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martes, 29 de marzo de 2022

Sobre el segundo libro de la novela "El amante polaco" de Elena Poniatowska

Esta será una breve reseña del segundo libro de la novela „El amante polaco” de Elena Poniatowska. O tal vez debiera decir de las novelas, en plural, pues en realidad se trata de dos novelas intercaladas en el mismo volumen.

En la primera seguimos las peripecias del rey Estanislao Augusto Poniatowski en la Varsovia del siglo XVIII. Esta me resulta más cercana, puesto que tanto la ciudad, en la que he vivido algunos años, como algunos apellidos, tales como Radziwiłł, Czartoryski o Branicki, me resultan familiares. Además la autora se esfuerza en explicar quién es quien.

En la segunda seguimos las peripecias de la autora en el México de los siglos XX y XXI y allí si me siento totalmente perdida. Puesto que en este caso la autora no se esfuerza en explicar quién es quien, al detalle. Y como ya dije, en la reseña anterior, sólo ubicaba, antes de leer el libro, algunos nombres, como el de Elena Garro u Octavio Paz. Y ojo, que he estudiado Lingüística y Literatura Hispánica en la Universidad Católica de Lima. ¿Cómo se sentirá pues el lector hispano, ajeno a las latitudes mexicanas, que no tenga esa formación?

Alguna vez Gabriela Cuba, quien vivió varios años en España, me comentaba lo difícil que es para nosotr@s, l@s escritor@s, traspasar las fronteras nacionales, por no decir regionales. Aparentemente, al hablar la misma lengua, formamos parte del mismo universo, pero no es así.

- En España - me decía - el escritor peruano es Mario Vargas Llosa. Y uno que otro tal vez  haya leído o haya escuchado hablar de Bryce Echenique. Pero nada más.

En todo caso, el círculo mexicano de hace poco más de medio siglo hasta la fecha, definitivamente no es el mío. Pero no puedo negar que he aprendido algo. Pues si bien sabía que México es un país marcado por los atentados políticos y alguna que otra matanza, como la de 1968, no conocía los detalles.

En todo caso se trata de dos novelas separadas, que no tienen nada que ver entre sí. Porque tampoco estamos frente a una saga familiar, en la que se narran los hechos detallados de lo acontecido a las generaciones sucesivas, hasta dar con la autora del libro.

Si bien, al leer el primer libro, el intercalar ambas historias, me pareció un recurso interesante, debo admitir que en cuanto al segundo, eso me dificultaba mucho la lectura. Por lo que finalmente acabé leyéndolas por separado.


Y en cuanto a la parte que corresponde a la historia del rey Estanislao Augusto Poniatowski, aparte de aclarar nuevamente que eran los trineos y no los carruajes, los que se deslizaban sobre el hielo; y que el castillo de Wawel, así como el barrio de Kazimierz se encuentran en Cracovia y no en Varsovia, no me queda más que felicitar a la autora por la investigación realizada.


Ficha bibliográfica:

Elena Poniatowska: „El amante polaco”, libro 2

México, Seix Barral, 2021

Idioma: Español

 

domingo, 27 de febrero de 2022

Sobre el primer libro de la novela "El amante polaco" de Elena Poniatowska

Esta será una breve reseña del primer libro de la novela „El amante polaco” de Elena Poniatowska. Es obvio que el título, que por cierto desconocía, me atrajo desde un inicio, por mi interés, si no obsesión, en la historia de Polonia. En ese sentido puedo decir que el libro no me ha defraudado, si bien tiene algunos detalles difíciles de digerir para alguien, que conoce a fondo la realidad geográfica polaca. Como que sobre la nieve se avanza en trineo y no en carruaje o berlina. 

Por otro lado, a pesar de que Seix Barral es una editorial aparentemente muy cuidadosa, en el mapa al inicio del libro figura el mar Báltico como el Ducado de Prusia; y la monarquía austríaca como Imperio Austro-Húngaro, a pesar de que en el siglo XVIII no existía bajo ese nombre. Pero insisto, estos son errores de edición, no de la novela.


De todas maneras me resultó muy interesante leer una novela en la que se presenta la historia del rey Estanislao Augusto Poniatowski, llamado cariñosamente Staś, en base a su diario, escrito en francés. El libro tampoco pretende hacer un análisis exhaustivo de la historia de la Polonia dieciochesca, centrándose sobre todo en la formación recibida por Estanislao, tanto en Polonia, como en Francia, Holanda, Gran Bretaña, Sajona y Rusia; así como en sus amores a vida o muerte con Catalina la Grande. Y debo admitir que la autora ha hecho un trabajo de investigación encomiable, tanto más difícil, cuanto que no habla polaco. Lo que si puede resultar incomprensible para el lector hispano, sin una explicación previa, es de porqué Estanislao, llegó a ser rey, sin haber nacido como tal. Y es que desde la segunda mitad de siglo XVI, los reyes de la República de las Dos Naciones (Polonia y Lituania) eran elegidos por la nobleza polaco-lituana. El primer libro finaliza con la coronación de Estanislao Poniatowski.


