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lunes, 29 de abril de 2019

Sobre la novela "El viaje de los hombres del Libro" de Olga Tokarczuk


Esta será una breve reseña de la novela „El viaje de los hombres del Libro” de Olga Tokarczuk.
La novela gira en torno a un Libro, de cuya existencia se hablaba en las hermandades secretas de París en el siglo XVII. Este Libro, en el cual Dios „había escrito su perfección,  su falta de inicio y su eternidad”*, habría sido dado por Dios a Adán. Pero luego de que Adán buscara un conocimiento que no era divino „Dios se apartó del hombre y le quitó el Libro”.** Sin embargo, Adán le suplicó tanto, que se lo devolvió. El Libro pasó de generación en generación, de Adán a Set y de Set a Enoc. Y cuando Enoc llegó al Cielo, convirtiéndose en ángel „desapareció para siempre el Libro Sagrado. Pero Dios le prometió a Enoc, que llegado el tiempo, lo devolvería a los hombres”.***
Luego no se supo más del Libro, hasta que en 1378, un holandés, cuyos iniciales eran H.C.R., lo llevó de Damasco a Europa. Lo dejó en un monasterio en medio de los Pirineos, prometiéndose a sí mismo, regresar por él, cuando la gente ya estuviera preparada para recibirlo. Fundó una hermandad que había de ocuparse de reformar el mundo. Pero la historia se interpuso, sucediéndose las guerras, una tras otra. Antes de morir, dibujó en un papel, el mapa del lugar donde había dejado el Libro.
El texto referente al Libro se leía al comienzo y al final de las reuniones de la Hermandad Secreta, a la que pertenecían, entre otros, de Chevillon, quien dirigía las reuniones. Cierta vez, éste apareció con la noticia de que había logrado conseguir los mapas del lugar donde se encontraba el Libro. No había pues más que partir al monasterio abandonado, en la sierra del Cadí en los Pirineos, recoger el Libro, cargarlo a lomo de mula y regresar.
Y entonces salió a relucir, que la gran mayoría de los miembros de la Hermandad, no creía en la existencia real del Libro. Algunos lo interpretaban como un símbolo, otros decían que la humanidad aún no estaba preparada para recibirlo. Los únicos dispuestos a partir en la búsqueda del Libro, resultaron ser, de Chevillon, el caballero d’Albi, el Marqués y el banquero de Berle, quien financiaría el viaje.
D’Albi era el menor de todos y estaba enamorado de la cortesana Verónica, a quien había prometido matrimonio. Cosa que, por la diferencia social entre ambos, era imposible de realizarse en París, por lo que le pidió que se uniera al viaje.
Verónica fue la primera en llegar al punto acordado, a una posada en los arrabales de Saint-Antoine, en las afueras de París. Llevaba consigo dos cofres con sus enseres, entre los cuales se encontraba su traje de novia.
Era un día caluroso. Y el hecho de que dejara por primera vez su ciudad natal, más la promesa de matrimonio, la tenían muy emocionada. Luego de un largo rato vio llegar un carruaje. Pero no era el caballero d’Albi, sino los otros dos miembros de la expedición, el Marqués y de Berle. La saludaron con una breve inclinación de cabeza, deduciendo que era la amante de d’Albi, de la que éste les había hablado. El marqués quedó impactado por su belleza inusual.
Pasó una hora más, hasta que finalmente llegó un mensajero con una misiva de parte del caballero. En ésta les contaba que había caído preso por participar en un duelo, cosa prohibida por el rey. Pero que no se preocuparan, porque su padre lo sacaría pronto del apuro y que partieran a esperarlo en la mansión de de Chevillon en Châteauroux, donde iría a alcanzarlos a la brevedad posible. Les encomendaba, asimismo, el cuidado de Verónica, hasta su llegada.
Entonces resultó que el cochero estaba visiblemente enfermo. Decidieron enviarlo de vuelta a casa en el carruaje que el caballero le había prestado a Verónica. Se encontraron ante un dilema, del que los salvó el posadero, ofreciéndoles de cochero a Gauche, el chico que le ayudaba con los caballos.
Gauche, que significa izquierdo en francés, fue un niño expósito, que encontraron las hermanas clarisas un atardecer de invierno, bebe aún, echado sobre la nieve en la puerta del convento. Lo criaron y cuando llegó a ser púber, lo lanzaron al mundo, acompañado de su perro. El chico tenía una conexión especial con los animales, sobre todo con los caballos. Entendía todo, pero no podía hablar.
Partieron pues, apurándose en hacerlo, antes de que cayera la noche. En la posada de Angerville, donde pararon a pasar la noche, se les unió Burling. Era éste un preceptor inglés, quien estaba en ruta, de Fulham cerca a Londres a Toulouse. Allí había de recoger  a su pupilo, quien viajó a aprender francés y modales de mundo; y llevarlo de vuelta a Inglaterra. Prosiguieron el camino juntos y congeniaron tanto, que al llegar al desvío hacia la mansión de de Chevillon, lo invitaron a acompañarlos.
De Chevillon los acogió gustosamente en su casa. Todo su personal de servicio era negro, del color del ébano, cosa que asombró tremendamente a Verónica, quien por primera vez veía algo así. Las paredes estaban cubiertas con diversas pinturas, siendo la preferida del dueño de casa „San Jorge y el dragón” de Paolo Uccello.
Mientras de Chevillon se encerraba con el Marqués y de Berle para llevar a cabo sus reuniones secretas, Burling inspeccionaba los alrededores y Verónica paseaba con Gauche por el jardín. Resultó que el chico sabía también de plantas, no sólo de caballos. Verónica se sentía bien en su compañía, pues al fin había hallado a alguien que la escuchaba, mientras que ella, como cortesana, se había pasado la vida, escuchando las confesiones de otros.
Sin embargo, pasaron varios días y el caballero d’Albi no llegaba. Tampoco había noticias suyas. La espera se estaba prolongando demasiado.
De Berle, preocupado, deseaba regresar a París, donde había dejado a su esposa encinta del próximo hijo y postergar el viaje para la primavera. Por otro lado, de Chevillon, tanto por su edad, como por su estado de salud, no estaba en condiciones de acompañarlos. Al séptimo día de Berle manifestó que retornaba a casa.
- Entonces partiremos sin ti”**** - dijo el Marqués, refiriéndose a sí mismo, Verónica y Gauche.
De Berle protestó, diciendo que eso era una profanación, por tratarse de una mujer y un retrasado mental. Pero al ver que no lograría convencer, ni al Marqués, ni a de Chevillon, se fue tirando la puerta.
Y es que el Marqués tampoco quería seguir esperando al caballero, pues se estaba enamorando perdidamente de Verónica. Así que fue donde Verónica, diciéndole que el caballero la había abandonado y que ya no había para qué esperarlo, declarándole luego su amor. Siendo obviamente aceptado, pues Verónica vivía del amor y para ella el amor lo era todo.
Así que al día siguiente partieron de Châteauroux, despidéndose efusivamente de de Chevillon, quien se quedaría esperando a que retornaran con el Libro, sin saber que fallecería poco tiempo después. Se les unió Burling, quien los acompañó hasta el desvío hacia Toulouse. 
Corría el año de 1685. El Rey Luis XIV había emitido un edicto, según el cual, los hugonotes, o se convertían al catolicismo, o se veían obligados a abandonar el país. Los caminos estaban atestados de gente. De familias enteras que avanzaban con sus enseres rumbo al norte, a comenzar una nueva vida en los Países Bajos.
El Marqués pensó por un momento en su madre, que era protestante y de quien se había distanciado, al convertirse al catolicismo en un acto de rebeldía.
Mientras tanto, en el carruaje, tal como lo hiciera desde que se conocieron en la posada de Angerville, Burling citaba a los poetas ingleses, enredándose en interminables discusiones filosóficas con el Marqués. En un arrebato de sinceridad, este último le habló del Libro, confesándole el motivo del viaje.
Burling se despidió finalmente, octubre se transformó en noviembre y llegaron a los Pirineos. Dejaron el carruaje, hecho para las llanuras, en una posada y siguieron viaje a caballo. Cierta noche no encontraron ninguna posada, teniendo que dormir entre las rocas, a la luz de las estrellas.
