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martes, 19 de noviembre de 2019

Sobre el libro "La inaudita eslavidad" de Maria Janion

Esta será una breve reseña del libro "La inaudita eslavidad" de la estudiosa de filología y cultura polacas, Maria Janion. Y aclaro que el término eslavidad, poco usado en español, se refiere al mundo y la cultura y/o culturas eslavas.

Entre los muchos temas que toca el libro, la autora nos habla de tres vertientes del pensamiento polaco. La primera de ellas estaría representada por Zorian Chodakowski, quien a inicios del siglo XIX, recopilara mitos y leyendas en los terrenos que ahora pertenecen a Lituania y Bielorrusia. (En la región de fronteras movedizas, como dijera yo alguna vez). Según Chodakowski, la cultura eslava en realidad es pagana, estando apenas recubierta por un barniz cristiano. Cabe anotar que la mayoría de sus recopilaciones aún no ha sido publicada. Éstas siguen durmiendo el sueño de los justos en los archivos de los que nadie las ha desempolvado. Sin Chodakowski, nos dice Maria Janion, no hubieran existido ni „Los abuelos" (Dziady) de Adam Mickiewicz, ni „El Rey Espíritu” (Król duch) de Juliusz Słowacki, dos obras cumbres de la literatura polaca. Formaron parte de esta vertiente, el historiador Joachim Lelewel y me parece que también el gestor cultural Piotr Skrzynecki, entre otros.

La segunda vertiente, representada por el autor de novelas históricas Józef Ignacy Kraszewski y el pintor Jan Matejko, entre otros, es la oficial, la que considera que la civilización en Polonia comenzó con el bautizo en el rito latino, en el que perdura hasta ahora. Lo anterior fueron siglos de paganismo salvaje, que ni siquiera vale la pena mencionar.

Sigue luego la tercera vertiente, la que considera que Polonia fue bautizada en el rito oriental en el siglo IX y que la lucha entre el príncipe Masław y Casimiro el Restaurador en el siglo XI, fue una lucha entre el cristianismo latino y el oriental. Luego de la muerte de Masław y el triunfo de los seguidores del rito latino, Polonia quedó varada en una encrucijada en la que se encuentra hasta ahora. "Al este de Occidente y al oeste de Oriente" como diría Sławomir Mrożek en alguna de sus obras.

Otro de los temas tratados en el libro es el de la alegoría de Polonia, la cual a lo largo de todo el siglo XIX fuera representada por una mujer doliente. Como ejemplo tenemos la imagen de la carátula del libro, que reproducimos aquí. Se trata de la reproducción del fragmento de un cuadro de Jan Matejko, en la que vemos a Polonia arrodillada y enlutada, a punto de ser esposada. Los militares que rodean al herrero, quien está a punto de hacer su trabajo, visten el uniforme del Imperio Ruso. A la derecha de Polonia está Ucrania, vestida de blanco, quien es arrancada a la fuerza de su lado. A la izquierda yace el cuerpo sangrante de Lituania. Sobre la pared vemos un anuncio con el número 1863, número del año en el que se produjo un levantamiento polaco contra el Imperio Zarista, el que fue cruelmente acallado.
Estas representaciones alegóricas cambiaron al entrar el siglo XX y producirse la independencia de Polonia en 1918. Un ejemplo de ello es la obra de Jacek Malczewski, quien representó a Polonia en muchos de sus cuadros, como una joven hermosa y seductora, llena de vitalidad y alegría, pero nunca de manera doliente.

Esta ha sido una pincelada de apenas dos temas de un libro, a través del cual la autora pretende motivar a los polacos a repensar su propia identidad e historia, así como su lugar en el mundo.


Ficha bibliográfica:
Maria Janion: "La inaudita eslavidad" (Niesamowita Słowiańszczyzna)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie, 2017
Idioma: Polaco


