lunes, 29 de abril de 2019

Sobre la novela "El viaje de los hombres del Libro" de Olga Tokarczuk


Esta será una breve reseña de la novela „El viaje de los hombres del Libro” de Olga Tokarczuk.
La novela gira en torno a un Libro, de cuya existencia se hablaba en las hermandades secretas de París en el siglo XVII. Este Libro, en el cual Dios „había escrito su perfección,  su falta de inicio y su eternidad”*, habría sido dado por Dios a Adán. Pero luego de que Adán buscara un conocimiento que no era divino „Dios se apartó del hombre y le quitó el Libro”.** Sin embargo, Adán le suplicó tanto, que se lo devolvió. El Libro pasó de generación en generación, de Adán a Set y de Set a Enoc. Y cuando Enoc llegó al Cielo, convirtiéndose en ángel „desapareció para siempre el Libro Sagrado. Pero Dios le prometió a Enoc, que llegado el tiempo, lo devolvería a los hombres”.***
Luego no se supo más del Libro, hasta que en 1378, un holandés, cuyos iniciales eran H.C.R., lo llevó de Damasco a Europa. Lo dejó en un monasterio en medio de los Pirineos, prometiéndose a sí mismo, regresar por él, cuando la gente ya estuviera preparada para recibirlo. Fundó una hermandad que había de ocuparse de reformar el mundo. Pero la historia se interpuso, sucediéndose las guerras, una tras otra. Antes de morir, dibujó en un papel, el mapa del lugar donde había dejado el Libro.
El texto referente al Libro se leía al comienzo y al final de las reuniones de la Hermandad Secreta, a la que pertenecían, entre otros, de Chevillon, quien dirigía las reuniones. Cierta vez, éste apareció con la noticia de que había logrado conseguir los mapas del lugar donde se encontraba el Libro. No había pues más que partir al monasterio abandonado, en la sierra del Cadí en los Pirineos, recoger el Libro, cargarlo a lomo de mula y regresar.
Y entonces salió a relucir, que la gran mayoría de los miembros de la Hermandad, no creía en la existencia real del Libro. Algunos lo interpretaban como un símbolo, otros decían que la humanidad aún no estaba preparada para recibirlo. Los únicos dispuestos a partir en la búsqueda del Libro, resultaron ser, de Chevillon, el caballero d’Albi, el Marqués y el banquero de Berle, quien financiaría el viaje.
D’Albi era el menor de todos y estaba enamorado de la cortesana Verónica, a quien había prometido matrimonio. Cosa que, por la diferencia social entre ambos, era imposible de realizarse en París, por lo que le pidió que se uniera al viaje.
Verónica fue la primera en llegar al punto acordado, a una posada en los arrabales de Saint-Antoine, en las afueras de París. Llevaba consigo dos cofres con sus enseres, entre los cuales se encontraba su traje de novia.
Era un día caluroso. Y el hecho de que dejara por primera vez su ciudad natal, más la promesa de matrimonio, la tenían muy emocionada. Luego de un largo rato vio llegar un carruaje. Pero no era el caballero d’Albi, sino los otros dos miembros de la expedición, el Marqués y de Berle. La saludaron con una breve inclinación de cabeza, deduciendo que era la amante de d’Albi, de la que éste les había hablado. El marqués quedó impactado por su belleza inusual.
Pasó una hora más, hasta que finalmente llegó un mensajero con una misiva de parte del caballero. En ésta les contaba que había caído preso por participar en un duelo, cosa prohibida por el rey. Pero que no se preocuparan, porque su padre lo sacaría pronto del apuro y que partieran a esperarlo en la mansión de de Chevillon en Châteauroux, donde iría a alcanzarlos a la brevedad posible. Les encomendaba, asimismo, el cuidado de Verónica, hasta su llegada.
Entonces resultó que el cochero estaba visiblemente enfermo. Decidieron enviarlo de vuelta a casa en el carruaje que el caballero le había prestado a Verónica. Se encontraron ante un dilema, del que los salvó el posadero, ofreciéndoles de cochero a Gauche, el chico que le ayudaba con los caballos.
Gauche, que significa izquierdo en francés, fue un niño expósito, que encontraron las hermanas clarisas un atardecer de invierno, bebe aún, echado sobre la nieve en la puerta del convento. Lo criaron y cuando llegó a ser púber, lo lanzaron al mundo, acompañado de su perro. El chico tenía una conexión especial con los animales, sobre todo con los caballos. Entendía todo, pero no podía hablar.
Partieron pues, apurándose en hacerlo, antes de que cayera la noche. En la posada de Angerville, donde pararon a pasar la noche, se les unió Burling. Era éste un preceptor inglés, quien estaba en ruta, de Fulham cerca a Londres a Toulouse. Allí había de recoger  a su pupilo, quien viajó a aprender francés y modales de mundo; y llevarlo de vuelta a Inglaterra. Prosiguieron el camino juntos y congeniaron tanto, que al llegar al desvío hacia la mansión de de Chevillon, lo invitaron a acompañarlos.
De Chevillon los acogió gustosamente en su casa. Todo su personal de servicio era negro, del color del ébano, cosa que asombró tremendamente a Verónica, quien por primera vez veía algo así. Las paredes estaban cubiertas con diversas pinturas, siendo la preferida del dueño de casa „San Jorge y el dragón” de Paolo Uccello.
Mientras de Chevillon se encerraba con el Marqués y de Berle para llevar a cabo sus reuniones secretas, Burling inspeccionaba los alrededores y Verónica paseaba con Gauche por el jardín. Resultó que el chico sabía también de plantas, no sólo de caballos. Verónica se sentía bien en su compañía, pues al fin había hallado a alguien que la escuchaba, mientras que ella, como cortesana, se había pasado la vida, escuchando las confesiones de otros.
Sin embargo, pasaron varios días y el caballero d’Albi no llegaba. Tampoco había noticias suyas. La espera se estaba prolongando demasiado.
De Berle, preocupado, deseaba regresar a París, donde había dejado a su esposa encinta del próximo hijo y postergar el viaje para la primavera. Por otro lado, de Chevillon, tanto por su edad, como por su estado de salud, no estaba en condiciones de acompañarlos. Al séptimo día de Berle manifestó que retornaba a casa.
- Entonces partiremos sin ti”**** - dijo el Marqués, refiriéndose a sí mismo, Verónica y Gauche.
De Berle protestó, diciendo que eso era una profanación, por tratarse de una mujer y un retrasado mental. Pero al ver que no lograría convencer, ni al Marqués, ni a de Chevillon, se fue tirando la puerta.
Y es que el Marqués tampoco quería seguir esperando al caballero, pues se estaba enamorando perdidamente de Verónica. Así que fue donde Verónica, diciéndole que el caballero la había abandonado y que ya no había para qué esperarlo, declarándole luego su amor. Siendo obviamente aceptado, pues Verónica vivía del amor y para ella el amor lo era todo.
Así que al día siguiente partieron de Châteauroux, despidéndose efusivamente de de Chevillon, quien se quedaría esperando a que retornaran con el Libro, sin saber que fallecería poco tiempo después. Se les unió Burling, quien los acompañó hasta el desvío hacia Toulouse. 
Corría el año de 1685. El Rey Luis XIV había emitido un edicto, según el cual, los hugonotes, o se convertían al catolicismo, o se veían obligados a abandonar el país. Los caminos estaban atestados de gente. De familias enteras que avanzaban con sus enseres rumbo al norte, a comenzar una nueva vida en los Países Bajos.
El Marqués pensó por un momento en su madre, que era protestante y de quien se había distanciado, al convertirse al catolicismo en un acto de rebeldía.
Mientras tanto, en el carruaje, tal como lo hiciera desde que se conocieron en la posada de Angerville, Burling citaba a los poetas ingleses, enredándose en interminables discusiones filosóficas con el Marqués. En un arrebato de sinceridad, este último le habló del Libro, confesándole el motivo del viaje.
Burling se despidió finalmente, octubre se transformó en noviembre y llegaron a los Pirineos. Dejaron el carruaje, hecho para las llanuras, en una posada y siguieron viaje a caballo. Cierta noche no encontraron ninguna posada, teniendo que dormir entre las rocas, a la luz de las estrellas.
Al atardecer siguiente llegaron a la pequeña ciudad de Montréjeau entre los cerros. El único hombre que accedió a hablar con ellos, les dijo que todo estaba cerrado a causa de la peste y que partieran de allí cuanto antes.
Siguieron avanzando y cuando la oscuridad se hizo total y el camino se convirtió en un sendero pedregoso, dieron con una casa de piedra, clavada en la pared del cerro. La mujer que les abrió la puerta, fue a llamar a un anciano, quien los invitó a pasar adentro, sin escuchar lo que decían. Tan sólo los caballos se quedaron afuera, pues la casa no tenía establo.
Al día siguiente, durante el desayuno en una terraza por la que corría el viento, el dueño de casa se presentó diciendo llamarse Delabranche. Y sin esperar a que se lo dijeran, manifestó saber que estaban en ruta a la sierra del Cadí en España. Dijo también, que aproximadamente una vez cada cien años, alguien iniciaba esa travesía. Ante las preguntas de sus huéspedes, dijo ser un médico y ermitaño.
Luego del desayuno los invitó a ver la casa, la cual estaba cavada en la roca. Bajaron por unas gradas empinadas, hacia un pasadizo que daba a diferentes habitaciones. Una de ellas era un taller de alquimia, con todos los aparatos para destilar metales. Esta habitación conducía a otra, en la cual, en un pote, sobre la mesa, flotaba el homúnculo. 
Era un pequeño ser humano, totalmente desnudo, de rostro hermoso, piel pálida, casi fosforescente y cabello negro. „Sus inmensos ojos negros expresaban una inteligencia sobrehumana”. ***** No tenía ombligo, tetillas ni tampoco sexo. Se sostenía en el agua, sin mover brazos ni piernas. Contemplaba fríamente a los visitantes, con una expresión de arrogancia.
Delabranche le dio de beber la gota dorada de un líquido que se hallaba en un frasco al costado.
- Lo alimento con la esencia de mi sangre” - dijo - „Arcanum sanguinis humani. En cierto sentido es mi hijo”.****** 
Dijo también estar preocupado, por no saber quién lo alimentaría, cuando él muriera. A lo que Verónica se ofreció a hacerlo con su propia sangre.
Durante todo el día siguieron visitando la extraña casa, incluyendo la biblioteca de Delabranche, que era impresionante. Al anochecer se repusieron de tan agotadora visita, con tartas y vino caliente, ya que en casa de Delabranche, no se servía carne. Luego éste los invitó nuevamente a la biblioteca, donde les mostró el manuscrito de su obra: „La taumatología o sobre las cosas milagrosas”. Gauche, mientras tanto, fue a ver al perro y los caballos y Verónica se dormía, así que el único interlocutor del dueño de casa, resultó siendo el Marqués.
Hablaron, entre otras cosas, sobre la revelación y Delabranche dijo: „La sabiduría que procede de la revelación no es transmisible”.******* 
Hablaron sobre los milagros y Delabranche dijo:
„- No hay milagros en el sentido literal. Si todo contiene todo, si está claro que cualquier cosa puede transformarse en otra, no puede haber milagros, ante los cuales habría que caer de rodillas. Aquello que considerábamos un milagro, era en realidad, un intento por definir un fenómeno inusual de causas desconocidas. Dios no crearía las leyes que rigen este mundo, para luego quebrarlas”.********
El Marqués se puso a hojear los varios tomos del libro, el cual contenía tales capítulos, como: „Tratado sobre los imanes”, „Las predicciones naturales del futuro”, „Sobre la curación a través de la belleza” y muchos otros más. En el capítulo „Sobre la partenogénesis” el autor argumentaba que ésta „sucede entre los humanos una vez cada ciento veinte años y siempre en primavera.”*********
El último capítulo trataba sobre el homúnculo y estaba trabajado al detalle. En el párrafo final decía: „De todas las criaturas creadas por Dios, el ser humano es la más perfecta (…) y si éste logra el conocimiento para llamar a la vida a otro ser humano, no mediante la vía de la procreación natural, sino a través de la razón, esa chispa divina en cada uno de nosotros, eso significa que finalizó un ciclo en su desarrollo. Tal vez, de esa manera, se redimió para siempre el pecado original, iniciándose desde aquí el siguiente paso hacia Dios”.**********
El Marqués manifestó estar impresionado con tamaña obra, diciendo, sin embargo, al final:
„- Toda obra humana será siempre el reflejo de algo más perfecto. Todo libro escrito por el hombre es un reflejo de aquel Libro. Vivimos en un mundo de reflejos, sombras, imperfecciones, lo cual no significa que la perfección pura no exista”.*********** 
Antes de que partieran, Delabranche les preparó varios mapas, indicándoles por donde evadir los puestos fronterizos españoles, que les exigirían el certificado de haber pasado la cuarentena. Dijo que Verónica no se veía bien, por lo que le dio un frasquito con quinina. 
„- Tú, señor, tampoco te ves bien” - le dijo al Marqués - „Llevas en el rostro la sombra de Saturno”.************
Al día siguiente retomaron el viaje. Dejaron los caballos, llevándose a las mulas de Delabranche, animales más resistentes para avanzar por los caminos que los esperaban. Lograron pasar desapercibidos la línea fronteriza. La geografía era cada vez más abrupta, los terrenos más despoblados y el clima más inclemente.
Llegaron a un pequeño poblado, donde pidieron un guía que los condujera hacia la sierra del Cadí. Pero los pobladores se negaron, diciendo que ése era uno de lo últimos lugares donde habitaban los dragones. Dejaron allí a una de las mulas, a modo de pago, por el hospedaje y la comida miserable.
La primera en sentir los síntomas de la enfermedad fue Verónica. A pesar de la quinina que le había dejado Delabranche, murió poco tiempo después. El Marqués y Gauche la cubrieron con piedras a modo de entierro, pues no había como cavar la roca y siguieron camino. 
Siguieron avanzando hasta el final de la meseta. Y de pronto el Marqués vio lo que buscaba. Lo que antes aparecía cubierto por la niebla, era un valle hermoso, lleno de verdor y flores, como si fuera primavera, con unas ruinas al medio.
Pero el Marqués, de quien también se había apoderado la enfermedad, ya no tenía fuerzas para avanzar. Le encargó a Gauche que bajara y le trajera el Libro. Al comprender que se estaba muriendo, se asombró, „pues no creyó que el morir pudiera ser tan jugoso, tan claro y tan lleno de movimiento”.************* 
Si bien arriba corría el viento helado y la nieve, el valle era cálido, lleno de frutas y de un verdor que embriagaba. Gauche cogió unas cuantas frutillas y se las llevó al Marqués, pero lo encontró muerto.
Volvió a bajar al valle, en medio del cual había una fuente, en la que Gauche se lavó y de la cual bebió agua. Al fondo había una iglesia, con la puerta entreabierta, hacia la cual Gauche avanzó, luego de saciarse de frutas silvestres. Al fondo de la iglesia, en el lugar del altar, había un pozo. Gauche bajó por sus escalinatas internas, llegando a una habitación, cuyas paredes desprendían una clara luminosidad.
Y allí dentro, encima del único anaquel, estaba realmente el Libro. Empezó a hojearlo, sin entender qué significaban esos signos negros que cubrían sus páginas, pues nadie le había enseñado a leer ni a escribir.
¿Y eso era todo?, se preguntó decepcionado, ¿para eso habían hecho el esfuerzo descomunal de llegar hasta allí?
Y entonces sucedió el milagro. En medio del sollozo, causado por la impotencia que lo embargaba, Gauche gimió de verdad y dijo:
- Soy Gauche.
¡Al fin podía hablar! ¡Se había cumplido el sueño de toda su vida!
Salió corriendo y le dijo a su perro amarillo que lo había seguido hasta allí:
- Gauche. Soy Gauche.
Recordó entonces que tenía que desatar a la mula, antes de que cayera la noche y se la llevaran el viento y la nieve. Y luego partir de vuelta hacia la casa de Delabranche, a recoger a los caballos que tanto quería.
Siguió pues corriendo, dejando en su lugar el Libro que pudo haberle devuelto la vida al Marqués, a Verónica y a de Chevillon…