Al atardecer siguiente llegaron a la pequeña ciudad de Montréjeau entre los cerros. El único hombre que accedió a hablar con ellos, les dijo que todo estaba cerrado a causa de la peste y que partieran de allí cuanto antes.
Siguieron avanzando y cuando la oscuridad se hizo total y el camino se convirtió en un sendero pedregoso, dieron con una casa de piedra, clavada en la pared del cerro. La mujer que les abrió la puerta, fue a llamar a un anciano, quien los invitó a pasar adentro, sin escuchar lo que decían. Tan sólo los caballos se quedaron afuera, pues la casa no tenía establo.
Al día siguiente, durante el desayuno en una terraza por la que corría el viento, el dueño de casa se presentó diciendo llamarse Delabranche. Y sin esperar a que se lo dijeran, manifestó saber que estaban en ruta a la sierra del Cadí en España. Dijo también, que aproximadamente una vez cada cien años, alguien iniciaba esa travesía. Ante las preguntas de sus huéspedes, dijo ser un médico y ermitaño.
Luego del desayuno los invitó a ver la casa, la cual estaba cavada en la roca. Bajaron por unas gradas empinadas, hacia un pasadizo que daba a diferentes habitaciones. Una de ellas era un taller de alquimia, con todos los aparatos para destilar metales. Esta habitación conducía a otra, en la cual, en un pote, sobre la mesa, flotaba el homúnculo. 
Era un pequeño ser humano, totalmente desnudo, de rostro hermoso, piel pálida, casi fosforescente y cabello negro. „Sus inmensos ojos negros expresaban una inteligencia sobrehumana”. ***** No tenía ombligo, tetillas ni tampoco sexo. Se sostenía en el agua, sin mover brazos ni piernas. Contemplaba fríamente a los visitantes, con una expresión de arrogancia.
Delabranche le dio de beber la gota dorada de un líquido que se hallaba en un frasco al costado.
- Lo alimento con la esencia de mi sangre” - dijo - „Arcanum sanguinis humani. En cierto sentido es mi hijo”.****** 
Dijo también estar preocupado, por no saber quién lo alimentaría, cuando él muriera. A lo que Verónica se ofreció a hacerlo con su propia sangre.
Durante todo el día siguieron visitando la extraña casa, incluyendo la biblioteca de Delabranche, que era impresionante. Al anochecer se repusieron de tan agotadora visita, con tartas y vino caliente, ya que en casa de Delabranche, no se servía carne. Luego éste los invitó nuevamente a la biblioteca, donde les mostró el manuscrito de su obra: „La taumatología o sobre las cosas milagrosas”. Gauche, mientras tanto, fue a ver al perro y los caballos y Verónica se dormía, así que el único interlocutor del dueño de casa, resultó siendo el Marqués.
Hablaron, entre otras cosas, sobre la revelación y Delabranche dijo: „La sabiduría que procede de la revelación no es transmisible”.******* 
Hablaron sobre los milagros y Delabranche dijo:
„- No hay milagros en el sentido literal. Si todo contiene todo, si está claro que cualquier cosa puede transformarse en otra, no puede haber milagros, ante los cuales habría que caer de rodillas. Aquello que considerábamos un milagro, era en realidad, un intento por definir un fenómeno inusual de causas desconocidas. Dios no crearía las leyes que rigen este mundo, para luego quebrarlas”.********
El Marqués se puso a hojear los varios tomos del libro, el cual contenía tales capítulos, como: „Tratado sobre los imanes”, „Las predicciones naturales del futuro”, „Sobre la curación a través de la belleza” y muchos otros más. En el capítulo „Sobre la partenogénesis” el autor argumentaba que ésta „sucede entre los humanos una vez cada ciento veinte años y siempre en primavera.”*********
El último capítulo trataba sobre el homúnculo y estaba trabajado al detalle. En el párrafo final decía: „De todas las criaturas creadas por Dios, el ser humano es la más perfecta (…) y si éste logra el conocimiento para llamar a la vida a otro ser humano, no mediante la vía de la procreación natural, sino a través de la razón, esa chispa divina en cada uno de nosotros, eso significa que finalizó un ciclo en su desarrollo. Tal vez, de esa manera, se redimió para siempre el pecado original, iniciándose desde aquí el siguiente paso hacia Dios”.**********
El Marqués manifestó estar impresionado con tamaña obra, diciendo, sin embargo, al final:
„- Toda obra humana será siempre el reflejo de algo más perfecto. Todo libro escrito por el hombre es un reflejo de aquel Libro. Vivimos en un mundo de reflejos, sombras, imperfecciones, lo cual no significa que la perfección pura no exista”.*********** 
Antes de que partieran, Delabranche les preparó varios mapas, indicándoles por donde evadir los puestos fronterizos españoles, que les exigirían el certificado de haber pasado la cuarentena. Dijo que Verónica no se veía bien, por lo que le dio un frasquito con quinina. 
„- Tú, señor, tampoco te ves bien” - le dijo al Marqués - „Llevas en el rostro la sombra de Saturno”.************
Al día siguiente retomaron el viaje. Dejaron los caballos, llevándose a las mulas de Delabranche, animales más resistentes para avanzar por los caminos que los esperaban. Lograron pasar desapercibidos la línea fronteriza. La geografía era cada vez más abrupta, los terrenos más despoblados y el clima más inclemente.
Llegaron a un pequeño poblado, donde pidieron un guía que los condujera hacia la sierra del Cadí. Pero los pobladores se negaron, diciendo que ése era uno de lo últimos lugares donde habitaban los dragones. Dejaron allí a una de las mulas, a modo de pago, por el hospedaje y la comida miserable.
La primera en sentir los síntomas de la enfermedad fue Verónica. A pesar de la quinina que le había dejado Delabranche, murió poco tiempo después. El Marqués y Gauche la cubrieron con piedras a modo de entierro, pues no había como cavar la roca y siguieron camino. 
Siguieron avanzando hasta el final de la meseta. Y de pronto el Marqués vio lo que buscaba. Lo que antes aparecía cubierto por la niebla, era un valle hermoso, lleno de verdor y flores, como si fuera primavera, con unas ruinas al medio.
Pero el Marqués, de quien también se había apoderado la enfermedad, ya no tenía fuerzas para avanzar. Le encargó a Gauche que bajara y le trajera el Libro. Al comprender que se estaba muriendo, se asombró, „pues no creyó que el morir pudiera ser tan jugoso, tan claro y tan lleno de movimiento”.************* 
Si bien arriba corría el viento helado y la nieve, el valle era cálido, lleno de frutas y de un verdor que embriagaba. Gauche cogió unas cuantas frutillas y se las llevó al Marqués, pero lo encontró muerto.
Volvió a bajar al valle, en medio del cual había una fuente, en la que Gauche se lavó y de la cual bebió agua. Al fondo había una iglesia, con la puerta entreabierta, hacia la cual Gauche avanzó, luego de saciarse de frutas silvestres. Al fondo de la iglesia, en el lugar del altar, había un pozo. Gauche bajó por sus escalinatas internas, llegando a una habitación, cuyas paredes desprendían una clara luminosidad.
Y allí dentro, encima del único anaquel, estaba realmente el Libro. Empezó a hojearlo, sin entender qué significaban esos signos negros que cubrían sus páginas, pues nadie le había enseñado a leer ni a escribir.
¿Y eso era todo?, se preguntó decepcionado, ¿para eso habían hecho el esfuerzo descomunal de llegar hasta allí?
Y entonces sucedió el milagro. En medio del sollozo, causado por la impotencia que lo embargaba, Gauche gimió de verdad y dijo:
- Soy Gauche.
¡Al fin podía hablar! ¡Se había cumplido el sueño de toda su vida!
Salió corriendo y le dijo a su perro amarillo que lo había seguido hasta allí:
- Gauche. Soy Gauche.
Recordó entonces que tenía que desatar a la mula, antes de que cayera la noche y se la llevaran el viento y la nieve. Y luego partir de vuelta hacia la casa de Delabranche, a recoger a los caballos que tanto quería.
Siguió pues corriendo, dejando en su lugar el Libro que pudo haberle devuelto la vida al Marqués, a Verónica y a de Chevillon…

