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martes, 4 de abril de 2023

Sobre "Carta al Greco" de Niko Kazantzakis

Estimados lectores, esta será una breve reseña del libro „Carta al Greco” de Niko Kazantzakis. En esta autobiografía cuasi novelada, entremezclando la materia de los sueños con la realidad, el autor nos habla de su infancia en Megalo Kastro (hoy Heraclión) en la isla de Creta, que en aquel entonces formaba parte del Imperio Otomano. Del levantamiento en contra de este Imperio, del que participó su padre. De su búsqueda espiritual, que lo llevó a los monasterios del Monte Athos, Jerusalén y el Monte Sinaí. De su peregrinación intelectual a través de diversos lugares de Europa: Italia, París, Viena, Berlín. Si bien se concentra más en comentar sus lecturas de esas épocas, que en la descripción de los lugares. De su viaje a la Rusia soviética, incluyendo la parte asiática. Y aquí también sus comentarios son más personales que descriptivos.

De como en 1919 armó un equipo con el que viajó al Cáucaso, por encargo del Ministerio de Bienestar Social de Grecia, para rescatar a la población griega en peligro por las purgas étnicas del momento y trasladarla a Grecia. Y ojo, que cuando digo población griega, me refiero a la población de idioma, cultura y tradición griega, independientemente del lugar de su nacimiento. (Tal es el caso del autor, quien habiendo nacido bajo dominio turco, escribía en su lengua materna, el griego). Me llamó la atención que en medio del peligro, estos pobladores subieran a las naves llevando, aparte de sus herramientas de labranza, los evangelios e íconos de sus iglesias.

El título del libro (Carta o Informe al Greco, según la traducción) se debe a que el autor se dirige a otro cretense en el exilio, el pintor llamado El Greco, con cuyo personaje y pinturas se identificó en la ciudad de Toledo. Personaje con el que se encuentra y dialoga en sueños.


Por último no quería dejar de mencionar que en uno de mis poemas de amor (pág. 69 del libro „Todo está hecho a la medida de ti misma”) las palabras:


las calles

no se cubran de flores a tu paso, 

ni te conviertas en un águila de alas de oro 


proceden de un dístico popular cretense, publicado en “Carta al Greco” de Niko Kazantzakis (Buenos Aires, Ediciones Carlos Lohlé, 1963, p. 33). Es por eso que van en cursiva.


Y es que no es la primera vez que leo este libro. En casa teníamos varias obras de Kazantzakis pues era, tal vez, el autor preferido de mi madre. Puedo decir incluso que es uno de mis maestros literarios.



Ficha bibliográfica:

Niko Kazantzakis: „Carta al Greco”

Buenos Aires, Ediciones Carlos Lohlé, 1963

Leído en su traducción al español

 

martes, 28 de febrero de 2012

Sobre Jan Potocki y "El manuscrito encontrado en Zaragoza"

Es indiscutible la influencia en mi novela de "El manuscrito encontrado en Zaragoza" de Jan Potocki, escritor polaco que escribía en francés, y que fue mi libro de cabecera mientras la escribía. Si quisiéramos resumir la novela de Potocki en una sola frase, diríamos lo que dije alguna vez, en una entrevista que me hicieron en Radio Programas del Perú: es sobre un personaje que tiene relaciones carnales con los demonios. Pero la obra es mucho más compleja, y al igual que la novela del siglo de oro español, está estructurada en base a diferentes historias que se entrelazan entre sí. La historia principal, la del capitán Alfonso van Worden, quien cae recurrentemente en los brazos de dos hermosas moras, para amanecer luego entre dos hermanos ahorcados, pareciera ser a ratos incluso un pretexto para dar cabida a otras historias y para reflexiones de orden, digámoslo así, filósofico. Personalmente me parece deliciosa la historia del cabalista judío y su hermana Rebeca, quienes desde niños se vieron obligados a aprender lenguas muertas y moribundas, se alimentaron, él de la carne de animales machos y ella de la carne de animales hembras y a quienes su padre, en el lecho de muerte, ordenó que desposaran, ella a los gemelos celestes Cástor y Pólux, por lo que debía esperar a que el Sol entrara en el signo de Géminis para poder invocarlos, y él a dos genios femeninos que debía invocar cuando el Sol pasara por el signo de Virgo. Aparentemente, fue la equivocación del cabalista, quien aturdido hizo las invocaciones al revés, atrayendo así a dos demonias en vez de dos genios benéficos femeninos, lo cual produjo la confusión en la que se vio envuelto Alfonso van Worden.

Publicado con ligeras modificaciones en la Gazetka "Dom Polski",
Lima, Perú, Octubre - Noviembre del 2013, N° 79

sábado, 25 de febrero de 2012

Sobre mis maestros literarios

A pesar de que involuntariamente me pasé un poco del tiempo al exponer en el II Congreso de Literatura Fantástica, al que gentilmente me invitó Elton Honores, por lo que pido disculpas a quienes me acompañaron en la mesa, no dije todo lo que tenía que decir sobre mis influencias literarias. Así que aquí lo pongo por escrito, como añadido a lo expuesto el jueves 24 de febrero.


Al sentarme a preparar lo que iba a decir hoy en día me puse a revisar escritos míos antiguos, que tenía guardados en la casa y que sobrevivieron a mis múltiples mudanzas y travesías. Encontré entre ellos dos páginas, que eran las que en realidad estaba buscando, escritas en diciembre de 1980, cuando varios de los aquí presentes tal vez aún no habían nacido. En ellas menciono no precisamente a mis influencias, sino a mis maestros de lo que yo llamo "mi Olimpo de la ciencia verdadera, la ciencia única." Aparte de varios de los ya mencionados como
José María Arguedas, Sigrid Undset, Juliusz Słowacki, Jarosław Iwaszkiewicz o García Márquez, menciono allí a Nikos Kazantsakis, autor de las novelas Carta al Greco y la famosa Última tentación de Cristo, en base a la cual se hizo la película. Menciono a León Tolstoi y Fiodor Dostojewski, cosa que me llama la atención, porque no siento que me hayan impactado tanto. A Halldor Laxness y su alucinante novela "La campana de Islandia", cuyo personaje femenino principal Snaefridur, tenía un talle como una caña quebrada por el fluir del viento. A Pablo Neruda, tomando vino tinto en Isla Negra, a pesar de haber sido asesinado un día nefasto de setiembre. A Vladmir Nabokov y su famosa novela Lolita. A Alejo Carpentier construyendo el Reino de este mundo, e invirtiendo el girar continuo del tiempo en el Viaje a la semilla. Y también a Thomas Mann y Hermann Hesse, describiendo la prístina vivencia del Hacedor de la lluvia durante el Matriarcado. Menciono asimismo a los cineastas Bertolucci y Woody Allen. Finalizo el texto diciendo, que sería feliz si fuera incluida algún día en el Olimpo de una niña menor que yo, que en el trance de aprender el mundo, lo pudiera aprender también de mí.