viernes, 18 de mayo de 2018

Los venenos en "La última del linaje" de Paweł Jasienica

El envenenamiento de Bona Sforza
representado por Jan Matejko
En la entrada anterior, hemos comentado la novela "Las hijas de Wawel" de Anna Brzezińska. En esa misma entrada tenemos la explicación de quién es quién en la trama de la historia, por lo que recomendamos al lector leerla antes de ésta, pues no nos repetiremos. Dijimos también que el tema de los venenos es un tema recurrente en la novela.
Para sopesar diferentes opiniones, comentaremos aquí lo que dice al respecto Paweł Jasienica en su libro "La última del linaje" (Ostatnia z rodu). 
Si bien Jasienica reitera que la mala imagen de la reina Bona la crearon los Habsburgo, mediante difamaciones pagadas con dinero contante y sonante, él mismo nos narra que el hijo de ésta, el rey Segismundo Augusto, fue con unos guantes negros puestos a un encuentro que tuvo con su madre, pues temía que ella le regalara algún anillo envenenado. Nos cuenta también que al próximo encuentro, el rey fue con un pañuelo blanco en la mano, con el que recibiría el anillo, en caso de darse las circunstancias. Que Segismundo Augusto, acusaba a su madre de haber envenenado a sus dos primeras esposas, Isabel de Habsburgo y Bárbara Radziwiłł, a quien amaba con devoción. Y que, por otro lado, el rey Esteban Batory se hizo traer un antídoto muy poderoso de parte del médico del príncipe elector de Brandenburgo por temor a que su esposa, Ana Jagellón, hija de Bona, como buena discípula de su madre, de quien habría aprendido sus malas artes, lo envenenara. 
Quien si murió envenenada fue la propia Bona. Le sirvió el veneno su propio médico, quien probaba los medicamentes delante de ella, antes de pasárselos, y quien se había preparado un antídoto para el caso. Quien le pagó por eso fue Gian Lorenzo Pappacoda, agente de los Habsburgo. Y fue el mismo agente quien le impidió salir de la habitación a buscar el antídoto. De tal manera que murieron ambos, Bona luego de tres días de terrible agonía y el médico, luego de agonizar durante una semana.

Ficha bibliográfica:
Paweł Jasienica: "La última del linaje" (Ostatnia z rodu)
Varsovia, Editorial Czytelnik, 1988
Idioma: Polaco