* Olga Tokarczuk: „El viaje de los hombres del Libro”, p. 20
** Op. cit., p. 20 
*** Op. cit., p. 21
**** Op. cit., p. 110
***** Op. cit., p. 172
****** Op. cit., p. 173
******* Op. cit., p. 181
******** Op. cit., p. 184
********* Op. cit., p. 185
********** Op. cit., Pp. 185 - 186
*********** Op. cit., p. 186
************ Op. cit., p. 188
************* Op. cit., p. 236
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: „El viaje de los hombres del Libro" (Podróż ludzi Księgi)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie, 2019
Número de páginas: 256 
Idioma: Polaco

viernes, 17 de agosto de 2018

Sobre la novela "Historias últimas" de Olga Tokarczuk


Esta será una breve reseña de la novela „Historias últimas” de Olga Tokarczuk. Se trata de tres historias, cada una de una generación diferente de mujeres de la misma familia: abuela, madre e hija.
El libro comienza con el relato Ida Marzec, la madre, quien casi se mata en un accidente, cuando iba conduciendo de noche en plena nieve a visitar la casa en la que vivió de niña. Ida logra salir del carro y avanza a pie, hasta llegar a una casa en medio del campo, donde la acogen. En ésta vive una pareja de ancianos, dedicada a cuidar animales desahuciados, que la gente entrega al nieto de éstos, Adrian, quien es veterinario. No los duermen, sino que los atienden, aplicándoles analgésicos para aminorar su sufrimiento, hasta que les llega la hora. Luego los entierran en un terreno que queda detrás de la casa. Ida se queda allí algunos días.
Sigue luego la historia de la abuela, Paraskevia, cuyo diminutivo es Parka. Recordemos que en la mitología romana, las parcas eran tres deidades femeninas que hilaban, sostenían y cortaban el hilo de la vida. Paraskevia, alias Parka, al enviudar de golpe, rememora su vida con quien fuera su esposo, Piotr. De como él llegó como maestro de escuela, al pueblo del que ella procedía. Durante meses no dejaba de mirarla, hasta que pidió su mano a la tía Marynka, quien la había criado. La tía dijo que sí en su nombre, pues lo consideraba un buen partido. Y es que Piotr era polaco, y en ese entonces, los polacos eran el grupo dominante en la parte occidental de Ucrania, que pertenecía a Polonia, donde quedaba el pueblo en cuestión. La tía lo aceptó a sabiendas de que Paraskevia estaba encinta de su primo Myron, hijo de la tía Olga
- Salta de un árbol - le decía la tía - Toma ruda.
Pero nada de eso funcionó, así que unos meses después, cuando Paraskevia ya estaba casada, llegó al mundo Leokadia, a quien le decían Lalka, lo cual significa muñeca, de cariño.
Se inició luego la Segunda Guerra Mundial. Piotr partió a la guerra y regresó, poco tiempo después, con la pierna herida. Los soviéticos invadieron la parte oriental de Polonia, incluido el pueblo de Paraskevia.
Stadnicka, la otra maestra de la escuela era, al igual que los demás polacos del lugar, fue deportada a Siberia. Se salvó sólo Piotr, quien no podía entender el porqué. No sabía que era porque Paraskevia se había entregado, más de una vez, a Jurij Liberman, el militar ruso que estaba a cargo de la operación de deportaciones en el pueblo. Él decidía, quién quedaba vivo, quién muerto, a quién deportaban y a quién no. Ella le decía a Piotr que se iba a visitar a la tía Marynka, cuando en realidad, iba adonde el otro, al local de la escuela, que ahora era un puesto militar. Cuando descubrió que estaba encinta, le confesó todo a su tía, quien primero le pegó una bofetada y luego la llevó donde una comadrona, que la liberó de la carga. Paraskevia demoró en recuperarse un mes. 
- ¿Es cierto? - le preguntó luego Piotr, mirándola a los ojos, pues el rumor, como sucede siempre con todo rumor, había llegado a sus oídos.
- No es cierto - respondió ella, sin desviar la mirada.
Pero el ambiente se intensificó aún más. Cierta vez apareció en su casa la tía Marynka, diciéndole, que como ella la había criado, tenía la potestad de ordenarle, que Piotr se fuera a vivir al bosque con los suyos, o cavara un hueco bajo el establo para esconderse allí.
- Es que nosotras somos ucranianas, y él es polaco - dijo la tía, aludiendo a que ellas no corrían peligro. Y es que los ucranianos mataban a los polacos, que no habían sido deportados, en sus casas. Y así fue como Piotr se refugió medio año bajo el establo, adonde su esposa le pasaba la comida.
Y Paraskevia se percató que nunca antes se había puesto a pensar sobre esa dualidad cultural. „Había dos iglesias, dos Navidades y dos idiomas, que de año en año se acercaban cada vez más, sobreponiéndose y haciendo que los conceptos realizaran una danza llena de gracia”.* Y aquí va una explicación, destinada al lector hispano, siendo tácita para el lector polaco. Las dos iglesias eran la griegocatólica, con el ritual realizado en griego antiguo y la romanocatólica, con el ritual en latín. La Navidad se celebraba en dos fechas diferentes; la una, según el calendario juliano; y la otra, el veinticuatro de diciembre, según el calendario gregoriano. Y los dos idiomas eran el ucraniano, ligado al rito griego y al calendario juliano y el polaco, ligado al rito latino y al calendario gregoriano. Los domingos, ella iba con la bebe a una iglesia, Piotr a la otra, y se reencontraban a la hora del almuerzo. Asimismo, ella jamás dejó de llamarlo Petro, en ucraniano.
Pasada la guerra hubo que partir hacia nuevos rumbos. „Cierta noche” - le explicaba Piotr años después - „la frontera se movió de sitio y se halló en un lugar totalmente diferente. Y resultó que nos encontrábamos del lado inadecuado. Y como el ser humano no puede vivir sin fronteras, tuvimos que partir en su búsqueda. El ser humano necesita de las fronteras como del aire. Sin límites, de cualquier tipo, no sabríamos ni cómo vivir; ni quiénes somos, ni qué debemos hacer. Las fronteras fueron hechas para mostrarnos, que hay cosas, que no podemos transgredir”.** 
Y aquí va una explicación adicional para el lector hispano. Al finalizar la guerra, se trasladó a la fuerza a la población polacoparlante, de los territorios que dejaron de ser parte de Polonia y que pasaron a ser parte de la Unión Soviética. Se la trasladó a las regiones que antes de la guerra habían pertenecido a Alemania, y que ahora pertenecen a Polonia. Los germanoparlantes, a su vez, fueron expulsados del territorio de la actual Polonia al territorio de la actual Alemania.
Pero volvamos a la trama de la novela. Durante la travesía, en la localidad de Kluczbork, murió Leokadia. Si bien había médico en el tren, no había ni antibióticos, ni calefacción, ni las mínimas condiciones para salvarle la vida.
- Nos llevaron en un tren de carga - le contaba luego Paraskevia a su cabra, Tekla, único ser con el que hablaba, luego de haber enviudado - Porque éramos una carga.
