miércoles, 28 de agosto de 2019

Sobre el relato "Vlana" de Andrzej Pilipiuk


No podían faltar los vampiros en la colección de seres fantásticos, presentes en los relatos de Andrzej Pilipiuk. Tal es el caso del relato „Bosque malo”, mencionado previamente en este blog; y tal también el de “Vlana”, narración que forma parte del libro „2586 pasos” y que reseñaremos a continuación. 
El relato comienza con la llegada de Tomasz Rychnowski, como alumno nuevo, a mitad de año, a un colegio de Varsovia. El maestro le indicó que compartiera la carpeta con Sławek Wojnarowski, chico extraño y silencioso, de quien desconfiaban los demás alumnos. Pero lo que nadie sabía era que Sławek y su hermana Nina eran licántropos. Y que ambos trabajaban enviando información al otro lado del portal dimensional.
Portal que dividía Varsovia en dos ciudades. Una, la de nuestra dimensión, habitada por humanos. Y la del otro lado, habitada por vampiros, cuya lengua también era el polaco, si bien lo hablaban con un dejo diferente.
En cuanto a la titular Vlana,  era una joven vampira que llegó a la dimensión humana, con el fin de liquidar al conde Mikołaj Jakubowski. Este vampiro, estudiante del primer año de derecho, creó su propio portal dimensional en el sótano de su casa, en contra de todas las leyes de su mundo. Gracias al mismo logró pasar clandestinamente al otro lado, desde donde enviaba sangre humana para su puesta en circulación en la dimensión de los vampiros.
Pero era muy difícil que un vampiro sobreviviera entre los humanos, porque por un lado, no resistían la luz del sol más de tres minutos, y por otro, requerían alimentarse de sangre fresca. Y acababan matando a la víctima, a la hora de chupar su sangre. En realidad, el único vampiro que se “adecuó”, por así decirlo, a la vida entre los humanos, fue Vlad, vale decir Drácula. 
Jakubowski necesitaba pues sangre, tanto para sobrevivir, como para enviarla como mercadería al otro lado. Sangre que no era difícil de conseguir en una ciudad grande como Varsovia. El problema radicaba en que, tarde o temprano, sería capturado por las fuerzas del orden de los hombres. Y a la hora de los interrogatorios podía develar la existencia de la otra dimensión y la técnica para transportarse a ella, poniendo en peligro el equilibrio entre ambas dimensiones. Y es que en el caso de un enfrentamiento, los vampiros no se sentían seguros de ganar con los humanos.
¿Y cómo hacían los vampiros para conseguir sangre fresca? Criaban para tal fin vacas, ovejas y otros animales, con la finalidad de beber su sangre. Fue por eso que Vlana, al llegar al primer sótano en la Varsovia humana, donde fue a parar, refugiándose de la luz, se preguntó: ”¿Qué hace la gente en los sótanos? Seguramente lo mismo que los vampiros, (...) crían ovejas, almacenan sangre.” *
Pero de todas las sangres, la única que era para ellos como un narcótico, del cual se volvían dependientes, era la humana. La cual además de cambiarles la personalidad, poseía la cualidad de prolongarles la vida.
Vlana cruzó pues el portal dimensional y después de algunas aventuras, que le produjeron cierta demora, llegó donde los hermanos licántropos. Esa misma noche dieron con el joven Jakubowski, a quien la chica mató con un dardo de madera de temblón y un cuchillo de plata. De regreso a casa, Sławek y su hermana le pidieron que se quedara un día más con ellos, pero ella se despidió diciendo que no podía faltar al colegio.
Y como casi siempre en los relatos de Pilipiuk, no podía faltar una alusión a la historia de Polonia. En este caso se trata de una clase de historia en la que la maestra presentó la versión oficial del bautizo de Miecislao I, príncipe de Polonia, en el año 966, como la llegada del cristianismo a un país absolutamente pagano. Llamado a responder, Tomasz le objetó diciendo, que se habían encontrado vestigios de presencia cristiana en el sur del país, procedentes del siglo VIII. A lo que en respuesta, fue desaprobado. El chico suspiró ante su destino, pensando: „¿Por qué es que no podía ocultar mi conocimiento ante los maestros?” **
Sin embargo, no era así con todos los maestros. El  profesor de física, quedó encantado al saber que Tomasz era bisnieto del inventor Franciszek Rychnowski y lo invitó a visitarlo en su laboratorio. Pero antes de que Tomasz llegara allí se encontraron  casualmente en un descampado, donde el profesor estaba detectando el lugar del portal dimensional. Ya en el laboratorio, le habló largamente de la dimensión de los vampiros que había descubierto. Le mostró imágenes de la televisión del otro lado que había logrado capturar, como por ejemplo, la propaganda de sangre vacuna.
Tomasz quedó tan convencido de la veracidad de lo presentado, que esa misma noche, derritió todas las monedas de plata pura que tenía, para elaborar con el metal una bala contra los vampiros. Al día siguiente habló sobre el tema con su compañero de carpeta quien, sin que se lo dijera, estaba enterado de la propaganda de sangre vacuna y otros detalles de la conversación con el maestro. Sławek logró convencerlo de que el profesor estaba loco, cumpliendo así con la misión que le correspondía.