viernes, 11 de mayo de 2018

Sobre la novela "Las hijas de Wawel" de Anna Brzezińska

Presentamos aquí una reseña de la novela „Las hijas de Wawel. Narración sobre las princesas Jagellón” (Córki Wawelu. Opowieść o jagiellońskich królewnach) de Anna Brzezińska. 
La autora, hasta ahora sólo había publicado literatura de corte fantástico. Esta es su primera novela histórica, la cual, por cierto, no deja de tener toques mágicos. La autora despliega un conocimiento de la época en cuestión, el siglo XVI en la Polonia de los Jagellón, tema sobre el que, como historiadora de profesión, está haciendo  un doctorado en la Universidad Centroeuropea de Budapest. (Aunque para ser más específicos, el tema de su tesis doctoral es „La imagen de la reina en la Polonia del siglo XVI”).
La trama de la novela se centra en el personaje de Dosia, diminutivo de Dorotea, la enana de las princesas, Sofía, Ana y Catalina Jagellón, hijas del rey Segismundo el Viejo. Ponemos los nombres en castellano para facilitar la comprensión del texto, si bien en aquel entonces los nombres se escribían en latín, traduciéndose del santoral a la lengua local, tan sólo para su uso en el habla cotidiana.
Recordemos que en aquella época, los enanos, si tenían suerte, llegaban a ser las mascotas de las cortes reales e imperiales. Y como mascotas podían ser vendidos o regalados. A Dosia la compró un sacerdote quien quería congraciarse con la reina, haciéndole un obsequio particular. Si bien Dosia se encontraba en un estado tan calamitoso que, como obsequio, no sirvió para tales propósitos.
Eso en cuanto a la trama de la novela. Pero independientemente de ello, Dosia es un personaje histórico, existió realmente y las cartas que enviaba ya de adulta a una de las tres princesas, Sofía Jagellón, sirven ahora de fuente a los estudiosos, ya que era una de las pocas personas que tenía acceso a la familia real. Supe de su existencia por la novela de Małgorzata Duczmal "Los cuatro reyes de Catalina"  (Czterej królowie Katarzyny) y por el libro de Paweł Jasienica „La última del linaje" (Ostatnia z rodu).
Al inicio de la novela conocemos a Regina, muchacha humilde, quien llegara a la ciudad de Cracovia, en busca de fortuna. Corría el año 1525, y era Rey de Polonia y Gran  Duque de Lituania, Segismundo el Viejo, casado con Bona Sforza, quien procedía de la familia de los príncipes de Milán.
Al año siguiente, el primero de noviembre de 1526, Regina dio a luz a una niña, Dosia, la misma noche en la que nació Catalina, la menor de las hijas de Segismundo y Bona. Al cabo de unos años, en 1530, Dosia llegó a ser la mascota de las princesas, compartiendo la misma habitación con ellas. Como llegó repentinamente al Castillo de Wawel, sede de los reyes de Polonia, se asombraba de todo lo que veía, y es a través de su asombro, que vamos conociendo al castillo y a sus pobladores. 
En medio de eso, la autora nos va explicando, con sumo detalle, el ambiente, las costumbres, la cosmovisión de la época, e incluso, los rumores de palacio. Y lo hace, comparando continuamente las costumbres palaciegas con las de la sociedad en general.
Nos cuenta, por ejemplo, que en 1549 se aperturó la Facultad de Astrología en la Academia de Cracovia (hoy Universidad Jaguelónica). El tiempo de estudios duraba cuatro años y de sus canteras salían los astrólogos de palacio.
Nos habla también del Libro de oraciones de Ladislao de Varna, ligado a la cristalomancia. El mismo contenía, aparte de las oraciones tradicionales, invocaciones a Dios, la Virgen y cuatro arcángeles - Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel - para que iluminaran al poseedor del cristal, mostrándole en su interior, tanto a sus enemigos, como los acontecimientos futuros.
Ese es uno de los toques mágicos de la novela. Otro de ellos es el personaje de Witosława, vieja enana, aparentemente bruja, quien vive en una habitación oscura, de la cual nunca sale, ubicada en el sótano del castillo. Witosława llegó a Polonia, acompañando a Helena, princesa rusa, quien se casó con Aleksander, hermano mayor de Segismundo. El origen de Witosława era incierto. Corrían rumores de que fueron los tártaros, quienes la vendieron al padre de Helena, pues Witosława podía entenderse con ellos en su lengua. Durante un tiempo Dosia solía visitarla y escuchar sus historias sobre la familia real, historias que no siempre coincidían con la versión oficial de los hechos. Witosława sugería, por ejemplo, que al enviudar Helena, Segismundo la hizo envenenar. Ese era uno de los muchos rumores, que por diversas fuentes llegaban a oídos de Dosia, quien como era pequeña, se podía meter en todas partes. Otro era el del envenenamiento de los dos últimos príncipes de Mazovia, pertenecientes a la dinastía Piast. Lo cierto es que luego de la muerte de éstos, la región de Mazovia, pasó definitivamente a formar parte de Polonia, cosa que convenía tanto a Bona, como a Segismundo.
Es a través de los ojos de Dosia que conocemos a las tres princesas ya mencionadas, Sofía, Ana y Catalina, a su hermana Isabel y a su media hermana Jadwiga, hija de la primera esposa del rey Segismundo. Y a Doña Sofía Szydłowiecka, quien se hacía cargo de las damas del castillo, durante la ausencia de la pareja real. Ausencias que no eran pocas y que podían durar incluso más de dos años. Y es que los reyes, como Reyes de Polonia y Grandes Duques de Lituania tenían una corte y un palacio real, el de Wawel, en Cracovia, y otro en Vilna, la capital de Lituania. Además tenían que hacerse presentes en Lituania, y estar en buenas relaciones con los nobles lituanos, quienes aprobarían quién sería el próximo Duque de Lituania.Y en aquel entonces, tan sólo la travesía entre ambos lugares duraba un mes. Recordemos además que el origen de la dinastía Jagellón era lituano.
Fue en uno de esos viajes, que durante una parada, la princesa Sofía fue mordida  por una serpiente blanca, animal considerado sagrado antes del advenimiento del  cristianismo en Lituania en el siglo XIV. El daño en la pierna mordida le duró de por vida, si bien se hacía más presente los días fríos y húmedos. En los viajes siguientes la pareja real, viajaba acompañada tan sólo por sus hijos mayores, Isabel y Segismundo Augusto. Las otras princesas, Sofía, Ana y Catalina, se quedaban en el Castillo de Wawel. 
