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sábado, 10 de marzo de 2012

Pequeña reflexión por el Día Internacional de la Mujer

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer el ocho de marzo, me llamó la atención el que en ningún medio se mencionara el hecho de que recién en 1970, si mal no recuerdo, se dio en el Perú la ley que iguala en derechos a los hijos legítimos y naturales, cambiando con eso no sólo la faz del país, sino también nuestra situación como mujeres.
Ojalá que esta imagen, sacada de
Los funerales de la Mamá Grande del gran Gabriel García Márquez no se vuelva nunca a repetir:



Los selectos invitados y los miembros legítimos de la familia, generosamente servidos por la bastardía, bailaban al compás de la vieja pianola equipada con rollos de moda.

sábado, 25 de febrero de 2012

Sobre mis maestros literarios

A pesar de que involuntariamente me pasé un poco del tiempo al exponer en el II Congreso de Literatura Fantástica, al que gentilmente me invitó Elton Honores, por lo que pido disculpas a quienes me acompañaron en la mesa, no dije todo lo que tenía que decir sobre mis influencias literarias. Así que aquí lo pongo por escrito, como añadido a lo expuesto el jueves 24 de febrero.


Al sentarme a preparar lo que iba a decir hoy en día me puse a revisar escritos míos antiguos, que tenía guardados en la casa y que sobrevivieron a mis múltiples mudanzas y travesías. Encontré entre ellos dos páginas, que eran las que en realidad estaba buscando, escritas en diciembre de 1980, cuando varios de los aquí presentes tal vez aún no habían nacido. En ellas menciono no precisamente a mis influencias, sino a mis maestros de lo que yo llamo "mi Olimpo de la ciencia verdadera, la ciencia única." Aparte de varios de los ya mencionados como
José María Arguedas, Sigrid Undset, Juliusz Słowacki, Jarosław Iwaszkiewicz o García Márquez, menciono allí a Nikos Kazantsakis, autor de las novelas Carta al Greco y la famosa Última tentación de Cristo, en base a la cual se hizo la película. Menciono a León Tolstoi y Fiodor Dostojewski, cosa que me llama la atención, porque no siento que me hayan impactado tanto. A Halldor Laxness y su alucinante novela "La campana de Islandia", cuyo personaje femenino principal Snaefridur, tenía un talle como una caña quebrada por el fluir del viento. A Pablo Neruda, tomando vino tinto en Isla Negra, a pesar de haber sido asesinado un día nefasto de setiembre. A Vladmir Nabokov y su famosa novela Lolita. A Alejo Carpentier construyendo el Reino de este mundo, e invirtiendo el girar continuo del tiempo en el Viaje a la semilla. Y también a Thomas Mann y Hermann Hesse, describiendo la prístina vivencia del Hacedor de la lluvia durante el Matriarcado. Menciono asimismo a los cineastas Bertolucci y Woody Allen. Finalizo el texto diciendo, que sería feliz si fuera incluida algún día en el Olimpo de una niña menor que yo, que en el trance de aprender el mundo, lo pudiera aprender también de mí.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Esbozo de ensayo sobre el pensamiento positivista

Según Ouspensky el positivismo es el período más negro en la historia del pensamiento humano. Se pierde en detalles inocuos que no vienen al caso. El ejemplo que da es el siguiente: para el pensamiento positivista los pájaros cantan, porque ese canto atrae a las hembras y así se reproducen sexualmente. Cuando tal vez la razón misma de su reproducción y existencia sea la de embellecer con su canto la tierra. Según “El Arqueometro” de Saint-Yves d'Alveydre la educación pagana no es una cosa casual, sino que hay seres, potencias negativas que están detrás de ello. Swedenborg, citado por Borges, trata como si nada historias del Cielo y el Infierno, de ángeles y demonios, caídas y subidas del alma como cosas ciertas. Mi novela no tiene pues nada de nuevo. Incluso se sitúa dentro de la ficción, no como Ouspensky o Saint-Yves. Los indios ven encantos e ichiqolqos como si nada, tan reales como la mesa y el pan. Para lo único que me ha servido escribir esta novela es para ir descubriendo todo esto poco a poco. Al igual que García Márquez cuando supo que había un hombre con cola de iguana en Barranquilla. Cuánta más ficción uno crea, más se da cuenta de que es más real de lo que creía. Por lo tanto quien pretenda quedarse con el concepto de lo que es “real” sólo para su cultura o para la cultura oficial de la cual pretende ser parte, se pone anteojeras voluntariamente. Quien quiera romper o superar su condición cultural, social, etc., ha de romper todos esos atavismos, toda esa manera de ver el mundo, que se nos trató de inculcar desde pequeños. Sino seguiremos como los demonios de la novela, creyéndonos todo lo que la cúpula demoníaca conceptúa para conquistar el mundo.
No sé aún como formularlo, pero las ciencias sociales no llegarán a nada ni en este país, ni en el mundo entero, mientras no consideren todos los elementos de la cultura estudiada como reales, en el real sentido de la palabra, como la mesa y el pan. Mientras se considere que el ichiqolqo es una creencia, una sugestión o Dios sabe que, porque yo no lo veo, así mil indios lo vean, no se llegará a nada. Hasta los españoles eran más respetuosos en eso, porque consideraban que los indios hablaban con el demonio. Negativizaban al otro ser, pero lo situaban dentro de lo real. No como ahora que se considera que el indio es como un niño, que no sabe ni lo que ve, ni lo que dice. Ningún libro que yo haya leído hasta ahora trata el problema de frente. Todos lo eluden, lo evaden, incluso Dumézil o Nathan Wachtel. Hablan de que lo importante es el simbolismo y no el hecho real, no el que haya sucedido realmente o no. Tal vez Szemiński sea el único que se libre, el más imparcial y más respetuoso, pero esa es su manera de ser hasta en lo diario. Y yo creo que si es importante el hecho real. Creo que tan sólo considerándolo real, se revalorizará una cultura vejada desde hace tantos siglos. No eludiéndolo. Quisiera reformular todo esto en un lenguaje más teórico y asequible, pero aún no sé como.
Lima, 17 de julio de 1985

martes, 8 de septiembre de 2009

Sobre el peso del pasado

... y en aquel relámpago de lucidez tuvo conciencia de que era incapaz de resistir sobre su alma el peso abrumador de tanto pasado.

Gabriel García Márquez sobre el último de los Aurelianos en "Cien años de soledad"