* Andrzej Pilipiuk, „2586 pasos”, p. 425
** Op. cit., p. 415
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “Vlana”
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007
Idioma: Polaco



miércoles, 21 de agosto de 2019

Sobre el relato "Las campanas vespertinas" de Andrzej Pilipiuk

Esta será una breve reseña del relato “Las campanas vespertinas”, el cual forma parte del libro „2586 pasos”, volumen I de la serie „Los mundos de Pilipiuk”. En éste, tal como en algunos de los relatos reseñados anteriormente, el personaje principal es el doctor Paweł Skórzewski.
Corría el año 1893, cuando el doctor llegó a combatir la epidemia de una enfermedad sin identificar, en un pueblo ubicado en una isla en medio de los pantanos, propiedad del noble Samuel Lisowski. La mente positivista del galeno ya tergiversó lo sucedido en Bergen quince años atrás, llegando él mismo a creer que no había matado al Abuelo de la lepra, sino a un mendigo leproso.
Al día siguiente de su llegada, Lisowski reunió a los pobladores del lugar, diciéndoles que el doctor Skórzewski había venido a revisarlos y curarlos a pedido suyo y del Zar de Rusia. Y que quien no se sometiera a sus análisis e indicaciones, sería deportado a Siberia.
El doctor dio las disposiciones necesarias, ofreciendo dinero a quien quisiera apoyarlo con las labores de enfermería y cremación de los difuntos. Pero tan sólo uno de los pobladores del pueblo, Iwan, fue quien accedió, asegurándose antes de que en caso de contagiarse y fallecer, el dinero fuera a parar a su familia.

Por una cruz de doble travesaño que se hallaba en el pueblo, el doctor se percató que ya anteriormente hubo allí una epidemia. Lisowski se lo confirmó, diciendo que fue hace algunos siglos. Para informarse sobre el tema, hizo abrir el cofre en el que se hallaba la antigua crónica familiar. Y efectivamente, encontraron allí una nota del párroco del lugar, que describía la peste y sus síntomas, idénticos a los que se estaba viviendo en el pueblo. Estaba fechada en 1497, vale decir, hacía trescientos veinte años. Finalizaba con una frase inconclusa que decía: „Los rachmani nunca…” *
¿Pero quiénes o qué eran los rachmani? Magda, la sirvienta de Lisowski, chica que conocía las tradiciones populares del lugar, lo explicó de esta manera: 
“- La gente mayor decía que aquí, al lado, hay otro mundo. (...) Igualito al nuestro. Al mirar el agua vemos nuestro reflejo, pero lo demás es una imagen nebulosa de aquel mundo. Viven en él los rachmani. No son gente, sino monstruos. Sólo que no son tan malos... Son muy devotos y cuando llega el tiempo de Cuaresma ayunan durante cuarenta días, sin probar alimento alguno. Cuando nosotros echamos las cáscaras de los huevos bendecidos al agua, éstas llegan a las orillas del otro mundo y entonces ellos saben, que donde nosotros ya es Semana Santa. Y luego, dos domingos después que nosotros, celebran la suya. (...) A veces, al pararnos al anochecer a la vera del agua, escuchamos el tañido lejano de las campanas de las iglesias y templos de aquel mundo.” **
Aquí haremos un breve paréntesis para aclarar al lector ajeno a la cultura polaca, que es parte de su tradición el llevar huevos pintados a la iglesia el día Sábado de Gloria, para que el cura los bendiga, conjuntamente con otros alimentos que se comerán, celebrando el Domingo de Resurrección.

El doctor fue a hacer su guardia nocturna, percatándose de que Iwan se había contagiado. Antes de morir, éste le confesó, que lo que estaba sucediendo era un castigo por los pecados de Hanusz y los suyos propios. Hanusz, le dijo, había capturado a uno de los rachmani, robándole su cruz. E Iwan, antes de cremar el cuerpo de Hanusz, se apropió de ella.
El moribundo sacó de debajo de su camisa una crucecita que le colgaba del cuello, rompiendo antes la correa que la sostenía y alcanzándosela al médico. La cruz era de oro puro, llevando al reverso una inscripción en un alfabeto desconocido.
El doctor fue a la cabaña de los Hanusz, donde no había sobrevivido nadie. Era evidente que alguien la había estado rebuscando. Luego se acercó a la orilla y persignándose, lanzó la cruz al agua. 

La evidencia de que tanto el doctor, como Lisowski se habían contagiado, se dio al día siguiente. El médico le preguntó al dueño de casa, como así había decidido quedarse en un lugar en cuarentena, cercado por un cordón militar, que evitaba que nadie se escapara, expandiendo así la enfermedad. El noble le respondió que se debía a su gente y que antes de alertar a las autoridades de la situación, había enviado a su hijo a Kiev, donde también se encontraba en cuarentena. En cuanto a él mismo, no tenía miedo de morir, pues ya había perpetuado su linaje.
El doctor aplicó la poca morfina que quedaba a sí mismo, Lisowski y Magda, quien también se había contagiado. Luego ambos hombres se acomodaron a esperar la muerte, en la misma habitación, enviando a Magda a la suya. Antes de hacerlo, pidieron a la chica que les trajera los mejores licores del sótano casero. Mientras todavía tenían fuerzas, jugaron a las cartas, bebieron los licores y conversaron largamente. 

El doctor había perdido la noción del tiempo, cuando vio entrar a la habitación en la que yacían a un ser de más de dos metros de alto, vestido con un traje parecido al de la nobleza polaca. Dudó en captar si lo que estaba viendo era realidad, o una visión causada por la morfina que corría por sus venas. Cuando el ser se les acercó, vio que su rostro era similar al de una rana. Éste sacó de debajo de su capa una botellita verde, cuyo contenido vació en un vaso que se encontraba sobre la mesa. Luego vertió el líquido en sus gargantas, señalando antes de salir, el crucifijo en la pared.
A los tres días el doctor tuvo la fuerza suficiente para levantarse. Se inclinó sobre Samuel Lisowski, quien le pidió algo de beber. Desde la habitación de al lado llegó un gemido, lo que significaba que Magda también había sobrevivido. El doctor pasó revista por el pueblo, viendo que había más sobrevivientes. Se acercó al borde del pantanal, para avisar, mediante un heliógrafo, al cordón militar, que la peste había sido controlada. 
Y entonces escuchó el tañer de las campanas, llegando desde debajo de las aguas. En el mundo de los rachmani se iniciaba la Semana Santa.


