domingo, 23 de septiembre de 2007

Sobre la obra literaria de Isabel Sabogal


Respecto de su obra Pedro Granados nos dice en su artículo Los poetas vivos y más vivos del Perú, y también de otras latitudes: “De Requiebros vanos cabe puntualizar lo que dice Javier Sologuren en el breve prólogo al libro: "Es en el amor y la muerte, hontanares que jamás cesan, donde abreva su verso imbuido de una pureza adolescente y abierto a relampagueos visionarios". Afines en el espíritu y semejantes en calidad, agregaríamos, a los del joven y malogrado poeta Javier Heraud. Pureza (autenticidad), capacidad de visión y tino de una muchacha que, aunque sea también lo femenino un tema visible en su obra, acierta en no tratar de escribir de modo fundamentalista, sino que nos habla del "amor y la muerte" que es común a todos.”
Pedro Granados distingue además en su poesía un aura núbil y feérica, y un inquietante, sutil y hondo erotismo, aunque diriamos que muy sutil en comparación a lo que han escrito y publicado otras mujeres de su edad.

Podemos decir que en la obra de Isabel Sabogal, como bien lo señala Granados, al describir su obra como “escrita desde el entrecruzamiento cultural”, confluyen dos vertientes literarias y culturales básicas: la hispano – andina propia del Perú y la polaca. Esto dificulta un tanto el análisis de la misma, porque muy poca gente maneja ambos códigos. Dificulta también la clasificación de la escritora dentro de una categoría establecida, que es a lo que principalmente se dedica la crítica literaria. Como ejemplo bastan los epígrafes de sus libros: los del poemario Requiebros vanos, y de la novela Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido son de Baczyński, poeta polaco muerto en el levantamiento de Varsovia, a los veinticuatro años de edad, en traducción de la misma poetisa:

Tan sólo sabemos: en el último sueño del sufrimiento
hay una casa esculpida en el sol y bajo ella la tierra tibia...

y

Danos labios como nubes celestes
que son puras bajo el trueno cayente.

El epígrafe del poemario Todo está hecho a la medida de ti misma es de Czeslaw Milosz, poeta polaco, premio Nobel de Literatura 1980 y también en traducción de la misma poetisa:

De la materia tenaz ¿Qué podemos rescatar?
Nada, a lo sumo la belleza
Y entonces deben bastarnos las flores del cerezo,
Y los crisantemos y la luna llena...

En cambio el epígrafe del poema Felicidad con el que se inicia Requiebros vanos es de César Vallejo:

Y cuándo nos veremos con los demás al borde
de una mañana eterna, desayunados todos.

Gérard Romuald Szkudlarski nos comenta en el epílogo de la novela Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido: “Del universo fantástico de la novela, sólidamente estructurado parten algunos brotes de otras expresiones vecinas: lo mágico, lo maravilloso, lo extraño, lo sobrenatural, lo esperpéntico, lo diabólico y también lo realista...”

Tanto en su prosa como en su poesía está muy presente la cosmología católica, cuyos personajes, además de los humanos, son los ángeles y demonios, y los lugares, aparte de la Tierra, el Cielo y el Infierno. La novela Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido trata sobre una niña de naturaleza triple humano – demoníaco – angelical, que desde niña recorre “los insondables caminos del Universo”, esto es la Tierra, el Cielo y el Infierno. Son personajes de la obra Dios y Lucifer, y los demonios discuten con los ángeles sobre la naturaleza del Bien y el Mal. Es luego de la lectura de la novela que Gonzalez Vigil le aconseja leer El señor de los anillos de Tolkien, autor en ese entonces casi desconocido en el Perú. Es también después de la lectura de la novela que Onorio Ferrero le presta dos novelas de Gustav Meynrick: El Golem y El dominico blanco. Hay similitud de temas con estas obras, si bien no influencia. De lo que si hay influencia es de la novela El manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki, autor polaco que escribía en francés, y que fue libro de cabecera de la autora, mientras escribía la novela; de Sor Juana de los ángeles de Jaroslaw Iwaszkiewicz; de las obras de Isaac Bashevis Singer, de las escandinavas Sigrid Undset y Selma Lagerlof; y por supuesto de los peruanos como José María Arguedas y Alfredo Bryce Echenique; y de los latinoamericanos como Jorge Luis Borges y García Márquez.
Podemos decir pues que la obra de Isabel Sabogal es de múltiples influencias culturales, con algunos temas puntuales que la atraviesan: el erotismo, la recreación de tópicos clásicos como el efímero paso del tiempo en el poema Carpe diem, el amor y la muerte, la presencia tangible del Bien y el Mal, a través de la presencia de Dios y Lucifer, de los ángeles y demonios, entremezclado todo con “el más acá de lo diario”. En el poema Cayara vemos la ligazón de la autora al mundo andino y al universo arguediano. Los personajes míticos a los que allí alude están presentes en la mitología andina y en el libro Mitos, cuentos y leyendas del Perú, recopilación que hicieran José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos.

Lima, 2006

Lo escribí en tercera persona en respuesta a algunos comentarios e interrogantes sobre mi obra, tales como la pregunta clásica: "¿A que generación perteneces?".

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