Hasta que arribaron al pueblo, donde Piotr tenía designado enseñar en la escuela. Todas las inscripciones de las lápidas del cementerio estaban en alemán. La primera lápida en polaco fue la de la tía Marynka, quien murió en 1949, poco después de que llegaran. Y es que, por más que la tía fuera ucraniana, logró salir a Polonia, como parte de una familia polaca.
Cuando nació su segunda niña, Paraskevia quiso ponerle Maryna, por su tía, a quien de cariño llamaban Marynka, pero Piotr dijo que no, que era mejor un nombre universal y comprensible para todos. Y así fue como se quedó con el nombre de Ida.
Ida, criada en la República Popular de Polonia, vivió en internados desde los trece años de edad, lo cual acentuó aún más, la brecha cultural para con su madre. Única hija viva de una madre desarraigada, ya que ni siquiera llegó a conocer a su media hermana Leokadia. Divorciada, cada encuentro con su ex-esposo, la conlleva a una furia incontrolable. Cercana a su padre y enfrentada desde niña a su madre, a la muerte de éstos, siente que la soledad la embarga. Ya que su única hija Maja, quien viaja por el mundo, recopilando material para escribir guías de viaje, acompañada de su único hijo,  nieto de Ida, apenas se acuerda de mandarle una postal de vez en cuando. Ida, a diferencia de lo que vivieron sus padres, a costa de un trabajo arduo, e incluso, de su matrimonio, ha logrado conseguir lo que quería. Departamento en Varsovia, trabajo fijo, seguridad económica. Y sin embargo, el dolor causado por la soledad y la rutina del trabajo, la va corroyendo por dentro. Y eso que trabaja en continuo movimiento como guía de turismo en una ruta llamada „El corazón de Europa”, la cual consiste en visitar cinco ciudades: Varsovia, Breslavia, Praga, Viena y Berlín. Pero la repetición continua de la misma ruta le causa un hastío interno.
Mientras Ida la extraña, sin entender, porque Maja no se comunica, ésta se encuentra en una isla en el Pacífico Sur. Está en el único hotel de la isla, compuesto por pequeñas cabañas. En el otro extremo de la misma hay un caserío de pescadores. Lo demás es naturaleza pura. Podría parecer una isla paradisíaca, como las de las postales, si no fuera por el calor pegajoso, que no deja respirar ni pensar. Ni por la omnipresencia de los insectos, de la cual se uno se puede librar sólo en la sala comedor común de la cabaña principal del hotel. Ni por la manada de monos, que rodea "su" cabaña,  mirándola como si fuera un objeto de zoológico, lo cual llega a causarle pavor. Cierto día dejó mal cerrada la ventana del baño y cuando regresó, sus cosméticos estaban revueltos y había desaparecido el jabón. De noche sueña con una ciudad poblada de tranvías, calles cubiertas de adoquines y oficinas de correo postal, como queriendo confirmar que la realidad de la cual procede, todavía existe. Es como si se encontrara en otra dimensión, y desde otras dimensiones no se envía postales a nadie. 
En el hotel, aparte de ella y su hijo de once años, cuyo nombre no conocemos, hay turistas de diferente índole. Un grupo de jóvenes japoneses, que sale a bucear todas las mañanas. Cuatro holandesas, ya mayores, que hablan en flamenco entre ellas y están dando la vuelta al mundo. Una joven pareja, que no ve el mundo, más allá de sí misma, dedicada a hacer el amor estrepitosamente, sin importarle que los demás los escuchen. Mike, el dueño del hotel y sus empleados.
A los pocos días de estar allí llega Kisz, un prestidigitador húngaro, quien es consciente que le queda poco tiempo de vida. Pero prefiere morir en esa isla a hacerlo en una cama de hospital. Brinda con ella por el reencuentro de dos „paisanos” de Europa Central en ese lugar alejado de sus hogares. Está demás decir que el idioma común de todas estas personas es el inglés, que tanto Maja, como su hijo, dominan perfectamente.
Poco tiempo después Maja se percata que hay más „huéspedes” en la isla. De noche llegan en secreto lanchas con mujeres asiáticas, quemadas y heridas, acompañadas de sus niños. Se hospedan en unas cabañas que están detrás de las del hotel. Unas noches después parten, para dar lugar a otras. Le pregunta a Mike quiénes son y él le pide encarecidamente que no le pregunte, para no tener que darle respuestas. El mozo del hotel, quien les lleva la comida, le dice que son fugitivas, a quienes Mike ayuda. Fugitivas, sí, ¿pero de dónde vienen y adónde van? No llega a enterarse, cumpliendo con la promesa dada a Mike, de no averiguar más sobre el tema. 
Siendo nieta de migrantes, ¿Maja se identifica con las fugitivas? Aparentemente no. Tal vez ni siquiera sepa que Leokadia, la hermana mayor de su madre, murió en el tren de carga, que iba de Ucrania a Polonia. Y es que el contacto con su abuela había sido casi nulo. La abuela apareció en el departamento de su madre, cuando ya estaba a punto de morir, para guardar cama y ser atendida, antes de ser llevada al hospital, donde daría el último suspiro. Maja la había visto antes, sólo una vez, pero era tan pequeña, que ni siquiera lo recuerda.
Kisz enseña trucos de magia al hijo de Maja y le regala un libro sobre el tema, cosa que a ella no le gusta. La última noche de su estadía en el hotel, el niño hace una presentación de todo lo aprendido, ganándose el aplauso del público, entre el cual se encuentran, incluso, las fugitivas con sus hijos. Esa misma noche muere Kisz en su cabaña „de lujo”, la única con aire acondicionado.
Al día siguiente, Maja, su hijo y los japoneses, parten en una lancha hacia tierra firme, para allí avanzar en un bus por la selva hacia el aeropuerto, de donde cada quien viajará a su destino respectivo. Ella con el niño hacia su ciudad, poblada de tranvías y con adoquines en las calles. Volviendo de la dimensión desconocida, ya está en condiciones de redactar una postal, para enviarla a su madre desde el aeropuerto, pidiéndole que pague los recibos pendientes del departamento. No sabe que Ida, hastiada de la vida, ha regresado a su carro en medio de la nieve y se ha acomodado allí, con la cabeza en el timón, esperando el descanso eterno. Sabemos que la muerte por congelación es indolora, pero no sabemos, pues la autora no nos lo dice, si fue eso lo que sucedió, o si alguien llegó a rescatarla a tiempo.
Viendo las profesiones que eligieron su hija y nieta, pareciera que la vena errante, que se inició cuando Paraskevia se viera forzada a abandonar el pueblo donde, durante siglos, habitaran sus antepasados, continuara de generación en generación.
¿Por qué el título „Historias últimas”? Supongo que, porque cada una de estas historias representa las vivencias de una generación concreta de mujeres, como parte de la historia de Polonia, la cual está irreversiblemente unida a la historia de Ucrania. Y son, literalmente, las historias últimas, las de los siglos XX y XXI.