* Olga Tokarczuk: „El viaje de los hombres del Libro”, p. 20
** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 20 
*** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 21
**** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 110
***** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 172
****** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 173
******* Olga Tokarczuk, op. cit., p. 181
******** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 184
********* Olga Tokarczuk, op. cit., p. 185
********** Olga Tokarczuk, op. cit., Pp. 185 - 186
*********** Olga Tokarczuk, op. cit., p. 186
************ Olga Tokarczuk, op. cit., p. 188
************* Olga Tokarczuk, op. cit., p. 236
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: „El viaje de los hombres del Libro" (Podróż ludzi Księgi)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie, 2019
Número de páginas: 256

martes, 16 de abril de 2019

Sobre el cuarto tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya"

Esta será una breve reseña del cuarto tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya" de Andrzej Ziemiański. Recomendamos leer previamente las reseñas del primer, segundo y tercer tomo de la misma, publicadas en el blog.
Tal como narramos en la reseña anterior, entrando al templo de Banxi, Tomaszewski dio con un ciego, quien dijo haber llegado a la Ciudad de los Dioses, donde se encontraba el monumento de la Emperatriz Acaya. Dijo también que lo habían enceguecido para que no pudiera mostrarle a nadie el camino. Trataron de sacarle la mayor información posible, pero éste murió poco tiempo después.
La noticia de la presencia de los anglos puso en alerta a los polacos, pues cobraron conciencia de no tener la hegemonía, de la que estaban seguros, en ese lado de la Cordillera. Decidieron pues enviar a dos personas a hacer un reconocimiento del terreno en el otro continente. La elección cayó en Kai y Nuk quienes, por ser lugareñas, no llamaban tanto la atención. Además Kai, como maga, tenía la capacidad de aprender cualquier dialecto o idioma de inmediato, impregnándose de él y hacer que lo aprendiera la persona que la acompañaba. En cuanto a Nuk había sido parte de los Servicios Especiales del Imperio y era veterana de varias guerras. Para ello recibieron un entrenamiento de apenas diez días, de parte del mayor Pełczyński, quien les enseñó como utilizar el paracaídas y los rudimentos de la estrategia de espionaje.
Pero resultó ser que el ciego era un espía y que la información que les dio fue falsa en gran medida. A pesar de eso las chicas se las arreglaron y dieron con un bandido amigable, quien les aconsejó como hablar y vestirse para pasar desapercibidas. Y así  fue como llegaron al Reino de Nayer, donde efectivamente, se encontraban los anglos. 
Pero a éstos les era muy difícil transportar toda la tecnología que poseían, por vía terrestre, a través de la Cordillera. La situación del reino era desastrosa, no había mercados ni alimentos a la vista, pero las chicas se salvaron del hambre, entrando a trabajar como cocineras donde el comandante de la ciudad.
Al descubrir que el ciego era un espía, Tomaszewski preocupado partió en el autogiro a hacer su propio reconocimiento y a ver qué pasaba con las agentes. Así fue como dio con la fortaleza de Tor Avahen, donde lo curaron de las heridas infringidas por un grupo armado del Reino de Nayer, que los atacó, matando al resto de la tripulación. De paso se enteró que la única asociación que tenían los pobladores del lugar con el Imperio, del cual era aliado, era de que Acaya los atacó hace mil años. 
En la fortaleza conoció a Ina, una de las mujeres entrenadas para volar con un aparato parecido a una cometa. La chica era del tamaño de una niña y Tomaszewski se asombró de entenderse tan bien con ella, a pesar de proceder ambos de culturas y universos tan diversos. La llamaba Inna, lo cual significa "otra", "diferente" en polaco. Allí conoció también a Vaun, quien comandaba la fortaleza y quien ordenó a Ina que partiera con Tomaszewski a buscar refuerzos del Ejército Polaco, para evitar que el archivo que poseían cayera en manos de Nayer. Y para evacuar a la población ante el inminente ataque de éstos. Ese archivo era importantísimo, pues contenía la clave para llegar al Polo, donde se encontraba la Ciudad de los Dioses.
Y es que para cruzar el lugar llamado el Infierno y llegar al Polo se requería de un guía, el Libro del Paso y hacer cálculos matemáticos avanzadísimos. Kai dio con el Libro del Paso en el Reino de Nayer, pero éste contenía códigos que le resultaban ininteligibles…

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya” (Pomnik Cesarzowej Achai), tomo IV
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2014
Número de páginas: 766

martes, 9 de abril de 2019

Sobre el tercer tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya"

Esta será una breve reseña del tercer tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya" de Andrzej Ziemiański. Recomendamos leer previamente las reseñas del primer y segundo tomo, publicadas en el blog.
El tercer tomo se inicia con la expedición polaca, a cargo de Tomaszewski, navegando a ver que pasó con la nave „Gradient” que partió a hacer un reconocimiento en Banxi y con la cual se perdió la comunicación. Dieron con la nave vacía, sin encontrar a nadie a bordo.  El ambiente estaba cargado, aunque ni siquiera se podía definir cuál era esa carga. No había huellas de sangre ni de lucha alguna. En medio de la búsqueda encontraron unas cintas de películas tituladas „Fenómenos", "Fenómenos intensos” y otros más. Empezaron a verlas para entender que fue lo que pasó, pero las cintas sólo mostraban, la misma cabina en la que se encontraban, hasta el cansancio. En la última cinta que lograron ver, los tripulantes primero señalaban, luego disparaban con la ametralladora y finalmente le tiraban granadas a algo que parecía emerger de debajo del agua, pero no se veía qué.
La Wyszyńska revisó el diario del botiquín de la nave, según el cual todos solicitaban cantidades ingentes de somníferos, antes de que la huella de su presencia en el barco desapareciera definitivamente. Encontró también una lata de conservas con huellas de mordida humana, como si alguien hubiera tratado de abrirla con los dientes. Dieron con las chalupas de la nave que navegaban cerca a la deriva. Efectivamente, estaban ahuecadas en la base.
Bajaron a tierra, siguiendo la huella del hombre, que según Kai percibía con sus poderes, llegó a alcanzar la orilla. 
- Pero no llegó lejos - dijo ella - Pues llevaba la muerte dentro suyo.
Era una tierra helada donde no crecía nada. Un viento frío les calaba los huesos. Al poco tiempo dieron con un poblado miserable, compuesto de puras tiendas. Sus pobladores estaban tan aterrados, que ni siquiera atinaban a musitar alguna respuesta a las preguntas que les hacía Tomaszewski. Amenazándolos de muerte logró que le dijeran donde estaba enterrado el tripulante del „Gradient”, quien según ellos había fallecido de muerte natural. Tomaszewski exigió que lo desenterraran para determinar la causa de su muerte, a lo que se negaron rotundamente, según dijeron, por temor a „la maldición”. El temor era tan grande, que otra vez hubo que amenazarlos de muerte, para que procedieran. Mientras tanto Kai desapareció misteriosamente. Pero esta vez, ni siquiera las amenazas de muerte de Tomaszewski, quien desesperado, exigía que le dijeran dónde estaba la chica, surtieron efecto. Ya iban a fusilar a un miembro de cada familia del poblado, cuando los ingenieros Wyszyńska y Załuski encontraron a Kai.
Lo que había pasado es que la chica, en algún momento, se apartó del grupo. Luego, guiada por un llamado incógnito, levantó la tela de una de las tiendas, para ver que hacía el hombre que estaba allí sentado. Era un anciano, quien con un desprecio absoluto la trató de traidora, preguntándole por la gente que se diferenciaba de los demás en el barco. Hacía que Kai se retorciera de dolor, cada vez que demoraba en responder. Kai veía a Tomaszewski y la gente de la tripulación buscándola desesperados, entrando de tienda en tienda y trató de llamarlos, pidiendo auxilio. Pero la magia del hombre era poderosísima. Hacía que no pudieran verlos ni escucharlos.
Kai estaba tirada en el suelo, prácticamente sin vida, cuando la encontraron los dos ingenieros, en quienes la magia no hacía ningún efecto. Hubo que aplicarle adrenalina para reactivar la actividad del corazón. La Wyszyńska le disparó al mago, seguida de Tomaszewski, quien lo hizo en un arrebato de furia, impropio de su temperamento. Antes de que partieran le comunicaron, que el cuerpo desenterrado no llevaba ni la más mínima seña de putrefacción…

Poco tiempo después Izaak Rosenblum, miembro del Servicio de Inteligencia de la Marina de Guerra de Polonia y brazo derecho de Joachim Wentzel, pidió tener una entrevista con Rand. Le comunicó que estaba furioso por el ataque del que Kai había sido objeto y que el Consejo de Magos merecía un escarmiento. Y es que Kai, mientras tanto, había obtenido el grado de capitán en la Marina de Guerra de Polonia. El ataque a su persona, era pues, un ataque a un miembro de sus Fuerzas Armadas.
Rand ideó entonces que, a modo de escarmiento, Kai obtuviera el grado de Maestra en Magia. Y que la ceremonia, a la cual la asistencia del Consejo de Magos sería obligatoria, se realizara en el mismísimo Palacio Imperial de Negger Bank.
Durante la ceremonia, el maestro de la Escuela de Danoine sostuvo una conversación larguísima con Tomaszewski, diciéndole para empezar:
"Te transmitiré tan sólo un espejismo tejido de palabras, un reflejo tullido de las cosas verdaderas.” *
Luego de lo cual le relató, entre otros, lo siguiente: „Cuando los Dioses abandonaron nuestro mundo, dejaron detrás suyo lugares llamados cepas. Lugares donde se manifestaba la magia de los Dioses. El ser humano había de conocer esa magia. Pero no de golpe, no en sus inicios, porque se trata de cosas demasiado peligrosas. Todo reposa pues en las endósporas, esperando el momento en que la humanidad esté preparada.” **
Y ese momento se dará, le dijo "En el instante en el que por la opresión de los Ziemcy, los humanos necesiten ayuda. Si eso no sucede, las endósporas se cerrarán para siempre.” ***
¿Pero cómo abrir las endósporas? A través de una clave, dijo el maestro. Y esa clave sería el ser humano. Pero no un ser humano concreto, sino un grupo de gente. Pues, tal como siguió explicando: „¿Cómo encargar la misión a un solo ser humano?¿Y si fallara? ¿Entonces a un grupo de gente? No, no... Era toda una raza.
- ¿Raza? ¿Es que entendí bien? ¿Una raza humana?" - preguntó Tomaszewski.
„- Sí - respondió el maestro - "Gente, cuyos nombres procedían de las estrellas. Gente ungida para ser la élite del Reino más antiguo de Troy." ****
Y esos nombres eran Orión, Sirio, Amaltea y Acaya. Siendo la constelación de Acaya, un cuerpo invisible, a diferencia de los otros,  desde el mundo de los Ziemcy
Pero en algún momento, dijo el maestro, se rompió la transmisión de la clave de una generación a otra. Y la única representante de esa antigua raza pura, de la que se sabía algo concreto, era la Emperatriz Acaya. Y por eso hubo gente, que hizo esfuerzos inimaginables, para proteger su tumba. 
El maestro dijo además que los Ziemcy ya habían llegado. Pero que llegaron antes del tiempo previsto por el plan divino, no estando la humanidad todavía preparada para ello. Pero por lo mismo, tampoco los Ziemcy lo estaban.

Luego de entregar los dos retazos de tela labrada en la base de Kong, Shen pasó a la clandestinidad. A través de los cuentacuentos callejeros, auspiciados generosamente por Rand, que iban de plaza en plaza y de pueblo en pueblo, la gente se fue enterando de la hazaña de Shen al tomar la cárcel de Negger Bank. Empezaron a llamarla la Liberadora del pueblo. Se pasaron la voz de donde se encontraba su campamento en las montañas y empezaron a acudir a él como voluntarios. Shen era tanto más reconocible, en tanto que el Imperio le puso un precio a su cabeza, estando los anuncios con su imagen en los lugares más concurridos de los pueblos.
Kadir siempre la acompañaba, apoyando no sólo con el armamento, sino también con su consejo y reflexiones. Sólo en sus brazos Shen lograba hallar el sosiego y supo, que a pesar de la diferencia de edad, pues él era mucho mayor que ella, era el hombre de su vida.
Los polacos produjeron más munición y piezas de repuesto para las „ametralladoras de Kadir”, en caso de que las necesitaran. Si bien, como oficialmente, no se metían en la contienda, lo hicieron de manera clandestina.

A través del amuleto que Kai le regalara alguna vez a Shen en el puerto de Yah, ambas podían comunicarse mentalmente. No era una comunicación directa, se daba más a través de sensaciones e imágenes que aparecían en sueños. Así fue como ambas supieron, que estaban cerca, la una de la otra, cuando Shen aún estaba luchando por sobrevivir en el bosque de Sait
Y ahora también, Kai supo que Shen estaba mal y que se encontraba, rodeada de libros, en un templo de la Orden, ubicado en la punta de un cerro, cerca al camino a Banxi. Y que quería transmitirle algo muy importante referente a la ascensión por los cerros, la Orden y la Cordillera de los Dioses.
Efectivamente, Shen había llegado, acompañada de Nuk y Sharri, a una biblioteca de la Orden, que perduró en la Cordillera, en la ruta de los contrabandistas. Allí las atendió Brethe, bibliotecaria simpatiquísima, quien vivía sola en aquellas lejanías. Y fue allí donde Shen, atacada por una fiebre altísima, gritó en medio de su delirio que Kai había estado en peligro de muerte, pero que se había salvado. 
Luego de que Shen se repusiera con las hierbas y cortezas de árbol que le preparara Brethe, las chicas se enteraron, revisando los materiales de la biblioteca y conversando con la bibliotecaria, que hubo miembros de la Orden que lograron cruzar al otro lado de la Cordillera de los Dioses. Esa, efectivamente, era una información importantísima y Shen movió cielo y tierra para pedir encontrarse con Tomaszewski. Cosa que no era nada fácil, al encontrarse Shen en plena clandestinidad. Tomaszewski llegó en un autogiro al lugar acordado, trayéndole de regalo un manual referente a la estrategia de la guerra de guerrillas, tema en el cual, como le dijo, los polacos tenían mucha experiencia.
Y es que hasta ese entonces los polacos creían ser los únicos en haber cruzado la Cordillera que separaba los dos mundos. Pero como esta novela pareciera ser una novela sobre universos en expansión, posteriormente se fueron enterando de más detalles sobre el asunto.

Un tiempo después los polacos partieron hacia el templo de Banxi, divididos en dos fuerzas, independientes la una de la otra. La de la Marina de Guerra, comandada por Tomaszewski, quien llevaba consigo los dos retazos de tela labrada, rescatados por Shen en la base de Hai Lo Park. Los acompañaba la Wyszyńska, así como Meredith, a quien Kai había hecho retornar a la vida. Éste estaba feliz, montando el caballo percherón que recibió de los polacos. Y obviamente Kai, a quien éste cariñosamente llamaba „mosquita”.
Y la otra, del Ejército, comandada por Baranowski, acompañada por los magos del Ejército Imperial. Si bien, teóricamente, la dirigía la coronel Thien, siendo los polacos sus aliados.
Los magos estaban desesperados por llegar, antes de la gran conjunción, a destruir el altar del templo de Banxi. Pero, poco tiempo antes, Baranowski ordenó acampar para dar socorro y reposo a las soldados heridas. El mayor de los magos trató de explicarle la importancia de llegar al templo a tiempo, diciéndole, entre otras cosas: ”Las soldados se deben sacrificar. Aquí se trata del bien del Imperio. De la existencia de todo el mundo conocido." ***** 
Pero a pesar de sus súplicas, Baranowski, quien no creía en la magia, decidió acampar.
A pesar de esa demora, ambos grupos llegaron casi simultáneamente al templo, si bien Baranowski un poquito antes. Tomaszewski le hizo llegar su reconocimiento por tal hecho a través de Selim Michałowicz y Baranowski aceptó cederle el paso.
Pero el terreno del templo era inmenso, abarcando varias hectáreas. ¿Cómo saber donde se encontraba el lugar al que debían dirigirse, vale decir, el altar? Y entonces la Wyszyńska sacó de su bolsillo el plan del templo de Banxi, con el altar señalizado. ¿De dónde lo tenía, se preguntó Tomaszewski, si el único ser humano que había llegado allí, sin regresar jamás, era el príncipe Osiatyński?

Mientras tanto comenzó la carrera entre Kai, acompañada de Leszek Siwecki y la Wyszyńska por un lado; y el cortejo de más de diez magos por el otro, por llegar el altar. Se encontraron en uno de los pasadizos, exigiendo los magos que Kai les dejara libre el paso. El mayor de los magos le exigió que se pusiera del lado adecuado, el lado indicado por los Dioses. Le llamó la atención por aliarse con un animal, vale decir la Wyszyńska, la cual le causaba tal repugnancia, que ni siquiera quería mirar. Trató de explicarle quienes eran los Ziemcy:
„Seres que surgieron a causa de la evolución animal. ¡Sin alma ni conocimiento de la magia, buscando, no el orden, sino la dominación! Exteriormente son similares a nosotros, pero ése es tan sólo un parecido ilusorio y superficial.”  ******
Y le relató luego lo siguiente:
"No había cómo encontrar el criadero de los Ziemcy en el Universo entero. Los Dioses lo lograron. ¡Y el Dios mayor envió allí a su hijo menor, Jesús, para que lleve la luz incluso a los animales de la camada demoníaca!" ******* 
Pero los Ziemcy, dijo, no quisieron recibir la luz y lo mataron.
Para poder enviar su alma y voluntad al mundo de los Ziemcy, Jesús utilizó el altar del templo de Banxi. Pero luego llegó el príncipe celestial, vale decir Osiatyński, descubriendo el secreto del altar. Y activó parcialmente su mecanismo, de tal manera que la puerta quedó abierta para pasar a ambos lados. 
"Y ahora" - dijo el mayor de los magos - "esos seres ajenos, animales sanguinarios, penetran a nuestro mundo. Uno tras otro. ¡Uno tras otro!" ******** 
Por eso, dijo, había que destruir el altar, antes de la gran conjunción que estaba por darse en un momento. Porque si no, luego de la conjunción los Ziemcy lo reactivarían. Sin embargo Kai, fiel a su grado de capitán de la Marina de Guerra de Polonia, resentida por el atentado del que fuera objeto y recordando las múltiples vejaciones que tuvo que sufrir en la Escuela del Desierto de Danoine, no cedió.

Mientras eso sucedía, Tomaszewski se dirigió hacia el altar por otra vía, listo a cumplir con su plan preestablecido. Y es que, como oficial del Servicio de Inteligencia, había ideado llevar en su grupo a la Wyszyńska, para saber cómo habían hecho los Ziemcy para penetrar la estructura administrativa de la República de Polonia. Pues ya tenía la información certera de que ella era uno de ellos.
Sabía además que ella accedería a cualquier cosa, con tal de poder extender los retazos de tela labrada sobre el altar del templo. Así que se acomodó a esperarla, detrás del altar, que había cableado con materiales explosivos, dispuesto a hacerlo estallar, si ella no respondía a sus preguntas. La Wyszyńska se quedó pasmada, al saber que había sido descubierta. Admitió ser una terrícola, vale decir, una de los Ziemcy. Dijo haber sido captada, todavía en su mundo por la organización del príncipe Osiatyński, partiendo luego en misión al mundo de los humanos.
Pero antes, en el momento de ingresar al templo, Tomaszewski y Mielczarek, su hombre de confianza, encontraron a un ciego, apresado tras unas rejas, quien dijo haber sido enceguecido por haber llegado al lugar donde se encontraba el monumento de la Emperatriz Acaya. Dijo también que era un viajero que procedía del otro continente. Continente que se encontraba en el mismo lado de la Cordillera, en el lado de la magia y del Imperio.
Ahora, al escuchar que hablaban un idioma ajeno, vale decir polaco, el ciego dijo unas cuantas frases en inglés. Tomaszewski quedó desconcertado al comprender que los anglos ya habían llegado al otro continente. La Wyszyńska aprovechó su desconcierto para desactivar el cableado y poner los retazos de tela sobre el altar. La puerta hacia el mundo de los Ziemcy había sido reactivada…


* Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya”, tomo III, p. 348
** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo III, Pp. 348 - 349
*** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo III, p. 349 
**** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo III, p. 349
***** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo III, p. 688
****** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo III, p. 750
*******  Andrzej Ziemiański, op. cit, tomo III, p. 751
******** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo III, p. 752
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya” (Pomnik Cesarzowej Achai), tomo III
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2014
Número de páginas: 800

lunes, 1 de abril de 2019

Sobre el segundo tomo de "El monumento de la Emperatriz Acaya"

Esta será una breve reseña del segundo tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya" de Andrzej Ziemiański. Ya habíamos reseñado anteriormente en este blog el primer tomo, cuya lectura recomendamos, antes de ésta, para que el lector pueda ubicarse en la historia. Recomendamos también, de ser posible, leer la reseña de la novela anterior de la serie.
El segundo tomo se inicia con una de las naves polacas, con Tomaszewski, Siwecki y Kai a bordo, habiendo dejado el Valle de Sait y navegando rumbo a otros puertos del Imperio. El hecho de que llevaran consigo los medicamentos de la empresa "Kocyan y asociados", capaces de curar cualquier enfermedad, hizo que Leszek Siwecki fuera considerado un gran mago y sabio. Luego de haber curado al hijo moribundo de uno de los príncipes, las puertas del Imperio quedaron abiertas ante ellos.
Llegando al puerto de Negger Bank, Tomaszewski dio con un hombre que vendía a un precio irrisorio, jarras de un líquido, llamado aceite de las rocas por los lugareños. Era petróleo y se enteró de que los yacimientos se encontraban en un lugar desértico, llamado la Mala Tierra pues, por más esfuerzos que se hiciera, allí no llegaba a crecer nada. Comprendió de inmediato que se debía llegar a un acuerdo con la Emperatriz para poder construir una línea férrea y usufructuar esos yacimientos. Y de esa manera obtener el petróleo necesario para las naves, en vez de estarlo importando desde Polonia. Lo cual, aparte de ser costosísimo, resultaba sospechoso, pues la misión de la que formaba parte, seguía siendo una misión secreta.
Pero para poder armar un plan concreto necesitaba de mapas y mayor información sobre la Mala Tierra. Así que fue a buscarla con Kai a la Biblioteca de Negger Bank, fundada por uno de los primeros Emperadores del Imperio de Luan. Tomaszewski se quedó asombrado, tanto de lo majestuoso de la construcción, como del hecho de que las bibliotecas públicas existieran en ese mundo desde hace más de mil años. Ya que en su patria, ése había sido un logro del último siglo.
A través del anciano bibliotecario, quien les alcanzaba los materiales, se enteraron de que el príncipe Osiatyński estuvo allí, hace muchísimos años, buscando información sobre el monumento de la Emperatriz Acaya. En el Imperio había un monumento suyo casi en cada pueblo. Pero el príncipe le habría dicho, que el monumento que él buscaba era de tamaño natural. El bibliotecario suspiró añadiendo: "La Emperatriz Acaya. Decían que su cuerpo fue sumergido en resina y amurallado en una de las puertas de Syrinx. Oh... Ahora ya no se sabe, a ciencia cierta, si esas puertas resistieron el paso del tiempo y si esos muros aún están en pie." *

