lunes, 8 de enero de 2018

Sobre "La reserva de científicos" de Kir Bulychov

En las novelas históricas, la acción se sitúa en un espacio y tiempo concreto del pasado, tratando de darle visos de veracidad a lo narrado. Una maestra en ese género es, por ejemplo, Philippa Gregory, en base a cuyas novelas, se ha filmado al menos una serie y una película sobre la historia de Inglaterra. Hay las narraciones futuristas, que suceden en un futuro hipotético, el 2050 o 20150, que recién está por darse. Las novelas y películas de ciencia ficción están plagadas de ello. Hay otras que se trasladan en el tiempo, del pasado hacia el futuro y viceversa, como "La máquina del tiempo" de George Orwell. Y por último también hay novelas que desarrollan una realidad histórica alternativa, diferente a la que sucedió de verdad. (Claro que habría que preguntarse qué cosa es la historia verdadera. Pues como bien me dijera cierta vez un amigo: "La historia la escribe aquel que paga"). La primera novela que leí de ese tipo fue "El hielo" de Jacek Dukaj. La idea en sí me pareció alucinante.
La otra novela de ese tipo que leí hace algún tiempo es "La reserva de científicos" de Kir Bulychov, autor de ciencia ficción ruso. La he leído en su traducción del ruso al polaco, y no puedo afirmar, si ha sido traducida al castellano. Se trata de una novela de dos tomos, que comentaré brevemente. El primer tomo sucede a comienzos de los años treinta, en la antigua residencia de los príncipes Trubetskoi, convertida en casa de descanso para científicos y académicos. En el segundo tomo el terror estalinista ha avanzado y los científicos trabajan en la construcción de la bomba atómica como prisioneros de un campo de trabajos forzados en Siberia. El físico que dirige el proyecto es también prisionero, cosa que los demás no saben y depende directamente de la policía política soviética, cuyo agente, Almazov, está a cargo del campo. Los científicos tampoco saben, qué cosa, en realidad están construyendo. Siguiendo esos métodos, son los soviéticos los primeros en lograr construir la bomba atómica. Sin embargo Stalin sucumbe ante su propia arma, muriendo por efecto de la radiación de la misma. Antes de morir ordena que lancen la bomba sobre Varsovia, sin saber que Hitler se encuentra justamente allí. Al morir ambos líderes la guerra finaliza en 1939, cuando recién está estallando. Al ver a Stalin agonizante, Beria se las ingenia para sucederlo en el poder.
Para rematarla, en la novela, la historia tiene la posibilidad de ramificarse de manera fallida. Y es así que al final de la novela un maestro del tiempo, llamado Teodoro, vuelve a encauzar esa rama de la historia por el rumbo que le corresponde, es decir el de los hechos verdaderos.
Así que, después de todo lo narrado, la trama finaliza con Hitler y Stalin vivos, y la Segunda Guerra Mundial a punto de estallar. Y, aunque el libro no lo dice, recordemos que en la historia verdadera, la bomba atómica, no fue producida en la Unión Soviética, sino en Estados Unidos, y que fue lanzada, no sobre Varsovia, sino sobre Hiroshima y Nagasaki.

1 comentario: