martes, 25 de febrero de 2020

Chinchaypujio


Campiña de Chinchaypujio (2020)
Pejzaż Chinchaypujio w regionie Cusco (2020)

martes, 18 de febrero de 2020

Sobre el transcurrir del tiempo

El tiempo transcurría como avanza el tren al infinito. Recorríamos pedazos de mundo y los guardábamos en los bolsillos.


Magali Bolívar: „Cuatrocientos ochentaiocho noches”
Libro: „Sexo al cubo”

martes, 11 de febrero de 2020

Vilcashuamán


Ciudadela de Vilcashuamán (2020)
Miasteczko Vilcashuamán w regionie Ayacucho (2020)

martes, 4 de febrero de 2020

Sobre la novela "El silencio de la ciudad blanca"

Está será una breve reseña de la novela "El silencio de la ciudad blanca", primer volumen de la Trilogía de la ciudad blanca de Eva García Sáenz de Urturi. Recomendamos abstenerse de leer esta reseña a los lectores que no quieran conocer aún la identidad del asesino.
La trama de la novela sucede en la ciudad de Vitoria, en el país vasco, la cual está descrita con tanto cariño, que da ganas de conocerla. El lugar se encuentra remecido por crímenes extraños, que vuelven a repetirse, luego de veinte años, cuando el supuesto asesino, Anastasio Ortiz de Zárate, alias Tasio, está a punto de salir de la cárcel. El clima de suspenso va en aumento, capturándonos por completo.
Y en medio de ello vamos conociendo a los diversos personajes, que pueblan las páginas de este libro. Al inspector Unai López de Ayala, alias Kraken, quien nos narra la historia en primera persona. A su amiga entrañable y compañera de trabajo, la inspectora Estíbaliz Ruiz de Gauna. A su jefa, la subcomisaria Alba Díaz de Salvatierra, de la que queda perdidamente enamorado. A su hermano Germán, cuya novia Martina es víctima de uno de los asesinatos. A su abuelo, quien condensa en su persona, una sabiduría de siglos.
A Anastasio Ortiz de Zárate, a quien mencionamos anteriormente. A su gemelo Ignacio, quien como policía, lo declaró culpable de los asesinatos, encarcelándolo por veinte años. A la Dra. Guevara, forense. Al juez Olano. A Inés Ochoa, directora de programación del canal autonómico, alias la Dama de Piedra. A Pancorbo, ex-asistente de Ignacio. A Iker, novio de Estíbaliz. A Luxto, periodista de "El Diario Alavés". A Mario Santos, periodista de "El Correo Vitoriano" y marido de la subcomisaria, quien resultó ser dueño de una falsa identidad. A Eneko alias el Hierbas o el Eguzkilore, hermano de Estíbaliz y otra de las víctimas sucesivas.

Simultáneamente conocemos a los personajes de la historia antecedente, sucedida cuarenta y cinco años antes de lo antedicho. Al ginecólogo Álvaro Urbina, quien estaba perdidamente enamorado de una de sus pacientes, Blanca Díaz de Antoñana. Ésta a su vez estaba casada con Javier Ortiz de Zárate, un potentado del lugar, que la maltrataba física y psicológicamente y a quien no tuvo la valentía de dejar por Álvaro. A Ofelia, esposa de Urbina, quien procedía del mismo pueblo que él, ruidosa y medio analfabeta. A Felisa, asistente de Urbina.
A pesar de que Ortiz de Zárate, aparentemente era infértil, Blanca dio a luz unos trillizos. Lo hizo en casa, pues la emergencia se presentó en medio de una tormenta de nieve. Dos de ellos eran idénticos. En cuanto al tercero era pelirrrojo, pareciéndose demasiado a Álvaro Urbina, por lo que Felisa, con anuencia de la madre, lo entregó en adopción. Blanca se vio obligada a hacerlo, temiendo que su esposo, al enterarse de que no eran sus hijos, la matara tanto a ella, como a los tres niños. Felisa se llevó al niño, saliendo por la puerta trasera y a Javier se le hizo creer que habían nacido gemelos. Así fue como Ignacio y Tasio crecieron sin saber que tenían un tercer hermano, Venancio.
Poco tiempo después del parto Álvaro desapareció en circunstancias misteriosas, que jamás llegaron a ser aclaradas. Blanca sospechaba de su esposo, quien valiéndose de su chófer y algunos matones a su servicio, ya antes le había propinado una paliza.