Y es a través de Dosia, que conocemos también, si bien tangencialmente, pues la enana no tuvo mayor contacto con ella, a la reina Bona. Y a Diana di Cordona, dama de la Corte, quien llegó acompañando a la reina, desde la lejana Italia. Posteriormente Diana, por encargo de la reina, se convertiría en la maestra de Dosia, enseñándole todo lo que sabía sobre la preparación de brebajes, tanto para el amor y la curación, así como para la muerte. Es decir los venenos.
 Vemos pues, que se trata de un mundo principalmente femenino. Y es que las habitaciones de las damas estaban separadas de las de los varones. Si bien Dosia tenía contacto con los hombres que circulaban por el palacio, entrando y saliendo de él, como los sacerdotes, carpinteros, picapedreros, orfebres, mozos de caballeriza, ayudantes de cocina y muchos otros más, casi no lo tenía con los de la familia real, es decir con el rey Segismundo y su único hijo vivo, Segismundo Augusto. Uno de los hombres mencionados es, por ejemplo, Alantsee, boticario y supuesto productor de venenos por encargo de la reina. El tema de los venenos, es pues, recurrente en la novela.
Ana Jagellón
representada por Jan Matejko
De todas maneras, los hombres son vistos a lo lejos, y siempre, como un peligro o una amenaza en ciernes. Y eso, que Dosia no sabe, que su nacimiento fue producto de una violación. No sabe que su madre, Regina, no pudo negarse a los requerimientos del patrón, en cuya casa servía, simplemente, por no acabar en la calle. Pero que esos encuentros, lo cual no deja de ser asombroso, no le producían ni el más mínimo de placer.
Hasta el matrimonio, al cual por su condición, estaban destinadas las princesas, era una amenaza. Sabían que llegado el tiempo, habrían de dejar a los suyos, y partir a tierras lejanas, al reino o principado del marido que les tocara. Al menos, así es como lo veía Dosia, quien sabía que el maltrato era pan cotidiano para las mujeres, de cualquier condición que fueren. Tenía ya doce años, cuando cierta vez estalló en llanto, diciendo que jamás se casaría, como si no supiera que su destino no dependía de ella, sino de sus dueñas, las princesas Jagellón. Y fue entonces, cuando la princesa Catalina le prometió que eso no pasaría y que ella la llevaría siempre consigo. 
Cosa que realmente sucedió. Dosia acompañó a Catalina, cuando ésta se casó con Juan de Finlandia. La acompañó en la celda del castillo de Gripsholm, donde Erico XIV el Loco, medio hermano de Juan, apresó a éste y su esposa, y donde Catalina dio a luz a Segismundo Vasa, quien posteriormente llegaría a ser rey de Polonia. Y fue Dosia, quien la acompañó en los partos y cuidó de sus hijos, tanto de los tres vivos, como de la mayor, quien murió al año y medio de nacida. Dosia la acompañó, cuando salió de la cárcel y  llegó a ser reina de Suecia, y la cuidó en su lecho de muerte.
Y fue por encargo de Juan que, luego de la muerte de Catalina, Dosia retornó a Polonia, acompañando a Segismundo hijo de éste y de Catalina, quien fue elegido rey por los nobles. Viajó también con ellos la princesa Ana Vasa, hermana de Segismundo. Y es que Dosia era la única que conocía realmente a los dos príncipes, habiéndolos criado desde niños y queriéndolos como si fueran los hijos que nunca tuvo. Fue ella quien le transmitió a la princesa Ana la pasión por las plantas medicinales, al punto de ser ésta considerada hasta ahora, como la madre de la botánica polaca.
Es así, que luego de toda una vida, Dosia se reencontró con Ana Jagellón, la penúltima de las princesas, llamada para aquel entonces la Reina Viuda. De tal modo que Dosia nunca llegó a conocer a su esposo, el rey Esteban Batory. Ya que Batory llegó a Polonia desde Transilvania, se casó con Ana, reinó y falleció, mientras Dosia estaba en Suecia.
Esta reseña, al igual que la narración de la novela, no es cronológica, pues Ana y Dosia son ya dos mujeres mayores, cuando en el jardín del palacio de Varsovia recuerdan conjuntamente, cosas que sucedieron cuando eran niñas. Y ese recuerdo es, a su vez, un recuento de sus propias vidas. El incendio del Castillo de Wawel, cuando fue Dosia quien diera la voz de alarma en 1536. La severidad de la Doña Sofía Szydłowiecka, tratando de imponer el orden y la virtud, en un mundo donde desbordaba el caos. Las conversaciones con la enana Witosława, que Dosia, ni siquiera de vieja, se atrevió a comentar con Ana, pues ésta era muy piadosa. O los sucesivos matrimonios de las princesas en cuestión. El matrimonio de Jadwiga con Joaquín II de Brandenburgo. El matrimonio de Isabel con Juan Zápolya de Hungría, quien le llevaba más de treinta años. El retorno de Isabel a Polonia, doce años después, luego de haber enviudado y de haber sido forzada a entregar la corona de Hungría a los Habsburgo… El matrimonio de Sofía con Enrique II de Brunswick, a la avanzadísima, para la época, edad de 34 años. Las esperanzas fallidas de Dosia, quien esperaba acompañarla para aliviarle los dolores de la pierna. Pero Sofía escogió llevar consigo a la enana Inés, diciendo que Dosia serviría de más apoyo a sus hermanas. El matrimonio de Catalina, a quien Dosia, como ya dijimos, acompañó hasta su lecho de muerte.
Y por último, los sucesivos matrimonios de Segismundo Augusto, hermano de las princesas. El matrimonio con Isabel de Habsburgo, quien sufría de epilepsia, y quien siendo de salud muy frágil, lo dejó prontamente viudo. El matrimonio con Bárbara Radziwiłł contra la voluntad de los nobles, así como de su madre y sus hermanas, quienes en señal de protesta, abandonaron el Castillo de Wawel y se fueron a vivir a Varsovia. La muerte de Bárbara, de la cual Segismundo Augusto acusaba a su madre, la reina Bona, al punto que ésta tuvo que abandonar Polonia. La partida de Bona al principado de Bari, que le correspondía por herencia, donde fue envenenada por encargo de los Habsburgo. El matrimonio de Segismundo Augusto con Catalina de Habsburgo, hermana de su primera esposa, con la cual tampoco tuvo descendencia. El fin de la dinastía Jagellón, luego de apenas tres generaciones en el trono de Polonia…
Para finalizar diremos, que se trata de una novela de más de ochocientas páginas, con muchísimas historias y temas entrelazados, de la cual hemos presentado aquí apenas una pincelada. Recomendamos pues su lectura a quienes dominen el polaco, pues entendemos, que aún no ha sido traducida a otros idiomas.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Anna Brzezińska: "Las hijas de Wawel" (Córki Wawelu)
Cracovia, Wydawnictwo Literackie (Editorial Literaria), 2017
Número de páginas: 835 
Idioma: Polaco

