantes. Deliberaron donde acampar y decidieron hacerlo en lo alto de las gradas, para tener una vista panorámica del lugar. El subirlas les costó mucho esfuerzo, pues en tamaño eran como niños de pecho frente a objetos hechos para adultos.
Llegaron al fin a la cima y, cuál no sería su asombro, al escuchar una voz que los llamaba en polaco. Su asombro aumentó al ver acercárseles a un hombre delgado y bastante joven, acompañado de una mujer blanca, pecosa y pelirroja.
- Józef Osiatyński - se presentó. 
„- ¿El… el príncipe estratosférico? ¿Usted todavía vive?” *** - preguntó sin más Tomaszewski, pues sabía que el príncipe había partido de Polonia, hacía más de cien años. 
El príncipe sonrió y les presentó a su pareja, Anna Langner.
- Nuestros cuerpos están enterrados en el templo de Banxi - manifestó luego Osiatyński. Y les explicó, que a través del altar de ese templo, pudieron dejar los cuerpos inservibles, para ocultar otros. Pero no eran fantasmas, en el sentido literal de la palabra, pues comían, bebían y dormían. 
Esa explicación no fue ninguna novedad para Tomaszewski, quien sabía que de esa manera, habían llegado la Wyszyńska y los demás ingenieros, a su mundo. Y sin embargo eso no fue óbice para que hiciera el amor con la Wyszyńska durante la ausencia de Kai.
En cuanto a Anna Langner resultó, que luego de cruzar la Cordillera, acompañando al Príncipe, descubrió que era una maga de poderes inusitados.
Meredith lo explicó de esta manera: „Su antepasado fue un mago y transmitió el don de generación en generación. Pero al otro lado, nadie podía hacer uso de la magia. Así que ésta se fue acumulando en las siguientes generaciones, hasta manifestarse con todo su poder en esta mujer.” ****
Tomaszewski preguntó porqué es que era tan importante el monumento de la Emperatriz Acaya, a lo que Osiatyński le respondió: „Usted tuvo que encontrar al guía para poder cruzar el Infierno. La clave para acceder al conocimiento que aquí nos espera, es alguien de los grandes linajes del Reino de Troy. Alguien genéticamente puro.” *****
Y ese alguien, cuyo cuerpo, vale decir monumento, se encontraba en la Ciudad de los Dioses, era Acaya. Y es que el código genético de Acaya, que ya no era totalmente puro, fue modificado, en vida, por los monstruos del bosque.

Procedieron a descansar, luego de lo cual Osiatyński les habló de cuánto se habían aburrido, mientras los esperaban un sinnúmero de años, sin tener con quien conversar. Si bien había una tribu que habitaba ese lugar, tribu de la cual se había convertido en algo así como un jefe.
„Para los demás mundos, nosotros también somos monstruos” - dijo el príncipe Osiatyński, aludiendo a que los humanos también fueron marcados por el mal.
„ - Y luego del triunfo, deberíamos desaparecer del mapa del Universo - agregó Meredith, quien tenía reflexiones similares.” ******
Ante eso Osiatyński sugirió aliarse con los terrícolas, los seres más similares a los humanos en el Universo entero y pervivir en contra de la voluntad de los Dioses, utilizando el conocimiento condensado en la Ciudad en la que se encontraban. Pero para ello antes tenían que pertractar con los miembros de la Orden o vencerlos.

En eso se escucharon disparos. Había llegado un ejército armado al templo, tomando posición al pie de las gradas. Mielczarek, Naan y Foe, amiga inseparable de ésta, partieron a hacer un reconocimiento. Lo interrogaron y este confesó pertenecer al Ejército de Nayer. Y esa es otra de las cosas que me asombran en el universo representando en la novela. A pesar de que en el mundo de Kai había un Imperio, diferentes reinos, regiones, mares, desiertos y hasta continentes, todos hablaban  la misma lengua, si bien con distintos dejos. De tal manera que todos, mal que bien, podían comunicarse.