Varios años después, luego de la muerte de su esposo y el despido del chófer, a quien tuvo que pagarle una suma considerable para que se fuera, Blanca se atrevió a ir al pueblo, a buscar al tercero de los trillizos, que para ese entonces, ya había cumplido los dieciocho. Lo encontró, viviendo en condiciones infrahumanas. Trabajaba de peón de su familia adoptiva, estaba indocumentado y, si bien había aprendido a leer y escribir, ni siquiera había ido a la escuela. Blanca le dijo quién era, prometiéndole volver y acogerlo cuánto antes. Estaba urgida, pues le habían declarado un cáncer terminal y quería resolver ese asunto antes de morir.
Una luz de esperanza brilló en la vida del muchacho. Sin embargo, Blanca murió, antes de poder regresar. El chico se enteró a través del periódico y alcanzó a tomar el tren a la ciudad, para llegar al entierro. Luego de éste, se acercó donde Ignacio y Anastasio, identificándose como su hermano, a cambio de lo cual los chicos le pegaron, tirándolo a una tumba abierta, de donde lo rescató el sepulturero.

Lo que vino después fue la venganza de Venancio, alias Nancho. Primero de su familia adoptiva, de la que sólo había recibido maltrato. Y luego de sus hermanos de sangre y de la sociedad entera, poniendo en jaque a la ciudad de Vitoria.


Ficha bibliográfica:
Eva García Sáenz de Urturi: "El silencio de la ciudad blanca"
Trilogía de la ciudad blanca, volumen I
Nueva York, Vintage Español, 2016



martes, 7 de enero de 2020

Sobre la inmigración polaca de 1929 en el Perú

En la reseña del libro „Perú, mi tierra no prometida” de Feliks Woytkowski, hablamos de los colonos polacos, quienes en 1929, a instancias del gobierno peruano, llegaron a poblar la selva del Perú. Leyendo el libro „La revolución de los arrendires” de Rolando Rojas Rojas, me di con la sorpresa de que varios de ellos se establecieron en lo que posteriormente fue la prisión del Sepa en la selva de Ucayali. El autor, basándose a su vez en las memorias del misionero dominico Ricardo Alvárez Lobo*, nos dice sobre esta colonia penal en la que se recluía a reos, considerados de alta peligrosidad:

Situada en el interior de la selva de Ucayali, fue fundada en 1948 en un fundo de 37.000 hectáreas. En el lugar, en 1929, se levantó una colonia de migrantes polacos, a quienes el Gobierno peruano proveyó de tierras para que se dedicaran a actividades agropecuarias como parte de las políticas de fomento a la inmigración europea. Sin embargo, el proyecto no prosperó porque el Gobierno incumplió su compromiso de construir las vías de transporte necesarias para que la colonia fuera viable. Debido a ello, parte de las familias polacas abandonaron el Sepa y se trasladaron a Lima, mientras que otras retornaron a su país natal.**

El tema de los colonos polacos que llegaron al Perú, por razones familiares, me resulta de sumo interés. Es por eso que esta es la única cita de un libro, por lo demás interesante, que trata sobre algo muy diferente, como la historia de la lucha por la tierra y el cambio social en el Valle de La Convención. 


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* Ricardo Álvarez Lobo: „El otro es mi espejo. Un dominico, misionero y antropólogo”. Lima, Centro Cultural José Pío Apaza, 2012
** Rolando Rojas Rojas: „La revolución de los arrendires”. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2019, p. 139