Eso en cuanto a la parte histórica. Aparte el libro entrelaza los sucesos de la vida de Estanislao Poniatowski, con los de la vida de la descendiente de su hermano y autora del mismo, Elena Poniatowska, descritos en primera persona. Recurso que me parece interesante y que tal vez algún día llegue a utilizar. La autora nos dice en algún momento, que ella era la de todos los privilegios, cosa en la que sinceramente dudo. ¿Pues es acaso un privilegio fugarte a los diez años de edad, al otro lado del mundo en medio de la guerra? ¿Así fuera a la tierra de tu madre? Y sé que no lo es, pues yo misma desciendo por línea materna de migrantes de la nobleza polaca. ¿Es acaso un privilegio estudiar en un internado, alejada de tu familia durante cuatro años, para que luego te digan, que tu certificado no es válido para realizar estudios universitarios en México? ¿Es acaso un privilegio el que te violen, sin saber que te están violando, porque nadie te habló nunca del tema? ¿Es acaso un privilegio el que te envíen a dar a luz a Roma, vale decir nuevamente al otro lado del mundo, sin siquiera informarle a tu padre de tu estado? Y finalmente, ¿es acaso un privilegio el que te fuercen a entregar a tu hijo en manos de tus tíos, para que tenga apellido, posición y familia? (Sin embargo aclaro, que el hijo volvió felizmente con ella, gracias a la intervención de su abuela materna y bisabuela del niño, quien los acogió en su casa).

Porque todo esto es lo que le sucedió a la autora, quien tuvo la valentía de denunciarlo a los 88 años en la novela en cuestión. Y quien, luego de lo sucedido cuando era chiquilla, tuvo la fuerza para seguir con su vida y obra. Y es que las jóvenes de hoy, no tienen conciencia de lo que era ser mujer en el mundo hispano (y no sólo), hace apenas medio siglo.


Para finalizar diré, que personalmente me resultaron mucho más familiares los personajes del siglo XVIII, que los de la juventud mexicana de la autora, cuyos nombres, a excepción de Octavio Paz, Diego Rivera, Juan Rulfo y tal vez alguno más, desconocía totalmente. Pero eso es una particularidad propia de mi persona, quien vive más en la historia, que en el presente.

Diré también, que a pesar de las objeciones presentadas al comienzo de la reseña, recomiendo encarecidamente al lector hispano, la lectura de esta novela. 



Ficha bibliográfica:

