sábado, 22 de junio de 2019

Sobre "La cantimplora zarista" de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña del libro de relatos „La cantimplora zarista” de Andrzej Pilipiuk, volumen número VI de la serie „Los mundos de Pilipiuk”.
En estos relatos, anteriores a los ya reseñados aparece también, entre otros, el doctor Paweł Skórzewski. Y como siempre, en los mundos de Pilipiuk, lo imposible se hace posible. En el relato “El  secreto del Cerro del Dolor” el doctor parte con su sobrino Aleksander, cadete de la Escuela Militar de Petersburgo, un compañero de éste y dos guías armenios a buscar los restos del Arca de Noé en el Monte Ararat.
En el camino los guías les cuentan la leyenda según la cual existe una Orden, cuyos monjes protegen el Arca, impidiendo que la gente inadecuada, llegue a verla. Finalizan diciendo que tal vez no se trate de monjes, sino de espíritus con traje monacal. 
Y efectivamente, de todo el grupo, el único que llega a ver el Arca, en un momento en el que se queda solo, es el doctor Skórzewski. Los espíritus, de los cuales sólo llega a percibir los hábitos negros, más no los rostros, las manos, ni los pies, le dicen que es el único que lo merece. Pero, obviamente, no puede compartir su visión con los demás.
Años después, en 1927, caminando por un mercado de Varsovia, el doctor da con un antiguo paciente suyo, quien vende, entre otras cosas, los objetos que un turco dejó en un departamento del cual era inquilino. Entre ellos un estuche, que el doctor abre. Adentro hay una foto del valle que se encuentra al pie del cerro Ararat y un trozo de madera de cedro, que el doctor sabe con certeza, es del Arca de Noé.

En “Paraguas negros” un joven fotógrafo viaja en el tiempo, encontrándose de pronto en un día de mercado en Bieżmo Stare, pequeña ciudad del sur de Polonia, en la década de los treinta. Sin perder tiempo se pone a sacar fotos, para rescatar del olvido, un mundo que sabe desaparecerá unos años después para siempre. Así como llegó, así regresa intempestivamente al siglo XXI.
Ya en la tranquilidad de su época y su hogar, elige las mejores fotos, las pasa a blanco y negro y organiza una exposición en Varsovia, diciendo que las halló e un álbum antiguo, de procedencia desconocida. En medio de la inauguración se le acerca un anciano, clavándole un martillazo en la cabeza.
El anciano resultó ser el antiguo rabino del pueblo y, tal vez, el único sobreviviente de la comunidad judía del mismo. Probablemente habría visto al fotógrafo correr, hace setenta años, con un extraño aparato, cual un ser de otro planeta, de un lado al otro del pueblo.
El joven se pregunta porqué es que el anciano está ofendido con él. ¿Será porque al retroceder en el tiempo, no advirtió a nadie de la inminencia de la invasión alemana y la hecatombe que se venía, haciendo desaparecer de la faz de la tierra la comunidad judía de Polonia? ¿Es que acaso una advertencia así habría servido de algo?

En “Una muerte llena de misterio” el doctor Skórzewski se entera por un paciente suyo, uno de los ciento cincuenta mil rusos blancos refugiados en Polonia, de que su sobrino Aleksander se encuentra en la localidad rusa de Oriol, a orillas del río Oka. 
El doctor, quien le perdió el rastro en medio de la guerra civil, decide partir en su búsqueda. Logra ingresar a la Unión Soviética, como participante de un congreso científico, llegando a un país, sumido en la miseria y el terror. Venciendo un sinnúmero de dificultades, llega al fin a la ciudad de Oriol. Allí se encuentra con su amigo entrañable, el farmacéutico Stawicz, cuya hija Marfa enamora con Aleksander. Al hablar de la situación del país, su amigo le confiesa lamentar no haber huido a tiempo, diciéndole que no lo hizo “Porque la huida requiere de valentía. La casa, los muebles, las cosas, los libros, los vecinos, los amigos, el cafetín preferido, todo eso te ata al lugar en el que vives.” *
Pero, le dice luego, nada de eso queda. Tuvo que quemar los libros preferidos de su biblioteca para calentar la casa, los vecinos fueron deportados, los amigos fusilados y su cafetín preferido es ahora una cantina de mala muerte.
De noche el doctor y su sobrino van a presenciar, desde un lugar estratégico un cónclave de los jlysty. Se trata de una secta ortodoxa, que a través de la autoflagelación, pretende combatir el mal del mundo. Esta vez llegaron a Oriol desde diversos confines de la Unión Soviética al llamado de su líder. Y es al llamado de su líder Vasili, quien se  autoproclama Cristo, que empiezan a flagelarse las espaldas desnudas, con cadenas recién calentadas a fuego ardiente, dejando rastros de sangre en la nieve. El espectáculo es aterrador, pero es más aterrador aún lo que recién está por venir. Desde el cerro donde se ubicaron el doctor y su sobrino, el ejército ametralla a todos los jlysty.
A los dos días del suceso se esparce la noticia de que murió el “padrecito” Lenin.
- ¿No será acaso que el mal que está por venir será peor al mal ya conocido? - se pregunta el doctor, anticipándose a los hechos.
Y a la madrugada siguiente, acompañado del boticario, Marfa y Aleksander, emprende la fuga, casi imposible de realizar, hacia Polonia. Pero, como ya dijimos, en los relatos de Pilipiuk lo imposible se hace posible.