* Andrzej Pilipiuk, “2586 pasos”, p. 113
**  Op. cit., p. 119
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “Las campanas vespertinas” (Wieczorne dzwony)
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007
Idioma: Polaco

miércoles, 14 de agosto de 2019

Sobre el relato "2586 pasos" de Andrzej Pilipiuk


Ya en una de las reseñas anteriores presentamos al doctor Paweł Skórzewski, uno de los personajes principales de la serie de relatos „Los mundos de Pilipiuk”. Tal como dijimos se trata de un médico de origen polaco, formado en la Academia de Medicina de San Petersburgo, cuya vida transcurre, entre los finales del siglo XIX y los albores del XX. Este doctor, como personaje que trata de vencer las supersticiones, para luego admitir que no eran tales, teniendo que enfrentarse finalmente a seres de otras dimensiones, es un tema que se repite en varios de los relatos de Andrzej Pilipiuk. Tales como “Tratado de higiene”, o el anteriormente reseñado “Delirio de negación”.
En el relato „2586 pasos” el doctor Paweł Skórzewski llega desde San Petersburgo a la ciudad de Bergen en Noruega, invitado por su colega, el doctor Armauer Hansen, quien dirigía el leprosorio del lugar. Corría el año 1876, cuando la comunicación no estaba todavía muy desarrollada, lo cual hacía muy penoso el viaje.
Tal como en otros relatos de Pilipiuk, en éste también está presente un ser fantástico. Se trata de el Abuelo de la Lepra, quien llegara a la ciudad en la época en la que ésta pertenecía a la liga hanseática, organización odiada por lo mismo, hasta bien entrado el siglo XIX, tiempo en el que se desarrolla la trama del relato.
Tal como dijera una de las pobladoras de Bergen:
“Fue aquí, en la ciudad fundada por mercaderes alemanes, que la peste de Levante llegó por primera vez. Y es por eso que llegó él aquí... Entre las casas de madera es donde se siente mejor. Allí todo se sigue viendo igual a como lo era en los tiempos de su llegada. Lleva un sombrero ancho de cuero, como un mercader de la época hanseática.”
El doctor Hansen le preguntó con cierta sorna, pues como científico no creía en ese tipo de supersticiones, cómo así se podía matar a un espíritu. A lo que la mujer le respondió que el Abuelo de la Lepra seguramente lo estaba siguiendo de cerca, pues lo odiaba, por considerarlo su enemigo.
Y efectivamente esa misma noche, en medio de los vericuetos de la ciudad vieja, ambos médicos dieron con un personaje, cuyo aspecto correspondía al descrito por la mujer un rato antes. Bajo la capa y el sombrero de ala ancha, se veían tan sólo las dos lumbres de los ojos, acechándolos desde la oscuridad. Fue una imagen fugaz, que desapareció al instante. Los galenos se estremecieron, dirigiendo sus pasos cuanto antes, hacia el puerto.
Finalmente el doctor Skórzewski mató al personaje con cuatro balas de plata, las cuales en contra de la tradición, no fueron bendecidas por un cura, por no haber un sacerdote católico en toda la ciudad. Y el doctor se sintió corto de ir a pedírselo a un pastor protestante…

* Andrzej Pilipiuk, “2586 pasos”, p. 33
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Pilipiuk: “2586 pasos” (2586 kroków)
Libro: “2586 pasos” (2586 kroków)
Serie: „Los mundos de Pilipiuk” (Światy Pilipiuka), volumen I
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2007
Idioma: Polaco

martes, 6 de agosto de 2019

Sigiloso resplandor en Lima


Poesía en la ciudad invita al público en general a la segunda fecha del ciclo de conversatorios “Sigiloso resplandor”* que tiene por objetivo resaltar la creación literaria hecha por mujeres en nuestro país.

En esta oportunidad contaremos con la participación de:
  • la filósofa y poeta Alhelí Málaga, quien realizará un acercamiento a la obra de su bisabuela, la prolífica María Wiesse
  • la literata Lourdes Rojas, quien abordará la poética de la escritora Sarina Helfgott
  • la poeta y músico Laura Rosales, quien presentará la obra de la escritora Enriqueta Beleván
  • la poeta y artista gráfica Sandra Suazo, quien hablará sobre la obra de Raquel Jodorowsky


(*) "Sigiloso resplandor" es un verso de la poeta Cecilia Bustamante, primera mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura (1965) y a quien rendimos un sutil homenaje en representación de todas las poetas cuya obra literaria no ha sido debidamente difundida.

miércoles, 31 de julio de 2019

Sobre el tercer tomo de la novela "Virion" de Andrzej Ziemiański

Está será una breve reseña de “Virion. El adepto”, tercer tomo de la novela “Virion” de Andrzej Ziemiański, la cual forma parte de la serie “El Imperio de Acaya”. Sugerimos al lector leer antes las reseñas del primer y segundo tomo de la misma, para facilitar la comprensión del texto.

Horech, quien tenía el encargo de matar a Virion, se encontró con éste en medio del bosque. Kila ideó entonces presentar a Niki como Luna, cuya casaca llevaba puesta. Dijo que habían sufrido un ataque de parte de Virion, siendo los sobrevivientes del séquito de ésta. Horech recordaba la casaca, pero no tanto a su propietaria, por haberla visto estando en estado etílico. Sin embargo le parecía recordar que era una chica más llenita y menos espigada que ésta. Se unió al grupo, con el que siguieron rumbo.
Lo que más le interesaba a Horech era tener cualquier licor disponible a la mano. El grupo de Virion se lo agenciaba como podía. Vistieron los uniformes de unos guardias a los que mataron en una trifulca, con los cuales se presentaban a requisar comida y bebida en los pueblos por donde pasaban. Horech los observaba, sin hacer mayor comentario.
Cuando por segunda vez le preguntó si fue él quien mató a Thesalos, Virion comprendió que no tenía sentido seguir ocultando su identidad. Horech pidió que le contara como lo hizo, comentando que Thesalos nunca le había caído bien. Luego le preguntó por el nombre de Niki y Virion se lo dio. Preguntó también si ella los estaba guiando hacia algún lugar preciso. Aunque en realidad era más una afirmación que una pregunta. Virion se lo confirmó, diciendo que no era la primera vez que lo hacía.
Al quedar las identidades descubiertas y saber que Horech era aliado y no enemigo, el ambiente en el grupo se tornó mucho más llevadero. Siguieron rumbo juntos.

En cuanto a la verdadera Luna, fue vendida por una botella de vino como una esclava sin valor, por sus brazos rotos y la demencia que le atribuían. Ella, que maltrataba a sus esclavos, castrándolos ni bien llegaban a ser su propiedad, pasó a ser esclava. Ella, quien citó a Taida en su restaurant preferido, donde un esclavo hambriento las miraba comer desde su jaula, cosa que hacía la comida más sabrosa. Pero ahora, con los brazos destrozados, no podía hacer ningún encantamiento ni invocar a ningún mago para que la rescatara de la situación en la que se encontraba. No le quedaba otra que darle vueltas a la rueda del pozo que irrigaba los campos, a la que estaba sujeta, convirtiéndose rápidamente en un animal, que sólo soñaba con que acabara el día para poder descansar. De nada sirvió que el mago que Taida envió a buscar el lugar de la muerte de Luna, pasara al lado de ésta, pues ni siquiera miró hacia donde se encontraban los esclavos. Y a ella, considerándola demente, le habían puesto un bozal para que no indispusiera con sus afirmaciones de grandeza a tan ilustres personajes.

En cuanto a Taida, preocupada por la suerte que había corrido Luna, trató de acercarse a las ruinas encantadas, pero se dio con la sorpresa de que éstas habían sido cercadas por los miembros de la Orden, cosa que iba contra todas las leyes del Imperio. Y más grave aún era que le negaran la entrada a ella, que ostentaba el cargo de prefecto, aunque no fuera esa su jurisdicción. 
Al no lograr nada con la redada contra Virion, ni encontrar a Luna, retornó a su casa en la ciudad de Syrinx. Allí fue llamada, casi inmediatamente, para trabajar en el Castillo, vale decir, en el Servicio de Inteligencia del Imperio. Lo hizo, acompañada de Daazy, quien le pidió seguir trabajando con ella. Taida pasó a ocuparse del tema de los espectros, el cual llevaba el criptónimo de “acontecimientos”. Quien reinaba allí era Nerva, siguiendo Inms en segundo lugar.
Nerva le llamó severamente la atención, por haber mezclado los asuntos de estado con los del corazón, al armar la redada contra Virion. Le prohibió seguir con el tema, comentando filosóficamente que Nary no era el único hombre en el mundo.
Lo primero que hizo Taida, valiéndose del cargo de procuradora, que ostentaba oficialmente, fue enviar a un mago en busca del lugar de la muerte de Luna. Y es que, siguiendo la versión de Verez que vio como Niki la mató, confirmando luego Virion su deceso, todos la daban por muerta. Si bien Taida tenía la remota esperanza de encontrarla viva, sin poder explicarse su súbita desaparición. Y un mago tenía la capacidad de percibir el lugar de la muerte de otro mago. Y era un hecho que la muerte o desaparición de Luna, tenía que ver con un espectro, vale decir, con la esposa de Virion.
El mago emprendió viaje, llegando al lugar junto a la cascada. Logró rastrear los lugares de la muerte de varios magos, algunas sucedidas incluso cientos de años atrás. Pero no la de Luna.

Taida también se entrevistó con los pocos magos y sacerdotes que pudieran saber algo sobre la naturaleza de los espectros. Así fue como llegó donde el sacerdote Nabotar, quien a pesar de que los miembros de la Orden trataran de impedirlo, se vio obligado a conversar con ella sobre el tema.
¿Quiénes eran esos seres? ¿De dónde habían llegado? Nabotar dijo:
„- Es una raza mucho más antigua que el hombre. Estuvieron antes aquí - Contempló el libro extendido delante suyo, con el dibujo del eje del tiempo - Antes que nosotros.” *
Taida dijo algo sobre la Creación, a lo cual Nabotar le interrumpió con esta afirmación asombrosa:
„- No fueron los Dioses quienes los crearon”. ** 
Y señaló el Libro de la Creación diciendo que allí no había ni una sola palabra sobre el tema.
Luego comentaron que casi nadie se interesaba en los espectros, pues no entraban en conflicto con el poder. Más aún, había una gran mayoría de gente, que incluso, negaba su existencia. Pero no era el caso de la Orden, que les estaba siguiendo los pasos. ¿Por qué esa obsesión de la Orden para con los espectros? Nabotar se lo comentó a Taida de esta manera:
„ - Y no hay de que asombrarse. La Orden, seguramente, quiere conocer a través de ellos algo sobre la naturaleza de los Dioses.
- ¿En serio? ¿De quienes son los demonios del mal, en su razonamiento?
- Así es. Y es que los Dioses callan desde hace siglos, por lo que tal vez se les pueda sacar algo a los espectros.”  ***
Otra posibilidad, dijo Nabotar, era que la Orden quisiera aprender las técnicas de los espectros, con el afán de utilizarlas posteriormente para sus propios fines. Era innegable, por ejemplo, que a los espectros les convenía, que mucha gente no creyera en ellos. Cosa que habían logrado de alguna manera.

Cierto tiempo después Nerva citó a Taida en un parque de la ciudad de Syrinx, donde le presentó a un oficial del Servicio del Tesoro. Éste le comentó que los espectros estaban juntando gigantescos atados de leña en diferentes lugares, para armar con ellos al prenderlos, una cruz de fuego que atravesara reinos y fronteras. Al cercar las ruinas junto a la cascada, donde había varios de esos atados, la Orden interfería directamente con el plan de esos seres. Más aún, al otro lado de la frontera, los miembros de la Orden habían disminuido esos atados al prender pequeñas fogatas en el bosque, con sus propias manos.

Posteriormente, en una conversación sostenida fuera del Castillo, donde hasta las paredes tenían oídos, Daazy le habló a Taida del Persecutor de sueños, personaje que utilizaba un ritual prohibido desde hace muchísimos años en el Imperio, al punto que muchos ya ni se acordaban de su existencia. Pero la Orden seguía utilizando sus habilidades. Daazy le dijo lo siguiente:
„- Un persecutor de sueños acecha a su víctima largamente. Lo invade de pesadillas, lo agota y luego conduce al suicidio. El fin ideal es lograr que la víctima se tire de un puente.” ****
Y continuó diciendo:
„- En el momento del salto, cuando en la mente del suicida suceden cosas terribles, pero aún vive, en el fragmento de ese instante los victimarios están en capacidad de entrar más profundamente. De penetrar en los sueños de las personas relacionadas con la víctima. Y tal vez lograr mucho más.” ***** 
Este dato llamó poderosamente la atención de Taida, pues fue justamente de un puente que Virion trató de lanzarse al vacío, antes de que lo rescatara la anciana que lo llevó donde Niki. 
Luego hablaron sobre los atados de leña que los espectros estaban juntando en diferentes partes del mundo. ¿A quién querían hacerle llegar la señal de fuego que estaban armando sobre la Tierra? Daazy lo comentó suspirando:
„- Envían la señal a alguien que está mucho más arriba aún que los Dioses”. ******

Mientras todo esto sucedía, la Orden tampoco estaba cruzada de manos. Los miembros de la misma se acercaron donde Bowe, centurión del Ejército Imperial, quien estaba furioso, porque la pandilla de Virion le había causado varias bajas. Primero le preguntaron por Virion y su gente. Y luego el Maestro le pidió, diciendo que hablaba a nombre del Gran Maestro de la Orden y que pronto recibiría la petición por escrito, que dejara pasar al grupo de Virion  libremente, adonde sea que pretendiera dirigirse.
Y así fue como los miembros de la Orden cruzaron la frontera del Imperio, tras de Niki que guiaba a la pandilla. Pero al llegar a la localidad de Vyreth se dieron con la sorpresa de que la gente que trabajaba para la Orden había fallado, al dejar entrar al grupo a la ciudad sin problemas. Cosa por la que fue severamente castigada. Una familia fue muerta y la casa de otra incendiada.
Luego Kepper, el Maestro de la Orden, acompañado de Ure, su discípulo predilecto, quien había de heredarlo en el cargo, fue a visitar al Persecutor de sueños. A Ure le llamó la atención la tez cadavérica del personaje.
El persecutor de sueños dijo que ya había dos espectros en la ciudad, pero que aún no se habían encontrado entre ellas. Dijo también que al ser dos, no podía seguirlas claramente con la mente, pues sus auras se entremezclaban. Ideó pues entrar en los sueños de Virion, pero para lograrlo necesitaba que una persona inocente se tirara del puente que quedaba frente a su casa.
Y así fue. Al día siguiente Kepper pidió a una joven que lo guiara, a cambio de una moneda, al local de los escribientes municipales que quedaba al otro lado del río. A medio camino Kepper y Ure regresaron por algo, que supuestamente habían olvidado, dejando a la chica justo al medio del puente. No está demás decir, que apenas se voltearon, la chica se lanzó desde el mismo.

Esa misma noche Virion y Niki, acompañados de Mano, con quien habían llegado a un acuerdo, se dirigieron a los pantanos en las afueras de la ciudad. Mano era hijo del comandante de la guardia del lugar, quien había sido muerto por unos bandidos. Los acompañaba su pequeña hermana Temla. Virion se topó al borde del pantano con la espectro Doña Pesadilla, que era quien reinaba allí. Ésta, al igual que Doña Nadie, metió la lengua dentro de su boca, identificando de esa manera su vínculo con el mundo de los espectros. Luego condujo a Virion a su choza, en una isla en medio del pantanal, donde le presentó a su esposo Soggo, quien era totalmente humano.
Fue un encuentro importantísimo para Virion, pues fue el primer hombre, en situación similar a él mismo, que conocía. Mientras que ambos conversaban, Niki y Pesadilla se lamían mutuamente, pues esa era la manera de conocerse entre las espectros. Mano yacía desmayado en un rincón y Temla devoraba todo con los ojos, con la curiosidad propia de los niños.
La conversación entre Virion y Soggo versó sobre la naturaleza de los espectros. Soggo le dijo que éstos se llamaban Náufragos a sí mismos. Le dijo también:
„Parece que llegaron a este mundo desde lejos. Y no sé, si los Dioses ya no estaban aquí, o si al contrario, se encontraron con ellos.” ******* 
Le dijo también:
„- Parece que este mundo resultó siendo una trampa para ellos. Una trampa sin salida, que se cerró de golpe.” ********
Hablaron luego de la leña que en inmensas cantidades las espectros estaban juntando para enviar una señal a alguien o algo. Soggo dijo que eso era importantísimo para ellas y que tal vez lo hicieran desde hace miles de años. Pero que sin embargo los miembros de la Orden estaban interfiriendo con ese trabajo, no sólo con el de Doña Nadie, sino también con el de Pesadilla. ¿Es qué acaso no había una fuerza capaz de oponerse a la Orden? Si la había y esa fuerza era el Imperio. Aunque, según Soggo, en ese momento la Orden estaba llevando la delantera. Entonces Virion dijo que había que aliarse con el Imperio.

Virion cayó rendido, soñando que estaba a punto de lanzarse desde un puente. Pero no llegó a hacerlo, pues ambas espectros lo despertaron a la fuerza, prohibiéndole volverse a dormir, para impedir que el Persecutor de sueños volviera a penetrar su mente. Sin embargo ya lo había hecho, por lo que consideraron que la choza de la isla ya no era un lugar seguro. Virion consideró entonces que lo mejor era partir todos hacia la comandancia de la guardia de Vyreth, donde además ya se hallaba el resto del grupo.
Ya en la comandancia, Virion, alentado por Niki y Pesadilla, trataba de no volverse a dormir, pero lo vencía el cansancio. Entonces ideó la siguiente treta: no concebiría ningún plan de acción, para poder dormir con la mente en blanco, sin que el Persecutor de sueños supiera qué pasos pensaba seguir. Quien idearía un plan sería Niki, sin compartirlo con Virion. Niki objetó diciendo que no tenía la inteligencia necesaria para adelantarse a los hechos y armar estrategias. Pero finalmente aceptó.

