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martes, 2 de agosto de 2016

"Un Universo dividido" por Rossella Di Paolo


Entre el Cielo y el Infierno

Isabel Sabogal (Lima, 1958) acaba de publicar su novela Entre el Cielo y el Infierno. Un universo dividido (Ignacio Prado Pastor/ 1989). No es usual que una autora tan joven incursione en un género en el que prácticamente no encontramos exponentes femeninos en las últimas décadas. (…) Su novela es una inmersión en los planos divinos y demoníacos que existen dentro de nosotros, pero presentados aquí en sus espacios arquetípicos (Cielo/Infierno) y con los personajes que culturalmente les asignamos: ángeles, Dios, demonios, Lucifer. El personaje central es una mujer sin nombre que "revuelve cielo e infierno" como popularmente decimos, en busca de respuestas, de su nombre y de los seres que ama, y que ha perdido y encontrado a lo largo de su travesía. Esta novela nos pone en contacto con símbolos universales (occidentales) y con los terrores y sueños que alguna vez poblaron nuestra infancia. Hay un camino que une su poemario y esta novela: la rara simplicidad de los símbolos primarios, con su juego de oposiciones mágicas: el dragón y la princesa, el ángel y el demonio, la cotidianeidad y el infinito, etc. En ambos libros hay una niña-mujer sin nombre que busca el bien, en lucha permanente contra los espejismos o durezas de la realidad.

Rossella Di Paolo
Comentario publicado en la revista alternativa de actualidad "La Tortuga"
Lima, Perú, N° 31, 1989;


(Nota: La novela "Un Universo dividido" fue publicada en su primera edición con el título "Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido". Lima, Ignacio Prado Pastor, 1989).

jueves, 21 de julio de 2016

"Un Universo dividido" por Gérard Romuald Szkudlarski

Isabel Sabogal en su 'nivola'1

"... La esciciparidad reflexiva está en potencia en el para-sí reflexo: basta, en efecto, que el para-sí reflejante se ponga para sí como testigo del reflejo."
(J.P. Sartre, ''El Ser y la nada'')

Si intentáramos aglutinar el título del poemario "Requiebros vanos"2 con el título de la presente novela3 obtendríamos: "Requiebros vanos entre el Cielo y el Infierno: un Universo dividido". Lejos de ser un mero juego, la íntima concatenación complementaria de ambos títulos prueba la existencia de una realidad vivencial (Erlebnis) única a partir de la cual se configura y cristaliza el universo ficcional de la novelista. La novela existencial y fantástica de Isabel Sabogal es - al igual que las 'nivolas' de Miguel de Unamuno - una introspección y proyección literaria de cierto número de temas y/ o "leit-motiv" permanentes, propios de su cosmovisión poética. Es evidente que su “nivola” constituye la "estructura categorial", la 'gestalt' de lo fantástico, el imprescindible agente conductor, el mecanismo o artificio mediante el cual la "descritura fantástica", esto es la "deconstrucción verbal" que disloca la experiencia lectural va a sintomatizarse en el lector a través de las provocaciones lecturales4.
La descritura fantástica operada por la novelista, se nos presenta así como anihilación de nuestra realidad. "Este proceso de aniquilación tiende a la destrucción de un mundo y a la reaparición del caos. De manera simultánea, y concomitante juega en sentido inverso un proceso de construcción de un mundo nuevo, que es otro..."5. Esta "mise en abîme" literaria de la que habla Michel Butor6, mediante la develación de la "inquietante extrañeza" o "ambigüedad insólita" (Unheimliche) toma cuerpo a través del género nivola elegido por Isabel Sabogal (o por el cual ella ha sido elegida). Se trata pues de una novela fantástica cuya acción se desarrolla "fuera de lugar" (utopía) y "fuera de tiempo" (ucronía). La "Inómine" protagonista "que quiso y no pudo ser Cristina" - alter ego de la escritora - recorre aparentemente espacios fantásticos en tiempos ambiguos. La trama diegética no deja nunca a pesar de los estratagemas y procedimientos descritos, de ser “Ia narración del mundo privado en un tono privado"7. Parecería, que tanto el "Cielo", como la "Tierra" y el "Infierno", al igual que los seres que habitan los tres mundos, son proyecciones mentales de la novelista, evocados mediante la aproximación inductiva y la expresión cinestésica8. Todos ellos vectores de su imaginación creativa.
Todas estas proyecciones ambivalentes9, indagaciones cognoscitivas y/o actos intuitivos poseen la frágil consistencia ectoplásmica que les otorga la imaginación poética de Isabel Sabogal. Pero poseen también la fuerza decisiva de lo a-temporal y de lo a-espacial - abstraído por tanto - de la acción transmutadora de las leyes naturales. Del universo fantástico de la novela, sólidamente estructurado parten algunos brotes de otras expresiones vecinas: lo mágico, lo maravilloso, lo extraño, lo sumatural, lo esperpéntico y diabólico y también lo realista10. Acaso sea lícito y oportuno señalar algunas semejanzas y/o paralelismos - a nivel anecdótico - entre la presente novela - y otras obras y géneros: el drama romántico, la novela gótica, los relatos de Kafka. "A puerta cerrada" de J.P. Sartre, "La Divina comedia" de Dante, "El Inómine" de Samuel Beckett, "Relatos de Belzebuth a su nieto" de G.I. Gurdieff y "En busca de lo maravilloso" de Uspensky. No tiene mayor importancia si la novelista había bebido mucho, poco o nada en todas o en algunas de las mencionadas fuentes.
"El león está hecho de la carne de los corderos que ha comido, sin que sea por ello cordero" decía Goethe. A su vez, de ser cierta la hipótesis de ía "Pantomnesia" (Omnimemoria) del subconsciente colectivo, de la consciencia acumulativa que construye y aumenta la esencia sartreana de todo ser humano, ningún concepto, ningún contenido, ninguna idea sería privativa de una mente en particular.
En tal caso lo decisivo sería no el qué, sino el cómo, es decir la forma y/o el estilo, y en este aspecto la obra de Isabel Sabogal es significativamente original y marcadamente existencial. En la dimensión creativa las conversaciones de la Inómine (Namenlose) protagonista con Dios, con los ángeles y con los demonios son tanto o más consistentes que los diálogos naturalistas que entablan los personajes de las novelas de Émile Zola. Es a partir de este "realismo" de tercer grado o realidad tercera11 y más allá del imbroglio diegético, a menudo serial, polisémico y con diferentes contrapuntos, tanto situacionales como temporales que se hace posible distinguir e identificar las principales "ideas-fuerza", verdaderas obsesiones existenciales de una mente única y agonal que no cejará en su empeño gnoseológico. Se trata de una mente bivalente: narrador/personaje. Ahora bien, “un narrador que se hace ver y habla mucho, sólo es admisible si a la vez es personaje de la historia que narra y si como tal - tiene las mismas limitaciones epistémicas"12. Esta mente única aunque bi y hasta trivalente (narrador/personaje/narrador-personaje) ostenta un doble punto de vista: la 'visión-con' y la 'visión por detrás'. La primera corresponde a la conciencia que "siente" y la segunda a la conciencia que "juzga" (tanto a los demás como a sí misma). La "visión subjetiva" se imbrica e interrelaciona con la "visión objetiva" y la percepción ya no es tan sólo la del "yo" sino que se desdobla en "él"13. Se trata pues, de un desdoblamiento trágico de la autoconsciencia, equiparable a la llamada esciciparidad reflexiva de la que habla Sartre14.
El fruto de la minuciosa y prolongada auscultación del Cielo y del Infierno es pesimista: el Universo sigue escindido y la Inómine protagonista también. El armonioso intento de "com-unión", de fusión con los demás y con los "mundos" en una unidad indisoluble fracasa, hasta llegar a la intelección de la nadedad espectral de la fuerza "humana" y de la finalidad terrena y ultraterrena. En realidad la protagonista ha sido condenada al fracaso vital por la escritora antes de nacer. Vino al mundo "mortinata". No es de extrañar que todas sus posibilidades han sido también "mortiposibilidades": "...Escaparé al temor arrojándome hacia mis propios posibles, en la medida en que considere mi objectidad como inesencial. Ello no es posible excepto si me capto en tanto que soy responsable del ser ajeno. El prójimo se convierte entonces en aquello que me hago no ser, y sus posibilidades que deniego y que puedo simplemente contemplar, o sea mortiposibilidades."15 Es una "mujer sin nombre" es decir "inómine" (Namen-lose), no "innominada". "Inómine" se aplica al ser y/o a la persona que no puede ser nombrada por alguna falla que le es connatural. En cambio "innominado" es aquello que aún no ha sido nombrado. El inómine es un ser fallido conforme con el pensamiento existencialista: "La realidad humana, al trascenderse hacia su propia posibilidad de negación, se hace ser aquello por lo cual la negación por trascendencia viene al mundo; por la realidad humana viene la falta a las cosas en forma de "potencia", "inconclusión", "aplazamiento", "potencialidad"16.
Para la filosofía existencialista, profundamente arraigada en la experiencia de la situación humana17, el hombre (Dasein)18 o "para -sí"19, producto de la derelicción y sumido en la contingencia, vive alienado hasta que logre forjar su propia esencia20. También la protagonista de la novela vive alienada (alienus = separado de los demás, del mundo y de sí mismo), siendo un ente "híbrido", "tricotómico" y "tripartito" por su origen, se halla alienada inclusive de "su" nombre. Debido a su triple e irreconciliable naturaleza vive "transterrada" y "transterriterializada". Una barrera infranqueable que los griegos llamaban "horos" le impide superar la escisión. Al igual que el "phármacos", especie de chivo expiatorio sobre el cual la "thiasis", grupo social cargaba las culpas de la comunidad, también la "Inómine" recorre en vano los tres mundos, humillada y ofendida, plegándose reiteradas veces al repetido impulso pendular que la lleva - sin cesar - a través de los mundos que corresponden a su triple naturaleza. No pudiendo "echar raíces" en ninguno de ellos, su mal resulta endémico y su alienación permanente: "aislada - dice - para siempre de la gente en un aislamiento que ya no habría de romper jamás..."21. La culpa (Schuld) de la Inómine se halla vinculada ya a su simple existencia - ya que el hombre es - según Jaspers inevitablemente culpable. Toda finitud es fuente de falsedad y ésta implica culpa22. Lo que agrava su situación haciéndola hundirse cada vez más en las "arenas movedizas" es su insaciable deseo de "ser sí misma" (Selbstheit de Heidegger) que la llevará a comprender la injustificabilidad del hombre: "la contingencia no deja de infestarlo y hace que me capte a la vez como totalmente responsable de mi ser y como totalmente injustificable..."23. Conforme aumenta el bulto de la obra, la Inómine va experimentando la pesadilla a ojos abiertos que le ha tocado vivir (existir). Encerrada en su ipseidad (Selbstheit), experimenta la decadencia existencial (Verfallen), sabe que su destino al igual que todo destino del "para- sí" (Dasein) - echado a la existencia y por ello contigente es "ser - para - la muerte" (Sein-zum-Tode) y "ser – para - el fin" (Sein-zum-Ende). Se siente invadida por la fatiga existencial (Weltschmertz), cuyo único fin posible será el anonadamiento (Nichthafte). Todo intento de "comulgar", de compartir la vida con los demás (Mitsein), de obrar al unísono con el "prójimo", con el "otro" (Mitmachen) termina inevitablemente en el fracaso. Es ella misma su propia desgracia. Ella misma es la mancha (miasma), el foco de contagio y la ponzoña que lleva en la sangre es el fruto de la herencia. Es !a úlcera que no se puede sajar, pues el dolor de la Inómine es el de ser lo que ella es y no puede dejar de ser. Desgonciada de todo lo que es algo y mucho, la Inómine hace mutis. Dolor simpar es el suyo y seguirá siéndolo mientras viva. Tal cesura entre el yo y su existencia corporal convierte a la vida en enemiga de sí misma. En el dolor dice Sartre: "la conciencia vive en su contingencia". Pero no hay nada nuevo bajo el sol: “Nil novi sub sole" decía Salomón24. "En algunos poetas líricos griegos corno Teognis Mimnermo, el dolor de vivir, sin darles cuartel ni concederles armisticio, no tiene consuelo. Job, en su desdicha, querría no haber nacido. También estos poetas pregonan que no haber nacido sería lo mejor o en su defecto, "morir cuanto antes"25.
La tragedia se emplea en cosas respectivas al dolor del hombre, cuando éste colide aflictivamente con el mundo de su alrededor, de adentro o de arriba, en un conflicto práctico, psicológico o religioso. "El dolor humano es el terrazgo donde nace la tragedia. El sufrimiento de un alma, que puede sufrir con grandeza, eso y sólo eso es la tragedia..."26. En la novela de Isabel Sabogal se produce un doble movimiento atenuante que disminuye la crispación trágico – existencial mediante la representación sublimada del dolor humano. Sublimación que conduce de la conocida "mimesis" a la cristalización poética o "poiesis". A su vez el efecto cathártico, del que habla Aristóteles, resulta potencializado debido a la dimensión fantástica de la novela. También Vigotski27 recurre al término clásico de "catharsis" para denominar ese movimiento interno fundamental que se cristaliza en la estructura de la obra.
Sin embargo, para él, se trata más bien, de la solución de ciertos problemas de la personalidad, del descubrimiento de una verdad más humana, más elevada, de los fenómenos y situaciones de la vida. Los sentimientos, emociones, pasiones, forman parte del contenido de la obra de arte, pero en ella se transforman28. Al igual que un procedimiento artístico provoca la metamorfosis del material de la obra, puede provocar asimismo la metamorfosis de los sentimientos. Esta metamorfosis consiste en que éstos se elevan sobre los sentimientos individuales, se generalizan y se tornan sociales. Así, el significado y función de una novela que trasunta dolor, soledad y alienación, no consiste en contagiarnos estos sentimientos y/o estados, sino en plasmar esta soledad, este dolor de tal forma que, al hombre se le descubra algo nuevo, en una verdad más elevada y más humana.
Este es el segundo nacimiento de la "Inómine". Le deseamos que se convierta en una realidad patente y potente. Que conquiste el nombre, pero que sea "su nombre", que se mantenga incólume en su conquista, que preserve siempre la actitud erecta y aspirante y que mantenga la fidelidad al ser permanente frente al estar pasajero.

Gérard Romuald Szkudlarski,
Lima, julio de 1989.
(Epílogo de la novela "Un Universo dividido", publicada en su primera edición con el título "Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido").

1Es así como Miguel de Unamuno denomina a sus novelas debido a su peculiar estructuración y original contenido.
2Isabel Sabogal, “Requiebros vanos”, Ignacio Prado Pastor Editor, Lima, 1988.
3Hemos tenido también en cuenta el título provisional de esta novela: "Historia de una mujer sin nombre" que conjugado con "Requiebros vanos" daría: "Requiebros vanos de una mujer sin nombre".
4Cf. Harry Belevan, “Teoría de lo fantástico”; Editorial Anagrama, Barcelona, 1976. Y "Antología del Cuento Fantástico Peruano" (Introducción), Ed. UNMSM, Lima, 1977.
5Robert Volmat en Harry Beleván; Op. cit. p. XXIV.
6 Cf. "Le livre et ses miroirs dans l'oeuvre de Michel Butor"; Archives des lettres modernes, N° 135; Mirand, París, 1974.
7Wolfgang Kayser, “Interpretación y análisis de la obra literaria”, Editorial Gredos, Madrid, 1961, p. 481.
8Jeanne Bemis, "L'imagination", p. 54; P.U.F. En Harry Beleván; Op. cit p. XXII.
9A menudo "bivalentes" y hasta "trivalentes".
10Harry Beleván, Op. Cit., p. XLV.
11Mario Vargas Llosa, "Harry Belevan o el robo perfecto”, en: “Escuchando tras la puerta”, p. 8; Tusquets Editores, Barcelona, 1975.
12Cf. Susana Reisz de Rivarola, "Teoría literaria", 2da. Ed., P.U.C.P., 1987.
13Cf. Anderson Imbert, "Crítica interna".
14Cf. J.P. Sartre. "El ser y la nada", p. 214.
15Cf. J.P. Sartre, Ibid., pp. 368/369.
16Ibidem, p. 261.
17Cf. Erich Koechler, "La torre y el abismo".
18La palabra "Dasein" designa - en la terminología existencialista heideggeriana al ser humano que echado a la existencia - simplemente "está allí".
19Es la variante sartreana del Dasein.
20Para Sartre, Cf. op. cit., el hombre primero existe para luego forjar su propia esencia ("la existencia precede a la esencia").
21Cf. Isabel Sabogal: "Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido" (título con el que la presente novela fue publicada en 1989).
22Soy culpable frente al otro. Culpable en primer lugar, cuando bajo su mirada experimento mi alineación y desnudez como caída que debo asumir; es el sentido del famoso: "Conocieron que estaban desnudos" de la Escritura. Sartre, Op. cit., p. 508.
23J.P. Sartre, Op.cit., p. 393.
24Eclesiastés I/10.
25Cf. José Lasso de la Vega, "De Sófocles a Brecht", Editorial Planeta, Barcelona, 1971, p. 22.
26José S. Lasso de la Vega, Op. cit.p.15.
27Cf. A.N. Leontiev en Liev Siemionovich Vigotski, "Psicología del arte". Prólogo, pp. 9-11.

28Ibidem, p. 10.

lunes, 1 de junio de 2009

Sobre la crítica literaria peruana


La crítica literaria peruana en el siglo XX - sostiene Birger Angvik - tiende a trabajar de manera categórica, muchas veces dogmática. La metodología, dice, trabaja con excluir, silenciar y callar, sin miramientos teóricos, a autores y obras que no corresponden o no responden a las exigencias de la lectura realista postuladas por los críticos.

Maurizio Medo Ferrero:
"Repensando la poesía peruana: una Babel en el continente latinoamericano"

martes, 9 de septiembre de 2008

Epílogo de la novela "Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido" de Isabel Sabogal (fragmento)

Con Gerard Szkudlarski. Lima, Miraflores, 1988
Se trata pues de una novela fantástica cuya acción se desarrolla “fuera de lugar” (utopía) y “fuera de tiempo” (ucronía). La “Inónime” protagonista “que quiso y no pudo ser Cristina” - alter ego de la escritora – recorre aparentemente – espacios fantásticos en tiempos ambiguos. La trama diegética no deja nunca a pesar de los estratagemas y procedimientos descritos , de ser “la narración del mundo privado en un tono privado” (7).
Parecería, que tanto el “Cielo”, como la “Tierra” y el “Infierno”, al igual que los seres que habitan los tres mundos son proyecciones mentales de la novelista evocados mediante la aproximación inductiva y la expresión cinestésica (8). Todos ellos vectores de su imaginación creativa.
Todas estas proyecciones ambivalentes (9), indagaciones cognoscitivas y/o actos intuitivos poseen la frágil consistencia ectoplásmica que les otorga la imaginación poética de Isabel Sabogal. Pero poseen también la fuerza decisiva de lo a-temporal y de lo a-espacial -abstraído por tanto – de la acción transmutadora de las leyes naturales. Del universo fantástico de la novela, sólidamente estructurado parten algunos brotes de otras expresiones vecinas: lo mágico, lo maravilloso, lo extraño, lo sobrenatural, lo esperpéntico, lo diabólico y también lo realista (10). Acaso sea lícito y oportuno señalar algunas semejanzas y/o paralelismos – a nivel anecdótico – entre la presente novela – y otras obras y géneros: el drama romántico, la novela gótica, los relatos de Kafka. “A puerta cerrada” de Jean Paul Sartre. “La Divina comedia” de Dante, “El Inónime” de Samuel Becket, “Relatos de Belzebuth a su nieto” de G.I. Gurdieff y “En busca de lo maravilloso” de Uspensky. No tiene mayor importancia si la novelista había bebido mucho, poco o nada en todas o en algunas de las mencionadas fuentes.
El león está hecho de la carne de los corderos que ha comido – sin que sea por ello cordero” decía Goethe. A su vez de ser cierta la hipótesis de la “Pantomnesia” (Omnimemoria) del subconsciente colectivo, de la consciencia acumulativa que construye y alimenta la esencia sartreana de todo ser humano, ningún contenido, ninguna idea sería privativa de una mente en particular.
En tal caso lo decisivo sería no el qué, sino el cómo, es decir la forma y/o el estilo, y en este aspecto la obra de Isabel Sabogal es significativamente original y marcadamente existencial. En la dimensión creativa las conversaciones de la Inónime (Namenlose) protagonista con Dios, con los ángeles y con los demonios son tanto o más consistentes que los diálogos naturalistas que entablan los personajes de las novelas de Émile Zola. Es a partir de este “realismo” de tercer grado o realidad tercera (11) y más allá del imbroglio diegético, a menudo serial, polisémico y con diferentes contrapuntos, tanto situacionales como temporales que se hace posible distinguir e identificar las principales “ideas-fuerza”, verdaderas obsesiones existenciales de una mente única y agonal que no cejará en su empeño gnoseológico. Se trata de una mente bi-valente: narrador/personaje.

Gerard Romuald Szkudlarski
Fragmento del epílogo de la novela "Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido" de Isabel Sabogal.

(Véase aquí el texto completo del epílogo).

viernes, 20 de junio de 2008

Presentación del poemario “El delito de nacer” de José Silvestre Tito


El libro está dividido en varias partes, que nos muestran, como bien lo señala Maynor Freyre en la introducción, las diferentes facetas del paso del autor por la vida. La primera parte “Se oyen truenos en el silencio” y la última “La urbe” se remiten a espacios geográficos concretos, el espacio rural en el que transcurriera la infancia y adolescencia del autor y el espacio de la urbe, donde transcurre su vida actualmente.
En la segunda parte “Los desalmados cantos del día” hay un reclamo a un Dios indiferente que no interviene para modificar la maldad y la injusticia de este mundo. Este reclamo prosigue indirectamente en la tercera parte “La tierra de los mortales”, desembocando en la cuarta parte del poemario “El eco de las palabras” con la imagen de un Dios que viene a ser denominado “El Dios monstruo.” Hay un reclamo de que Dios haga justicia hasta para con uno mismo, cuando nos dice:


Toma el cuchillo
De viento Señor.
Y córtame la lengua,
Por haberte mentido...

Y luego:
Toma el cuchillo
De viento Señor.
Y córtame la lengua,
Antes que me alcance
El fuego de la muerte.
(Lengua de fuego, pág. 29)

Por otro lado hay un reclamo a la validez de nuestro credo personal, como en el poema “Calabaza” (p. 32). Esta sensación de impotencia se repite en el poema “Disfraz de Dios” (p. 36).
Hay alusiones a símbolos propios de la tradición del cristianismo, como la cruz, el diablo y lo cristiano como en el poema “Muerte de serpiente” (p. 39).
Todos estos poemas llenos de dolor y de reclamo hacia la injusticia de Dios, que nos abarca a nosotros mismos como seres creyentes, es la que desemboca en el nombre del poemario: “El delito de nacer”.
Las alusiones a la tradición andina que muestran el sincretismo religioso, en el que se ha formado el autor al igual que todos nosotros están también presentes en este poemario como en la parte III del poema El viejo del rebaño (p. 17) o en el poema “El ojo del mundo” (p. 42).
Por último hay una quinta parte “El amor en la luz de tus ojos” dedicada íntegramente al amor, con algunos tonos joviales.

Isabel Sabogal D. 


Texto de presentación del libro

en octubre del 2004,
en el Auditorio del Colegio Andino,
Centro Bartolomé de las Casas,
Cusco


(No pude presentarlo personalmente, pues estaba con el brazo enyesado).

Presentación del poemario “Sinfonía del rayo y de la luna” de Hernán Hurtado Trujillo


En los últimos años la alusión a lo “andino” y a pretender emular al gran maestro José María Arguedas se han vuelto términos un tanto trillados. Como decía mi Onorio Ferrero, mi maestro, las palabras, al igual que el dinero se van devaluando. “¿Se imaginan? – nos decía – Cómo habrá sido la primera vez en que un hombre le dijo a una mujer: “te amo?””.
Y sin embargo en la poesía de Hernán Hurtado no notamos esa devaluación de la palabra. Su verbo se presenta puro y prístino, como en los días anteriores al idioma. La alusión a lo andino es auténtica, está presente de por si, mostrando la raíz cultural y geográfica de la cual procede el poeta. Quienes hemos aprendido a amar y profundizar en lo andino a través de José María Arguedas asociamos siempre la figura del maestro con Apurímac, pero en especial con Abancay, lugar donde se desarrolla la trama de “Los ríos profundos” y de donde procede Hernán Hurtado. Nos resulta pues familiar la figura del Pachachaka, puente sobre el mundo, del cual también nos habla Hernán Hurtado en su poema: “La amistad aparente y la soledad interna”:

El sol tiende una manta de luz
sobre la pradera
Pachachaka baja de prisa
por las cascadas
Sus olas dejan frescos besos
sobre la arena
y los tiwtis
picotean
su sabor
Los árboles de las orillas
que se miran frente a frente
se abrazan y se besan
entre las aguas...
Y
YO
por el fondo
fluyo
silencioso
como lágrima solitaria....

Hay pues en su obra alusiones a la geografía andina, como en el poema mencionado, en la “Oda a Ch’uqikiraw”, en el poema “Porque mi canto no es mi canto” dedicado al río Apurímac, o en el poema “La garza”.
Hay también mucha alusión a la soledad, a la muerte y al dolor que nos produce la muerte de los seres queridos. Pero también a la belleza, al amor y a la poesía como en el poema “Mi casa es la poesía”:

Caminé por el mundo

y sólo hallé
puertas cerradas
Entonces forjé este verso
que te toca la puerta.

Por último diremos que al estar el poeta comprometido con el cambio social, se trasluce este compromiso también en su poesía.

Presentado por Isabel Sabogal el 3 de febrero del 2005
Auditorio del ICPNA,
Av. Tullumayo
, Cusco

jueves, 15 de mayo de 2008

Sobre la elección de la lengua literaria

El día de hoy hablaremos sobre la literatura escrita por mujeres a través de la historia. Para ello me he centrado en presentar la obra de dos autoras, una de las cuales obtuvo el Premio Nobel de Literatura, el galardón máximo en el ramo. A continuación comentaré la obra de Pearl Buck, premio Nobel de Literatura 1938, y de Alejandra David-Neel. He escogido los nombres de estas autoras y no de alguna del ámbito latinoamericano o andino, porque considero que habiendo tenido la oportunidad de nutrirme de la savia de varias culturas es mi deber el acercar la riqueza de unas a las otras.
Pearl Buck, narradora norteamericana, premio Nobel de Literatura 1938, autora de muchas novelas y relatos sobre la China, país en el que pasó gran parte de su infancia y al que retornó como mujer adulta. Carmen Virgili nos dice de Pearl Buck: "Su niñez transcurrió en China, y allí volvió después de terminar sus estudios en los Estados Unidos, para acercarnos a ese lejano Oriente, para ofrecernos, a través de sus obras, una visión auténtica de sus realidades más íntimas. Incluso ha querido traducir para nosotros la novela clásica china Shui Hu Chan, escrita en el siglo XIII".
Si bien Alejandra David-Neel jamás obtuvo el premio Nobel ni se movía en los círculos literarios de occidente he decidido incluir su nombre en este comentario por algunos rasgos paralelos que noto entre su obra y la de Pearl Buck. Alejandra David-Neel era francesa y la lengua en la que escribía era el francés. Ingresó al Tibet en una época en la que este ingreso estaba vedado a los extranjeros. Estamos hablando de los años '20. Aprendió el tibetano y llegó a complementarse plenamente con esa cultura, estudiando y practicando la religión del lugar, el budismo. No teniendo hijos propios, adoptó y crió a un niño tibetano, quien posteriormente sería conocido como Lama Yondgen, con quien escribió algunas de sus obras. Escribió más de cuarenta libros, entre ensayos y novelas. Su obra más conocida es “Místicos y magos del Tibet.” Llegó a vivir ciento un años, ya que nació en 1868 y murió en 1969. Así como Pearl Buck acercó a occidente las maravillas de la cultura china, escribiendo en una lengua occidental como es el inglés, así Alejandra David-Neel dio a conocer en Occidente la cultura tibetana, describiendo ese mundo en francés.
Salvando las distancias, podríamos compararlas de alguna manera con José María Arguedas, quien mostró al mundo criollo lo vigente y maravilloso del mundo andino. Estas tres personas sirvieron de puente entre las culturas en las que se habían criado o a las que pertenecían. Puesto que, así como dije en la presentación de mi novela “Entre el Cielo y el Infierno, un Universo dividido” en 1989: “Aquellos que nos hemos criado a caballazo entre varias culturas, sabemos que la realidad no es algo concreto y tangible, sino una materia informe que vamos modelando día a día, como si reconstruyéramos eternamente el jardín del Edén.” Y aquí pasamos a otro tema fundamental que es el del idioma en el que uno escribe. Para la gran mayoría de escritores el idioma es algo que ya está dado de por si, no es algo que se elige. Pero hay algunos casos, en los que tenemos la capacidad de elegir el idioma en el que escribiremos e incluso de cambiar de idioma literario. Arguedas se decidió finalmente por el castellano para mostrar el mundo quechua a otras gentes. Pearl Buck pudo haber escrito en chino, porque lo hablaba desde niña, pero se decidió por el inglés para mostrar el mundo chino que tanto amaba. Alejandra David-Neel fue la única europea que durante años vivió en el Tibet, en una época en la que este país estaba totalmente aislado de los demás y la única lengua en la que se comunicaba era el tibetano. Sin embargo se decidió por escribir en francés, para dar a conocer ese mundo que tanto amaba. Y aquí pasamos a preguntarnos cuál es la importancia de dar a conocer una cultura o un mundo que se ama a otro. Y responderé con una cita de Hans Urs von Balthasar: „Ahora bien, sentir algo como plenamente real es amar. El amor nos despierta a la realidad de nosotros mismos, a la realidad de los demás, a la realidad del mundo... y a la realidad de Dios. Nos amamos a nosotros mismos por cuanto nos sentimos reales. Y no amamos - o no tanto como a nosotros mismos - a los demás seres que nos parecen menos reales.” Y estas palabras cobran más fuerza en estos momentos cruciales por los que atraviesa el país, luego del informe de la Comisión de la Verdad. Bien, volviendo al tema de la importancia del idioma mencionaremos algunos casos más de autores que se vieron forzados a cambiar de idioma para entrar en el cauce por así decirlo de la literatura universal. Mircea Eliade, autor de libros sobre una búsqueda de elementos comunes subyacentes a todas las religiones, no se hubiera hecho tan conocido, sino se hubiera pasado del rumano, su lengua materna, al francés. Lo mismo podemos decir de Vladimir Nabokov, autor de la famosa novela “Lolita”, quien se pasó del ruso al inglés. En cuanto a Witold Gombrowicz tradujo con la ayuda de sus discípulos su novela "Ferdydurke" del polaco al castellano para poder abrirse campo en el mundo hispano y trascender las fronteras de la lengua polaca. Pero el caso más drástico creo que es el de Arthur Koestler, quien comenzó escribiendo en húngaro, se pasó luego al alemán y de allí al inglés. Respecto a esto Arthur Koestler nos dice en su autobiografía: “Los escritores húngaros sólo podían asegurarse un amplio público emigrando y aprendiendo a escribir en la lengua de su país de adopción. Pero abandonar la lengua y las tradiciones nativas supone, en la mayor parte de los casos, la muerte del escritor como tal, que se transforma así en un periodista cosmopolita, sin rasgos profundos, o en un obrero de las letras. (...) Los que se quedaban en la patria estaban condenados a escribir para un público reducido, mimado y saturado. Los principales poetas y novelistas húngaros, desde 1920 a 1940, habrían ocupado un puesto de honor en la literatura de cualquier gran nación". He tocado el tema del idioma porque lo considero vigente acá, en nuestra realidad cultural. Muchos de los aquí presentes tenemos la capacidad de escribir en dos idiomas, ya sea el quechua y el castellano, o tal vez el aymara y el castellano, porque hay gente que ha llegado de Puno, y optar por uno de ellos. En mi caso personal fue entre el polaco y el castellano, ya que he escrito libros en los dos idiomas, pero finalmente opté por el castellano por ser ésta una lengua más universal.

Conferencia presentada por Isabel Sabogal con el título de "La literatura escrita por mujeres a través de la historia" en el III Encuentro Surperuano de Escritoras, en Cusco el 5 de setiembre del 2003 y en la que se habló también de la poetisa polaca Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura, 1996.