sábado, 17 de septiembre de 2016

Sobre "Cerro de arena" y "Nubelandia" de Joanna Bator

Hace algún tiempo acabé de leer las novelas Cerro de arena (Piaskowa Góra) y su continuación Chmurdalia, título que podríamos traducir como Nubelandia o La región de las nubes lejanas de Joanna Bator. En estas dos novelas, a través de las peripecias de los personajes y sus familias, contadas con una ironía no extenta de ternura, vemos relatada la historia de la Polonia del siglo XX y de inicios del XXI. Está pues la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración. Pero con más fuerza, por ser la historia de los personajes principales, la de la así llamada “repatriación” - es decir del traslado forzoso de la población polacoparlante de lo que antes de la guerra fuera la parte oriental de Polonia, y que pasó a ser parte de la Unión Soviética - a terrenos que antes de la guerra pertenecieron a Alemania y que pasaron a ser parte de Polonia; y de los cuales fueron expulsados los germanoparlantes. En el caso de esta novela hablamos de la ciudad minera de Wałbrzych (en alemán Waldenburg), adonde llegan y se encuentran los padres de Dominika Chmura. (¿Es casual que Chmura, el apellido del personaje principal, signifique nube?)
¿De dónde llegan? El padre de Dominika, Stefan Chmura, es hijo de una unión ilegítima, cosa de la que su hija jamás llega a enterarse. La madre de Stefan, Halina, accede a tener encuentros fortuitos con el chico que baila con el oso durante las funciones de un circo ruso que pasa por su pueblo natal en Bielorrusia. Nueve meses después nace el niño, quien como bastardo, es tratado como la vergüenza de la familia y aceptado por caridad en casa del hermano de Halina. Al terminar la guerra y darse la repatriación, la madre comprende que ésa es la oportunidad de su vida. En medio del caos reinante, aprovecha una parada del tren para cambiarse de vagón, e ir entre gente desconocida, con su esposo, el herrero Władek y el niño, a un lugar donde nadie sepa que su hijo es un bastardo. Llegando a Wałbrzych registra al niño como nacido cuatro años después de la fecha real de su nacimiento, para hacer coincidir las fechas, e inscribirlo como hijo legítimo de su matrimonio. En cambio Jadwiga Maślak, la madre de Dominika llega de un pueblo que no fue afectado por la repatriación, por encontrarse dentro de los límites de la actual Polonia, invitada por un tío que luego de la guerra fue a buscar suerte a Wałbrzych.
Dominika nace pues en la Polonia de postguerra, como fruto de un experimento social, dirigido desde arriba, que convirtió a campesinos, herreros y molineros en obreros y mineros. Cuando llega al mundo, sus padres ya están viviendo en la recientemente construida Unidad Vecinal Cerro de arena, nombre que le da título al libro. Conforme va creciendo se percata que no se parece físicamente a nadie de su familia y que se diferencia incluso de la mayoría de los niños del colegio. Cuando avanza por la calle le dicen “judía” y “gitana”. Esa sensación de otredad hace que haga amistad con el otro niño “diferente” de la clase, Dimitri, hijo de una familia griega, quien a pesar de haber nacido en Wałbrzych, sabe desde pequeño que es un lugar al que no pertenece y en el que está solo de paso. Al cabo de un tiempo Dimitri se va con toda su familia y Dominika se convierte en una hermosa adolescente, quien sigue mirándose al espejo, hurgando entre los recuerdos familiares y preguntándose de donde le viene ese aspecto tan diferente al de los suyos. Pasa las vacaciones en el campo donde su abuela materna, Zofia. Y es allí, donde se entera de golpe, a raíz de la visita inesperada de un historiador, que su abuela ocultó durante la guerra en el desván de su casa a un judío llamado Ignacy Goldbaum. (Recordemos que en Polonia, durante la Segunda Guerra mundial, toda persona que estuviera en la misma casa en la que se encontraba un judío, era fusilada de inmediato por los nazis). El visitante saca la foto de Goldbaum, quien luego de la guerra se casó y estableció en Pasadena. En la foto Dominika reconoce sus propios rasgos en los rasgos de la hija de Goldbaum, quien pareciera ser su hermana mayor.
Como parece que la tendencia a vivir amores prohibidos le viene de familia, Dominika se enamora de un cura, el padre Adam, quien dicta las clases de religión en la parroquia y organiza los retiros de los jóvenes. La novela pues podría ser subtitulada como el libro de los amores prohibidos. Como ésta es una novela de historias que se entrelazan, conocemos también la historia de la familia del padre Adam, familia que llegó repatriada a la ciudad de Wrocław (Breslavia). Dominika ingresa a la facultad de matemáticas en la Universidad de Varsovia, ciudad a la que, con la anuencia de su abuela Halina, está a punto de fugarse con el padre Adam. Pero intervienen el párroco y la madre del cura, ofreciéndole a éste un pasaje para esa misma noche a Roma, donde ya se le ha gestionado una beca para que estudie teología en el Vaticano. El padre Adam cede, sin siquiera despedirse de Dominika. Ella por su lado tiene un accidente y no llega nunca a Varsovia. Pero como los tiempos han cambiado, no hay un niño de por medio.
En Nubelandia (Chmurdalia), continúan las peripecias de Dominika Chmura, pero ya fuera de Polonia. Trabaja a la negra en Alemania, y llega luego a Nueva York, donde consigue el increíble trabajo, remunerado por cierto, de leerle en polaco a Eulalia Barron, señora mayor judía, proveniente de Cracovia, quien va perdiendo la vista. La historia de Eulalia y su familia es otra de las historias entrelazadas en el libro. Dominika retorna recién a Polonia para despedirse de su abuela paterna Halina y luego enterrarla. En su lecho de muerte Halina quiere revelarle su mayor secreto, pero ya apenas puede hablar, empieza a balbucear en bielorruso y repite la palabra “oso”. Y así Dominika jamás llega a enterarse que su verdadero abuelo era el ruso que bailaba con el oso y no Władek Chmura, apodado el melancólico, porque jamás pudo superar el dolor de dejar de ser herrero para convertirse en el jefe de meseros del local principal de Wałbrzych, en un mundo en el que los caballos dejaron de tener importancia. Dominika retorna posteriormente a recoger a su madre, Jadwiga, para llevarla a la isla de Kárpatos en el mar Egeo, de donde proviene la familia de Dimitri, con quien mientras tanto se ha reencontrado en Londres. En Londres también es donde se gana una beca para estudiar fotografía y empieza a hacerse conocida en el rubro. De alguna manera su historia es la historia de una gran mayoría de jóvenes polacos, que han optado por hacer su vida fuera de Polonia, y para quienes las fronteras ya no son un límite.
Ésta es tan sólo una pincelada de una trama mucho más compleja, con otros personajes que ni siquiera hemos mencionado, como Grażynka Ropuch y sus tías”, Sara, Icek Katz y otros, cuyas historias se entrelazan con las de los personajes principales. Por lo que recomendamos la lectura de ambos libros a quienes dominen el polaco o alguna lengua a la que éstos hayan sido traducidos.
Finalmente quisiera agradecer a la Embajada de Polonia en Lima, gracias a cuya biblioteca, tenemos acceso a lo más reciente de la literatura polaca.

Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

2 comentarios:

  1. Gracias. Ese tipo de comentarios me animan a continuar con el trabajo.

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