miércoles, 8 de junio de 2016

Comentario al libro sobre el Cardenal Duka

Aquí va un breve comentario al libro "La vida del Cardenal Duka en la época del comunismo: conversaciones con el primado de la República Checa y Arzobispo de Praga".
El género del libro es un tanto difícil de definir, porque se trata de una larguísima entrevista hecha al cardenal Dominik Duka por otros dos dominicos: el polaco Tomasz Dostatni y el checo Jaroslav Subrt. Los entrevistadores iban a estar presentes en la presentación del libro en Lima, pero por algún motivo que desconozco, no llegaron.
El libro fue publicado inicialmente en checo, traducido por Jacek Babuchowski al polaco, y del polaco al castellano por Lucía Málaga Sabogal. Cabe señalar que la traducción del polaco al castellano es impecable. No puedo opinar sobre la traducción del checo al polaco, por desconocer el checo, pero dada la cercanía lingüística de ambos idiomas, deduzco que también lo es.
Comenzaré diciendo que el título con el que el libro ha sido publicado en castellano no refleja la vastedad de su contenido. (El título original, traducido literalmente por la traductora es “La tradición es un reto”, que tampoco me parece refleje la amplitud del tema). Y es que en el libro se mencionan más de diez siglos de la historia de Chequía, ligados al cristianismo. Dentro de esos diez siglos está presente también la época comunista, época de mucha importancia para el Cardenal Duka, pues la vivió en carne propia. Durante la misma trabajó en una fábrica (cosa que no lamenta) y fue encarcelado por dedicarse clandestinamente al sacerdocio. Pero también es parte de su experiencia vital la época post-comunista, de 1989 a la fecha, descrita asimismo en el libro.
Como es una lectura que requiere de cierto conocimiento de la historia checa, el libro lleva muchísimas notas a pie de página. Algunas hechas para la edición polaca y otras hechas por la traductora para el lector hispano.
En mi caso personal la lectura del libro fue muy interesante, pues si bien creo que conozco bastante bien la historia de Polonia, no sabía nada de la historia checa, que es muy diferente. Algunas cosas las había escuchado mentar a mi madre, pero sin conocer los detalles. Otras las deconocía totalmente.
Sabía, por ejemplo, que el clero de Checoslovaquia había sufrido persecución por parte del gobierno comunista, cierre de conventos, y según mi madre, incluso deportaciones a Siberia. Pero no sabía que dicha persecusión se inició con fuerza durante la así llamada noche bárbara, la noche del 13 al 14 de abril de 1950.
Sabía que poco antes de la Segunda Guerra Mundial hubo una repartición de Checoslovaquia, propiciada por Hitler, quien anexó parte del país al III Reich. Sabía que en esa repartición participó también Polonia. Pero no sabía que el Acuerdo de Munich se realizó los días 29 y 30 de setiembre de 1938 y que fue firmado por Alemania, Italia, Francia y el Reino Unido, dando carta blanca para que Alemania se anexara los Sudetes checos, habitados en gran parte por germanoparlantes. Y efectivamente, tanto Polonia como Hungría se anexaron los territorios de Checoslovaquia, que consideraban como propios, por tener un porcentaje de población polaco y húngaroparlante. 
Pero no sabía, por ejemplo, que en 1920, durante la guerra polaco-soviética, Checoslovaquia negó el pase al armamento que enviara Francia en apoyo de Polonia.
Dobrava
 en la representación de Jan Matejko
El libro viene acompañado de un epílogo de Jacek Baluch, ex-embajador de Polonia en Praga. Como dicho epílogo fue escrito para la edición de la traducción polaca del libro, habla en él sobre las diferencias en el trato a la Iglesia Católica de parte de los gobiernos comunistas, tanto polaco como checoslovaco. (Aclaro que en Polonia la persecusión jamás tuvo tal magnitud). El autor del epílogo comenta que en los últimos años, es decir en los años previos a la edición polaca del libro (2012), se da en Polonia un interés por el catolicismo checo, pues al fin y al cabo “el bautismo lo recibimos de Chequía”.
Aclaro al lector ajeno a la cultura checa o polaca que se refiere al matrimonio de Mieszko I, príncipe de Polonia, con Dobrava, princesa checa de la dinastía de los Premislidas en el año 966, considerado como el inicio de la historia de Polonia (lo anterior es considerado prehistoria). Para casarse tuvo que bautizarse previamente y ese bautismo conllevaba al bautismo de todos sus súbditos, es decir al establecimiento del cristianismo como religión oficial del país. (Posteriormente, entiendo que entre 1022 y 1034, hubo siquiera tres rebeliones, dirigidas por los sacerdotes paganos, una de ellas al menos, dirigida por un tal Madej, sofocada de manera sangrienta, pero eso escapa al tema de este libro).