Los miembros de la Orden concibieron varias tretas para prender a Virion y utilizarlo a modo de anzuelo, para poder capturar a las dos espectros vivas. El Maestro estaba furioso al ver que falló la táctica del Persecutor de sueños. Allanó entonces las casas, de quienes le habían dicho, rendían culto a los espectros, para que le dijeran dónde hallarlas. Comenzó por la de una humilde lavandera y fue allí que Ure se percató con pavor, de que Kepper sentía placer al torturar a la gente. En respuesta, las espectros acogieron a la gente que las adoraba en la comandancia, dejando sus casas a disposición de los indigentes. De tal manera que la siguiente familia, víctima de la Orden, no tenía nada que ver con los espectros. La idea fue de Virion, quien ya se encontraba bien despierto.
El Maestro de la Orden, furioso por haberse visto burlado, tuvo que cambiar de táctica. Liberó al Persecutor de sueños, para que fuera a su casa y así acechar a Virion, quien seguramente iría a matarlo. Pero no contó con que Virion se adelantara a los hechos, esperando al Persecutor de sueños en su propia casa. Luego de asesinarlo, Virion se fugó por el desagüe. Tenía experiencia en ello, pues ya lo había hecho al fugarse de las cavernas, luego de escapar de la prisión en Mygarth
Entonces los miembros de la Orden prendieron a Mano y la pequeña Temla y los encerraron en una jaula en la Plaza del Carnicero. A la mañana siguiente, se desató el enfrentamiento final, durante el cual Virion mató a Ure, mientras que Horech mató a Kepper. Los demás miembros de la Orden, que se encontraban en la ciudad, se rindieron.
De noche, luego de una efusiva despedida de Mano y Temla, el grupo de Virion, al que se sumaron Soggo y Pesadilla, estaba listo para partir. Mano, ya convertido en comandante de la guardia de la ciudad, les abrió una puerta en el muro de la misma, a cuya llave, sólo él tenía acceso, por la que salieron, para seguir su rumbo por el mundo.

En cuanto a Luna, siguió trabajando atada al pozo, habiendo perdido la esperanza de cambiar su suerte. Hasta que llegó el día en que ya no era necesario irrigar los campos y llegó la orden de seleccionar a los esclavos. Los que ya no servían para trabajar, como Luna, serían llevados a un bosque, donde les harían cavar sus propias tumbas, antes de matarlos a palazos, para desprenderse de ellos.
Iniciaron la marcha. Antes de llegar al bosque se toparon con una mujer ricamente vestida, con el rostro cubierto por un velo, la cual, montada sobre un hermoso caballo, parecía esperarlos a la vera del camino. A través de su sirviente le hizo llegar una moneda de plata al guardián de los esclavos, pidiéndole quedarse con uno de ellos. El hombre no se hizo de rogar, escogiendo la mujer a Luna. 
La sentó sobre una piedra y le sirvió un brebaje de agua con miel y una pizca de vino para reconfortarla. Luego se arrodilló junto a ella, descubriendo su rostro por un momento. Luna reconoció en ella a Doña Nadie.
“- Eres un espectro.” ********* - constató Luna.
A lo que la mujer le respondió: 
“- Y tú eres una maga, que a pesar de todo tiene suerte.” ********** 
Luego de volver a cubrirse el rostro, le entregó un rollo de papel, atado con una cinta de seda. Y se despidió diciéndole que esperaba no volver a verla nunca más, pues sólo estaba cumpliendo con el pedido de amigos comunes. Antes de partir, añadió:
“- Entrega el documento a los tuyos. (...) Para que no te maten, alimentándote de golpe hasta la saciedad.” *********** 
Ni bien partió llegaron Taida y Daazy, cruzándose con ella en el camino. Habían llegado al lugar en respuesta a la carta de una desconocida, quien afirmaba tener algo interesante que mostrarles.
Se acercaron adonde estaba Luna, quien les entregó el rollo de papel, atado con una cinta de seda. Taida se arrodilló junto a ella y al rato, a través de la capa de polvo y suciedad que la cubría, logró reconocer a Luna.
El documento que les entregó era un tratado, escrito por el médico que dirigía el hospital del padre de Virion, indicando un tratamiento para recuperar a los esclavos de un estado de hambre e inanición. Y fue con una cinta de seda, con la que habían sido degolladas, tanto la superiora, como la chica que había abierto la puerta a la anciana y a Virion, el día en que fueron a recoger a Niki del convento. Taida comprendió que era la cinta con la que iba a ser ahorcada, pero que la vida le había sido perdonada.
¿Quién era aquella mujer extraña que le había perdonado la vida y devuelto a Luna?
“- Es Doña Nadie” - dijo Luna suspirando - „Un espectro.” ************



* Andrzej Ziemiański, „Virion. El adepto”, p. 301
** Op. cit., p. 303
*** Op. cit., p. 307
**** Op. cit., p. 434
***** Op. cit., p. 435
****** Op. cit., p. 440 
******* Op. cit., p. 402
******** Op. cit., p. 403
********* Op. cit., p. 576
********** Op. cit., p. 576
*********** Op. cit., p. 576
************ Op. cit., p. 580
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „Virion. El adepto” (Virion. Adept)
Serie: „El Imperio de Acaya” (Imperium Achai)
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2019
Número de páginas: 580
Idioma: Polaco

viernes, 26 de julio de 2019

Sobre el segundo tomo de la novela "Virion" de Andrzej Ziemiański


Esta será una breve reseña del libro “Virion. La redada”, segundo tomo de la novela “Virion” de Andrzej Ziemiański, la cual forma parte de la serie “El Imperio de Acaya”. Sugerimos al lector leer antes la reseña del primer tomo de la misma, para facilitar la comprensión del texto.