Elena Poniatowska: „El amante polaco”, libro 1

México, Seix Barral, 2019

Idioma: Español


jueves, 29 de noviembre de 2018

Sobre "La reina altiva" de Elżbieta Cherezińska


Esta será una breve reseña de la saga „La reina altiva” de Elżbieta Cherezińska. Saga que gira en torno al personaje, conocido como Sigrid la Altiva, quien llegara a ser reina de Suecia, Noruega y Dinamarca, así como madre del rey de Inglaterra. Su nombre en polaco era Świętosława, Santaslaue en su versión en latín y „Gloriosa en la santidad” en su traducción literal al castellano. Pero, para facilitar la comprensión del texto al lector hispano, la llamaremos aquí con el nombre con el que la llamaban los vikingos: Sigrid.
La saga consta de dos novelas: „La altiva” y „La reina”, cada una de más de 590 páginas. Y es que la narración nos habla de sesenta años de la historia de Europa, desde el año 966 hasta pasado 1025. Comienza antes del nacimiento de Sigrid y termina unos años después de su muerte, cuando se encuentra con su hermano Boleslao el Bravo en el más allá.
Y es que, como dijimos, la saga gira en torno a Sigrid, pero no nos habla sólo de Sigrid, sino de toda la red de personajes y circunstancias, de las que era parte y en las que se veía envuelta. Comienza en abril del año 966, cuando el príncipe Mieszko I de la dinastía Piast, conocido en castellano como Miecislao I, se convierte al cristianismo, dejando de lado la religión de sus ancestros, la religión eslava, cuyo dios principal Światowid, "el que mira el mundo”, era representado con una cabeza de cuatro rostros. Miecislao era el príncipe de los polanos, tribu eslava que se asentó hace más de mil años en la cuenca del río Varta, dando origen a Polonia. Polanos significa gente del campo. Pero polana significa también claro del bosque. Y era por eso, que a Miecislao le gustaba decir, que era el Príncipe de los claros del bosque, en una época, en la que los terrenos  de su principado, estaban aún, en su mayoría, recubiertos de bosque.
Antes de bautizarse en el río Varta, Miecisalo desconoció a sus siete esposas paganas. Se casó luego, ya por el rito cristiano, con la princesa checa Dobrava, madre de Sigrid y Boleslao. Sigrid nació pues, en una época de cambios, una época en la que Europa aún se debatía entre el cristianismo, representado por Roma y el Emperador Romano Germánico; y el paganismo. Al decir "paganismo" utilizamos la terminología de los cronistas de la época, si bien, unos eran los dioses nórdicos, adorados por los vikingos y otros, los eslavos. Pero el término „paganismo” abarcaba a todos y así es como pasó a la historia.
Esta división se daba incluso dentro de la misma familia. Ya que, mientras Sigrid y Boleslao, se criaron como cristianos; sus medio hermanas, Astrid y Geira, hijas de las anteriores esposas de su padre, lo fueron como paganas. Astrid era hija de Urdis y nieta de Dalwin, señor de la isla y el puerto de Wolin en el mar Báltico. Siendo el puerto un cruce importante de las rutas de comercio, al que llegaba gente de diversos credos y procedencias, Dalwin dispuso un terreno, para que cada quien tuviera un lugar para rezar. Tenían pues su templo, uno contiguo al otro, los judíos y los musulmanes; los nórdicos y los eslavos. Los únicos que se negaron a tener su templo allí fueron los cristianos, quienes, por considerar su religión como la única verdadera, no querían compartir el mismo espacio con los paganoss.
Urdis, la madre de Astrid murió al darla a luz. La niña creció, heredando la belleza de su madre. Su cabello era del color de la resina líquida. Astrid tenía la capacidad de predecir el futuro. Sabía también de hierbas y qué dosis aplicar, para que la planta se convirtiera de curativa en venenosa. Geira, en cambio, era hija de la hermosa Gunn, a quien Miecislao había rescatado del cautiverio. Gunn era nórdica y se decía de ella, que murió de añoranza por su tierra.
Entre la red de personajes, que rodeaban a Sigrid en aquella época, tenemos a Duszan (alma en masculino), y Dusza (alma en femenino). Eran dos niños, que Miecislado escogió para sirvientes personales o „sombras” de sus hijos, pues habían nacido los mismos días que ellos. El niño de Boleslao y la niña, de Sigrid.
Estaba también Oda, con quien Miecislao se casó, luego de la muerte de Dobrava, y los hijos que tuvo en ella. Oda provenía de una familia poderosa y antes de casarse con él, había sido monja en un convento en Kalbe.
Sigrid creció, deviniendo en una hermosa doncella de una larga cabellera color ámbar, ojos verdes, cual un gato y lengua afilada, cual una cuchilla. Y como los hijos de príncipes y reyes, no pertenecen a sí mismos, sino a la dinastía, Sigrid tuvo que acatar la orden de su padre y casarse con Erico el Victorioso, rey de Suecia, a pesar de estar perdidamente enamorada de Olav Tryggvason, pretendiente a la corona de Noruega. Así que a la edad de quince años, Sigrid, acompañada siempre de su fiel almita (Dusza), cruzó el mar Báltico al encuentro de su destino y de su esposo, a quien recién habría de conocer.
Al llegar a Suecia no sólo habría de conocer a su esposo, sino otra lengua, otras creencias y tradiciones; las de los vikingos. Erico era pagano, quedando su palacio real frente al templo de Odín, Dios de la guerra, donde se hacían sacrificios humanos, cosa que Sigrid no soportaba. Por lo que, luego de algún tiempo, logró convencerlo para que le construya otra residencia en la localidad de Sigtuna.
Además, al llegar a Suecia, Sigrid entró a formar parte de una red, ya establecida, de alianzas y amistades, debiendo empezar a armar la suya propia. Entre los personajes que la rodeaban estaba jarl Birger, quien resultó ser un traidor. (Jarl era el nombre que recibían los caudillos vikingos). Y Ion, un monje cristiano, a quien Erico le trajo, a modo de regalo, de alguna de sus expediciones. Estando en Suecia, recibió de parte de Olav Tryggvason, quien mientras tanto se había casado con Geira, un regalo particular: dos linces domesticados.
Pasó el tiempo. Sigrid dio a luz a un hijo, Olof, quien posteriormente llegó a ser rey de Suecia. Boleslao se casó con la princesa húngara Karolda, quien murió poco tiempo después, dejándole un hijo varón, Bezprym. Sigrid se enteró que Miecislao estaba moribundo, por lo que viajó a Polonia, acompañada de sus linces y un séquito de vikingos armados, para despedirse de su padre y apoyar a Boleslao en su pretensión al trono, frente a sus medio hermanos, los hijos de Oda. Fue allí que conoció a Emnilda, la segunda esposa de Boleslao y a sus hijos.
Luego de la muerte de Erico, Sigrid, por ser cristiana, se libró de que la quemaran  con el cuerpo de su esposo. Quemaron en su lugar, a una chica joven, con la que Erico mantuvo alguna relación. Sigrid, la reina viuda, era un buen partido, por lo que empezaron a aparecer los pretendientes. Entre ellos Olav Tryggvason, quien también era ya viudo, pues Geira había muerto al dar a luz, pero otra vez el destino se interpuso. Sigrid se vio obligada a casarse con Sven Haraldsson, rey de Dinamarca, quien llegó con una flota de vikingos armados, dispuesto a invadir el país, si es que ella no lo aceptaba. Parte del acuerdo pre-matrimonial fue que Olof seguiría siendo el rey de Suecia. Así que Sigrid partió con Sven a Dinamarca, dejando a su hijo de doce años a cargo de Wilkomir, hombre de confianza de Boleslao.
Y otra vez le tocó adecuarse a una nueva corte, un nuevo esposo y un nuevo lugar.  Entre los personajes extraños de aquel sitio estaba Arnora, la última de un linaje principesco opuesto al de Sven, quien andaba continuamente esposada, arrastrando sus cadenas. Ya muchos años después, luego de la muerte de Dusza, Sigrid se enteró, que ésta provenía de la misma familia que Arnora, sin llegar a saberlo jamás. Otro de los personajes era Tyra, hermana de Sven, quien estaba prisionera en el castillo, pudiendo salir sólo a la capilla y siempre controlada por la gente del rey.
Y otra vez pasaron los años, cual las cuentas de un rosario. Sigrid tuvo cuatro hijos más, dos hombres y dos mujeres. Hasta que cierto día Tyra se fugó para casarse con Olav Tryggvasson, quien mientras tanto se había bautizado, convirtiéndose en el rey de Noruega. Quien tramó la fuga fue Boleslao, con el afán de enemistar a Olav y Sven. Logró su propósito, pues ante tamaño desaire, Sven se lanzó a la guerra. Sigrid, subrepticiamente, se puso del lado de Olav, contra su propio marido. Intrigó para que su hijo apoye a Olav y no a Sven. Pagó con dinero contante y sonante a Astrid, para que los vikingos, que acaudillaba su marido, Sigvald, apoyaran a Olav en la batalla. La idea, aprobada por Olav, era que luego de la muerte de Sven, éste dejara a Tyra y se casara con Sigrid, la reina viuda.
Pero las cosas salieron de otra manera. Tanto Olof, como Sigvald, a pesar de la promesa dada, apoyaron a Sven en la Batalla de los Tres Reyes. Llamada así, pues participaron en ella Olav, rey de Noruega, Olof, rey de Suecia y Sven, rey de Dinamarca. Olav fue derrotado y se tiró al agua, para que no lo prendieran vivo. Sven se convirtió en el rey de Noruega y Dinamarca. Tyra se dejó morir de hambre. Y Sven, quien se enteró de la traición de Sigrid, la expulsó de Dinamarca, quedándose él con los hijos, pues como ya dijimos, los hijos de los reyes pertenecen a la dinastía. Sigrid, con su séquito de gente fiel, regresó a Polonia, donde su hermano Boleslao.
Y pasaron doce años más. Sigrid sufría, viendo crecer a los hijos de su hermano, mientras ella estaba lejos de los suyos. Sven, luego de bastantes años, volvió a partir a Inglaterra, con la idea de saquear el país y tomar Londres, que nunca antes se le había rendido. Llevó consigo a su segundo hijo Knut, conocido en la tradición hispana como Canuto el Grande, dejando en Dinamarca a su hijo mayor, Harald. Esta vez si logró tomar Londres, donde falleció prontamente, designando como su heredero a su segundo hijo, Canuto.
Canuto retornó a Dinamarca con su esposa Elfgifu, hija de una familia poderosa del Norte de Inglaterra y su hijito. La guerra civil entre los dos hermanos, Canuto y Harald, se veía avecinar. Queriendo evitarla, ambos acordaron ir donde su madre para pedirle consejo. Y así fue que cierto día aparecieron sorpresivamente delante de Sigrid, quien los reconoció, a pesar de no haberlos visto durante años.
Sigrid se despidió de Boleslao y retornó a Dinamarca con sus hijos. Se acercaba el día en el que los caudillos vikingos, reunidos en Viborg, decidirían cual de los dos hermanos sería el próximo rey. Luego de la misa y antes de proceder a la elección, Sigrid pidió la palabra. 
- ¡Qué conforme a la voluntad de su padre, Harald sea el rey de Dinamarca! - dijo - ¡Y que Canuto sea el rey de Inglaterra, recuperando la corona que los ingleses le arrebataron, luego de la muerte de Sven! ¡Y que todos los caudillos vikingos colaboren con la expedición!
Aparentemente el problema había sido resuelto. El conflicto había sido evitado, pero todavía faltaba tomar Inglaterra. Los caudillos de Suecia, Noruega y Dinamarca colaboraron con la mayor expedición vikinga nunca vista que llegó a las costas de Inglaterra. Con ellos viajaron Sigrid, a pedido de su hijo, Elfgifu y el niño.
Los nobles de Inglaterra estaban divididos. Hubo batallas, pero también traiciones. Finalmente Canuto se hizo rey de Inglaterra. Siguiendo el consejo de Sigrid, dejó de lado a Elfgifu, con quien ya tenía dos hijos y se casó con Emma de Normandía, viuda de Ethelred el Indeciso, de la Casa Real de Wessex. De esa manera se legitimaba como rey ante la población del lugar. A Elfgifu le prometió a cambio la corona de Noruega para su hijo.
Y fue en Londres, donde Sigrid la Altiva, madre de los reyes de Suecia, Noruega, Dinamarca e Inglaterra, vio el fin de sus días. Llegando al más allá se cruzó primero con aquellos, cuya muerte había causado, como los que cayeron en la Batalla de los Tres Reyes, o aquellos a quienes había dado muerte con su propia mano, como jarl Birger. Pero logró vencer el pavor y siguió avanzando, siguiendo unas manchas de luz, que veía a lo lejos. Y se encontró con quienes le fueron fieles hasta la muerte, con el Gran Ulf y Wilkomir, quien murió protegiéndola de un atentado contra su vida. De pronto se halló ante las puertas del Valhalla, el paraíso vikingo, y vio a Erico y Sven, quienes habían sido enemigos en vida, riendo, mientras bebían del mismo cuerno. Junto a ellos, también feliz, estaba Arnora. Casi entra allí, pero Wilkomir la apartó a tiempo, diciéndole que ése no era su más allá. Entonces escuchó la voz de su querida Dusza y cayeron la una en brazos de la otra.
- Cuéntame - le pidió Sigrid, refiriéndose seguramente al último encargo, cuya respuesta ya Dusza no le llegó a traer.
„- Tranquila - la calmó Dusza - Tenemos toda la Eternidad”. *
Entró luego a otra sala, en la que estaban su padre Miecislao, su madre Dobrava y su madrastra Oda. Miecislao la alabó por sus acciones, diciendo que no la había valorado lo suficiente. A lo que ella le respondió que al llegar a una meta, desplazaba el horizonte, tal como él se lo había enseñado.
Cruzó un umbral y se encontró con Olav, quien quería mostrarle la aurora polar, que ella nunca había visto en vida.
„- Valió la pena morir, para encontrarte después de la muerte” ** - murmuró entonces Sigrid, abrazándose a él.
Pero Dusza la llamó, porque tenía que salir a saludar a Boleslao, que ya estaba llegando. Pues, mientras ella saludaba a todos, en la Tierra pasaron unos cuantos años.
Luego de despedirse de su padre, Sigrid y Boleslao, los primeros en ser coronados de la dinastía, precedidos por Dusza, Duszan y los linces, entraron de la mano, a ser los primeros en ocupar la nave de los Reyes Piast en el Paraíso.

Ambos libros vienen acompañados de mapas de los reinos y regiones mencionados, así como de una genealogía de la familia real de cada reino e Imperio en cuestión: el Imperio Romano Germánico, Polonia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Inglaterra y la Rus de Kiev. La autora dedica la novela a todas aquellas mujeres, marcadas en la genealogía, con un triste N.N.


* Elżbieta Cherezińska, „La reina”, p. 550
** Op. cit., p. 556
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Fichas bibliográficas:
Elżbieta Cherezińska: „La altiva” (Harda)
Elżbieta Cherezińska: „La reina” (Królowa)
Poznań, Editorial Zysk i S-ka, 2016
Idioma: Polaco

viernes, 11 de mayo de 2018

Sobre la novela "Las hijas de Wawel" de Anna Brzezińska

Presentamos aquí una reseña de la novela „Las hijas de Wawel. Narración sobre las princesas Jagellón” (Córki Wawelu. Opowieść o jagiellońskich królewnach) de Anna Brzezińska. 
La autora, hasta ahora sólo había publicado literatura de corte fantástico. Esta es su primera novela histórica, la cual, por cierto, no deja de tener toques mágicos. La autora despliega un conocimiento de la época en cuestión, el siglo XVI en la Polonia de los Jagellón, tema sobre el que, como historiadora de profesión, está haciendo  un doctorado en la Universidad Centroeuropea de Budapest. (Aunque para ser más específicos, el tema de su tesis doctoral es „La imagen de la reina en la Polonia del siglo XVI”).
La trama de la novela se centra en el personaje de Dosia, diminutivo de Dorotea, la enana de las princesas, Sofía, Ana y Catalina Jagellón, hijas del rey Segismundo el Viejo. Ponemos los nombres en castellano para facilitar la comprensión del texto, si bien en aquel entonces los nombres se escribían en latín, traduciéndose del santoral a la lengua local, tan sólo para su uso en el habla cotidiana.
Recordemos que en aquella época, los enanos, si tenían suerte, llegaban a ser las mascotas de las cortes reales e imperiales. Y como mascotas podían ser vendidos o regalados. A Dosia la compró un sacerdote quien quería congraciarse con la reina, haciéndole un obsequio particular. Si bien Dosia se encontraba en un estado tan calamitoso que, como obsequio, no sirvió para tales propósitos.
Eso en cuanto a la trama de la novela. Pero independientemente de ello, Dosia es un personaje histórico, existió realmente y las cartas que enviaba ya de adulta a una de las tres princesas, Sofía Jagellón, sirven ahora de fuente a los estudiosos, ya que era una de las pocas personas que tenía acceso a la familia real. Supe de su existencia por la novela de Małgorzata Duczmal "Los cuatro reyes de Catalina"  (Czterej królowie Katarzyny) y por el libro de Paweł Jasienica „La última del linaje" (Ostatnia z rodu).
Al inicio de la novela conocemos a Regina, muchacha humilde, quien llegara a la ciudad de Cracovia, en busca de fortuna. Corría el año 1525, y era Rey de Polonia y Gran  Duque de Lituania, Segismundo el Viejo, casado con Bona Sforza, quien procedía de la familia de los príncipes de Milán.
Al año siguiente, el primero de noviembre de 1526, Regina dio a luz a una niña, Dosia, la misma noche en la que nació Catalina, la menor de las hijas de Segismundo y Bona. Al cabo de unos años, en 1530, Dosia llegó a ser la mascota de las princesas, compartiendo la misma habitación con ellas. Como llegó repentinamente al Castillo de Wawel, sede de los reyes de Polonia, se asombraba de todo lo que veía, y es a través de su asombro, que vamos conociendo al castillo y a sus pobladores. 
En medio de eso, la autora nos va explicando, con sumo detalle, el ambiente, las costumbres, la cosmovisión de la época, e incluso, los rumores de palacio. Y lo hace, comparando continuamente las costumbres palaciegas con las de la sociedad en general.
Nos cuenta, por ejemplo, que en 1549 se aperturó la Facultad de Astrología en la Academia de Cracovia (hoy Universidad Jaguelónica). El tiempo de estudios duraba cuatro años y de sus canteras salían los astrólogos de palacio.
Nos habla también del Libro de oraciones de Ladislao de Varna, ligado a la cristalomancia. El mismo contenía, aparte de las oraciones tradicionales, invocaciones a Dios, la Virgen y cuatro arcángeles - Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel - para que iluminaran al poseedor del cristal, mostrándole en su interior, tanto a sus enemigos, como los acontecimientos futuros.
Ese es uno de los toques mágicos de la novela. Otro de ellos es el personaje de Witosława, vieja enana, aparentemente bruja, quien vive en una habitación oscura, de la cual nunca sale, ubicada en el sótano del castillo. Witosława llegó a Polonia, acompañando a Helena, princesa rusa, quien se casó con Aleksander, hermano mayor de Segismundo. El origen de Witosława era incierto. Corrían rumores de que fueron los tártaros, quienes la vendieron al padre de Helena, pues Witosława podía entenderse con ellos en su lengua. Durante un tiempo Dosia solía visitarla y escuchar sus historias sobre la familia real, historias que no siempre coincidían con la versión oficial de los hechos. Witosława sugería, por ejemplo, que al enviudar Helena, Segismundo la hizo envenenar. Ese era uno de los muchos rumores, que por diversas fuentes llegaban a oídos de Dosia, quien como era pequeña, se podía meter en todas partes. Otro era el del envenenamiento de los dos últimos príncipes de Mazovia, pertenecientes a la dinastía Piast. Lo cierto es que luego de la muerte de éstos, la región de Mazovia, pasó definitivamente a formar parte de Polonia, cosa que convenía tanto a Bona, como a Segismundo.
Es a través de los ojos de Dosia que conocemos a las tres princesas ya mencionadas, Sofía, Ana y Catalina, a su hermana Isabel y a su media hermana Jadwiga, hija de la primera esposa del rey Segismundo. Y a Doña Sofía Szydłowiecka, quien se hacía cargo de las damas del castillo, durante la ausencia de la pareja real. Ausencias que no eran pocas y que podían durar incluso más de dos años. Y es que los reyes, como Reyes de Polonia y Grandes Duques de Lituania tenían una corte y un palacio real, el de Wawel, en Cracovia, y otro en Vilna, la capital de Lituania. Además tenían que hacerse presentes en Lituania, y estar en buenas relaciones con los nobles lituanos, quienes aprobarían quién sería el próximo Duque de Lituania.Y en aquel entonces, tan sólo la travesía entre ambos lugares duraba un mes. Recordemos además que el origen de la dinastía Jagellón era lituano.
Fue en uno de esos viajes, que durante una parada, la princesa Sofía fue mordida  por una serpiente blanca, animal considerado sagrado antes del advenimiento del  cristianismo en Lituania en el siglo XIV. El daño en la pierna mordida le duró de por vida, si bien se hacía más presente los días fríos y húmedos. En los viajes siguientes la pareja real, viajaba acompañada tan sólo por sus hijos mayores, Isabel y Segismundo Augusto. Las otras princesas, Sofía, Ana y Catalina, se quedaban en el Castillo de Wawel. 
Y es a través de Dosia, que conocemos también, si bien tangencialmente, pues la enana no tuvo mayor contacto con ella, a la reina Bona. Y a Diana di Cordona, dama de la Corte, quien llegó acompañando a la reina, desde la lejana Italia. Posteriormente Diana, por encargo de la reina, se convertiría en la maestra de Dosia, enseñándole todo lo que sabía sobre la preparación de brebajes, tanto para el amor y la curación, así como para la muerte. Es decir los venenos.
 Vemos pues, que se trata de un mundo principalmente femenino. Y es que las habitaciones de las damas estaban separadas de las de los varones. Si bien Dosia tenía contacto con los hombres que circulaban por el palacio, entrando y saliendo de él, como los sacerdotes, carpinteros, picapedreros, orfebres, mozos de caballeriza, ayudantes de cocina y muchos otros más, casi no lo tenía con los de la familia real, es decir con el rey Segismundo y su único hijo vivo, Segismundo Augusto. Uno de los hombres mencionados es, por ejemplo, Alantsee, boticario y supuesto productor de venenos por encargo de la reina. El tema de los venenos, es pues, recurrente en la novela.
Ana Jagellón
representada por Jan Matejko
De todas maneras, los hombres son vistos a lo lejos, y siempre, como un peligro o una amenaza en ciernes. Y eso, que Dosia no sabe, que su nacimiento fue producto de una violación. No sabe que su madre, Regina, no pudo negarse a los requerimientos del patrón, en cuya casa servía, simplemente, por no acabar en la calle. Pero que esos encuentros, lo cual no deja de ser asombroso, no le producían ni el más mínimo de placer.
Hasta el matrimonio, al cual por su condición, estaban destinadas las princesas, era una amenaza. Sabían que llegado el tiempo, habrían de dejar a los suyos, y partir a tierras lejanas, al reino o principado del marido que les tocara. Al menos, así es como lo veía Dosia, quien sabía que el maltrato era pan cotidiano para las mujeres, de cualquier condición que fueren. Tenía ya doce años, cuando cierta vez estalló en llanto, diciendo que jamás se casaría, como si no supiera que su destino no dependía de ella, sino de sus dueñas, las princesas Jagellón. Y fue entonces, cuando la princesa Catalina le prometió que eso no pasaría y que ella la llevaría siempre consigo. 
Cosa que realmente sucedió. Dosia acompañó a Catalina, cuando ésta se casó con Juan de Finlandia. La acompañó en la celda del castillo de Gripsholm, donde Erico XIV el Loco, medio hermano de Juan, apresó a éste y su esposa, y donde Catalina dio a luz a Segismundo Vasa, quien posteriormente llegaría a ser rey de Polonia. Y fue Dosia, quien la acompañó en los partos y cuidó de sus hijos, tanto de los tres vivos, como de la mayor, quien murió al año y medio de nacida. Dosia la acompañó, cuando salió de la cárcel y  llegó a ser reina de Suecia, y la cuidó en su lecho de muerte.
Y fue por encargo de Juan que, luego de la muerte de Catalina, Dosia retornó a Polonia, acompañando a Segismundo hijo de éste y de Catalina, quien fue elegido rey por los nobles. Viajó también con ellos la princesa Ana Vasa, hermana de Segismundo. Y es que Dosia era la única que conocía realmente a los dos príncipes, habiéndolos criado desde niños y queriéndolos como si fueran los hijos que nunca tuvo. Fue ella quien le transmitió a la princesa Ana la pasión por las plantas medicinales, al punto de ser ésta considerada hasta ahora, como la madre de la botánica polaca.
Es así, que luego de toda una vida, Dosia se reencontró con Ana Jagellón, la penúltima de las princesas, llamada para aquel entonces la Reina Viuda. De tal modo que Dosia nunca llegó a conocer a su esposo, el rey Esteban Batory. Ya que Batory llegó a Polonia desde Transilvania, se casó con Ana, reinó y falleció, mientras Dosia estaba en Suecia.
Esta reseña, al igual que la narración de la novela, no es cronológica, pues Ana y Dosia son ya dos mujeres mayores, cuando en el jardín del palacio de Varsovia recuerdan conjuntamente, cosas que sucedieron cuando eran niñas. Y ese recuerdo es, a su vez, un recuento de sus propias vidas. El incendio del Castillo de Wawel, cuando fue Dosia quien diera la voz de alarma en 1536. La severidad de la Doña Sofía Szydłowiecka, tratando de imponer el orden y la virtud, en un mundo donde desbordaba el caos. Las conversaciones con la enana Witosława, que Dosia, ni siquiera de vieja, se atrevió a comentar con Ana, pues ésta era muy piadosa. O los sucesivos matrimonios de las princesas en cuestión. El matrimonio de Jadwiga con Joaquín II de Brandenburgo. El matrimonio de Isabel con Juan Zápolya de Hungría, quien le llevaba más de treinta años. El retorno de Isabel a Polonia, doce años después, luego de haber enviudado y de haber sido forzada a entregar la corona de Hungría a los Habsburgo… El matrimonio de Sofía con Enrique II de Brunswick, a la avanzadísima, para la época, edad de 34 años. Las esperanzas fallidas de Dosia, quien esperaba acompañarla para aliviarle los dolores de la pierna. Pero Sofía escogió llevar consigo a la enana Inés, diciendo que Dosia serviría de más apoyo a sus hermanas. El matrimonio de Catalina, a quien Dosia, como ya dijimos, acompañó hasta su lecho de muerte.
Y por último, los sucesivos matrimonios de Segismundo Augusto, hermano de las princesas. El matrimonio con Isabel de Habsburgo, quien sufría de epilepsia, y quien siendo de salud muy frágil, lo dejó prontamente viudo. El matrimonio con Bárbara Radziwiłł contra la voluntad de los nobles, así como de su madre y sus hermanas, quienes en señal de protesta, abandonaron el Castillo de Wawel y se fueron a vivir a Varsovia. La muerte de Bárbara, de la cual Segismundo Augusto acusaba a su madre, la reina Bona, al punto que ésta tuvo que abandonar Polonia. La partida de Bona al principado de Bari, que le correspondía por herencia, donde fue envenenada por encargo de los Habsburgo. El matrimonio de Segismundo Augusto con Catalina de Habsburgo, hermana de su primera esposa, con la cual tampoco tuvo descendencia. El fin de la dinastía Jagellón, luego de apenas tres generaciones en el trono de Polonia…
Para finalizar diremos, que se trata de una novela de más de ochocientas páginas, con muchísimas historias y temas entrelazados, de la cual hemos presentado aquí apenas una pincelada. Recomendamos pues su lectura a quienes dominen el polaco, pues entendemos, que aún no ha sido traducida a otros idiomas.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Anna Brzezińska: "Las hijas de Wawel" (Córki Wawelu)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie (Editorial Literaria), 2017
Número de páginas: 835 
Idioma: Polaco