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski


Ficha bibliográfica:
La vida del Cardenal Duka en la época del comunismo. Conversaciones con el primado de la República Checa y arzobispo de Praga. Interlocutores: Tomasz Dostatni y Jaroslav Subrt. Epílogo: Jacek Baluch. Traducción: Lucía Málaga Sabogal.
Lima, Fondo Editorial de la Universidad San Martín de Porres, 2016. 175 pp.
ISBN 978-612-4221-49-1.

sábado, 31 de agosto de 2013

Sobre la Constitución del Tres de Mayo


La Constitución del tres de mayo según Jan Matejko
(Celebrando su proclamación)
Un tres de mayo de 1791, luego de cuatro años de debates, se promulgó la Constitución del Tres de Mayo, segunda Carta Magna moderna en el mundo después de la de los Estados Unidos de Norteamérica y anterior en tres meses a la Constitución Francesa.
Esta Constitución, promulgada por el rey Estanislao Augusto Poniatowski, reformaba casi totalmente la estructura del estado polaco. El trono polaco volvería a ser hereditario y no elegible, como lo era entonces. Polonia y Lituania pasarían a constituir un solo estado y no estados separados, unidos por una alianza en común. Y fue de suma importancia y revolucionario para la época el que limara las diferencias entre los diversos grupos sociales que conformaban la sociedad polaca. Se quitó los derechos electorales a la nobleza sin propiedades. Los nobles quedaban exentos de la prohibición de dedicarse a la manufactura y el comercio. Los burgueses sin títulos nobiliarios podrían adquirir tierras y ocupar algunos cargos de poder. Los campesinos pasarían a ser protegidos por el estado, si bien no se especificaba como. Pero todo esto quedó en pura teoría, ya que casi inmediatamente Polonia fue repartida entre las tres potencias vecinas: Rusia, Austria y Prusia, cuyos gobiernos estaban preocupados por lo revolucionario de la Constitución, que reflejaba un pensamiento de vanguardia y cuyos líderes estaban ligados a la Revolución Francesa.
Y es por eso, que en la tradición polaca se festeja esta fecha como un símbolo del pensamiento independiente frente a las potencias opresoras, si bien los festejos oficiales se han dado de 1918 a 1939 y a partir de 1990. Hasta ese entonces fue celebrada clandestinamente.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Publicado en la Gazetka "Dom Polski"
Lima, Perú, mayo del 2008