* Olga Tokarczuk: "Historias últimas", p.172
** Op.cit., p. 139
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: „Historias últimas" (Ostatnie historie)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie (Editorial Literaria), 2018
Número de páginas: 296 
Idioma: Polaco

viernes, 3 de agosto de 2018

Sobre el "Concierto de varios tambores" de Olga Tokarczuk


Esta será una breve reseña del libro de relatos „Concierto de varios tambores” de Olga Tokarczuk. Comentaré de manera desigual, algunos más ampliamente que otros, aunque no en el orden en el que aparecen publicados, todos los relatos de este volumen. Al igual que en la reseña anterior, la de los "Relatos bizarros", diré que los relatos son tan diversos entre sí, que no se pueden calificar con la misma etiqueta. Si bien, en varios de ellos, tenemos un modelo similar. Aparentemente estamos leyendo un relato "realista", y de pronto sucede algo que quiebra el concepto de realidad.

Estos hechos, como nos dice el personaje del relato „La isla”: „Indican los linderos de la realidad, son sucesos en el límite entre lo que es y lo que, tan sólo, puede ser. En ese sentido nos ponen en guardia, son tambores, cuyo sonido monótono, nos mantiene en estado de alerta”.* Este personaje es un náufrago, que acaba dándole pecho a un bebé, salvándolo así de de una muerte segura, pues no había nadie más en la isla. ¿Fue una anomalía o un milagro? - se pregunta el hombre. Y concluye, diciendo que preferiría creer que fue el instrumento de un milagro.

En "El caballo de ajedrez", la mencionada pieza desaparece misteriosamente en medio de una partida, que dejó por un momento, un matrimonio que está pasando unos días en su casa de playa. La sospecha cae sobre la perra, que es bastante juguetona. La mujer piensa que ya ha vivido todo lo que le correspondía, y que no le tocará nada nuevo de interesante en la vida. Y sin embargo le sucede. La perra trae, de entre la espuma del mar, un caballo de ajedrez de otro juego, mucho más limpio y pulido. El hecho de que la pieza en mención se llame skoczek, "el saltador", en polaco, le da un toque especial al relato. Es el que salta de la monotonía de lo cotidiano a lo inusual.