Esta reseña es apenas una pincelada, en la que hemos presentado algunos de los ocho relatos, hechos de un cruce de fantasía y realidad histórica, que contiene este libro.



* Andrzej Pilipuk, „La cantimplora zarista”, p. 236
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Ficha bibliográfica:
„La cantimplora zarista” (Carska manierka) de Andrzej Pilipiuk
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2013
Número de páginas: 352


jueves, 6 de junio de 2019

Sobre los relatos de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña de cuatro libros de relatos del escritor polaco Andrzej Pilipiuk. Estos libros son: „La reputación”, „Un litro de plomo líquido”, „La lobera” y „Bosque malo” y corresponden respectivamente a los volúmenes VII, VIII, IX y X de la serie “Los mundos de Pilipiuk”.
Relatos extraños, tal vez poco comprensibles para quien no conozca la historia de Polonia. En los mundos de Pilipiuk lo imposible se hace posible. En „Bosque malo” el vampiro del pueblo se alía con los oprimidos, vale decir los judíos y polacos, nutriéndose tan sólo de la sangre de los invasores alemanes. En el mismo relato el padre le dice a su hijo: „- Se debe hablar el alemán. (…) El maestro en la escuela seguramente diría que es la lengua de nuestros vecinos, que es el pase hacia una cultura maravillosa y atemporal. Que el nacional socialismo es tan sólo una página de la historia. Que todo esto pasará, que todavía seremos amigos. Que Alemania no es sólo Hitler, Goebbels y Göring, pero también Mozart, Goethe y Beethoven. Eso es lo que deberíamos decirles a los niños. Pero eres ya casi adulto, así que te lo diré de frente y sin tapujos. Hay que conocer el idioma del enemigo eterno. Hay que hablar la lengua de esos hijos de puta, para entender que están diciendo entre sí, escuchar qué es lo que esos sinvergüenzas están tramando, pero también para poder mentir y aumentar así las posibilidades de sobrevivir. Y, si Dios lo permite, para interrogarlos después de la guerra, cuando comparezcan ante nuestros tribunales”. * Palabras controversiales al día de hoy, cuando a más de setenta años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, Polonia y Alemania pertenecen a la Unión Europea.
 En „Las sombras” una chica del futuro llega a regalarle una rosa azul con olor a lirio del valle al Mariscal Piłsudski. La chica lleva en sus rasgos el indicio de ser fruto de un cruce racial. De su cuello pende una pequeña crucecita, indicando su pertenencia a la religión católica. Piłsudski deduce que la chica llega de un futuro en el que ya existe la tecnología capaz de modificar las plantas. Deduce también que en ese futuro, tal vez en doscientos años, el estado polaco seguirá existiendo, pues si no los jóvenes no vendrían a traerle presentes como a un héroe. Y es que Piłsudski fue el artífice del renacimiento de Polonia como estado en 1918.
En „Hitler en una bola de cristal” un nazi queda encerrado en, tal como el nombre del relato lo dice, una bola de cristal, en la cual el tiempo no transcurre. En „Mantequilla de camello” los gitanos y un grupo de circenses, a cuyo jefe un gitano reveló el secreto, pasan cuatro años bajo tierra, durmiendo, cual los osos en invierno, librándose así de la persecución nazi. En „El Sésamo de la Oruga” una Oruga se mete en la cabeza de un zapatero del gueto de Varsovia, dejando a su lado el dinero, con el cual, según su indicación, deberá comprar las obras de arte polaco, para evitar que caigan como botín de guerra de los alemanes. Quien descifra el caso y llega al lugar donde las obras fueron escondidas, es Robert Storm, personaje presente en varios de los relatos. Pero ya es demasiado tarde. Han pasado setenta años y la inclemencia del tiempo, sumada al clima extremo de Polonia, arrasó con las obras. 
