sábado, 25 de febrero de 2012

Sobre mis maestros literarios


A pesar de que involuntariamente me pasé un poco del tiempo al exponer en el II Congreso de Literatura Fantástica, al que gentilmente me invitó Elton Honores, por lo que pido disculpas a quienes me acompañaron en la mesa, no dije todo lo que tenía que decir sobre mis influencias literarias. Así que aquí lo pongo por escrito, como añadido a lo expuesto el jueves 24 de febrero.

Al sentarme a preparar lo que iba a decir hoy en día me puse a revisar escritos míos antiguos, que tenía guardados en la casa y que sobrevivieron a mis múltiples mudanzas y travesías. Encontré entre ellos dos páginas, que eran las que en realidad estaba buscando, escritas en diciembre de 1980, cuando varios de los aquí presentes tal vez aún no habían nacido. En ellas menciono no precisamente a mis influencias, sino a mis maestros de lo que yo llamo "mi Olimpo de la ciencia verdadera, la ciencia única." Aparte de varios de los ya mencionados como
José María Arguedas, Sigrid Undset, Juliusz Słowacki, Jarosław Iwaszkiewicz o García Márquez, menciono allí a Nikos Kazantsakis, autor de las novelas Carta al Greco y la famosa Última tentación de Cristo, en base a la cual se hizo la película. Menciono a León Tolstoi y Fiodor Dostojewski, cosa que me llama la atención, porque no siento que me hayan impactado tanto. A Halldor Laxness y su alucinante novela "La campana de Islandia", cuyo personaje femenino principal Snaefridur, tenía un talle como una caña quebrada por el fluir del viento. A Pablo Neruda, tomando vino tinto en Isla Negra, a pesar de haber sido asesinado un día nefasto de setiembre. A Vladmir Nabokov y su famosa novela Lolita. A Alejo Carpentier construyendo el Reino de este mundo, e invirtiendo el girar continuo del tiempo en el Viaje a la semilla. Y también a Thomas Mann y Hermann Hesse, describiendo la prístina vivencia del Hacedor de la lluvia durante el Matriarcado. Menciono asimismo a los cineastas Bertolucci y Woody Allen. Finalizo el texto diciendo, que sería feliz si fuera incluida algún día en el Olimpo de una niña menor que yo, que en el trance de aprender el mundo, lo pudiera aprender también de mí.

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