Recordemos que, durante sus estudios de psicología en la Universidad de Varsovia, la autora trabajó como voluntaria con enfermos mentales. En el relato el "Che Guevara" nos plasma algo de esa experiencia. Quienes sepan algo de la historia de la ciudad y la conozcan, sabrán que la trama sucede en 1988, no sólo porque aquel año hubo una huelga estudiantil que duró meses, en la Universidad referida, sino también por los nombres de las calles. Y es que son los nombres, de cuando las calles, tenían por patrones a los líderes comunistas. La Avenida Nowotki es ahora Andersa, Marchlewskiego es Juan Pablo II. De tal manera, que quienes nos hemos semicriado en la Varsovia de aquel entonces, llevamos un doble mapa en la cabeza.
El personaje principal, una estudiante de psicología, alter ego de la autora, sensación acentuada por estar escrito el relato en primera persona, nos habla de sus pacientes, a quienes, siguiendo la pauta de su jefe, prefiere llamar "clientes". Una de ellos, la señora Anna, maestra jubilada, convencida de que su sueño sostiene la existencia del mundo, está preocupada, porque duerme cada vez menos, y teme que su falta de sueño socave las bases de, valga la redundancia, el mundo. Vive en una calle que, para variar, nunca cambió de nombre, la calle del Nuevo Mundo. Es ella quien afirma, opinión con la que coincido, que no se debió reconstruir la ciudad sobre un cementerio. "Pudieron haber reconstruido Varsovia alrededor de Częstochowa" - dice - "en la cercanía de la Virgen Santísima, o a orillas del río Narew, es tan hermoso allí”.**
Otro de ellos es Igor, quien no estudia ni trabaja, y lo primero que hace al recibir la pensión de invalidez, es coger un tren para viajar a cualquier punto del país. Igor quiere tanto a la narradora de la historia, que la llama la "Reina de Polonia". Recordemos que en el sistema en la Polonia Popular era una obligación, tanto estudiar, como, luego de finalizados los estudios, trabajar; y que era una entidad estatal la que enviaba la orden de trabajo.
Finalmente está el personaje que se hace llamar el "Che Guevara", quien le da título al relato. Cierta noche, al no encontrarlo en el cafetín de siempre, ella lo busca en su vivienda y lo encuentra encerrado, con las ventanas cubiertas, con el departamento convertido en una barricada. La deja entrar, pero no salir, diciéndole que "ellos" están al acecho para atacar en cualquier momento. Dado el caso, ella se queda a dormir allí, y al amanecer logra convencerlo de que saldrá a llamar al hospital, para pedir la ayuda médica que necesita. Entra a una cabina telefónica, pero nadie contesta. Tampoco pasa ningún tranvía. Y en eso ve, lo que el "Che" anunciaba, el avance ruidoso de los carros blindados.

 En la reseña anterior mencionamos también el relato „El profesor Andrews en Varsovia” por su relativa similitud con „Una historia verdadera”. Quienes no saben como era la realidad cotidiana de Polonia en los años ochenta, podrían creer que se trata de un relato fantástico. Sin embargo, quienes hemos gozado en carne propia ese sistema sabemos, que lo que se describe no es una fantasía, sino el día a día de millones de personas. Al final del relato, el Profesor Andrew descubre a un pez nadando en la bañera del departamento en el que se encuentra. Pero tampoco ese detalle es parte de la fantasía. Yo también he visto de niña, aunque no en mi casa, a algún pez nadando en la bañera en espera del momento en el que sería sacrificado para la cena navideña.

En "Abre los ojos, que estás muerto", el personaje principal es una asidua lectora de novelas policíacas. Al aburrirse, porque en la novela que está leyendo, nadie mata a nadie, se introduce en la trama y empieza a asesinar a los personajes. El relato finaliza con los detectives de la novela, yendo a buscarla directamente a casa.

En "Un mes escocés" tenemos otra vez al alter ego de la autora, una escritora polaca, quien viaja invitada a pasar un mes de trabajo creativo, en una casa particular en Escocia. Al final del relato descubre que en la habitación infantil, hay una casa de muñecas, y en el desván de ésta, otra casa más chica, y en el de ésta, otra más chica aún. La muñeca, sentada al lado de la casita, que se repite sucesivamente, tiene un aire conocido, similar tal vez, al de la dueña de casa que la ha invitado a Escocia. Pero como dice la escritora, vale decir, el personaje que nos cuenta la historia: "Por primera vez escribía sobre mí misma, descubriendo con sorpresa, que al escribir sobre uno mismo, se crea a alguien diferente. Que no se puede ser simultáneamente, el observador y el observado, el sujeto y el objeto. Seguramente por eso, en todo recuerdo hay cierta falsedad, y en toda autobiografía, creación".***

En "La bailarina" el personaje principal es una bailarina que se ha comprado una casa con un escenario en un pueblo perdido de Polonia. En ella, a más de sesenta años, realiza su sueño de toda la vida. Bailar ante un escenario lleno, el de unos cuantos habitantes del pueblo, y los rostros de la sala de teatro, balcones y asientos incluidos, que pintó en la pared. También el rostro de su padre muerto, con quien rompió, cuando éste se negó a que ella fuera bailarina y a quien no volvió a ver jamás. La noticia de su muerte le llegó el mismo día, en que fue a enviarle una carta, invitándolo al "teatro" que es así como llama su casa.

En la "Adivinación con frejoles" tenemos a un personaje del partido gobernante, en plena época estalinista, a quien le adivinan la suerte, tirando granos de frejol. Todo esto en el mayor secreto, incluso ante su esposa, pues va contra la ideología imperante. Entre otras cosas le predicen una gran muerte, que cambiará para mejor su vida. Un tiempo después muere Stalin y el personaje referido asciende políticamente.

En "El deseo de Sabina" tenemos a una mujer, que trabaja haciendo limpieza, en la casa de un doctor renombrado. La mujer está por quinta vez encinta, y la esposa del doctor le dice, que pida el regalo que quiera, antes de dar a luz, y ella se lo dará. Sabina pide jugar con las niñas, como si fuera una muñeca. Estar echada sobre la alfombra, y que las niñas la vistan y desvistan, la peinen y acaricien, como hacen con las muñecas Barbie.

Dos de los relatos han sido llevados a la pantalla grande. Uno de ellos es "Żurek" (nombre de una sopa típica polaca) En  el relato Halina busca saber quien es el padre del hijo de su hija, para ponerle su nombre en el bautizo. Pero aparentemente, Matuszek, quien asume la paternidad, no lo es, pues desde hace veinte años intenta tener hijos con su esposa. ¿Será que de esa manera pretende callar a quienes dicen en el pueblo, que se volvió infértil, luego haber tenido un accidente?

"Ariadna en Naxos", llevada a la pantalla grande como "Aria Diva", nos narra la relación entre dos vecinas. Una es cantante de ópera, y la otra, ama de casa y madre de dos hijos. En la tarde, cuando los niños duermen, se echa en el piso, con el oído pegado al suelo, para escuchar como la otra ensaya cantando un piso más abajo. Cuando se hacen amigas, su vecina, fascinada por la admiración de la que es objeto, canta para ella. Pero finalmente la cantante parte de gira para representar la ópera "Ariadna en Naxos" de Joseph Haydn. Su amiga queda desconsolada y falta de sentido en la vida. En éste, como en varios de los relatos de Olga Tokarczuk, no hay ni un nombre propio, lo cual dificulta la reseña del mismo.

En "El objeto" el escritor Samborski descubre que tiene un doble, que sale en los medios, como si fuera él mismo, pronunciándose sobre literatura y otros temas afines. Pero Samborski siente que el doble no tiene nada ver con quién es él en el fondo de su ser. Cuando lo emplaza, el otro le dice, que lo ha inventado y que puede desaparecerlo en cualquier momento. Samborski se ve obligado a ceder.

En "La mujer más fea del mundo" el personaje principal se casa con ésta mujer feísima, y se gana la vida, organizando giras, para exponer su fealdad. Pero la mujer es tan, pero tan fea, que a pesar de llegar a tener una hija con ella, no se atreve a tocarle la cara. Finalmente la mujer y su hijita mueren, y sus cuerpos son adquiridos por un profesor vienés, quien los lleva a la Clínica Universitaria, donde son disecados.

Nota aparte merece "La conquista de Jerusalén. Raten 1675", porque sucede en una época totalmente diferente a los demás relatos. Corre el año de 1675, y von Kynast, noble señor del castillo de Raten y descendiente del cruzado, Gotfredo de Lotaringia, decide representar la Conquista de Jerusalén en su propiedad, a modo de teatro natural para sus huéspedes ilustres. Como señor feudal tiene la potestad de ordenar a sus súbditos, a que cumplan sus órdenes y antojos. Pero ve que lo hacen a desgano. No les interesa, en lo más mínimo, la historia gloriosa de las Cruzadas, ni la de los antepasados de su señor. Pero ya no puede retraerse. Los trabajos van avanzando y los huéspedes están invitados. Finalmente, se le ocurre, una idea genial. El trofeo por participar en la representación de la batalla, van a ser las carnes, que estaban destinadas a los huéspedes. De esa manera logra que los campesinos, disfrazados arremetan contra la falsa Jerusalén, que defienden otros campesinos disfrazados de paganos. El único que queda malherido es su sobrino, quien representaba a su antepasado, Gotfredo de Lotaringia, pues no cabía que éste fuera representado por un campesino. Mientras los campesinos se dan su banquete, los huéspedes se deben contentar con el vino, el baile, la representación teatral, más las legumbres y verduras. Jerusalén ha sido tomada.

En "La natividad de Bardo", localidad cercana a la autora, ésta nos describe un nacimiento tradicional, el cual, conforme a la tradición del lugar, tiene la forma de un retablo. La mujer que estuvo a cargo de su cuidado después de la Segunda Guerra Mundial, empezó a añadirle más y más figuras, las cuales no existían inicialmente. Y es que como nos dice la autora: "Pues, si el nacimiento divino sucede siempre y en todo lugar, si atañe a cualquier cosa o suceso, por pequeño que sea - de pronto se hace evidente, que no es el momento de la Natividad Divina, la que hay que presentar al mundo, sino al revés - presentarle el mundo entero a la Natividad, traer el mundo a las puertas del retablo e introducir todo en él (...)"**** Cabe anotar, que luego de la publicación del texto, las visitas turísticas al pueblo de Bardo, para ver el mencionado retablo, aumentaron con creces.

"Glicinia", al igual que otros relatos de este libro, pareciera ser un relato realista, en el que se presenta un triángulo entre madre, hija, y marido de la hija. Al final éste ya muerto, vuelve a la vida, llamado por los besos de ambas mujeres. 

En cuanto a la "Presentación del autor" se trata de un relato, más que nada, de corte psicológico. El personaje principal, una mujer casada, viaja a la ciudad de Allenstein, donde sabe que se presentará un escritor, con el que alguna vez, soltera aún, mantuvo un romance. Quiere preguntarle porqué, a pesar de todas las promesas, se casó con otra. Sin embargo, a pesar de encontrarse en la misma ciudad y hospedarse en el mismo hotel, el encuentro simplemente no se da, pues en el momento preciso, ella se queda petrificada, sin la fuerza necesaria, para voltearse a saludarlo. Todo esto sucede en un tiempo, en el que esa parte del mundo pertenecía a Prusia Oriental, y en el que la gente se movilizaba en trenes, calesas y carruajes. Ahora, la ciudad en cuestión, pertenece a Polonia, y figura en los mapas como Olsztyn.

En „La prueba general” vemos a un matrimonio, que se ha quedado atrapado en su departamento, luego de una catástrofe ecológica. Se ha indicado a la gente que tape las ventanas como pueda y no salga de sus casas. Luego se corta la señal de radio, televisión y teléfono, así que nadie sabe realmente qué es lo que está pasando. Los esposos tampoco saben nada de su hija, quien se fue molesta de la casa, unas horas antes. No tienen nada qué hacer, ni de qué hablar entre sí, pero ni siquiera por eso, dejan de insultarse. A pesar de vivir años allí, por primera vez invitan a tomar café, a los vecinos del piso de abajo, para conocerlos, pero tampoco tienen mucho de qué hablar con ellos.

En cuanto al último relato, „Concierto de varios tambores”, éste es simplemente, indefinible y difícil de reseñar. Gira en torno a reflexiones sobre diversos temas, tales como: la naturaleza de la ciudad, donde habita la narradora de la historia; el tiempo y  la existencia o inexistencia del presente, mero punto convencional entre el pasado y el futuro; el sueño y la vigilia; o hasta qué punto, somos sólo aquello que ven los demás en nosotros. La narradora siente que la realidad va perdiendo consistencia, y que lo único que la sostiene, lo único fijo, son los conciertos de varios tambores, que se repiten con diferentes variaciones cada noche, en el patio de la casa donde vive y en los cuales ella también participa.