Robert Storm es un estudiante, luego egresado, de la Facultad de Arqueología de la Universidad de Varsovia. Hombre cultísimo, capaz de hallar lo aparentemente inhallable y de resolver los acertijos históricos aparentemente irresolubles. Es a través de sus búsquedas y palabras, que nos vamos enterando, de algunos detalles poco conocidos de la historia de Polonia. Vive Robert en una casa antigua del barrio de Wola, barrio que sufrió muchísimo durante el Levantamiento de Varsovia. Son sus vecinos un relojero y un lutier, vale decir un afinador de instrumentos de cuerda, cuya nieta, por su esbelta figura coronada de una cabellera pelirroja, parece una ardilla. Siendo aún adolescente, Robert quedó perdidamente enamorado de Marta. Años después describirá así aquel encuentro: „Recordé una mañana de otoño en el primer año de liceo. Entro al taller de biología. Una chica desconocida está sentada sobre el alféizar de la ventana, el sol de otoño alumbra sus cabellos. A través de la tela de su vestido, se trasluce ligeramente la forma de sus pantorrillas. La impresión es fulminante. Cual el roce del absoluto. Su belleza me semeja ser algo absolutamente aterrenal, infinito. Sé que es el destino, que he hallado a la futura compañera de una vida larga y creativa. Estoy como fulminado.” **
Sin embargo, su amor no es correspondido, por lo que Piotrek, antiguo compañero de escuela, devenido en policía, se esfuerza en acercarlo a su hermana Magda, estudiante de historia, con quien Robert tiene muchos intereses en común. Conocemos también a Tytus, otro compañero de colegio, cuya mafia, en cierta oportunidad llega a salvarle la vida a Robert. Tytus proviene de la misma tribu de gitanos que Kusy, el circense, gracias al cual se salvaron, sumidos en un sueño de cuatro años, los miembros del circo dirigido por el judío, mago e ilusionista, Aplfelbaum.
Otro personaje, presente en varios relatos, aunque no en tantos como Robert Storm, es el doctor Paweł Skórzewski. Se trata de un médico de origen polaco, formado en  la Academia de Medicina de San Petersburgo, cuya vida transcurre, entre los finales del siglo XIX y los albores del XX. Entre los casos rarísimos que se le presentan, tenemos el de un joven, quien está seguro de ser un cadáver. He aquí un fragmento de la conversación entre el doctor y el chico, extraída del relato „Delirio de negación”:
„- Estoy muerto - dijo el chico. - Un alma que no logró volar, aprisionada en un cuerpo muerto, en estado de putrefacción...
- Los cuerpos muertos no se mueven y tú llegaste caminando desde las orillas del río Bug hasta Lublin - le replicó el doctor.” ***
Sin embargo, resultó ser cierto. El chico era uno más de quienes habían caído víctimas del Barón Samedi, espíritu legendario en forma humana, que los mató para convertirlos en esclavos suyos. Para ello se valió de la técnica vudú, que transplantó directamente de Haití a  las tierras que formaban parte del Imperio Ruso. Felizmente el barón fue vencido. 
Y esa es una de las cosas que se repite en los relatos de Pilipiuk. A pesar de todas las dificultades y, muchas veces, algunos muertos en el camino, cuando hay enfrentamiento siempre acaba venciendo el lado bueno. Con el cual, como ya indicamos al comienzo, se alían hasta los vampiros.
Esta ha sido apenas una breve pincelada de algunos de los muchos relatos, rebosantes de fantasía y erudición, que
pueblan las páginas de los cuatro libros.


* Andrzej Pilipiuk: „Bosque malo”, Pp. 199-200
** Andrzej Pilipiuk: „Un litro de plomo líquido”, Pp. 303-304
*** Andrzej Pilipiuk, op. cit., p. 319
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Fichas bibliográficas:
Andrzej Pilipiuk: „La reputación” (Reputacja)
Andrzej Pilipiuk: „Un litro de plomo líquido” (Litr ciekłego ołowiu)
Andrzej Pilipiuk: „La lobera” (Wilcze leże)
Andrzej Pilipiuk: „Bosque malo” (Zły las)
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2015-2019