Asimismo llegó a templo el helicóptero con Kawalec y Kai a bordo. La chica y Tomaszewski, se tiraron, el uno en los brazos del otro.
Resultó ser que Kawalec, General y jefe del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Terrestres del Ejército de Polonia, también era descendiente de algún miembro de la Orden. Cosa que descubrió recién al encontrarse en el lado de la Cordillera, donde se desarrolla la novela. Lado donde reinaba la magia y donde, por ende, empezaron a manifestarse sus poderes de mago, que hasta ese entonces habían estado dormidos. Lo contactaron los anglos descendientes de miembros de la Orden y acabó convirtiéndose en un espía en las filas del Ejército Polaco.
La cosa era grave, pues Kawalec, siendo el de mayor jerarquía militar, iba a negociar, a nombre del Ejército, con los anglos. Sería tan sólo una formalidad, en la que el descendiente de un miembro de la Orden, vale decir Kawalec, cedería la Ciudad de los Dioses, a los otros descendientes de los miembros de la Orden, vale decir Chris Kyle y Brandstetter. La gran ganadora había de ser la Orden.
Pero eso no llegó a suceder, pues a último minuto, antes de que Kawalec cerrara el trato, la Wyszyńska le disparó por la espalda, disparándose luego ella misma en la boca. Pero en su caso eso no significaba la muerte, pues como explicó el príncipe Osiatyński, los Ziemcy conocían la técnica para dejar un cuerpo ya inservible y ocupar otro. Al punto que, antes de dispararse, ésta le pasó una nota a Meredith, en la que le prometía volver a la brevedad posible. 
Luego de la confusión del primer momento, Kai pidió hablar en un aparte con Chris Kyle, a quien había conocido en la nave donde hacía de cocinera del comandante. Chris, al ver que la causa estaba perdida y el armamento del Ejército Polaco, cedió sin provocar una batalla. Y es que la Wyszyńska les había hecho creer que su computadora era una bomba poderosísima, con la capacidad de destruir indefectiblemente la Ciudad de los Dioses.

Luego de que el Ejército de Nayer se retirara, el grupo, guiado por Osiatyński, bajó a la cripta donde se encontraba la tumba de la Emperatriz Acaya. Anna Langner, con un chasquido, hizo aparecer por última vez a Virus, el cual era, no una persona, sino un programa de computadora, a través del cual el príncipe y la maga, pudieron influir en el devenir de los hechos. 
„Se cumplió pues la voluntad del Dios Seph, mi creador.” ******* - constató simplemente Virus.

Y luego les habló del conocimiento al que habían de acceder, cosa que les tomaría cientos de años, diciéndoles: „Pero ahora esta es vuestra herencia. Conocerán la verdadera historia del Universo. Aprenderán a hablar una lengua en la que todos los significados son verdaderos. Palparán la esencia de la palabra, la magia y la creación”.********
Y agregó, antes de fenecer definitivamente: „Esta construcción es también un mapa del universo entero. Y han señalizado en ella todos los mundos en los que nació la vida”.*********

Mientras tanto Shen, con el apoyo logístico de Rand, logró dejar la región de Kong donde había estado operando y llegar con su gente a Negger Bank. Al ver que Shen había ganado la batalla y que se establecería la República, la Emperatriz, aconsejada por Rosenblum, se dirigió a las naves de la Marina de Guerra de Polonia, que la llevarían directamente, conjuntamente con su tesoro, al otro lado de la Cordillera.

Al final de la novela nos enteramos de la suerte que corrieron los personajes principales. Lewandowski, intendente del Ejército Polaco, hizo negocio con la ayuda de Chen hizo negocio, vendiendo las sobras de café que debían ir a parar a la basura. Chen, como civil y lugareño era la cara visible del negocio. Pero Chen además se dedicaba a espiar para Lewandowski y éste le transmitía la información a Kawalec. Cuando el tema se puso candente y el tiempo del Imperio se acercó a su fin, ambos huyeron a Dahmeria, donde no llegaba el brazo de la ley.

Rand, quien consideraba a Biafra como su maestro, descubrió finalmente estar enamorado de Aie y le pidió la mano. Resulta que, mientras tanto, Aie, quien había quedado sordomuda durante años, a causa de una infección a la garganta, se curó parcialmente con los medicamentos traídos por los polacos. Y digo parcialmente, pues la voz que recuperó era tan ronca, que prefería hablar en susurros. Aie obviamente lo aceptó, pues estaban hechos el uno para el otro.

Shen manifestó querer apartarse de todo y vivir tranquilamente en una playa al lado de Kadir, pero éste le hizo ver que eso era imposible. Por un lado la elegirían como jefa de la República y por otro tenía ya el bacilo de la lucha y la violencia metido dentro. Y tarde o temprano sentiría su llamado, así como Acaya, quien luego de conquistar el Imperio, atacó el otro continente.

Selim Michałowicz, jefe del regimiento tártaro, se casó con una mujer de Dahmeria, a pesar de tener una esposa en Polonia. Argumentaba que le estaba permitido, pues era musulmán, religión profesada por los tártaros polacos.

En cuanto a Kai y Tomaszewski, se prometieron matrimonio y el seguir navegando juntos por la vida. La chica suspiró diciendo que, de alguna manera, simbolizaban la unión de los dos mundos…


* Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya”, tomo V, p. 567
** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 574
*** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 823
**** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 829
***** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 832
****** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 851
******* Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 923
******** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 924
********* Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo V, p. 925
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya” (Pomnik Cesarzowej Achai), tomo V
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2016

Número de páginas: 996

lunes, 29 de abril de 2019

Sobre la novela "El viaje de los hombres del Libro" de Olga Tokarczuk


Esta será una breve reseña de la novela „El viaje de los hombres del Libro” de Olga Tokarczuk.
La novela gira en torno a un Libro, de cuya existencia se hablaba en las hermandades secretas de París en el siglo XVII. Este Libro, en el cual Dios „había escrito su perfección,  su falta de inicio y su eternidad”*, habría sido dado por Dios a Adán. Pero luego de que Adán buscara un conocimiento que no era divino „Dios se apartó del hombre y le quitó el Libro”.** Sin embargo, Adán le suplicó tanto, que se lo devolvió. El Libro pasó de generación en generación, de Adán a Set y de Set a Enoc. Y cuando Enoc llegó al Cielo, convirtiéndose en ángel „desapareció para siempre el Libro Sagrado. Pero Dios le prometió a Enoc, que llegado el tiempo, lo devolvería a los hombres”.***
Luego no se supo más del Libro, hasta que en 1378, un holandés, cuyos iniciales eran H.C.R., lo llevó de Damasco a Europa. Lo dejó en un monasterio en medio de los Pirineos, prometiéndose a sí mismo, regresar por él, cuando la gente ya estuviera preparada para recibirlo. Fundó una hermandad que había de ocuparse de reformar el mundo. Pero la historia se interpuso, sucediéndose las guerras, una tras otra. Antes de morir, dibujó en un papel, el mapa del lugar donde había dejado el Libro.
El texto referente al Libro se leía al comienzo y al final de las reuniones de la Hermandad Secreta, a la que pertenecían, entre otros, de Chevillon, quien dirigía las reuniones. Cierta vez, éste apareció con la noticia de que había logrado conseguir los mapas del lugar donde se encontraba el Libro. No había pues más que partir al monasterio abandonado, en la sierra del Cadí en los Pirineos, recoger el Libro, cargarlo a lomo de mula y regresar.
Y entonces salió a relucir, que la gran mayoría de los miembros de la Hermandad, no creía en la existencia real del Libro. Algunos lo interpretaban como un símbolo, otros decían que la humanidad aún no estaba preparada para recibirlo. Los únicos dispuestos a partir en la búsqueda del Libro, resultaron ser, de Chevillon, el caballero d’Albi, el Marqués y el banquero de Berle, quien financiaría el viaje.
D’Albi era el menor de todos y estaba enamorado de la cortesana Verónica, a quien había prometido matrimonio. Cosa que, por la diferencia social entre ambos, era imposible de realizarse en París, por lo que le pidió que se uniera al viaje.
Verónica fue la primera en llegar al punto acordado, a una posada en los arrabales de Saint-Antoine, en las afueras de París. Llevaba consigo dos cofres con sus enseres, entre los cuales se encontraba su traje de novia.
Era un día caluroso. Y el hecho de que dejara por primera vez su ciudad natal, más la promesa de matrimonio, la tenían muy emocionada. Luego de un largo rato vio llegar un carruaje. Pero no era el caballero d’Albi, sino los otros dos miembros de la expedición, el Marqués y de Berle. La saludaron con una breve inclinación de cabeza, deduciendo que era la amante de d’Albi, de la que éste les había hablado. El marqués quedó impactado por su belleza inusual.