* Olga Tokarczuk: "Concierto de varios tambores", p. 84
** Op. cit., p. 218
*** Op. cit., p. 57
**** Op. cit., Pp. 145-156
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: „Concierto de varios tambores" (Gra na wielu bębenkach)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie (Editorial Literaria), 2018
Número de páginas: 412 
Idioma: Polaco

viernes, 20 de julio de 2018

Sobre los "Relatos bizarros" de Olga Tokarczuk

Esta será una breve reseña de  mi última lectura, los "Relatos bizarros" de Olga Tokarczuk. Pero la palabra "reseña" es meramente convencional, pues estos relatos son realmente tan, pero tan bizarros, que simplemente irreseñables e irresumibles. Tampoco se les puede poner una etiqueta en común, pues tratan temas tanto, valga la redundancia, bizarros como diversos. Desde ya advierto que, si bien mencionaré a todos, tan sólo comentaré algunos de los relatos de este volumen.
Entre ellos, hay los que podrían ser calificados de relatos de ciencia ficción. En ellos la autora toca tales temas como, entre otros, la catástrofe ecológica, la clonación, y/o los límites éticos frente al avance de la tecnología.

Pero de éstos, tan sólo "La visita", podría ser definido como un cuento de ciencia ficción clásico. Con personajes, de los cuales nos enteramos tardíamente, que no son humanos, sino, por así decirlo, humanoides.

"El calendario de las fiestas humanas" sucede en un futuro hipotético, luego de una catástrofe ecológica mundial. La culminación de ésta se dio, cuando las bacterias "plastívoras" o devoradoras de plástico, vale decir, cuando las bacterias modificadas genéticamente para limpiar los mares de la contaminación, subieran a tierra firme a comerse también todo el plástico de allí. Al comerse, no sólo los objetos hechos de plástico, sino también las uniones de plástico de diferentes aparatos, destruyeron gran parte de la productividad humana. Como dice la cita: "cuando la catástrofe con el plástico destruyó, no sólo las casas, hospitales y fábricas, sino que cuestionó también algunos conceptos. La obra de destrucción, la completó la guerra. Cuando caían los satélites, parecían misiles, cual cuchillos lanzados a la Tierra".* Sin embargo, no se trata de un relato de ciencia ficción clásico, pues describe una sociedad que gira en base a rituales relacionados con el paso de las estaciones, con alusiones, a mi entender, a tradiciones de la antigüedad griega, egipcia, y tal vez alguna otra más que se me ha escapado.

En "Transfugio" los seres humanos pueden solicitar cambiar de especie. Como convertirse en un animal concreto. Como se trata de un cambio irreversible, deben resolver la parte legal antes, firmando poderes a favor de su persona de mayor confianza. Todo esto hábilmente dirigido por una empresa especializada en el tema.

El "Cerro de todos los santos" es de género un tanto indefinible. Se desarrolla como un relato de misterio, con un toque de ciencia ficción, que se revela al final. El hecho de que suceda, en gran parte, en un convento de monjas, y que se hable de vidas de santos, le da un toque específico, con alusiones al "Nombre de la rosa" de Umberto Eco. Como ejemplo que valga esta cita, referente al santo, cuyas reliquias se encuentra en el convento en cuestión: 
"San Auxencio mártir, fue entrenador de los leones, que en tiempos de Nerón, eran alimentados con carne de cristianos. Cierta noche uno de los leones le habló en lenguaje humano. Era la voz del mismísimo Jesucristo. No está escrito qué fue lo que le dijo el león con la voz de Cristo, pero al amanecer Auxencio ya se había convertido al cristianismo. Liberó a los leones en un bosque fuera de la ciudad, y él mismo fue prendido. El verdugo se convirtió en víctima".**

En cuanto a "Los niños verdes", es un relato de corte fantástico, escrito en un lenguaje arcaico. El narrador de la historia es el médico escocés William Davisson, quien llegó desde el lejano París a curar los males de Juan Casimiro Vasa, quien fuera rey de la República de las Dos Naciones (Polonia y Lituania) en el siglo XVII. Asombrado ante lo que ve, el narrador dice: "Al comienzo me extrañaba aquella atención hacia la Madre Divina. A menudo tenía la sensación de que ellos aquí, adoran a alguna deidad pagana y que - cosa que espero no me sea considerada como blasfemia - el mismísimo Dios y su Hijo, llevan humildemente los cintos en el cortejo de María".*** En medio del relato aparecen dos niños de color verde. Esto sucede en la propiedad del Sr. Hajdamowicz, en la que se queda varado el narrador, sin poder seguir al séquito real. El niño muere, y la niña se dedica a contarle a los niños del lugar, como es el mundo lunar en medio del bosque, del cual procede. Al final de la historia, la niña verde desaparece con todos los niños y el ayudante del médico, a quien éste tenía la esperanza de legar su sabiduría.

Aparte, entre los relatos de corte fantástico podemos mencionar también a "El pasajero""Las costuras".
En cambio "Las conservas", "Una historia verdadera" y "El corazón" son, a mi entender, de género totalmente indefinible.

"El corazón" trata de un hombre, quien después de un transplante al corazón, no vuelve a ser el mismo. No puede ni dormir, ni pensar en otra cosa que no sea en quién fue la persona, cuyo corazón lleva dentro de su cuerpo. Esta obsesión se convierte en un llamado, que lo lleva a visitar lugares que jamás imaginó conocer. En el relato se habla de la tradición budista y de la rueda de encarnaciones.

En cuanto a "Una historia verdadera" podría parecer una historia fantástica, pero a mi modo de ver, no lo es. Habiendo vivido en diferentes lugares y sabiendo algo de astrología, sé que la situación social de una persona puede variar radicalmente, dependiendo del lugar en el que ésta se encuentre. El personaje principal es un catedrático, que ha llegado a dictar una conferencia, a un país, cuya lengua y costumbres desconoce. Es éste un tema recurrente en la obra de Tokarczuk, ya que también está presente en el relato "El profesor Andrews en Varsovia", que forma parte del libro "Concierto de varios tambores".

Con esta leve pincelada espero haber despertado en el lector hispano, la curiosidad frente a un libro de géneros entremezclados. Si bien éste, como muchos de los libros que reseño, no ha sido aún traducido al castellano.

* Olga Tokarczuk: "Relatos bizarros", p. 212
** Op. cit., p. 193
*** Op. cit., p. 18
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Olga Tokarczuk: "Relatos bizarros" (Opowiadania bizarne)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie (Editorial Literaria), 2018
Número de páginas: 256 
Idioma: Polaco