jueves, 29 de noviembre de 2018

Sobre "La reina altiva" de Elżbieta Cherezińska


Esta será una breve reseña de la saga „La reina altiva” de Elżbieta Cherezińska. Saga que gira en torno al personaje, conocido como Sigrid la Altiva, quien llegara a ser reina de Suecia, Noruega y Dinamarca, así como madre del rey de Inglaterra. Su nombre en polaco era Świętosława, Santaslaue en su versión en latín y „Gloriosa en la santidad” en su traducción literal al castellano. Pero, para facilitar la comprensión del texto al lector hispano, la llamaremos aquí con el nombre con el que la llamaban los vikingos: Sigrid.
La saga consta de dos novelas: „La altiva” y „La reina”, cada una de más de 590 páginas. Y es que la narración nos habla de sesenta años de la historia de Europa, desde el año 966 hasta pasado 1025. Comienza antes del nacimiento de Sigrid y termina unos años después de su muerte, cuando se encuentra con su hermano Boleslao el Bravo en el más allá.
Y es que, como dijimos, la saga gira en torno a Sigrid, pero no nos habla sólo de Sigrid, sino de toda la red de personajes y circunstancias, de las que era parte y en las que se veía envuelta. Comienza en abril del año 966, cuando el príncipe Mieszko I de la dinastía Piast, conocido en castellano como Miecislao I, se convierte al cristianismo, dejando de lado la religión de sus ancestros, la religión eslava, cuyo dios principal Światowid, "el que mira el mundo”, era representado con una cabeza de cuatro rostros. Miecislao era el príncipe de los polanos, tribu eslava que se asentó hace más de mil años en la cuenca del río Varta, dando origen a Polonia. Polanos significa gente del campo. Pero polana significa también claro del bosque. Y era por eso, que a Miecislao le gustaba decir, que era el Príncipe de los claros del bosque, en una época, en la que los terrenos  de su principado, estaban aún, en su mayoría, recubiertos de bosque.
Antes de bautizarse en el río Varta, Miecisalo desconoció a sus siete esposas paganas. Se casó luego, ya por el rito cristiano, con la princesa checa Dobrava, madre de Sigrid y Boleslao. Sigrid nació pues, en una época de cambios, una época en la que Europa aún se debatía entre el cristianismo, representado por Roma y el Emperador Romano Germánico; y el paganismo. Al decir "paganismo" utilizamos la terminología de los cronistas de la época, si bien, unos eran los dioses nórdicos, adorados por los vikingos y otros, los eslavos. Pero el término „paganismo” abarcaba a todos y así es como pasó a la historia.
Esta división se daba incluso dentro de la misma familia. Ya que, mientras Sigrid y Boleslao, se criaron como cristianos; sus medio hermanas, Astrid y Geira, hijas de las anteriores esposas de su padre, lo fueron como paganas. Astrid era hija de Urdis y nieta de Dalwin, señor de la isla y el puerto de Wolin en el mar Báltico. Siendo el puerto un cruce importante de las rutas de comercio, al que llegaba gente de diversos credos y procedencias, Dalwin dispuso un terreno, para que cada quien tuviera un lugar para rezar. Tenían pues su templo, uno contiguo al otro, los judíos y los musulmanes; los nórdicos y los eslavos. Los únicos que se negaron a tener su templo allí fueron los cristianos, quienes, por considerar su religión como la única verdadera, se negaron a compartir el mismo espacio con los paganoss.
Urdis, la madre de Astrid murió al darla a luz. La niña creció, heredando la belleza de su madre. Su cabello era del color de la resina líquida. Astrid tenía la capacidad de predecir el futuro. Sabía también de hierbas y qué dosis aplicar, para que la planta se convirtiera de curativa en venenosa. Geira, en cambio, era hija de la hermosa Gunn, a quien Miecislao había rescatado del cautiverio. Gunn era nórdica y se decía de ella, que murió de añoranza por su tierra.
Entre la red de personajes, que rodeaban a Sigrid en aquella época, tenemos a Duszan (alma en masculino), y Dusza (alma en femenino). Eran dos niños, que Miecislado escogió para sirvientes personales o „sombras” de sus hijos, pues habían nacido los mismos días que ellos. El niño de Boleslao y la niña, de Sigrid.
Estaba también Oda, con quien Miecislao se casó, luego de la muerte de Dobrava, y los hijos que tuvo en ella. Oda provenía de una familia poderosa y antes de casarse con él, había sido monja en un convento en Kalbe.
Sigrid creció, deviniendo en una hermosa doncella de una larga cabellera color ámbar, ojos verdes, cual un gato y lengua afilada, cual una cuchilla. Y como los hijos de príncipes y reyes, no pertenecen a sí mismos, sino a la dinastía, Sigrid tuvo que acatar la orden de su padre y casarse con Erico el Victorioso, rey de Suecia, a pesar de estar perdidamente enamorada de Olav Tryggvason, pretendiente a la corona de Noruega. Así que a la edad de quince años, Sigrid, acompañada siempre de su fiel almita (Dusza), cruzó el mar Báltico al encuentro de su destino y de su esposo, a quien recién habría de conocer.
Al llegar a Suecia no sólo habría de conocer a su esposo, sino otra lengua, otras creencias y tradiciones; las de los vikingos. Erico era pagano, quedando su palacio real frente al templo de Odín, Dios de la guerra, donde se hacían sacrificios humanos, cosa que Sigrid no soportaba. Por lo que, luego de algún tiempo, logró convencerlo para que le construya otra residencia en la localidad de Sigtuna.
Además, al llegar a Suecia, Sigrid entró a formar parte de una red, ya establecida, de alianzas y amistades, debiendo empezar a armar la suya propia. Entre los personajes que la rodeaban estaba jarl Birger, quien resultó ser un traidor. (Jarl era el nombre que recibían los caudillos vikingos). Y Ion, un monje cristiano, a quien Erico le trajo, a modo de regalo, de alguna de sus expediciones. Estando en Suecia, recibió de parte de Olav Tryggvason, quien mientras tanto se había casado con Geira, un regalo particular: dos linces domesticados.
Pasó el tiempo. Sigrid dio a luz a un hijo, Olof, quien posteriormente llegó a ser rey de Suecia. Boleslao se casó con la princesa húngara Karolda, quien murió poco tiempo después, dejándole un hijo varón, Bezprym. Sigrid se enteró que Miecislao estaba moribundo, por lo que viajó a Polonia, acompañada de sus linces y un séquito de vikingos armados, para despedirse de su padre y apoyar a Boleslao en su pretensión al trono, frente a sus medio hermanos, los hijos de Oda. Fue allí que conoció a Emnilda, la segunda esposa de Boleslao y a sus hijos.
Luego de la muerte de Erico, Sigrid, por ser cristiana, se libró de que la quemaran  con el cuerpo de su esposo. Quemaron en su lugar, a una chica joven, con la que Erico mantuvo alguna relación. Sigrid, la reina viuda, era un buen partido, por lo que empezaron a aparecer los pretendientes. Entre ellos Olav Tryggvason, quien también era ya viudo, pues Geira había muerto al dar a luz, pero otra vez el destino se interpuso. Sigrid se vio obligada a casarse con Sven Haraldsson, rey de Dinamarca, quien llegó con una flota de vikingos armados, dispuesto a invadir el país, si es que ella no lo aceptaba. Parte del acuerdo pre-matrimonial fue que Olof seguiría siendo el rey de Suecia. Así que Sigrid partió con Sven a Dinamarca, dejando a su hijo de doce años a cargo de Wilkomir, hombre de confianza de Boleslao.
Y otra vez le tocó adecuarse a una nueva corte, un nuevo esposo y un nuevo lugar.  Entre los personajes extraños de aquel sitio estaba Arnora, la última de un linaje principesco opuesto al de Sven, quien andaba continuamente esposada, arrastrando sus cadenas. Ya muchos años después, luego de la muerte de Dusza, Sigrid se enteró, que ésta provenía de la misma familia que Arnora, sin llegar a saberlo jamás. Otro de los personajes era Tyra, hermana de Sven, quien estaba prisionera en el castillo, pudiendo salir sólo a la capilla y siempre controlada por la gente del rey.
Y otra vez pasaron los años, cual las cuentas de un rosario. Sigrid tuvo cuatro hijos más, dos hombres y dos mujeres. Hasta que cierto día Tyra se fugó para casarse con Olav Tryggvasson, quien mientras tanto se había bautizado, convirtiéndose en el rey de Noruega. Quien tramó la fuga fue Boleslao, con el afán de enemistar a Olav y Sven. Logró su propósito, pues ante tamaño desaire, Sven se lanzó a la guerra. Sigrid, subrepticiamente, se puso del lado de Olav, contra su propio marido. Intrigó para que su hijo apoye a Olav y no a Sven. Pagó con dinero contante y sonante a Astrid, para que los vikingos, que acaudillaba su marido, Sigvald, apoyaran a Olav en la batalla. La idea, aprobada por Olav, era que luego de la muerte de Sven, éste dejara a Tyra y se casara con Sigrid, la reina viuda.
Pero las cosas salieron de otra manera. Tanto Olof, como Sigvald, a pesar de la promesa dada, apoyaron a Sven en la Batalla de los Tres Reyes. Llamada así, pues participaron en ella Olav, rey de Noruega, Olof, rey de Suecia y Sven, rey de Dinamarca. Olav fue derrotado y se tiró al agua, para que no lo prendieran vivo. Sven se convirtió en el rey de Noruega y Dinamarca. Tyra se dejó morir de hambre. Y Sven, quien se enteró de la traición de Sigrid, la expulsó de Dinamarca, quedándose él con los hijos, pues como ya dijimos, los hijos de los reyes pertenecen a la dinastía. Sigrid, con su séquito de gente fiel, regresó a Polonia, donde su hermano Boleslao.
Y pasaron doce años más. Sigrid sufría, viendo crecer a los hijos de su hermano, mientras ella estaba lejos de los suyos. Sven, luego de bastantes años, volvió a partir a Inglaterra, con la idea de saquear el país y tomar Londres, que nunca antes se le había rendido. Llevó consigo a su segundo hijo Knut, conocido en la tradición hispana como Canuto el Grande, dejando en Dinamarca a su hijo mayor, Harald. Esta vez si logró tomar Londres, donde falleció prontamente, designando como su heredero a su segundo hijo, Canuto.
Canuto retornó a Dinamarca con su esposa Elfgifu, hija de una familia poderosa del Norte de Inglaterra y su hijito. La guerra civil entre los dos hermanos, Canuto y Harald, se veía avecinar. Queriendo evitarla, ambos acordaron ir donde su madre para pedirle consejo. Y así fue que cierto día aparecieron sorpresivamente delante de Sigrid, quien los reconoció, a pesar de no haberlos visto durante años.
Sigrid se despidió de Boleslao y retornó a Dinamarca con sus hijos. Se acercaba el día en el que los caudillos vikingos, reunidos en Viborg, decidirían cual de los dos hermanos sería el próximo rey. Luego de la misa y antes de proceder a la elección, Sigrid pidió la palabra. 
- ¡Qué conforme a la voluntad de su padre, Harald sea el rey de Dinamarca! - dijo - ¡Y que Canuto sea el rey de Inglaterra, recuperando la corona que los ingleses le arrebataron, luego de la muerte de Sven! ¡Y que todos los caudillos vikingos colaboren con la expedición!
Aparentemente el problema había sido resuelto. El conflicto había sido evitado, pero todavía faltaba tomar Inglaterra. Los caudillos de Suecia, Noruega y Dinamarca colaboraron con la mayor expedición vikinga nunca vista que llegó a las costas de Inglaterra. Con ellos viajaron Sigrid, a pedido de su hijo, Elfgifu y el niño.
Los nobles de Inglaterra estaban divididos. Hubo batallas, pero también traiciones. Finalmente Canuto se hizo rey de Inglaterra. Siguiendo el consejo de Sigrid, dejó de lado a Elfgifu, con quien ya tenía dos hijos y se casó con Emma de Normandía, viuda de Ethelred el Indeciso, de la Casa Real de Wessex. De esa manera se legitimaba como rey ante la población del lugar. A Elfgifu le prometió a cambio la corona de Noruega para su hijo.
Y fue en Londres, donde Sigrid la Altiva, madre de los reyes de Suecia, Noruega, Dinamarca e Inglaterra, vio el fin de sus días. Llegando al más allá se cruzó primero con aquellos, cuya muerte había causado, como los que cayeron en la Batalla de los Tres Reyes, o aquellos a quienes había dado muerte con su propia mano, como jarl Birger. Pero logró vencer el pavor y siguió avanzando, siguiendo unas manchas de luz, que veía a lo lejos. Y se encontró con quienes le fueron fieles hasta la muerte, con el Gran Ulf y Wilkomir, quien murió protegiéndola de un atentado contra su vida. De pronto se halló ante las puertas del Valhalla, el paraíso vikingo, y vio a Erico y Sven, quienes habían sido enemigos en vida, riendo, mientras bebían del mismo cuerno. Junto a ellos, también feliz, estaba Arnora. Casi entra allí, pero Wilkomir la apartó a tiempo, diciéndole que ése no era su más allá. Entonces escuchó la voz de su querida Dusza y cayeron la una en brazos de la otra.
- Cuéntame - le pidió Sigrid, refiriéndose seguramente al último encargo, cuya respuesta ya Dusza no le llegó a traer.
„- Tranquila - la calmó Dusza - Tenemos toda la Eternidad”. *
Entró luego a otra sala, en la que estaban su padre Miecislao, su madre Dobrava y su madrastra Oda. Miecislao la alabó por sus acciones, diciendo que no la había valorado lo suficiente. A lo que ella le respondió que al llegar a una meta, desplazaba el horizonte, tal como él se lo había enseñado.
Cruzó un umbral y se encontró con Olav, quien quería mostrarle la aurora polar, que ella nunca había visto en vida.
„- Valió la pena morir, para encontrarte después de la muerte” ** - murmuró entonces Sigrid, abrazándose a él.
Pero Dusza la llamó, porque tenía que salir a saludar a Boleslao, que ya estaba llegando. Pues, mientras ella saludaba a todos, en la Tierra pasaron unos cuantos años.
Luego de despedirse de su padre, Sigrid y Boleslao, los primeros en ser coronados de la dinastía, precedidos por Dusza, Duszan y los linces, entraron de la mano, a ser los primeros en ocupar la nave de los Reyes Piast en el Paraíso.

Ambos libros vienen acompañados de mapas de los reinos y regiones mencionados, así como de una genealogía de la familia real de cada reino e Imperio en cuestión: el Imperio Romano Germánico, Polonia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Inglaterra y la Rus de Kiev. La autora dedica la novela a todas aquellas mujeres, marcadas en la genealogía, con un triste N.N.


* Elżbieta Cherezińska. „La reina”, p. 550
** Elżbieta Cherezińska, op. cit., p. 556
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Fichas bibliográficas:
Elżbieta Cherezińska: „La altiva” (Harda)
Elżbieta Cherezińska: „La reina” (Królowa)
Poznań, Editorial Zysk i S-ka, 2016