martes, 16 de abril de 2019

Sobre el cuarto tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya"

Esta será una breve reseña del cuarto tomo de la novela "El monumento de la Emperatriz Acaya" de Andrzej Ziemiański. Recomendamos leer previamente las reseñas del primer, segundo y tercer tomo de la misma, publicadas en el blog.
Tal como narramos en la reseña anterior, entrando al templo de Banxi, Tomaszewski dio con un ciego, quien dijo haber llegado a la Ciudad de los Dioses, donde se encontraba el monumento de la Emperatriz Acaya. Dijo también que lo habían enceguecido para que no pudiera mostrarle a nadie el camino. Trataron de sacarle la mayor información posible, pero éste murió poco tiempo después.
La noticia de la presencia de los anglos puso en alerta a los polacos, pues cobraron conciencia de no tener la hegemonía, de la que estaban seguros, en ese lado de la Cordillera. Decidieron pues enviar a dos personas a hacer un reconocimiento del terreno en el otro continente. La elección cayó en Kai y Nuk quienes, por ser lugareñas, no llamaban tanto la atención. Además Kai, como maga, tenía la capacidad de aprender cualquier dialecto o idioma de inmediato, impregnándose de él y hacer que lo aprendiera la persona que la acompañaba. En cuanto a Nuk había sido parte de los Servicios Especiales del Imperio y era veterana de varias guerras. Para ello recibieron un entrenamiento de apenas diez días, de parte del mayor Pełczyński, quien les enseñó como utilizar el paracaídas y los rudimentos de la estrategia de espionaje.
Pero resultó ser que el ciego era un espía y que la información que les dio fue falsa en gran medida. A pesar de eso las chicas se las arreglaron y dieron con un bandido amigable, quien les aconsejó como hablar y vestirse para pasar desapercibidas. Y así  fue como llegaron al Reino de Nayer, donde efectivamente, se encontraban los anglos. 
Pero a éstos les era muy difícil transportar toda la tecnología que poseían, por vía terrestre, a través de la Cordillera. La situación del reino era desastrosa, no había mercados ni alimentos a la vista, pero las chicas se salvaron del hambre, entrando a trabajar como cocineras donde el comandante de la ciudad.
Al descubrir que el ciego era un espía, Tomaszewski preocupado partió en el autogiro a hacer su propio reconocimiento y a ver qué pasaba con las agentes. Así fue como dio con la fortaleza de Tor Avahen, donde lo curaron de las heridas infringidas por un grupo armado del Reino de Nayer, que los atacó, matando al resto de la tripulación. De paso se enteró que la única asociación que tenían los pobladores del lugar con el Imperio, del cual era aliado, era de que Acaya los atacó hace mil años. 
En la fortaleza conoció a Ina, una de las mujeres entrenadas para volar con un aparato parecido a una cometa. La chica era del tamaño de una niña y Tomaszewski se asombró de entenderse tan bien con ella, a pesar de proceder ambos de culturas y universos tan diversos. La llamaba Inna, lo cual significa "otra", "diferente" en polaco. Allí conoció también a Vaun, quien comandaba la fortaleza y quien ordenó a Ina que partiera con Tomaszewski a buscar refuerzos del Ejército Polaco, para evitar que el archivo que poseían cayera en manos de Nayer. Y para evacuar a la población ante el inminente ataque de éstos. Ese archivo era importantísimo, pues contenía la clave para llegar al Polo, donde se encontraba la Ciudad de los Dioses.
Y es que para cruzar el lugar llamado el Infierno y llegar al Polo se requería de un guía, el Libro del Paso y hacer cálculos matemáticos avanzadísimos. Kai dio con el Libro del Paso en el Reino de Nayer, pero éste contenía códigos que le resultaban ininteligibles…

Ficha bibliográfica:
Andrzej Ziemiański: „El monumento de la Emperatriz Acaya” (Pomnik Cesarzowej Achai), tomo IV
Lublin, Editorial Fabryka Słów, 2014
Número de páginas: 766

No hay comentarios:

Publicar un comentario