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miércoles, 29 de junio de 2022

"Todo está hecho a la medida de ti misma" por Pedro Granados

Caso semejante al de Carlos Quenaya, Magdalena Chocano o Frido Martin, poetas peruanos sin territorio específico; salvo su
propia vocación, devoción, terquedad o secreto íntimo. De este modo ha nacido y se ha ido desarrollando la poesía de Isabel (Elka) Sabogal. Poeta brotada, entonces, luego de un acuerdo nocturno con sus ángeles, asimismo, desterritorializados. Es decir, y en su caso específico, donde el medioevo polaco, que ya es decir bastante por lo  tenaz y antiguo, dialoga con la waka en que se ha convertido la propia poesía de Isabel. Esto último, a costa de encuentros reales, para nada imaginarios, con los duendes que usualmente la visitan como, asimismo, la convivencia con las telas de su abuelo, y todo el ambiente del indigenismo, el pintor José Sabogal. Y el asunto principal que salvan y plasman todas aquellas vocaciones, en su recorrido de largo aliento, constituye la intuición del arte.  Intuición que, para trocarse por una ética políticamente correcta e importada,  propiamente hoy por hoy ha desaparecido.  Por cierto, ha desaparecido sólo entre la poesía o el arte “culto”. A los genios que cada día a día salen a buscar su almuerzo, para ellos y para sus familias, obviamente el arte los acompaña de modo cotidiano (Pablo Guevara dixit). - “Busco un alma extraña, no una sabionda”; recuerdo que respondí un día, acometido, ante la pregunta de alguno de mis estudiantes.  Frase que, acaso como todas, sin dejar de ser de ocasión, remitía también a una personal arte poética.  Muy bienvenido sea este nuevo libro de Isabel Sabogal.  P.G.

Mi nombre son tres sílabas
lanzadas al azar del viento.
Piedra que arrastro como sombra,
como cadena amarga y dulce a la vera del camino.
//…//
Y es en mi nombre donde están los pueblos
del mundo entero fundidos en mi sangre;
mientras soy niña, terriblemente niña,
mientras soy grande, terriblemente grande,
por el amor de Dios, terriblemente grande.

Fuente: http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2022/06/19/todo-esta-hecho-a-la-medida-de-ti-misma-isabel-sabogal/

domingo, 23 de septiembre de 2007

Sobre la obra literaria de Isabel Sabogal


Respecto de su obra Pedro Granados nos dice en su artículo Los poetas vivos y más vivos del Perú, y también de otras latitudes: “De Requiebros vanos cabe puntualizar lo que dice Javier Sologuren en el breve prólogo al libro: "Es en el amor y la muerte, hontanares que jamás cesan, donde abreva su verso imbuido de una pureza adolescente y abierto a relampagueos visionarios". Afines en el espíritu y semejantes en calidad, agregaríamos, a los del joven y malogrado poeta Javier Heraud. Pureza (autenticidad), capacidad de visión y tino de una muchacha que, aunque sea también lo femenino un tema visible en su obra, acierta en no tratar de escribir de modo fundamentalista, sino que nos habla del "amor y la muerte" que es común a todos.”
Pedro Granados distingue además en su poesía un aura núbil y feérica, y un inquietante, sutil y hondo erotismo, aunque diriamos que muy sutil en comparación a lo que han escrito y publicado otras mujeres de su edad.

Podemos decir que en la obra de Isabel Sabogal, como bien lo señala Granados, al describir su obra como “escrita desde el entrecruzamiento cultural”, confluyen dos vertientes literarias y culturales básicas: la hispano – andina propia del Perú y la polaca. Esto dificulta un tanto el análisis de la misma, porque muy poca gente maneja ambos códigos. Dificulta también la clasificación de la escritora dentro de una categoría establecida, que es a lo que principalmente se dedica la crítica literaria. Como ejemplo bastan los epígrafes de sus libros: los del poemario Requiebros vanos, y de la novela Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido son de Baczyński, poeta polaco muerto en el levantamiento de Varsovia, a los veinticuatro años de edad, en traducción de la misma poetisa:

Tan sólo sabemos: en el último sueño del sufrimiento
hay una casa esculpida en el sol y bajo ella la tierra tibia...

y

Danos labios como nubes celestes
que son puras bajo el trueno cayente.

El epígrafe del poemario Todo está hecho a la medida de ti misma es de Czeslaw Milosz, poeta polaco, premio Nobel de Literatura 1980 y también en traducción de la misma poetisa:

De la materia tenaz ¿Qué podemos rescatar?
Nada, a lo sumo la belleza
Y entonces deben bastarnos las flores del cerezo,
Y los crisantemos y la luna llena...

En cambio el epígrafe del poema Felicidad con el que se inicia Requiebros vanos es de César Vallejo:

Y cuándo nos veremos con los demás al borde
de una mañana eterna, desayunados todos.

Gérard Romuald Szkudlarski nos comenta en el epílogo de la novela Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido: “Del universo fantástico de la novela, sólidamente estructurado parten algunos brotes de otras expresiones vecinas: lo mágico, lo maravilloso, lo extraño, lo sobrenatural, lo esperpéntico, lo diabólico y también lo realista...”

Tanto en su prosa como en su poesía está muy presente la cosmología católica, cuyos personajes, además de los humanos, son los ángeles y demonios, y los lugares, aparte de la Tierra, el Cielo y el Infierno. La novela Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido trata sobre una niña de naturaleza triple humano – demoníaco – angelical, que desde niña recorre “los insondables caminos del Universo”, esto es la Tierra, el Cielo y el Infierno. Son personajes de la obra Dios y Lucifer, y los demonios discuten con los ángeles sobre la naturaleza del Bien y el Mal. Es luego de la lectura de la novela que Gonzalez Vigil le aconseja leer El señor de los anillos de Tolkien, autor en ese entonces casi desconocido en el Perú. Es también después de la lectura de la novela que Onorio Ferrero le presta dos novelas de Gustav Meynrick: El Golem y El dominico blanco. Hay similitud de temas con estas obras, si bien no influencia. De lo que si hay influencia es de la novela El manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki, autor polaco que escribía en francés, y que fue libro de cabecera de la autora, mientras escribía la novela; de Sor Juana de los ángeles de Jaroslaw Iwaszkiewicz; de las obras de Isaac Bashevis Singer, de las escandinavas Sigrid Undset y Selma Lagerlof; y por supuesto de los peruanos como José María Arguedas y Alfredo Bryce Echenique; y de los latinoamericanos como Jorge Luis Borges y García Márquez.
Podemos decir pues que la obra de Isabel Sabogal es de múltiples influencias culturales, con algunos temas puntuales que la atraviesan: el erotismo, la recreación de tópicos clásicos como el efímero paso del tiempo en el poema Carpe diem, el amor y la muerte, la presencia tangible del Bien y el Mal, a través de la presencia de Dios y Lucifer, de los ángeles y demonios, entremezclado todo con “el más acá de lo diario”. En el poema Cayara vemos la ligazón de la autora al mundo andino y al universo arguediano. Los personajes míticos a los que allí alude están presentes en la mitología andina y en el libro Mitos, cuentos y leyendas del Perú, recopilación que hicieran José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos.

Lima, 2006

Lo escribí en tercera persona en respuesta a algunos comentarios e interrogantes sobre mi obra, tales como la pregunta clásica: "¿A que generación perteneces?”.