Luego de haber matado a Nary y su gente, Virion y Niki se establecieron en un pueblo de leñadores, al borde de la frontera. Era un lugar donde se necesitaba mano de obra a gritos, pues la mayoría de hombres en edad de trabajar había partido a buscar suerte en un lugar cercano, donde se había encontrado oro. Nadie le preguntó pues, de donde venía, ni si tenía alguna razón para fugarse. Si bien se diferenciaba de los demás hombres del lugar por su lenguaje refinado, modales y conocimiento y por tener a una hermosura como Niki por esposa. Dijo que Niki era muda de nacimiento, con lo que zanjó con las preguntas de porqué no hablaba. Pero Ane, una de las vecinas, reconoció que era un espectro y le trajo una guirnalda de flores a escondidas, que le entregó arrodillándose delante de ella, agradeciéndole por haber llegado al pueblo. Virion le preguntó por qué hacía eso, a lo que ella respondió que se crió en un pueblo donde se hacía ofrendas a los espectros.
Alquilaron una casita en las afueras del pueblo, al borde del bosque. Los lugareños eran gente sencilla que los ayudó a establecerse. En la mañana pasaban frente a la casa, llamando a Virion, para que se uniera al grupo. Empezó cortando ramas y con los días fue adquiriendo la fuerza y habilidad que hacía, que lo que al comienzo le pareciera arduo, se volviera fácil. Cuando le preguntaron a qué se dedicaba antes, dijo que había sido ayudante de médico.
Niki lo esperaba en casa. Al regresar del bosque, Virion primero cocinaba y luego la sentaba a su lado y le enseñaba a hablar, dibujándole diferentes objetos en una pizarrita. Niki iba despertando poco a poco. Y sin darse cuenta, se enamoró perdidamente de ella.
Cierta vez en invierno, Virion salió desarmado a traer agua del arroyo, a pesar de las múltiples advertencias que le habían hecho sobre la manada de lobos que pululaba en el bosque. Y efectivamente, al levantar la vista, vio a cuatro de esos animales delante suyo, interponiéndose en el camino a la casa.
En eso Niki apareció en la puerta.
- Virion - dijo, feliz de poder pronunciar al fin su nombre.
Luego pateó a uno de los lobos y lanzó a otro contra un árbol. Los animales se esfumaron, el último con el rabo entre las patas, aullando de dolor.

Fue realmente una época feliz y una remanso de paz en la vida de Virion. Pero lamentablemente no duró mucho. Pues Taida, al enterarse de que Virion había matado a su amante, montó en una furia descontrolada, decidiendo vengarse. Sin embargo, los métodos convencionales para capturar a Virion habían fallado, habiendo muerto todos sus persecutores, a excepción de Kila, a quien le perdonó la vida. Además la burocracia del Imperio era tan lenta, que la organización de la redada contra Virion podía demorar hasta tres años.
Viendo su desesperación, Daazy, secretario de Taida, le dio un pretexto para apurar la redada y sugirió usar métodos no convencionales. Para ello, la invitó a conversar junto a una fuente de agua, cuyo ruido impedía que quien no debiera, los escuchara. El pretexto era Verez, guerrillero que actuaba en la zona a la que se había fugado Virion y en la que se había descubierto una veta de oro. Se trataba de que la familia de Taida hiciera llegar la noticia del descubrimiento al Emperador, pues había gente interesada en que éste todavía no se enterara.
Luego le habló de Luna, maga especializada en buscar gente desaparecida. Pero Luna era muy muy carera y el Imperio no consideraba ese tipo de gastos para un caso como  ese, por lo que el dinero debía salir de las arcas de Taida. ¿Cómo haría para conseguir ese dinero? Taida prometió no matarlo, antes de que Daazy continuara con su idea, tan irrespetuosa, que no se atrevía a decirla en su presencia. Cobrando valor, Daazy le habló del prefecto Giron, quien mediante la extorsión, se había hecho de una considerable suma de dinero. Corría el rumor de que Giron tenía el retrato de Taida, escondido bajo los documentos de su estudio, pues ésta le gustaba mucho. Corría el rumor también de que gozaba humillando a sus amantes. Taida comprendió, sin que lo dijera directamente, que al entregarse a Giron, tendría el dinero suficiente para pagarle a Luna. Siguió pues el consejo de Daazy, logrando de esa manera que Giron le transfiriera el dinero a Luna. Lo hizo a pesar suyo, llorando por haberse tenido que prestar a ello.
Luego de recibir el dinero, Luna citó a Taida en su restaurant preferido en la ciudad de Syrinx. Allí un esclavo hambriento las miraba comer desde su jaula, cosa que hacía la comida más sabrosa. Luna llevaba puesta una casaca del Ejército de Troy y tenía un aspecto un tanto masculino. Taida recordó sin quererlo el dato que le había pasado Giron: que a Luna le gustaban las mujeres. Durante la conversación Luna le pidió a Taida que le entregue a Kila como esclavo.

Y se dio inicio a la redada. Se distribuyeron anuncios, ofreciendo una recompensa pecuniaria por la entrega de Virion y Verez, presentándolos como bandidos muy peligrosos. Pero por la cabeza de Virion era por la que se se ofrecía más dinero. 
A pesar de que en el pueblo usaba el sobrenombre de Vi, Virion y Niki se vieron obligados a abandonarlo. Antes de hacerlo, Virion venció a un grupo de, los así llamados, cazadores de premios, que pretendía capturarlo. Pero no era gente del pueblo, donde se había hecho querer al curar a algunas personas del lugar. Sin embargo, la única que lo defendió abiertamente fue Ane, quien había reconocido la naturaleza de Niki. Se les unió Brade, chico al que enderezó un brazo roto en la primera posada que encontraron; y posteriormente Ashelon.
Y así fue como emprendieron la vida de fugitivos, manteniéndose en la medida de lo posible, lo más lejos de los lugares habitados. La ayuda de Niki durante la travesía fue invalorable, pues tenía la capacidad de rastrear a la gente, sabiendo cuántas personas y de qué lado venían. Y decimos travesía, pues Niki los estaba guiando, directa y certeramente hacia un punto concreto. Si bien nadie, tal vez ni ella misma, que se guiaba por la fuerza del instinto, sabía cuál era. Demás está decir que la solidaridad que se creó entre los miembros del grupo era de vida o muerte.