martes, 3 de mayo de 2016

Sobre la novela "Los libros de Jacob" de Olga Tokarczuk

Este es un pequeño comentario a la novela „Los libros de Jacob” (Księgi jakubowe) de Olga Tokarczuk, obra que le valió el Premio Literario Nike 2015, uno de los mayores premios en cuanto a literatura polaca se refiere. Olga Tokarczuk es actualmente una de las escritoras más reconocidas de Polonia. Y digo que es pequeño, porque la novela sobrepasa cualquier comentario posible. 
El protagonista de la novela, el judío polaco Jacob Frank (Jakub Frank), seguidor de Sabatai Tzvi, fue un personaje histórico quien tuvo un sinnúmero de seguidores, llamados frankistas. Sabatai Tzvi fue a su vez un judío turco, quien en el siglo XVII se declaró el mesías. (Recordemos que en el universo judío aún se espera la llegada del mesías. De tiempo en tiempo aparece alguien que se declara como tal. Uno de ellos fue Jesús, otro Sabatai Tzvi. Ambos son considerados como falsos mesías por quienes siguiendo ligados a la tradición del judaísmo, no son sus seguidores. Pero aparte de ellos hubo muchos más).
De familias de frankistas, ya que solían casarse entre ellos, descendían, entre otros, la madre y la eposa del poeta Adam Mickiewicz. La novela levantó polvareda en Polonia, lo cual indica que tocó carne en cuanto a la interpretación de la historia se refiere. 
Se trata pues de una novela histórica. Pero la obra de Olga Tokarczuk es de por sí bastante indefinible y cobra repentinamente giros inesperados. En el caso de esta novela vemos que en medio de la narración, aparentemente realista, aparece el personaje de Yenta (Jenta), abuela de Jacob, quien, debido a un mal manejo de la magia, queda suspendida entre la vida y la muerte. Aún respira y su cuerpo no se ha enfriado. Pero ya no se mueve, no habla ni recibe alimentos. Está en medio de los vivos, sin responder a los estímulos, como si fuera un mueble. Y sin embargo su espíritu flota y ve todo desde arriba, ve a toda su descendencia, sus hijos, nietos y bisnietos, ve lo que pasa en Polonia y lo que pasa en Esmirna en Turquía, donde se encuentra Sabatai Tzvi. Y Yenta se divierte. Se divierte, porque ha engañado a todos. Es un espíritu libre de las ataduras del cuerpo, pero que tampoco ha sido enviado al mundo de los muertos, ya que aún respira. Es pues un espíritu libre de las ataduras de cualquier mundo, tanto de los vivos, como de los muertos.
Uno de los muchos personajes históricos presentes en la novela es Benedykt Chmielowski, sacerdote católico y autor de la primera enciclopedia polaca, quien en su búsqueda de conocimiento acude donde el rabino, cosa vedada para la sociedad de la época; por lo que lo hace a escondidas, tratando de que nadie de su círculo lo vea. El padre Chmielowski es un hombre muy compasivo y es parte de su compasividad también, el querer compartir todo el conocimiento del mundo a través de la enciclopedia, que en medio de las largas noches de invierno, se esfuerza en elaborar.
Respecto al tema de la conversión de los judíos al catolicismo vale la pena explicar algo que el libro no explica, tal vez por considerarlo tácito. La apostasía, vale decir el abjurar de la religión propia, a la que uno pertenece y/o en la que ha sido formado, estaba penada con la muerte en la República de los Nobles, conocida oficialmente como la República de las dos Naciones (Polonia y Lituania). No se obligaba a convertir al catolicismo a nadie, como en el caso de la España de los Reyes Católicos o la Roma de los Borgia. Tampoco se expulsaba del país a nadie por motivos religiosos. Pero sí estaba prohibido pasarse de una religión a otra. Si naciste judío, debías morir judío. Es por eso que Moliwda, otro de los personajes de la novela, quien infortunadamente se enamora de una judía, luego de la muerte de su esposa debe fugarse por un buen tiempo del país. Y es a él a quien le cuentan el caso de uno de los condes Potocki, quemado en la hoguera luego de convertirse al judaísmo.
El trámite solicitando el permiso del arzobispo para que los frankistas, todos ellos de procedencia judía, se conviertan al catolicismo, es un trámite largo y engorroso. Quien se hace cargo del trámite es Moliwda, el único que por su procedencia social (los condes Kossakowski) y su formación, tiene los contactos y la capacidad para hacerlo. El trámite finaliza exitosamente, el permiso les es otorgado por el rey Augusto III y el 17 de setiembre de 1759 tres mil judíos se bautizan en la catedral de Lwów, convirtiéndose a la fe católica. Jakub Frank y sus seguidores más cercanos lo hacen en la mencionada catedral, pero simultáneamente hubo otras conversiones en Lublin y Varsovia. Al convertirse cambian de identidad, adoptando nombres provenientes del santoral católico en su versión polaca y apellidos polacos. Muchas veces adoptando el apellido del padrino o de la pareja de padrinos (quienes al ser matrimonio usan el mismo apellido), los cuales procedían de la nobleza, incluida la aristocracia, polaca. Cambian también de atuendo, dejan de usar las tradicionales gabardinas y pasan a vestirse como la nobleza polaca. No se trata pues sólo de una conversión religiosa sino también de una conversión social. (Y es en medio de ese río revuelto que el padre Chmielowski, desbordado por la compasividad, se juega su propio pellejo al hacer pasar por un judío que se quiere convertir al catolicismo a un siervo fugitivo de los bienes de su señor feudal).
Sin embargo Jakub Frank y sus seguidores no comulgan con la mayoría de las tradiciones católicas, siguen practicando rituales internos entre ellos y son objeto de sospecha de la curia. En consecuencia Frank es arrestado y encerrado en la fortaleza de Częstochowa, donde pasa trece años y de donde es liberado recién por los rusos, cuando la repartición de la República de las Dos Naciones en 1773. Sus seguidores se mudan desde otras partes de Polonia a Częstochowa para estar cerca a su maestro.
Para finalizar diré que el tema histórico presentado en la novela ha sido casi totalmente desconocido para el lector polaco hasta la publicación de este libro. Y que si bien hubo muchos judíos en Polonia, quienes se plegaron al movimiento frankista, hubo muchos también que no, lo cual nos muestra que no se puede hablar de los judíos polacos como de una comunidad homogénea. Diré también que hemos analizado el texto principalmente desde el punto de vista histórico, sin adentrarnos en su riquísimo valor literario. Y que esta reseña es tan sólo un simple pincelazo en el que se presenta de una manera general a unos cuantos de los múltiples personajes de una vasta obra de más de 900 páginas, cuya lectura recomendamos a todos aquellos que dominen el polaco, ya que entiendo que todavía no ha sido traducida al castellano.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: "Los libros de Jacob" (Księgi Jakubowe)
Cracovia, Editorial Literaria (Wydawnictwo Literackie), 2014
Número de páginas: 912
ISBN: 9788308049396 
Idioma: Polaco

lunes, 5 de enero de 2009

Últimas lecturas literarias

Estos últimos días pude darme un tiempo para leer novelas sin parar, como en mis viejos tiempos. He leído pues "Cárceles del alma" del escritor húngaro Lajos Zilahy, cuya acción transcurre entre Budapest y Tobolsk en Siberia, antes y durante la Primera Guerra Mundial. Leí luego dos novelas de Maria Rodziewiczówna: "La madre" (Macierz) y "El polvo gris" (Szary proch), escritas en polaco arcaico y cuya acción transcurre en la Lituania de antes de la Primera Guerra Mundial. Y por último "La otra chica Bolena" (The other Boleyn girl) de Philippa Gregory, novela que supuestamente sirvió de base para la película del mismo nombre, si bien la versión cinematográfica es tan diferente que pareciera estar basada en otra novela. Hace un tiempo vi esa película y vi también la serie completa de "Los Tudor", serie de primera, producida por la televisión británica. Cuánto más profundizas en el estudio de la historia, tanto más coincides con Shakespeare, quien dijera a través de la boca de alguno de sus personajes, que la historia pareciera ser un cuento contado por un loco. No recuerdo la cita exacta, pero sí el sentido de la misma.