Pasó una hora más, hasta que finalmente llegó un mensajero con una misiva de parte del caballero. En ésta les contaba que había caído preso por participar en un duelo, cosa prohibida por el rey. Pero que no se preocuparan, porque su padre lo sacaría pronto del apuro y que partieran a esperarlo en la mansión de de Chevillon en Châteauroux, donde iría a alcanzarlos a la brevedad posible. Les encomendaba, asimismo, el cuidado de Verónica, hasta su llegada.
Entonces resultó que el cochero estaba visiblemente enfermo. Decidieron enviarlo de vuelta a casa en el carruaje que el caballero le había prestado a Verónica. Se encontraron ante un dilema, del que los salvó el posadero, ofreciéndoles de cochero a Gauche, el chico que le ayudaba con los caballos.
Gauche, que significa izquierdo en francés, fue un niño expósito, que encontraron las hermanas clarisas un atardecer de invierno, bebe aún, echado sobre la nieve en la puerta del convento. Lo criaron y cuando llegó a ser púber, lo lanzaron al mundo, acompañado de su perro. El chico tenía una conexión especial con los animales, sobre todo con los caballos. Entendía todo, pero no podía hablar.
Partieron pues, apurándose en hacerlo, antes de que cayera la noche. En la posada de Angerville, donde pararon a pasar la noche, se les unió Burling. Era éste un preceptor inglés, quien estaba en ruta, de Fulham cerca a Londres a Toulouse. Allí había de recoger  a su pupilo, quien viajó a aprender francés y modales de mundo; y llevarlo de vuelta a Inglaterra. Prosiguieron el camino juntos y congeniaron tanto, que al llegar al desvío hacia la mansión de de Chevillon, lo invitaron a acompañarlos.
De Chevillon los acogió gustosamente en su casa. Todo su personal de servicio era negro, del color del ébano, cosa que asombró tremendamente a Verónica, quien por primera vez veía algo así. Las paredes estaban cubiertas con diversas pinturas, siendo la preferida del dueño de casa „San Jorge y el dragón” de Paolo Uccello.
Mientras de Chevillon se encerraba con el Marqués y de Berle para llevar a cabo sus reuniones secretas, Burling inspeccionaba los alrededores y Verónica paseaba con Gauche por el jardín. Resultó que el chico sabía también de plantas, no sólo de caballos. Verónica se sentía bien en su compañía, pues al fin había hallado a alguien que la escuchaba, mientras que ella, como cortesana, se había pasado la vida, escuchando las confesiones de otros.
Sin embargo, pasaron varios días y el caballero d’Albi no llegaba. Tampoco había noticias suyas. La espera se estaba prolongando demasiado.
De Berle, preocupado, deseaba regresar a París, donde había dejado a su esposa encinta del próximo hijo y postergar el viaje para la primavera. Por otro lado, de Chevillon, tanto por su edad, como por su estado de salud, no estaba en condiciones de acompañarlos. Al séptimo día de Berle manifestó que retornaba a casa.
- Entonces partiremos sin ti”**** - dijo el Marqués, refiriéndose a sí mismo, Verónica y Gauche.
De Berle protestó, diciendo que eso era una profanación, por tratarse de una mujer y un retrasado mental. Pero al ver que no lograría convencer, ni al Marqués, ni a de Chevillon, se fue tirando la puerta.
Y es que el Marqués tampoco quería seguir esperando al caballero, pues se estaba enamorando perdidamente de Verónica. Así que fue donde Verónica, diciéndole que el caballero la había abandonado y que ya no había para qué esperarlo, declarándole luego su amor. Siendo obviamente aceptado, pues Verónica vivía del amor y para ella el amor lo era todo.
Así que al día siguiente partieron de Châteauroux, despidéndose efusivamente de de Chevillon, quien se quedaría esperando a que retornaran con el Libro, sin saber que fallecería poco tiempo después. Se les unió Burling, quien los acompañó hasta el desvío hacia Toulouse. 
Corría el año de 1685. El Rey Luis XIV había emitido un edicto, según el cual, los hugonotes, o se convertían al catolicismo, o se veían obligados a abandonar el país. Los caminos estaban atestados de gente. De familias enteras que avanzaban con sus enseres rumbo al norte, a comenzar una nueva vida en los Países Bajos.
El Marqués pensó por un momento en su madre, que era protestante y de quien se había distanciado, al convertirse al catolicismo en un acto de rebeldía.
Mientras tanto, en el carruaje, tal como lo hiciera desde que se conocieron en la posada de Angerville, Burling citaba a los poetas ingleses, enredándose en interminables discusiones filosóficas con el Marqués. En un arrebato de sinceridad, este último le habló del Libro, confesándole el motivo del viaje.