Mientras tanto Luna partió, acompañada de Kila y un séquito de esclavos armados, a seguir los pasos de Virion y Niki. Antes de partir le hizo saber a Kila, que no lo hacía castrar, como a los demás esclavos de su propiedad, sólo porque estaban contra el tiempo. Formaba parte del séquito Anai, hombre especializado en lograr confesiones de la gente, sin dejar ni la menor huella visible de las torturas realizadas. Debía unírseles Horech, espadachín inspirado, con el encargo de prender vivo a Virion. Pero éste no llegaba, por haber caído en un estado etílico descontrolado. Por lo tanto Taida contrató para tal fin a un espadachín más joven, Thesalos, enviándolo donde Luna.
Luego de pasar por Marrenmat, Luna llegó a la zona fronteriza, por donde Virion se movía. Allí ordenó incendiar todos los pueblos aledaños, para que ni éste, ni su gente, pudieran obtener ayuda ni comida. 

Taida también partió, por su lado, con un séquito de gente armada, a la región donde se realizaba la redada. Al hacerlo estaba quebrando la ley del Imperio, pues no era una jurisdicción que le correspondía.

En medio de varias aventuras Niki condujo al grupo cerca de las ruinas de un castillo encantado, que quedaba no lejos de una cascada. Los lugareños decían que no era bueno adentrarse en ellas, pues penaban, pero al haberse incendiado sus viviendas, fueron a refugiarse allí. Y efectivamente, fueron atacados por el espectro Doña Nadie, que era quien reinaba en las ruinas.
A pedido de Niki, Virion dejó atrás al grupo, entrando solo al lugar. Doña Nadie se le acercó, lo olfateó y luego metió su lengua dentro de su boca, reconociendo así, su vínculo con el mundo de los espectros. Éste le pidió que dejara salir libres a los pobladores, que aún no había matado y que atacó furiosa porque habían utilizado la leña que ella consideraba suya. La espectro accedió a su pedido, dejándolos partir.

Y, aunque suene increíble, fue recién allí, al pie de las ruinas encantadas, delante de Doña Nadie, donde Virion y Niki se unieron físicamente. Durante la unión Virion tuvo un sinnúmero de visiones. "Vio el mundo sin colores ni medidas y sin el tiempo que fluía.” * Sintió ser parte de una tribu, esparcida por todo el mundo, que llevaba consigo el don. "La misión. El secreto que no debían conocer los humanos.” **
Ya formaban una unidad con Niki. „Un cuerpo, una mente, una sola voluntad.” ***
„- Ya eres uno de nosotros” - dijo, cuando finalizaron, Doña Nadie. - „Eres miembro de nuestra tribu.” ****

Ya anteriormente hubo algunas escaramuzas, durante las cuales, el grupo de Virion atacaba subrepticiamente al de Luna, produciéndole algunas bajas. Esto debido a que cierto día Niki despertó diciendo que había que matar a todos y Virion le dio la razón. ¿Por qué habían de estar siempre escapando? 
Pero el enfrentamiento frontal, durante el cual Brade y Ashelon perdieron la vida, se produjo, no lejos de las ruinas, después del encuentro con Doña Nadie. Luna estaba tan segura del triunfo, que ordenó prender vivos a Virion y Niki. Y es que, durante la travesía, se había percatado que Niki no era humana y pretendía estudiarla. Pero no contaba con que fuera Virion quien matara a Thesalos. 
En medio de la trifulca, durante la cual Virion trataba de rescatar a Niki, apareció Verez con su gente, tomando el control de la situación. Éste declaró que quienes saltaran al abismo de la cascada y se salvaran, podían partir libres. Los hombres del séquito de Luna fueron saltando, uno por uno hacia una muerte segura, para mayor diversión y regocijo de Verez y sus guerrilleros.
Aran, quien defendía a Luna, cayó muerto de mano de Virion. Anai y Kila declararon estar del lado de Virion, siendo tildados por Luna de traidores. Finalmente, a la orden de Verez, quien quería dar más diversión a sus hombres, Niki se lanzó sobre Luna, rompiéndole los brazos, en un enfrentamiento mortal.
Al constatar Virion que Luna estaba muerta, Niki se puso la casaca del Ejército de Troy, que ésta usaba. Verez presentó sus respetos a Virion y Niki, dejándolos partir, en compañía de Anai y Kila.

Al retirarse todos, Luna se despertó y levantó, pues no estaba muerta, sino que había utilizado sus poderes mágicos para aparentarlo. En cuanto escuchó voces, salió al encuentro de los hombres que pasaban por el lugar, en busca de ayuda. Pero éstos al escucharla decir que era una maga poderosa, procedente de Syrinx, la tomaron por demente. Lo único que logró fue que la violaran y prendieran para venderla como esclava, conjuntamente con la gente de los pueblos, que ella misma había ordenado incendiar. Y Luna, con sus brazos rotos, no podía producir ningún encantamiento que la protegiera.

El tercer tomo finaliza con Horech topándose en medio del bosque, con el grupo de Virion, a quien había venido  a prender.


* Andrzej Ziemiański, „Virion. La redada”, p. 353
** Op. cit., p. 354
*** Op. cit., p. 354
**** Op. cit., p. 354
Traducción: Isabel Sabogal Dunin-Borkowski

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „Virion. La redada” (Virion. Obława)
Serie: „El Imperio de Acaya” (Imperium Achai)
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2018
Número de páginas: 506
Idioma: Polaco