Mientras tanto Shen logró cumplir con la misión que le encargara la mayor Dain, a cambio de lo cual fue encarcelada en condiciones infrahumanas. Le requisaron todo lo que llevaba, incluida la ametralladora que trajo del campamento polaco. Al preguntarle de dónde la tenía, dijo que se la habían dado los hombres de las naves de hierro que navegaban bajo el agua, pero la tomaron por demente. 
Sin embargo hubo alguien que se interesó en sus historias. Ese alguien era Rand, jefe de una red de inteligencia, al servicio de la Emperatriz. Su labor consistía, tanto en seguir los chismes que circulaban por el Imperio, como en crearlos. Y uno de los puntos más importantes para la obtención de rumores era la cárcel. Ya que allí corrían versiones diferentes a la versión oficial de los hechos, que se hacía circular entre el pueblo.
A cambio de una suma nada desdeñable de dinero, el carcelero le entregó la ametralladora para que la revisase y aceptó encerrar a Aie con Shen en la misma celda. Aie era una hermosa muchacha de cabello claro, enormes ojos vidriosos y una figura menuda, que parecía hecha de filigrana. Eso, sumado al hecho de su condición de sordomuda, hacía que nadie sospechara de ella, como de la colaboradora más cercana de Rand. Aie sabía leer los labios y se comunicaba con él, escribiendo en una pequeña pizarrita, que llevaba siempre consigo.
Fue así como Aie fue a compartir la misma celda con Shen, haciéndole creer que era analfabeta y que la habían apresado por dirigir un saqueo de almacenes. A mediodía la sacaban de la celda, supuestamente para interrogarla, pero en realidad para darle de comer algo más sólido que la comida destinada a los presos y para que se entrevistara con Rand, transmitiéndole la información recibida. Así fue como Rand se enteró del encargo de la mayor Dain, de la lucha con los „monstruos” en el bosque de Sait, de los hombres de hierro, que salvaron la vida de las chicas, así como del enamorado tártaro de Shen, que tenía los ojos jalados como dos rayitas diagonales. Y es que el regimiento tártaro, a cargo de Selim Michałowicz, amigo personal de Tomaszewski, era parte de las fuerzas supeditadas a la Marina de Guerra de Polonia.
La ametralladora se la llevó Rand a Kadir, quien era armero. Éste la desarmó, quedándose maravillado ante tamaña tecnología y a partir de lo que vio, ideó otro tipo de  ametralladora, mucho más poderosa, llamada desde entonces la „ametralladora de Kadir”. Presentó su invento al Ejército Imperial para que formara parte de su armamento, pero éste no fue aceptado.
Rand, emocionado con tantas novedades que contar, fue a su audiencia con la Emperatriz, esperando impactarla. Pero se dio con la sorpresa de que ésta ni siquiera quiso escucharlo, recordándole que lo suyo eran los rumores, tanto palaciegos, como de las plazas y mercados. Y advirtiéndole además que no se metiera con el trabajo de los Servicios Especiales, al decirle directamente: „…no metas las manos, donde con seguridad serán cortadas. ¿Me comprendes?” ** 
Poco tiempo después, Rand fue atacado en un callejón cerrado, del cual no había huida. Lo salvó la ametralladora de Kadir, que Aie llevaba consigo y con la cual ella arrasó con los atacantes. Luego del atentado fallido contra su vida Rand, fingiendo siempre estar al servicio de la Emperatriz, decidió voltearse contra ella. Identificó para ello a Shen como la cabeza visible de la revuelta.
A través de Melithe, mujer de su confianza, quien como conocedora de los mares del lugar, conducía la nave en la que viajaba Tomaszewski, Rand logró entrevistarse con él, llegando ambos a un acuerdo de colaboración mutua. A pedido de Rand acordaron, que las soldados, rescatadas de la matanza del valle de Sait, llegaran en las naves polacas a l puerto de Negger Bank. De esa manera quedaría descubierta la mentira oficial, que ya había sido transmitida por los heraldos a nombre de la Emperatriz. Según esa versión todas las chicas habrían muerto a mano de los „monstruos”, por culpa de Shen, quien luego de dirigir mal la acción se habría fugado y a quien había que castigar ejemplarmente.
Mientras tanto Rand organizó el rescate de Shen de la prisión. Con la cabeza cubierta, echada encima de una carreta, sin saber quién, adónde ni porqué la llevaba, Shen llegó a la parte trasera de una almacén, donde le acomodaron un lugar para dormir, indicándole  que esperase, ya que al día siguiente, alguien se comunicaría con ella. 
Al día siguiente apareció Kadir, por encargo de Rand, diciéndole que habría una revuelta, que ya tenían a la gente reunida y que ella sería la voz del pueblo que había de dirigir la acción. Sostuvieron una larguísima conversación en la que Shen le dijo: "Recuerda, el pueblo jamás morderá la mano que le da en el hocico. Jamás. (…) ¡Pero dale al pueblo un dedo para llegar a un acuerdo y entonces, queriendo toda la mano, el pueblo te despedazará el brazo!” ***
Pero resultó ser que la gente que habían juntado, eran unos lumpen, que no sabían de órdenes, ni de estrategia y quienes aceptaron participar, guiados por la promesa de un saqueo. Shen estaba furiosa. Sin embargo, lo cierto es que tenían a favor suyo las ametralladoras de Kadir.
Mientras tanto, con la anuencia de la Emperatriz, quien había autorizado la construcción de la vía férrea hacia la Mala Tierra, las sobrevivientes del Ejército Imperial, llegaron al puerto de Negger Bank. Obviamente, antes de que llegaran, la versión oficial tuvo que cambiar. Ahora eran heroínas de guerra, habiendo sido la ceremonia de su bienvenida, organizada al detalle. Y allí fue que sucedió lo inesperado. Las chicas se negaron a bajar a tierra. En un principio Tomaszewski no entendió que era lo que pasaba. Se lo explicó la solado Maii, lugareña que al casarse con un polaco en el portaaviones de la República de Polonia, se había convertido en ciudadana polaca. Las chicas, y había las que empezaron a gritarlo en voz alta, no bajarían pues no querían volver a dormir en el lodo ni a beber agua de los charcos. Algunas incluso temían que las ajusticiaran por haber huido de los "monstruos". Finalmente aceptaron bajar a tierra, siempre y cuando fueran a parar a la base que se encontraba bajo jurisdicción polaca.
Los familiares, reunidos para recibirlas, recién entonces cobraron conciencia de las condiciones infrahumanas que sufrieron sus hijas y hermanas reclutadas por el Ejército Imperial. El ambiente estaba caldeado y la gente enfurecida.
Siguiendo con el plan de Rand, Shen y Aie, a la cabeza de dos grupos armados atacaron la prisión de Negger Bank. Aie comandaba, dando las señas con un pito. Luego de tomar la cárcel, liberaron a las desertoras del Ejército Imperial, que se encontraban enjauladas, en un estado de inanición absoluta. Las enviaron a la base polaca, para que se recuperaran con los medicamentos de „Kocyan y asociados”. Obviamente, lo hicieron de manera clandestina, para no afectar el trato mutuo con la Emperatriz con los polacos.

Tomaszewski, Kai, Rand y Aie partieron poco tiempo después hacia las ruinas de Syrinx,  que alguna vez fuera la fabulosa capital del Imperio de Luan. Lo hicieron para ver que era lo que habían ido a buscar allí los ingenieros de la expedición polaca. En principio, Tomaszewski había pedido a sus superiores que enviaran un grupo de geólogos para analizar los yacimientos de la Mala Tierra. Pero se dio con la sorpresa que de los tres ingenieros que llegaron al campamento del lugar, con la Wyszyńska a la cabeza, ninguno era geólogo. Más aún, poco tiempo después, los ingenieros partieron hacia las ruinas, sin darle explicación de nada a nadie. 
Al llegar Tomaszewski y sus acompañantes a las ruinas, dieron con un hombre armado, con un tatuaje en la nuca, que Kai reconoció como seña de la Orden. Éste, bajo el impacto de la magia de Kai, que le hizo hablar, dijo que formaba parte de la Orden, la cual jamás dejó de existir. Recordemos, que según la historia oficial, la Orden feneció hacía mil años, vencida por Acaya en la Plaza Principal de Syrinx. Les dijo también que la mujer blanca había aprisionado a la maga de la Orden, con quien habían llegado a las ruinas.
Momentos después se encontraron con la Wyszyńska, quien se enredó, tratando de explicar que hacía allí. Y quien luego los condujo hacia la cápsula voladora del Príncipe Osiatyński, que habían encontrado en las ruinas y donde, conjuntamente con los otros ingenieros, habían hecho su cuartel. En medio de la conversación, Tomaszewski les hizo saber que estaba al tanto de que habían venido a buscar el monumento de la Emperatriz Acaya. Pero, le dijeron, el monumento ya no estaba allí, se lo habían llevado a otro lado.
Ya de noche, cuando los ingenieros dormían, fueron a buscar a la maga de la Orden. La encontraron sedada y encerrada en un cuartucho. Utilizando sus poderes Kai logró despertarla y hacerla hablar. Ésta dijo que la mujer mala la había estado interrogando, queriendo saber adónde se fue el príncipe celestial. Y que éste se había ido a la meseta de Banxi.
„La meseta de Banxi” - anotó Aie en su pizarra, luego de leer los labios de Rand - „región que se encuentra en el fin del mundo. Allí nieva, hay hielo y dicen que se encuentra el bosque más grande de los Grandes Bosques, donde viven los monstruos. Dicen también que allí se encuentra la cepa de los Dioses. Que allí comenzó la Historia.” ****
La mujer mala había querido saber también adónde partió el mensajero de la Orden, al saber que ella y sus compañeros habían llegado a la ruinas. Y que éste había partido a Hai Lo Park. Esta última noticia aturdió a todos, pues Hai Lo Park era la sede secreta, el  corazón mismo de los Servicios Especiales.
Finalmente Kai le preguntó como así, siendo ella una maga poderosa, la mujer logró prenderla e interrogarla. A lo que la maga le respondió diciendo: "¡Ellos no son humanos! (...) ¡Son animales en cuerpos humanos! ¡La magia no puede hacerles ningún efecto, porque se trata de animales dotados de inteligencia!” ***** 
En eso llegó la mujer mala, vale decir la Wyszyńska, quien acabó con la conversación, disparándole a la maga directamente en la cabeza…

Mientras tanto los decodificadores de la red de inteligencia manejada por Rand, lograron descifrar el mensaje que Shen, arriesgando su vida, había hecho llegar a Negger Bank. Rand encargó a Shen que partiera, comandando a las chicas que anteriormente habían formado parte del Ejército Imperial, a rescatar dos trozos de tela labrada, que se encontraban en el tesoro de Hai Lo Park. Shen los había llevado, sin saberlo, cosidos en el bolso que recibió de la mayor Dain. Las acompañaría Kadir, como experto en la ametralladora, que él mismo había ideado.
Las chicas atacaron y tomaron Hai Lo Park. Las soldados rasos entraron a la última habitación, la del tesoro, quedando decepcionadas, al ver que aparentemente contenía sólo documentos. No así Nuk y Shen, quienes no podían creer lo que veían. Y es que todo alrededor llevaba las señas de la Orden. Los grandes cofres, los libros, las insignias e incluso, los documentos que se encontraban sobre la mesa, con la tinta de los sellos aún fresca, indicando que se les daba un uso cotidiano.
Tal cual se lo indicaron, Shen rompió el cofre del altar, sacando todos los retazos de tela que se encontraban dentro. Luego se acercó donde Nuk, quien seguía absorta en sus pensamientos, preguntándole a qué conclusión había llegado.
„- Es demasiado terrible para que sea verdad.” ****** - le contestó Nuk, diciéndole que había concluido que la Orden no había desparecido con el triunfo de Acaya, sino que pervivió en la sombra durante mil años. Y que era la Orden la que formó la estructura de los Servicios Especiales, sosteniendo el poderío del Imperio.
„ - Los Servicios Especiales son la Orden - dijo al final - „Peor aún, si no nos hubiéramos rebelado, nosotras mismas seguiríamos siendo parte de la Orden.”******* 
Shen ordenó que prendieran fuego al lugar, antes de partir hacia la costa, a entregar el encargo adonde se lo habían indicado…

* Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya”, tomo II, p. 238
** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo II, p. 111 
*** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo II, p. 299
**** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo II, p. 592
***** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo II, p. 596
****** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo II, p. 645
******** Andrzej  Ziemiański, op. cit, tomo II, p. 645 - 646
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowksi


Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya” (Pomnik Cesarzowej Achai), tomo II
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2013
Número de páginas: 700