Burling se despidió finalmente, octubre se transformó en noviembre y llegaron a los Pirineos. Dejaron el carruaje, hecho para las llanuras, en una posada y siguieron viaje a caballo. Cierta noche no encontraron ninguna posada, teniendo que dormir entre las rocas, a la luz de las estrellas.
Al atardecer siguiente llegaron a la pequeña ciudad de Montréjeau entre los cerros. El único hombre que accedió a hablar con ellos, les dijo que todo estaba cerrado a causa de la peste y que partieran de allí cuanto antes.
Siguieron avanzando y cuando la oscuridad se hizo total y el camino se convirtió en un sendero pedregoso, dieron con una casa de piedra, clavada en la pared del cerro. La mujer que les abrió la puerta, fue a llamar a un anciano, quien los invitó a pasar adentro, sin escuchar lo que decían. Tan sólo los caballos se quedaron afuera, pues la casa no tenía establo.
Al día siguiente, durante el desayuno en una terraza por la que corría el viento, el dueño de casa se presentó diciendo llamarse Delabranche. Y sin esperar a que se lo dijeran, manifestó saber que estaban en ruta a la sierra del Cadí en España. Dijo también, que aproximadamente una vez cada cien años, alguien iniciaba esa travesía. Ante las preguntas de sus huéspedes, dijo ser un médico y ermitaño.
Luego del desayuno los invitó a ver la casa, la cual estaba cavada en la roca. Bajaron por unas gradas empinadas, hacia un pasadizo que daba a diferentes habitaciones. Una de ellas era un taller de alquimia, con todos los aparatos para destilar metales. Esta habitación conducía a otra, en la cual, en un pote, sobre la mesa, flotaba el homúnculo. 
Era un pequeño ser humano, totalmente desnudo, de rostro hermoso, piel pálida, casi fosforescente y cabello negro. „Sus inmensos ojos negros expresaban una inteligencia sobrehumana”. ***** No tenía ombligo, tetillas ni tampoco sexo. Se sostenía en el agua, sin mover brazos ni piernas. Contemplaba fríamente a los visitantes, con una expresión de arrogancia.
Delabranche le dio de beber la gota dorada de un líquido que se hallaba en un frasco al costado.
- Lo alimento con la esencia de mi sangre” - dijo - „Arcanum sanguinis humani. En cierto sentido es mi hijo”.****** 
Dijo también estar preocupado, por no saber quién lo alimentaría, cuando él muriera. A lo que Verónica se ofreció a hacerlo con su propia sangre.
Durante todo el día siguieron visitando la extraña casa, incluyendo la biblioteca de Delabranche, que era impresionante. Al anochecer se repusieron de tan agotadora visita, con tartas y vino caliente, ya que en casa de Delabranche, no se servía carne. Luego éste los invitó nuevamente a la biblioteca, donde les mostró el manuscrito de su obra: „La taumatología o sobre las cosas milagrosas”. Gauche, mientras tanto, fue a ver al perro y los caballos y Verónica se dormía, así que el único interlocutor del dueño de casa, resultó siendo el Marqués.
Hablaron, entre otras cosas, sobre la revelación y Delabranche dijo: „La sabiduría que procede de la revelación no es transmisible”.******* 
Hablaron sobre los milagros y Delabranche dijo:
„- No hay milagros en el sentido literal. Si todo contiene todo, si está claro que cualquier cosa puede transformarse en otra, no puede haber milagros, ante los cuales habría que caer de rodillas. Aquello que considerábamos un milagro, era en realidad, un intento por definir un fenómeno inusual de causas desconocidas. Dios no crearía las leyes que rigen este mundo, para luego quebrarlas”.********
El Marqués se puso a hojear los varios tomos del libro, el cual contenía tales capítulos, como: „Tratado sobre los imanes”, „Las predicciones naturales del futuro”, „Sobre la curación a través de la belleza” y muchos otros más. En el capítulo „Sobre la partenogénesis” el autor argumentaba que ésta „sucede entre los humanos una vez cada ciento veinte años y siempre en primavera.”*********
El último capítulo trataba sobre el homúnculo y estaba trabajado al detalle. En el párrafo final decía: „De todas las criaturas creadas por Dios, el ser humano es la más perfecta (…) y si éste logra el conocimiento para llamar a la vida a otro ser humano, no mediante la vía de la procreación natural, sino a través de la razón, esa chispa divina en cada uno de nosotros, eso significa que finalizó un ciclo en su desarrollo. Tal vez, de esa manera, se redimió para siempre el pecado original, iniciándose desde aquí el siguiente paso hacia Dios”.**********
El Marqués manifestó estar impresionado con tamaña obra, diciendo, sin embargo, al final:
„- Toda obra humana será siempre el reflejo de algo más perfecto. Todo libro escrito por el hombre es un reflejo de aquel Libro. Vivimos en un mundo de reflejos, sombras, imperfecciones, lo cual no significa que la perfección pura no exista”.*********** 
Antes de que partieran, Delabranche les preparó varios mapas, indicándoles por donde evadir los puestos fronterizos españoles, que les exigirían el certificado de haber pasado la cuarentena. Dijo que Verónica no se veía bien, por lo que le dio un frasquito con quinina. 
„- Tú, señor, tampoco te ves bien” - le dijo al Marqués - „Llevas en el rostro la sombra de Saturno”.************
Al día siguiente retomaron el viaje. Dejaron los caballos, llevándose a las mulas de Delabranche, animales más resistentes para avanzar por los caminos que los esperaban. Lograron pasar desapercibidos la línea fronteriza. La geografía era cada vez más abrupta, los terrenos más despoblados y el clima más inclemente.
Llegaron a un pequeño poblado, donde pidieron un guía que los condujera hacia la sierra del Cadí. Pero los pobladores se negaron, diciendo que ése era uno de lo últimos lugares donde habitaban los dragones. Dejaron allí a una de las mulas, a modo de pago, por el hospedaje y la comida miserable.
La primera en sentir los síntomas de la enfermedad fue Verónica. A pesar de la quinina que le había dejado Delabranche, murió poco tiempo después. El Marqués y Gauche la cubrieron con piedras a modo de entierro, pues no había como cavar la roca y siguieron camino. 
Siguieron avanzando hasta el final de la meseta. Y de pronto el Marqués vio lo que buscaba. Lo que antes aparecía cubierto por la niebla, era un valle hermoso, lleno de verdor y flores, como si fuera primavera, con unas ruinas al medio.
Pero el Marqués, de quien también se había apoderado la enfermedad, ya no tenía fuerzas para avanzar. Le encargó a Gauche que bajara y le trajera el Libro. Al comprender que se estaba muriendo, se asombró, „pues no creyó que el morir pudiera ser tan jugoso, tan claro y tan lleno de movimiento”.************* 
Si bien arriba corría el viento helado y la nieve, el valle era cálido, lleno de frutas y de un verdor que embriagaba. Gauche cogió unas cuantas frutillas y se las llevó al Marqués, pero lo encontró muerto.
Volvió a bajar al valle, en medio del cual había una fuente, en la que Gauche se lavó y de la cual bebió agua. Al fondo había una iglesia, con la puerta entreabierta, hacia la cual Gauche avanzó, luego de saciarse de frutas silvestres. Al fondo de la iglesia, en el lugar del altar, había un pozo. Gauche bajó por sus escalinatas internas, llegando a una habitación, cuyas paredes desprendían una clara luminosidad.
Y allí dentro, encima del único anaquel, estaba realmente el Libro. Empezó a hojearlo, sin entender qué significaban esos signos negros que cubrían sus páginas, pues nadie le había enseñado a leer ni a escribir.
¿Y eso era todo?, se preguntó decepcionado, ¿para eso habían hecho el esfuerzo descomunal de llegar hasta allí?
Y entonces sucedió el milagro. En medio del sollozo, causado por la impotencia que lo embargaba, Gauche gimió de verdad y dijo:
- Soy Gauche.
¡Al fin podía hablar! ¡Se había cumplido el sueño de toda su vida!
Salió corriendo y le dijo a su perro amarillo que lo había seguido hasta allí:
- Gauche. Soy Gauche.
Recordó entonces que tenía que desatar a la mula, antes de que cayera la noche y se la llevaran el viento y la nieve. Y luego partir de vuelta hacia la casa de Delabranche, a recoger a los caballos que tanto quería.
Siguió pues corriendo, dejando en su lugar el Libro que pudo haberle devuelto la vida al Marqués, a Verónica y a de Chevillon…

* Olga Tokarczuk: „El viaje de los hombres del Libro”, p. 20
** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 20 
*** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 21
**** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 110
***** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 172
****** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 173
******* Olga Tokarczuk, op. cit., p. 181
******** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 184
********* Olga Tokarczuk, op. cit., p. 185
********** Olga Tokarczuk, op. cit., Pp. 185 - 186
*********** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 186
************ Olga Tokarczuk, op. cit., p. 188
************* Olga Tokarczuk, op. cit., p. 236
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: „El viaje de los hombres del Libro" (Podróż ludzi Księgi)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie, 2019
Número de páginas: 256